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El manuscrito de piedra (Luis García Jambrina 2008)

El manuscrito de piedra 2008
Luis García Jambrina
2008
Editorial Alfaguara
316 páginas

Si Giulio Leoni echaba mano del poeta Dante Alighieri para resolver unos casos misteriosos, nada tiene de especial que por ejemplo, Luis García Jambrina, recurra a un escritor patrio, Fernando de Rojas, para esclarecer unos asesinatos que se suceden a finales del Siglo XV en la ciudad de Salamanca.

Una vez leída la novela, me he quedado con ganas de más, porque me ha sabido a poco. Lo cual me parece positivo, y quizás es lo que haya tratado de paliar Jambrina con la publicación de El manuscrito de nieve, de nuevo con Fernando de Rojas como protagonista.

El texto está muy cuidado, El manuscrito de piedra, es un claro ejemplo de que se puede hacer novela histórica para el gran público, cuidando los detalles, ofreciendo una historia vibrante, sumamente entretenida, bien ambientada y documentada, con un lenguaje de época, rico y florido, que nos invita a conocer Salamanca (sí que he echado de menos unos mapas para visualizar mejor las localizaciones descritas), y a fantasear, con esos paralelismos que se dan con los anillos del Infierno de Dante, con los misterios que se ocultan bajo tierra, con esas grutas a las que se accede presionando las teclas, o mejor, los sillares adecuados y un sinfín de detalles que concilian con acierto lo real con lo fantástico, sin olvidar el marco tablero histórico donde se afincan los personajes de la obra, donde aparecen los Reyes Católicos, el Príncipe Juan y su mujer Margarita de Austria, Cristobal Colón, la Celestina, Diego de Deza o Fernando de Roa, entre otros.
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La estación perdida (Use Lahoz 2011)

Use Lahoz La útlima estación
Use Lahoz
544 páginas
Alfaguara
2011


La estación pérdida
es la primera novela que leo de Use Lahoz (y avanzo que no será la última). A lo largo de 544 páginas el autor da un repaso a cinco décadas de la Historia reciente de España, desde los años 40 hasta mediados los 90.

Leyéndolo tenía la sensación de estar viendo algo parecido a la conocida serie de televisión Cuéntame.

Ambición no le falta a Use, pues la empresa que se trae entre manos es de envergadura. Ante semejante proyecto el problema reside en cómo dosificar la historia, qué espacio dedicar a cada década y los años que la conforman, cómo repartir el peso de la trama entre los personajes principales y otros tantos secundarios. Una labor que en el caso de hacerse con tino y mano de orfebre puede deparar una obra maestra. La estación pérdida no lo es. O lo es y no me he dado cuenta, que uno es muy despistado.
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La lluvia antes de caer (Jonathan Coe 2009)

La lluvia antes de caer Jonathan CoeJuan Goytisolo escribió: tu nacimiento fue un error: repáralo. Leyendo esta novela del Inglés Jonathan Coe, uno casi se ve obligado a dar la razón a Goytisolo, o a su máxima.
La lluvia antes de caer es un ejercicio de memoria. Algo que recientemente también ocurría en las últimas novelas aquí comentadas, Victus y Antigua Luz.
La protagonista de la novela es Rosamond, quien al morir deja unas cintas grabadas para que le sean entregadas a Imogen. Como ésta no aparece, finalmente es su sobrina Gill quien junto a sus hijas se encomiende a tal labor. Si en la última novela de Baricco, Mr Gywn, un escritor decidía escribir retratos, aquí Rosamond decide narrar su historia, su vida, y cómo no, la de la madre y la abuela de Imogen: Beatrix y Thea, sirviéndose de 21 fotografías.
El recurso empleado por Jonathan Coe para contarnos esta historia es solvente y la cosa funciona. De esta manera y dado que Imogen es invidente, las fotografías que Rosamond le cuente de viva voz (grabada en cintas) le permitirán saber cual es su historia, su origen y sino justificar nada de su pasado, al menos tener información de primera mano.
La historia se repite una y otra vez, los errores se suceden, se acumulan, y así las relaciones de Beatrix con su madre, son similares a las reproducidas entre Thea y su madre, relaciones tormentosas, basadas en el desamor, en el agravio, en la falta de cariño, ternura y amor.
Rosamond actúa como testigo de excepción de todo lo que se cuece en el seno familiar de Beatrix, con quien en su más tierna infancia alcanza la categoría de hermana de sangre, cuando como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, los niños son enviados a la zonas rurales y Rosamond va a parar a la granja de sus tías. Rosamond tratará de salvar las vidas ajenas, para darle así quizá un sentido a la suya propia y al final de su camino será capaz de reconocer su estulticia, sus vanos propósitos, su egoismo salvador, etc. Queda claro que ciertas cosas son inevitables. Solo podemos apostar sobre el cuándo o el cómo.
Coe describe con buena mano sus personajes realizando una notable labor de introspección, personajes a quienes de una manera intencionada Coe va calcando los rasgos que los caracterizan, así Thea repetirá los errores de su madre y Beatrix los de Ivy.
Al fresco familiar compuesto por un buen número de personajes contribuye el elemento de la búsqueda, lo que insufla la historia de cierto misterio y suspense hasta las páginas postreras, lo que anima a su lectura, galopando hasta cruzar la meta.

