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El secreto del orfebre (Elia Barceló)

El secreto del orfebre Elia Barceló Lengua de Trapo portada libro

Una agradable sorpresa me ha deparado la lectura de El secreto del orfebre, de la autora Elia Barceló, cuya existencia desconocía hasta ayer. Llegué a ella al tun tun, sin previo aviso, ni recomendación alguna, haciendo un barrido visual por los libros de la biblioteca, hasta dar con ella. Me lo llevé a mi casita y lo he devorado como quien se zampa una caja de bombones: con avidez, relamiéndome. Un chute de glucosa en toda regla.

A Elia Barceló, se la conoce, o eso dicen los de su editorial, como «La dama española de la ciencia ficción«. En esta novela se mezclan también realidad y ficción en pos de un amor que no entiende de la trabazón propia del espacio-tiempo. El amor consumado entre el protagonista y Celia. De nuevo un amor entre un joven y una señora mayor (que luego se trasunta en otro amorío entre una joven y un señor mayor) a la que conocen como la dama negra. Ya sabemos que casi siempre estos amores son imposibles, lo que los hace todavía más apasionados, terrenales, incandescentes y asfixiantes.

Como lo posible sigue caminos a menudo muy trillados (lo cual no quita para que Antigua Luz sea un deleite), Barceló opta por lo imposible. Quien haya visto la película Looper, se hará una idea de por donde pueden ir los tiros. Como no está en mi ánimo destripar aquí las vísceras del libro, apuntar que las sensaciones que su lectura depara son buenas. Disfrutar con una prosa potente, reflexiva, concisa, límpida de polvo y paja, yendo a la concreto, al nucleo del alma humana en un puñado de páginas (menos de cien), donde entran de rondón la España (una Umbría imaginaria) de los años 50, 70 y de finales de y sumar la sugerencia, la evocación, la añoranza, la melancolía, hacen de El secreto del orfebre, una joyita, sí, una gema literaria.

Próxima parada: El vuelo del hipogrifo.

Fueron los tres únicos meses de mi vida, porque el resto, lo de antes y lo de después, también ha sido vida pero en sordina, en tono menor, como si a una película le bajaran el volumen hasta que todo se oyera en susurros y los colores se difuminaran hasta el sepia, el blanco y el negro. Pero no me quejo. Hay quien ha tenido menos y yo tuve aquellos tres meses y los últimos tres, los de mi regreso a Villasanta (pag 52).

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La conquista del aire (Belén Gopegui)

Al fin. A Belén Gopegui quería leerla hacía ya años, pero por una razón u otra no llegaba el momento. En un comentario de un libro reseñado aquí se habló de La conquista del aire de Gopegui. Decidí leerlo y ahora comentarlo.
Cuando leo un libro de esta características me viene siempre en mente una viñeta del Roto, que dice «ya no hay clases sociales, solo hay niveles de consumo«, porque el libro de Gopegui es lo de que invitan a la reflexión, de los que nos hacen pensar o al menos creo que esta será la pretensión de la autora, más allá de convertir su libro en un mero pasatiempo que se consume al tiempo que se lee.

La relación que Carlos mantiene con Marta y Santiago se adentrará en un territorio inhóspito una vez que el primero les pida a sus dos amigos cuatro millones de pesetas (estamos en 1994 y sí, todavía no había entrado el euro en nuestras vidas). Dinero con el que Carlos podrá mantener en pie su empresa, evitando así echar el cierre.

Algo que en apariencia no debiera tener mucha importancia, ese préstamo, esa deuda a reembolsar, acaba teniéndola, tanto como para hacer estallar no solo amistades que uno creía solidificadas en la rutina, el conocimiento mutuo y el poso de los años, sino las relaciones afectivas, porque algo cambiará en la relación que Carlos mantiene con Ainhoa, Santiago con Sol y Marta con Guillermo.

