Archivo de la categoría: 2007

Gritar (Ricardo Menéndez Salmón)

Gritar (Ricardo Menéndez Salmón)

No había leído más relatos de Ricardo Menéndez Salmón desde que leyera en su día Los caballos azules; relatos que datan del 2005. Un par de años después Ricardo publicó en Lengua de Trapo, Gritar, colección de nueve cuentos. Ese mismo año publicó también La ofensa, novela que le abrió las puertas de la editorial Seix Barral, momento cumbre en su carrera literaria, como nos desvela Ricardo en su último libro No entres dócilmente en esa noche quieta.

Bajo el alero de la literatura caben mil mundos. Mundos de mundos. Ese parece ser el espíritu de estos relatos. El primer relato, Mi vida en llamas, me traía en mente el último libro de Ricardo, esa particular biografía paterna. En el relato un padre agoniza. Y no le dice al hijo antes de morir Más luz, sino Lee, y el vástago lee. El padre muere y el hijo sufre la pérdida paterna y una separación parejil, y a un hombre en llamas frente a él, y a su vecina desnuda tras el cristal de la escritura. Muerte y nacimiento (en camino), latiendo o expirando el unísono.

En El placer de los extraños se mezcla lo filosófico con lo fantástico y el noir para alumbrar un personaje con tirón, un tal José Mendoza. Una manera de habitar los intersticios de la historia, muy presente ésta también en otros relatos como Los ancestros y un descendiente de Pieter el Rojo, con La dormición de la Virgen como elemento fantástico y seductor. Un manejo del tiempo, elástico, capaz de replegarse, de acelerarse en uno de los mejores relatos Las noches de la condesa Bruni, texto sugerente rebosante de misterio que maneja a la perfección la expectativa del lector.

Lo prosaico, absurdo y humoroso se manifiesta en Gritar, donde una pareja encuentra en el grito, el alarido, el barritar, una comunión decibélica que los sitúa en otro estadio de la evolución al que a la palabra antecedía el gruñido, el graznido.

Ricardo recurre a popes de las letras para dos relatos. Joyce, en Hablemos de Joyce si quiere, relato impregnado de una naturaleza kafkiana, en el que Joyce aparece de refilón en una foto que sirve de reflexión para abordar el azar y la creación literaria. Para una historia privada de la literatura, con Kafka como protagonista es uno de los relatos que Ricardo mejor elabora: un tema sugerente de corte filosófico, la historia muy presente, una prosa opulenta, y el afán de tratar de sintetizar ese mundo de mundos y su construcción (también literaria) en un puñado de páginas fabulosas.

Los dos relatos más flojos me han resultado A nuestros amores -sobre la mesa la eterna disyuntiva, los miles de ramales que se abren en nuestro horizonte. Las decisiones amorosas adoptadas. Y la pregunta de si se acertó o no. Aquí resumido en un no, pero sí- y El terror. La vida sólo es soportable por el hecho de que nadie coincide con el dolor de nadie, escribió Cioran. Y así una pareja recibe a las cuatro de la madrugada una llamada de una chica que quiere hablar con su padre, pidiéndole ayuda, pues su chico acaba de morir. Una llamada sin auxilio, una llamada perdida, un dolor ajeno estéril para su interlocutor. Una correspondencia que no es tal y que por eso a la pareja no solo le resulta soportable, sino que les refuerza en su alegría, porque por esta vez, al menos, la desgraciada no es su hija, que duerme plácidamente, sustraída al terror que anida ahí fuera.

Ricardo Menéndez Salmón es uno de los cinco finalistas del VI Premio Ribera del Duero de la editorial Páginas de Espuma, con su libro “Algunas hipótesis en torno al fin del mundo”. En breve, habrá pues, más relatos de Ricardo de los que dar buena cuenta.

Ricardo Menéndez Salmón en Devaneos

Los caballos azules
La ofensa
La luz es más antigua que el amor
La noche feroz
Niños en el tiempo

El Sistema
Homo Lubitz
No entres dócilmente en esa noche quieta

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Estampas rusas. Un álbum de Iván Turgueniev (Moisés Mori)

Con títulos como el presente renuevo mi entusiasmo por el género biográfico. Hace muy poco gocé de lo lindo con Señor de las periferias de Jesús Montiel que abordaba con su potente prosa poética la vida del periférico Robert Walser.

