Ricardo Menéndez Salmón, Ediciones Trea, 2005

Los caballos azules (Ricardo Menéndez Salmón)

Ricardo Menéndez Salmón
2005
Ediciones Trea
108 páginas

Nunca sab(r)emos qué es pose y qué estilo, qué es artificio y qué esencia.

Quien haya leído algo de Ricardo Menéndez Salmón, sean sus novelas o sus libros, ya sabe a lo que se atiene.

El asturiano no lleva al lector por caminos trillados, plagados de lugares comunes, desplegando a tal fin una prosa rutinaria, unos recursos limitados. No.

Salmón, valga la redundancia, va a contracorriente, así el autor desbroza, nos abre camino, a nosotros lectores, que en ese deambular, en ese leer, que deviene una actividad gozosa, plena diría, nos mudamos a épocas pasadas, ya sea de la mano de un abuelito encantador que juega con su nieta y tumba piezas de ajedrez sobre un tablero, como antaño empleaba la picana para tumbar a los insurgentes durante el régimen de Videla, o bien nos asomamos a la fantasía con ese árbol que dará como frutos peces exóticos, porque exóticas son las historias, como la de esos equinos enamorados de la música clásica, y hay lugar también para el misterio policíaco con personajes duplicados, y para el dolor como el que desgarra a ese padre improbable cuyo abrazo a un contrario es metáfora del mundo que se desangra, y no faltan los personajes que buscan ser engañados, a fin de ratificar que a pesar de todo hay que creer en algo, aunque sea falso, y se asoma también a estas páginas el demonio tentador, a quien un artista no podrá nunca resistirse si a cambio le ofrece saber qué será de él en el futuro. !Ay, ese afán de posteridad!.

Salmón desempolva palabras antiguas, viejas, en desuso (víctimas de una literatura uniforme), que en estos relatos reverdecen, cobran vida, son argamasa del relato y marcan el estilo del autor, y tengo la impresión de que cuando Salmón escribe un relato, lo hace con la furia propia del que sabe que pudiera ser el último, de tal manera que a la brevedad que marca la esencia de un relato, se une la tensión, el abigarramiento de tratar de jibarizar el mundo, la realidad, el pasado, en las cárceles de celulosa que manejan los escritores. Es este un empeño, una ansia común a todo escritor. Unos pocos lo consiguen. Los menos.

Ricardo Menéndez Salmón en Devaneos

Stefan_Zweig_-_Mendel_el_de_los_libros

Mendel el de los libros (Stefan Zweig)

Stefan Zweig
Acantilado
Traducción: Berta Vías Mahou
57 páginas
2009

Precisamente yo, que debía saber que los libros sólo se escriben para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido.

Con este párrafo finaliza esta obra breve y maestra de Stefan Zweig (1881-1942). En ella el narrador llega al café vienés Gluck. Allí algo le llama atención. Algo le viene en mente sin llegar a concretarse. Hasta que finalmente entre las brumas del pasado la figura de Mendel tome forma, y también su historia, la cual nos será referida.

Mendel, es alguien dueño de una capacidad memorística prodigiosa, un catálogo universal ambulante, a quien no se le escapa un título, su precio, el nombre del editor, el lugar de publicación y datos igual de asombrosos como inútiles sobre todos los libros que pasan ante sus ojos.

Esta acumulación de datos que logra Mendel, merced a un concentración extraordinaria, le lleva a una esterilización de la realidad, pues todo aquello que no está contenido en esa burbuja con forma de libro, a Mendel le deja indiferente, no le roza, ni le interesa.

Así, Mendel no sabrá nada del mundo que le rodea. Esta ingenuidad, mediada la primera década del siglo XX (en 1915) y con una guerra en ciernes, no puede depararle nada bueno.

El progreso económico (y el utilitarismo a ultranza), como otro régimen totalitario más, busca la uniformidad, la alienación, limando las asperezas de todo aquello que es singular, raro, diferente, extraordinario en su unicidad. Así Mendel, a resultas de la inopia en la que vive, será detenido, recluido un par de años en un campo de concentración y su mundo interior hecho añicos. Su reputación se ha perdido al volver a su café Gluck, donde ahora es un paria, un trasto inútil, donde su trayectoria, ya nada vale, ya nada le granjea, donde los nuevos propietarios le miran con hostilidad y solo quieren perderlo de vista.

La realidad le abrirá los ojos a Mendel y entonces este sólo querrá cerrarlos definitivamente.

No solo esta estupenda novela (publicada en 1929) sino toda la obra de Zweig, es un desafío a la fugacidad y al olvido. 70 después de su muerte creo que su legado, afortunadamente, sigue muy vivo.

Danilo Kiš

Penas precoces (Danilo Kiš)

Danilo Kiš
Muchnik Editores
2000
121 páginas

Penas precoces es primer acercamiento al mundo de Danilo Kiš (1935-1989).
En esta breve novela Danilo nos habla de sus años de mocedad en un pueblo de la antigua Yugoslavia.

Respira la novela un aire naturalista, rural, ingenuo, en esa sucesión de recuerdos que se suceden en el campo, en la granja, en la escuela. Una candidez que no esconde la tragedia, pero Danilo se muestra más lírico que desgarrador. Pero el drama está ahí. Danilo es judío y su padre es enviado al campo de concentración de Auschwitz del que nunca regresará.

Danilo, no es el único que emplea la escritura como un arcón, como un ancla para fijar la memoria, pues como dice, «el archivo paterno que se llevará con él, cuando dejen el pueblo será el ajuar de su infancia, la única prueba material de que alguna vez existió su padre, porque sin esas fotos ni esos manuscritos, estaría convencido de que todo aquello no había existido, de que todo había sido una historia posterior, soñada, inventada para consolarse. De no hacerlo así, el personaje de su padre se habría borrado de su memoria, como tantos otros y cuando extendiera su mano, tocaría el vacío». Pues eso. Para fines tan elevados sirve la literatura.

Y cuando uno sueña con ser escritor y lo consigue como le sucede a Danilo puede entonces rendir tributos como el que le dedica al perro Dingo, al que cederá la voz para contar en su relato El niño y el perro, la trágica historia de su perra vida, un perro tan sensible que cuando su amo, el niño Andi, se tenga que separar de él, decidirá dejarse morir.

Cierra el libro El arpa eolia mi relato preferido, el colofón perfecto, pues ¿no es acaso el libro otra arpa eolia?, y si acercamos el oído a sus hojas no reconoceremos también el sonido del tiempo, el reverberar de historias en sordina, el grito desesperado de unos recuerdos que no quieren ser pasto del pasado.

Radar N232 PK 375

Si estás leyendo esto es porque has recibido recientemente procedente de la DGT una multa de un radar en la carretera N-232 Punto Kilómetro KM 375 y quieres saber donde demonios estaba el radar.
En la siguiente foto se observa la ubicacion de este radar de 100Km/h, entre el Villar de Arnedo y Ausejo; el coche o trípode se coloca en la zona rayada que se ve en la parte izquierda de la tercera foto; justo en el desvío hacia Tudelilla controlando los que van dirección Logroño.

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