Astillas (Celso Castro 2011)

Celso Castro portada libro Astillas
Celso Castro
Ed.Libros del Silencio
2011
278 páginas

Leí El afinador de habitaciones (EADH) de Celso Castro y quería más. Así que me hice con Astillas y me lo llevé bajo el brazo a un librería y empecé a leerlo mientras tomaba un café y estaba sentado próximo a la sección de poesía y oí a un joven declamar unas poesías, que decía que eran de Garcilaso y otro joven le replicaba y yo estaba más atento de los poemas que del libro de Celso y eché la silla para atrás y vi que el joven que recitaba a Garcilaso, no tenía ningún libro consigo si no que lo hacía de memoria, y supe que aún hay esperanza y volví al libro de Celso con energías renovadas y me lo leí del tirón porque los libros de Celso hay que leerlos así, para que el chute, el colocón, sea más potente, a pesar de que Astillas no tiene la intensidad, el punch, que experimenté con la lectura de EADH, si bien la historia presente recorre un camino similar.
El protagonista es el mismo, un joven raruno, que gusta de leer, amante no correspondido de la poesía, quien tiene escaso talento y las páginas contadas, y que si antes perdió a su madre, ahora su abuela le abandona (y es una pena porque los momentos que vivían la abuela y el nieto en EADH eran lo mejor de libro), y así sólo en el mundo, va dando tumbos, con una sola idea en la cabeza, quitarse la vida, suicidarse, un mero trámite antes de vivir la vida eterna, que dirían los creyentes, pero antes de que eso acontezca, las mujeres se suceden en su camino, porque a pesar todo el chaval triunfa, y de nuevo reaparece Iris, la misma que dejó a las monjas para vivir su vida, y enamorarse y embarazarse y seguir enamorada de nuestro protagonista y está también Judit, esa niña-Diosa, que deja el mundo de nuestro protagonista hecho trizas o astillas, y esa será su tabla de salvación o directamente su perdición, y nuestro joven se nos irá en lágrimas, porque como plañidera no tendría precio, y entre gimoteos escribe palabras, que cosidas a una idea formarán poemas, que van a su escombrera, a su cuaderno y tomará anfetas con su amigo Isra, y sufrirá por amor, se asqueará, verá la piel desnuda del sufrimiento, libará el amargor de la desdicha, consumirá su tiempo en el hueco del ascensor, asumiendo que nada vale la pena, que los sentimientos son un lastre, que un aborto además de una putada es un doble entierro en vida, que es injusto que un amigo muera defenestrado y el libro de Celso Castro pone el acento en lo cotidiano y en esos momentos que vamos experimentando todos a lo largo de nuestras vidas, y por eso algunas cosas leídas se atragantan en el gaznate, y escuecen las pupilas, porque el patetismo del protagonista y su historia de amor es un jodido espejo que refleja y molesta, porque las palabras neutras están bien para un prospecto, para un folleto, para un folletín, pero esto es otra cosa, esto que nos regala Celso es algo vivo, algo que late dentro de un corazón con piel de celulosa.

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