Moisés Mori en Estampas rusas, un álbum de Iván Turgueniev presenta al gran público (espero) la vida y obras de Turgueniev, autor de, entre otras muchas obras, Padres e hijos. El texto resulta subyugante de cabo a rabo, pues Mori aborda la personalidad del ruso desde muchos ángulos distintos -con capítulos muy breves- tratando de iluminar todas las zonas del escritor que morirá ya consagrado con honores de Estado. Veremos sus más y sus menos con otros escritores contemporáneos. Las desavenencias son con Dostoievski que en Los Demonios emplea a Karmazinov para ajustar cuentas con él o con Tólstoi con quien nunca hizo buenas migas, pues este veía en Turgueniev a alguien superfluo (impagable la escena del cancán), melifluo, embebido por su galantería, sus buenos modales, su diplomacia, una estética que suponía un atentado contra los principios morales de Tolstói, si bien ya al final cuando Tolstói se amorra a un existencia marcada por el cristianismo sacará fuerzas de flaqueza para que haya cierta concordia entre ambos. Con Goncharov existe una rivalidad que los enemista pues Goncharov cuando publica Oblomov afirma que Turgueniev plagia sus textos al escribir Nido de nobles. Disputa que se salda con la conclusión de que Turgueniev se ve aquejado de Oblomovismo.
En el haber de las filiaciones Turgueniev cuenta con Flaubert, una especie de alma gemela, ambos se ven como ese par de topos que cavan su galerías en una misma dirección, o con Maupassant. Los sesenta y tres años de vida de Turgueniev dan mucho de sí en cuanto a viajes y desplazamientos. Turgueniev hacendado como era y libre de cargas familiares, pues a su hija Pelagia enseguida la endilga a un matrimonio amigo suyo, los Viardot, se ve y siente como un espíritu libre pero atormentado, pues le llega el día, la hora de la muerte, en la que se siente muy solo, sin mujer, sin nadie con la que haber compartido su existencia, más allá del retorno que le ha producido la literatura. Un soplo de inmortalidad que le recorre el espinazo erizándolo.

Turgueniev, asumido como un bonachón, del que todos alaban su generosidad, su bonhomía, su disposición a echar una mano a quien la precise, ese cíclope con alma femenina como se dice en el texto, era un hombre escindido que se debatía entre lo que quería hacer y la asunción de que todo se quedaría en agua de borrajas, pues su compromiso era nulo con casi todo, así que sabrá ir vadeando las distintas etapas políticas: la caída de dos zares y el asesinato de uno de ellos, el auge de los nihilistas, los actos terroristas, y todo esto lo irá plasmando en sus novelas creando personajes que se ganarán el desprecio de unos y de otros. Algo que no pueda resolverse tras la muerte del autor, muerte que todo lima y concilia. Autor que será motivo de orgullo para Rusia a pesar de que este pasase la mayor parte de su vida fuera, en Francia o curándose de la gota en Baden-Baden.

El drama de Turgueniev pasa por enamorarse de una actriz, Pauline García, una mujer casada con Louis Viardot y llegar a una especie de acuerdo, que se mantendrá durante cuatro décadas, un estéril triángulo sexual. Así Turgueniev se debate toda su vida entre lo fácil que le resultaría encamarse con cualquier doncella y la necesidad de fustigarse con aquello que le resulta tan escarpado, esas cumbres amorosas inaccesibles, consumiendo así su existencia bajo un fuego que apenas calienta.

KRK. 2007. 350 páginas

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Luna cornata (Elvira Valgañon)

En 2007 Elvira Valgañón (Logroño, 1977) publicó Luna Cornata en la editorial AMG (Alfonso Martínez Galilea), editorial hoy extinta. De la autora ya había comentado aquí su última novela, Invierno que me causó una muy grata sensación.

Luna Cornata, la primera novela de Elvira, se ambienta en Dublín en donde una pareja encuentra su particular ligamen en su pergeñar biografías a quienes aparecen en las fotografías que ambos coleccionan, buscan y compran en librerías de viejo. De esta manera, la narración presentista, los flaneamientos de la pareja por Dublín, su deambular por calles, locales, bares de la ciudad irlandesa se alternará con reiterados saltos al pasado, a mediados del siglo XIX.

Presente la fotografía, su nacimiento, la primera data de 1826, obra de Nicéphore Niépce, aunque el nombre que todos recordamos es el de Louis Daguerre, hete ahí los daguerrotipos. La fotografía que sucedió a la pintura, sin suicidarla, capturando el instante, gracias al cloruro de plata, también conocido como luna cornata, que da título a la novela, viene a ser el trasunto de la literatura que obra lo propio, actuando la imaginación como el compuesto químico capaz de fijar imágenes en el papel impreso, creando, en una precipitación en cadena, personajes los cuales a su vez fantasean y crean a su vez otras historias ajenas, con una gracia, sutileza y juego de seducción (o emoción flamígera) como al que sucumben Daniel y Ella, que parecen ser, ya desde sus albores, las señas de identidad en la escritura de la autora.