Es fácil darlo todo cuando no se tiene nada, defender el bien común, universal, anteponer el bienestar ajeno al propio, crecer en el sacrificio, en la renuncia, hacer todo eso cuando uno es joven, valiente, arrogante, inocente y se siente libre. Pero esos jóvenes, Carlos, Marta y Santiago, han crecido y ahora superan los treinta, y tienen sus carreras universitarias terminadas, y se han dejado los codos preparando oposiciones, o han apostado por el emprendimiento personal, o son capaces de moverse bien en cualquier agua, con su ideología convertida en un cazadora reversible y van afianzándose en el escalafón social, progresando, atesorando bienes, propiedades, dinero en sus cuentas corrientes, relaciones en su balances afectivos, y ahora la renuncia (prestar en este caso 4 kilos) les escuece, ya no es un acto reflejo, sino algo que sopesar con calma, conciliar lo que dicta el corazón y el cerebro, conceder ese dinero a regañadientes, sin convicción, a la fuerza, porque la ausencia de ese dinero los hace débiles, frágiles, sometidos a la intemperie de lo contingente ellos que tienen cada vez más cosas atadas. Sigue leyendo

El hombre del salto (Don DeLillo 2007)

El hombre del salto Don Delillo portada libro

Esta novela la escribió DeLillo en 2007, seis años después de la caída de las Torres Gemelas. Tiempo tuvo el autor para procesar tal brutal acto, que marcaría un antes y un después, de forma notoria, y cuyos efectos vivimos el resto de los habitantes de este planeta hasta el momento presente.

La novela arranca con fuerza, a lo grande, de manera espectacular, con un avión chocando contra una de las Torres y siguiendo entonces la travesía de Keith para dejar el edificio, ileso, entre humo y cenizas. Esas cuatro primeras páginas son muy buenas.

Sabremos luego que Keith estaba casado con Lianne, que lo habían dejado, pero tras dejar la Torre, o lo que queda de ella, no volverá él a su morada solitaria, sino que se encaminará a la casa de su ex, quien conmocionada ante la magnitud de la tragedia, no tendrá otra opción que dejarlo pasar, consolarlo, abrazarlo, restituirle su espacio en el catre.

¿Una tragedia presente es capaz de enmendar un pasado truncado?. Sigue leyendo

Una extraña historia al este del río (Nagai Kafu)

Una extraña historia al este del ríoTraemos a este rincón literario un par de novelitas japonesas de la colección Maestros de la Literatura Japonesa que edita la editorial Satori, especializada en divulgar la cultura Nipona. A pesar del título de la novela, el libro lo componen Durante las lluvias y Una extraña historia al este del río, la cual a pesar de ser la mitad, en extensión, que la anterior, da título a este libro escrito por Nagai Kafu (1879-1959).

Es recomendable leer el extenso prólogo de Carlos Rubio para situar la historia y conocer mejor al autor. Kafu conocía de primera mano los ambientes que describe en su novelas: los lupanares, el barrio del vicio, las mujeres de la noche; geishas y camareras. Toda su vida las pasó por esos andurriales, de ahí que no sea nada extraño que estas dos historias tengan por protagonistas a mujeres de la noche, camareras o geishas, y ellos, sean los clientes que las frecuentan. Kafu amante de la cultura occidental, prendado de la literatura francesa, comentaba que París y Tokio tenían algo que las hermanaba: las mujeres de la noche. No cabe duda que la prostitución goza de buena salud en cualquier parte del globo y allá donde haya hombres habrá prostitutas.

Durante las lluvias nos cuenta la historia de Kimie, una camarera, que disfruta con el sexo (analizado bajo esa mentalidad muy masculina que dice que si una mujer goza del sexo es que por que tiene mucho vicio en el cuerpo), y que desde su minoría de edad ya frecuentaba la piel ajena, especializándose cada alborada que pasa en el arte de seducir, en hacer más suculento su cuerpo, su voluptuosidad a los ojos de los clientes masculinos que la desean y pretenden. La historia tiene un elemento de suspense en tanto que Kimie sufre como su vida se ve algo alterada por un par de acciones ajenas que le darán qué pensar. La historia quedará abierta, porque Kafu en estas dos historias, presenta sólo un intervalo en las vidas de estos personajes, a quienes acompaña durante unos días o semanas en sus vidas y luego aparta la linterna, la luz, en su caso como escritor, su pluma y les deja vivir sus vidas y a nosotros lectores no deja, huérfanos de su desarrollo y final. Sigue leyendo