Archivo de la categoría: 2007

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El beso ¿Qué se esconde tras este gesto cotidiano? (Alain Montandon)

Ensayo breve de Alain Montandon (con traducción de Ernesto Junquera). Apenas ciento cuarenta y cinco páginas dedicadas al beso.
Beso analizado desde un punto de vista fisiológico, antesala del coito, manifestación de deseo, intercambio de saliva y aliento, manera de apagar la sed del otro.
Beso en sus distintas manifestaciones, como el beso de la madre hacia el hijo, que tiene un efecto salvífico, consolador. Otras variantes, como los besamanos, entendidos como un acto de servilismo.
Besos como los de Judas que encarnan la traición, otros besos son fruto de la monotonía parejil.
El beso entendido de forma diferente en Oriente y Occidente. El beso a lo largo de la historia. Besos con lengua prohibidos en algunos lugares de los Estados Unidos. Tribus para las cuales emplear la boca para besarse les resulta una aberración.
Los besos recogidos en la literatura y el cine, con un buen número de ejemplos.
Besos en las zonas erógenas: fellatio y cunnilingus y en qué consideración se tenía a ambos en la época de los romanos. Fellatio considerada como una sodomía oral. Sexualidad dividida entre activos y pasivos, al cargo de estos últimos las prácticas sexuales antes anunciadas.
Consideración también para el beso repulsivo, asqueroso, en textos, por ejemplo, de Beckett. O besos de compromiso. Besos también como un ritual.
Besos a cartas que enviamos o dados al retrato de la amada. Besos ofrecidos a estatuas.
El beso y el vampirismo y canibalismo; comernos a alguien a besos, beber de la boca de la amada, besos que saben a miel, a fruta fresca y a veces prohibida.

El ensayo acaba con una generosa bibliografía.

Una lectura interesante. Y ahora me tengo que excusar que voy a escuchar un cedé de Marea: Besos de perro.

Gritar (Ricardo Menéndez Salmón)

Gritar (Ricardo Menéndez Salmón)

No había leído más relatos de Ricardo Menéndez Salmón desde que leyera en su día Los caballos azules; relatos que datan del 2005. Un par de años después Ricardo publicó en Lengua de Trapo, Gritar, colección de nueve cuentos. Ese mismo año publicó también La ofensa, novela que le abrió las puertas de la editorial Seix Barral, momento cumbre en su carrera literaria, como nos desvela Ricardo en su último libro No entres dócilmente en esa noche quieta.

Bajo el alero de la literatura caben mil mundos. Mundos de mundos. Ese parece ser el espíritu de estos relatos. El primer relato, Mi vida en llamas, me traía en mente el último libro de Ricardo, esa particular biografía paterna. En el relato un padre agoniza. Y no le dice al hijo antes de morir Más luz, sino Lee, y el vástago lee. El padre muere y el hijo sufre la pérdida paterna y una separación parejil, y a un hombre en llamas frente a él, y a su vecina desnuda tras el cristal de la escritura. Muerte y nacimiento (en camino), latiendo o expirando el unísono.

En El placer de los extraños se mezcla lo filosófico con lo fantástico y el noir para alumbrar un personaje con tirón, un tal José Mendoza. Una manera de habitar los intersticios de la historia, muy presente ésta también en otros relatos como Los ancestros y un descendiente de Pieter el Rojo, con La dormición de la Virgen como elemento fantástico y seductor. Un manejo del tiempo, elástico, capaz de replegarse, de acelerarse en uno de los mejores relatos Las noches de la condesa Bruni, texto sugerente rebosante de misterio que maneja a la perfección la expectativa del lector.

Lo prosaico, absurdo y humoroso se manifiesta en Gritar, donde una pareja encuentra en el grito, el alarido, el barritar, una comunión decibélica que los sitúa en otro estadio de la evolución al que a la palabra antecedía el gruñido, el graznido.

Ricardo recurre a popes de las letras para dos relatos. Joyce, en Hablemos de Joyce si quiere, relato impregnado de una naturaleza kafkiana, en el que Joyce aparece de refilón en una foto que sirve de reflexión para abordar el azar y la creación literaria. Para una historia privada de la literatura, con Kafka como protagonista es uno de los relatos que Ricardo mejor elabora: un tema sugerente de corte filosófico, la historia muy presente, una prosa opulenta, y el afán de tratar de sintetizar ese mundo de mundos y su construcción (también literaria) en un puñado de páginas fabulosas.

Los dos relatos más flojos me han resultado A nuestros amores -sobre la mesa la eterna disyuntiva, los miles de ramales que se abren en nuestro horizonte. Las decisiones amorosas adoptadas. Y la pregunta de si se acertó o no. Aquí resumido en un no, pero sí- y El terror. La vida sólo es soportable por el hecho de que nadie coincide con el dolor de nadie, escribió Cioran. Y así una pareja recibe a las cuatro de la madrugada una llamada de una chica que quiere hablar con su padre, pidiéndole ayuda, pues su chico acaba de morir. Una llamada sin auxilio, una llamada perdida, un dolor ajeno estéril para su interlocutor. Una correspondencia que no es tal y que por eso a la pareja no solo le resulta soportable, sino que les refuerza en su alegría, porque por esta vez, al menos, la desgraciada no es su hija, que duerme plácidamente, sustraída al terror que anida ahí fuera.

Ricardo Menéndez Salmón es uno de los cinco finalistas del VI Premio Ribera del Duero de la editorial Páginas de Espuma, con su libro “Algunas hipótesis en torno al fin del mundo”. En breve, habrá pues, más relatos de Ricardo de los que dar buena cuenta.