¿No es un auténtico milagro que consiguiera captar todo eso: captar el espíritu de alguien, exteriorizarlo, hacerlo permanente e inmutable, sin emplear nada más que una mezcla de pigmentos y aceite vegetal?. Me parece asombroso lo que pueden hacer los artistas. (pag 219)

Cambiemos pigmentos y aceite por celulosa y tinta, y llamemos al artista Jonathan Coe.

Hablar Solos (Andrés Neuman 2012)

Hablar solos Andres Neuman

Andrés Neuman
192 páginas
Alfaguara
2012

Me alegro mucho de haber leído este libro. He reído y llorado a partes iguales con él. En 179 páginas el autor argentino, crea un triángulo, tres voces, las de Elena, su marido Mario y su hijo Lito. Marío se muere. Elena lo sabe, su hijo no. Marío quiere fabricar un presente, unos recuerdos para su hijo, los últimos para cuando no esté, así que padre e hijo hacen un viaje en camión que les tendrá ocupados unos días. Mientras, Elena, sabedora del final de esta historia de amor, se entrega en los brazos de un médico, una entrega apasionada, enajenada, una relación en la que despeñarse, donde practicar puenting emocional, donde llegar al núcleo de su ser, más allá de lo convencional y los imperativos morales, familiares o sociales.

Con una prosa limpia, nada rimbombante, ajustada a los personajes. La del joven es mínima, plasmada en esos mensajes de sms que quieren comunicar con los menos caracteres posibles, algo parecido a Mario, que lo hace no por gusto, sino por limitación. Es Elena, la profesora de literatura, quien se ha leído todo, y donde comprueba que todos los libros cuentan su historia, la que debe aprender a vivir con su pérdida, a reconciliarse con su dolor, con su alegría.

Hay capítulos que convierten los ojos en un parabrisas en día de tormenta, donde las pestañas no son capaces de achicar tantas lágrimas.

Cómo se afronta una pérdida. Cómo se gestiona el dolor. Cuánto pagar por un atáud. Cómo recordar a un difunto. Cuánto debe durar el duelo. Cómo ser infiel mientras tu marido agoniza. Cómo superar la pérdida de un padre en la adolescencia, etc.

Estas preguntas y otras muchas son las que deben responder los personajes. Todo ello narrado con una prosa de frases cortas, precisas, limpias, contundentes, muchas de ellas de gran aliento poético.

Manuel Rivas

Todo es silencio (Manuel Rivas)

Todo es silencio, así se titula el último libro publicado de Manuel Rivas. Este silencio es el que impera en Brétema, en la costa gallega, donde ciertas personas se dan al contrabando de matute primero, y de cocaína después. El silencio es lo que permite vivir a las personas, ese mirar para otro lado, o sencillamente tomar parte de esas actividades y lucrarse, las cuales mueven cantidades ingentes de dinero. Al frente el cacique local, ese a quienes todos rinden pleitesía y depositan sus silencios y voluntades.

En poco más de doscientas páginas Rivas pergeña una historia apasionante, con personajes creíbles, bien definidos, que evolucionan con el paso del tiempo, de ahí que los que antes eran jóvenes, ahora ya tienen sus profesiones respectivas o bien están sumidos en las drogas o se han pasado al otro lado de la ley, y eso permite que uno de esos jóvenes que dejaron Brétema vuelva ahora al pueblo convertido en policía encargado de investigar esas redes de contrabando que allí imperan y que tan bien conoce, pues también él fue testigo mudo.

La historia sigue una trayectoria lineal hasta que un momento dado se fragmenta, dando pie a diversos saltos temporales. Rivas sabe de lo que habla, y más allá de la historia del narcotráfico que abunda en elementos propios del thriller, lo que prima son las mareas interiores, esas acciones que definen al ser humano, esa lucha interior entre el sentido del deber y la desobediencia civil, con momentos hermosos, evocadores, sugerentes, cargados de dramatismo, de sensualidad, es ahí donde Rivas esplandece.