AMG editor. 2007. 112 páginas

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Las palabras justas (Ignacio Martínez Pisón)

Siete reportajes o “relatos reales” breves y bastante interesantes se dan cita en este libro de Ignacio Martínez Pisón publicado por Xordica en 2007, en los cuales según el autor aborda alguna injusticia que ha de ser reparada, de ahí su título.
El de la portada del libro es Leonardo Sciascia quien visitaría Belchite para comprobar por él mismo las cicactrices de la guerra civil española y ver dónde lucharon los soldados italianos (68.000) que Mussolini (por el que Sciascia sentía muchas simpatías, no tantas sin embargo por el fascismo) envió a luchar junto a los nacionales.
Otro artículo va dedicado a Ramón J. Sender al cual su libro sobre lo ocurrido en la tragedia de Casas Viejas le supuso la enemistad de los republicanos, la caída del gobierno de Azaña y su distanciamiento de la República, pues como diría el escritor “La verdad es que una república que era capaz de hacer lo de Casas Viejas no podía sobrevivir“. Un distanciamiento respecto a la izquierda que también opera en el escritor John Dos Passos que aparece en dos relatos, en el referido a Sender y en otro en el que se nos refiere la ayuda que Dos Passos a través del New World Resettlement Fund, organización que facilitaba la instalación de republicanos en Latinoamérica. Ahí se nos cuenta cómo fue la llegada de españoles como José Peirás a Guayaquil en Ecuador, desde la República Dominicana y su arribada a una colonia sita en la región de Saloya, donde les iba a esperar un paraíso que no resultaría tal.
En Historia de dos maestras, el conflicto bélico situará a una como directora de la prisión en donde su compañera de profesión ingresa como presa. Median acontecimientos como el fusilamiento en la cárcel de trece mujeres presas jóvenes (su delito fue haber militado durante en la guerra en las Juventudes Socialistas Unificadas), que se conocerían después como las Trece Rosas.
Presente también la estación de Canfranc, rodeada siempre de un halo de misterio, de suspense, donde mucho de lo allá sucedido durante la guerra civil española y la segunda guerra mundial será recogido en el libro de Ramón J. Camp, El oro de Canfranc.
Me he llevado también alguna sorpresa agradable pues uno de los relatos se titula El periplo de Lydia Kúper, a la cual conozco porque llevo ya unos cuantos meses tratando de conseguir sin éxito un ejemplar de Guerra y Paz ya sea nuevo, de segunda mano (a un precio razonable) o en alguna biblioteca pública, libro que fue traducido por Lydia Kúper para Muchnik, y de cuyo periplo para salir de España nos informa Ignacio. Huida del país llevada a cabo en 1939, en un avión en compañía de otros consejeros soviéticos, que sufriría un accidente, en el que Lydia se rompería un brazo. Kúper regresó a España en 1957 (había nacido en Lodz en 1914 y en 1920 se instalaría con su madre en Vigo y trabajaba como profesora en un instituto hasta el estallido de la guerra), donde pasará a trabajar como correctora de textos para la editorial Aguilar, siguió trabajando como traductora de Pasernak, Makanin y de esta obra inmortal de Tolstói, que está por ver si algún puedo llegar a leer.

Xórdica Editorial. 2007. 79 páginas

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En el café de la juventud perdida (Patrick Modiano)

Van cinco con esta las novelas que leído de Patrick Modiano (Boulogne-Billancourt), el cual a medida que lo leo me va demostrando que tiene un estilo propio, muy reconocible y para mí, deleitable.
Se dice a menudo que algunos escritores siempre escriben la misma historia una y otra vez, hablaríamos de un eterno retorno, como el experimentado por Roland, el protagonista de la novela, el cual como Walter Benjamin hacía con los pasajes de Paris, éste hace lo propio con el registro de esas zonas neutras parisinas en las que se asienta, tratando así de conjurar los fantasmas del pasado, las heridas y llagas de su juventud, los rostros que no quiere volver a ver, las infaustas experiencias que quiere desterrar, ese pasado que nunca acaba de pasar y sí de posar, pues como una piedra en el corazón cuesta mucho despojarlo de uno mismo, y por mucho que cambie de domicilio, de barrio, París es como un tablero de ajedrez donde los peones como él tienen movilidad reducida y la realidad les viene cercada o enmarcada por unos límites que parecen imposibles de superar, salvo quizás a través de la muerte, que sería la liberación definitiva, que le permitiría a Roland y la joven que conoció en un café en su juventud, una tal Louki, cortar con la maroma umbilical que la liga a una realidad de la cual siempre estar huyendo, donde su estado ideal, el de Louki es la huida, el tránsito, el deambulamiemto, y aquí el despeñamiento. Y como en sus otras novelas encuentro aquí una prosa notarial que levanta acta de un mundo extinto, un registro topográfico de un París que se metamorfosea, un intento siempre vano de dejar constancia de nuestro paso por la tierra, a fin de dejar de ser simples so(m)bras del pasado.

Anagrama. 2008. 132 páginas. Traducción de María Teresa Gallego Urrutia

Patrick Modiano en Devaneos | Un circo pasa, El callejón de las tiendas oscuras, La hierba de las noches, Accidente nocturno