Ricardo Menéndez Salmón en Devaneos

Los caballos azules
La ofensa
La luz es más antigua que el amor
La noche feroz
Niños en el tiempo

El Sistema
Homo Lubitz
No entres dócilmente en esa noche quieta

www.devaneos.com

Estampas rusas. Un álbum de Iván Turgueniev (Moisés Mori)

Con títulos como el presente renuevo mi entusiasmo por el género biográfico. Hace muy poco gocé de lo lindo con Señor de las periferias de Jesús Montiel que abordaba con su potente prosa poética la vida del periférico Robert Walser.

Moisés Mori en Estampas rusas, un álbum de Iván Turgueniev presenta al gran público (espero) la vida y obras de Turgueniev, autor de, entre otras muchas obras, Padres e hijos. El texto resulta subyugante de cabo a rabo, pues Mori aborda la personalidad del ruso desde muchos ángulos distintos -con capítulos muy breves- tratando de iluminar todas las zonas del escritor que morirá ya consagrado con honores de Estado. Veremos sus más y sus menos con otros escritores contemporáneos. Las desavenencias son con Dostoievski que en Los Demonios emplea a Karmazinov para ajustar cuentas con él o con Tólstoi con quien nunca hizo buenas migas, pues este veía en Turgueniev a alguien superfluo (impagable la escena del cancán), melifluo, embebido por su galantería, sus buenos modales, su diplomacia, una estética que suponía un atentado contra los principios morales de Tolstói, si bien ya al final cuando Tolstói se amorra a un existencia marcada por el cristianismo sacará fuerzas de flaqueza para que haya cierta concordia entre ambos. Con Goncharov existe una rivalidad que los enemista pues Goncharov cuando publica Oblomov afirma que Turgueniev plagia sus textos al escribir Nido de nobles. Disputa que se salda con la conclusión de que Turgueniev se ve aquejado de Oblomovismo.
En el haber de las filiaciones Turgueniev cuenta con Flaubert, una especie de alma gemela, ambos se ven como ese par de topos que cavan su galerías en una misma dirección, o con Maupassant. Los sesenta y tres años de vida de Turgueniev dan mucho de sí en cuanto a viajes y desplazamientos. Turgueniev hacendado como era y libre de cargas familiares, pues a su hija Pelagia enseguida la endilga a un matrimonio amigo suyo, los Viardot, se ve y siente como un espíritu libre pero atormentado, pues le llega el día, la hora de la muerte, en la que se siente muy solo, sin mujer, sin nadie con la que haber compartido su existencia, más allá del retorno que le ha producido la literatura. Un soplo de inmortalidad que le recorre el espinazo erizándolo.

Turgueniev, asumido como un bonachón, del que todos alaban su generosidad, su bonhomía, su disposición a echar una mano a quien la precise, ese cíclope con alma femenina como se dice en el texto, era un hombre escindido que se debatía entre lo que quería hacer y la asunción de que todo se quedaría en agua de borrajas, pues su compromiso era nulo con casi todo, así que sabrá ir vadeando las distintas etapas políticas: la caída de dos zares y el asesinato de uno de ellos, el auge de los nihilistas, los actos terroristas, y todo esto lo irá plasmando en sus novelas creando personajes que se ganarán el desprecio de unos y de otros. Algo que no pueda resolverse tras la muerte del autor, muerte que todo lima y concilia. Autor que será motivo de orgullo para Rusia a pesar de que este pasase la mayor parte de su vida fuera, en Francia o curándose de la gota en Baden-Baden.

El drama de Turgueniev pasa por enamorarse de una actriz, Pauline García, una mujer casada con Louis Viardot y llegar a una especie de acuerdo, que se mantendrá durante cuatro décadas, un estéril triángulo sexual. Así Turgueniev se debate toda su vida entre lo fácil que le resultaría encamarse con cualquier doncella y la necesidad de fustigarse con aquello que le resulta tan escarpado, esas cumbres amorosas inaccesibles, consumiendo así su existencia bajo un fuego que apenas calienta.

KRK. 2007. 350 páginas

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Luna cornata (Elvira Valgañon)

En 2007 Elvira Valgañón (Logroño, 1977) publicó Luna Cornata en la editorial AMG (Alfonso Martínez Galilea), editorial hoy extinta. De la autora ya había comentado aquí su última novela, Invierno que me causó una muy grata sensación.

Luna Cornata, la primera novela de Elvira, se ambienta en Dublín en donde una pareja encuentra su particular ligamen en su pergeñar biografías a quienes aparecen en las fotografías que ambos coleccionan, buscan y compran en librerías de viejo. De esta manera, la narración presentista, los flaneamientos de la pareja por Dublín, su deambular por calles, locales, bares de la ciudad irlandesa se alternará con reiterados saltos al pasado, a mediados del siglo XIX.

Presente la fotografía, su nacimiento, la primera data de 1826, obra de Nicéphore Niépce, aunque el nombre que todos recordamos es el de Louis Daguerre, hete ahí los daguerrotipos. La fotografía que sucedió a la pintura, sin suicidarla, capturando el instante, gracias al cloruro de plata, también conocido como luna cornata, que da título a la novela, viene a ser el trasunto de la literatura que obra lo propio, actuando la imaginación como el compuesto químico capaz de fijar imágenes en el papel impreso, creando, en una precipitación en cadena, personajes los cuales a su vez fantasean y crean a su vez otras historias ajenas, con una gracia, sutileza y juego de seducción (o emoción flamígera) como al que sucumben Daniel y Ella, que parecen ser, ya desde sus albores, las señas de identidad en la escritura de la autora.

AMG editor. 2007. 112 páginas