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El perdón de los pecados (Antonio Fontana)

Mi manera de comprometerme fue darme a la fuga, canturreaba Sabina en una de sus canciones. Ángela hace lo propio. Después de ver, de niña, cómo su padre se da a la fuga, tras encomendarle que cuide de su hermana Tecla, tras conocer que su hermana sufre parálisis cerebral y una vez llegue a la edad adulta, abandonará el hogar familiar, comprando billete de ida, por que no le volverán a ver más el pelo.
Lo que Ángela gana huyendo, lo pierde por la vía de los remordimientos y el peso de la culpa, que la lastrará para siempre.
Una llamada de teléfono, rompe la noche a tajazos, para hacerla volver, para arrostrar, quiera o no, su pasado, y volver a recordar a su hermana Tecla, a su anegada madre, a los vecinos que entre dimes y diretes se alegrarán de volver a ver a la hija pródiga, la cual no encontrará el abrazo filial, sino dos féretros indistintos ante los que pedir perdón por sus pecados. Un Dios que está muy presente, pero no para pedirle milagros, sino para rendirle cuentas, para cantarle las cuarenta.
Las preguntas que se formula la madre de Tecla, siempre son las mismas en estos casos. ¿Qué ocurrirá cuando yo falte?. ¿Qué culpa tiene Tecla?
Una novela muy triste esta de Antonio Fontana (Málaga, 1964) y también purificadora. Sin ceder a lo sentimentaloide creo que el autor con mucha precisión va desentrañando esa madeja de sentimientos morales y punzantes que convierten el día a día de todos ellos en un porvenir funesto, encadenados a una enfermedad que no les da ni tregua ni respiro. El suicidio, el asesinato, la muerte en definitiva, repartirá las cartas que ellos juegan. Todos pierden.

Acantilado. 2003. 156 páginas

Pablo D´Ors Editorial anagrama  2003

Andanzas del impresor Zollinger (Pablo D´Ors 2003)

Pablo D´Ors
Editorial Anagrama
2003
150 páginas

Varias veces me he visto tentado por este libro, que ha reeditado Impedimenta, el año pasado. Finalmente me he leído el libro que publicaría Anagrama allá por 2003.

Habiendo leído ayer El amigo del desierto también de D´Ors, uno va reconociendo ciertos elementos comunes en ambas novelas, más allá de una extensión casi similar.

Estas andanzas del veinteañero Zollinger se llevan a cabo en un mundo utópico, donde no hay apenas maldad, o la única que Zollinger sufrirá será aquella que le obligue a dejar su pueblo, para vagar durante seis años y pico, hasta que finalmente complete el viaje circular que le devolverá al punto de partida.

El libro se estructura en seis apartados. El anhelo de Zollinger por ser impresor, su salida del pueblo y posterior trabajo como guardavía, más tarde como soldado, luego como ermitaño, después como zapatero y finalmente como impresor, viendo así cumplidos todos sus sueños.

Zollinger está lejos de ser un héroe, si bien, su forma de entender la vida lo hace especial. Donde otros se dejan arrollar y vencer por el tedio, la ira, la envidia (o cualquier otra pulsión humana), Zollinger, quizás por su corta edad, por su falta de maldad o bien porque le falta dos hervores, siempre saca algo positivo de todas las situaciones que vive. Así, será capaz de ser feliz ejerciendo de ferroviario (enamorado), de funcionario chupatintas estampado sellos, bajo un singular régimen castrense, remendando zapatos o abrazando árboles sinfónicos en medio de un bosque donde no entra la luz del día.

Las andanzas del impresor Zollinger, entretienen, divierten, provocan la risa y resultan un bálsamo para el espíritu por su buen rollito, su aliento mágico y por esa mirada esperanzada, que hacen de esta novelita una fábula fabulosa.

Pablo D´Ors

August razonaba para sí que al igual que frente a un impreso sucio y desaliñado el espíritu del lector se contrae y, sea por las tachaduras o por estar mal doblado, tienden las manos a soltarlo lo antes posible, a todos gustan, por el contrario, los impresos limpios y presentables; parece que ante ellos el espíritu se ensancha, e inicia uno la lectura de los mismos con otra predisposición; con los documentos bien compuestos y pulcros se siente uno orgulloso de la condición humana. (página 101)

No se pueden manejar expedientes impunemente. Son demasiado abstractos. (página 97)

Pablo D´Ors | El amigo del desierto

Mala suerte (Juan Aparicio-Belmonte 2003)

Portada libro Juan Aparicio-Belmonte
Juan Aparicio-Belmonte
Editorial: Lengua de Trapo
Año: 2003
189 páginas

Una amiga se empecinó en que me comprara, Un amigo en la ciudad, el último libro de Juan Aparicio-Belmonte. Lo busqué en la Biblioteca y no lo habían comprado (!malditos recortes!), pero me llevé otro del mismo autor, Mala suerte, el primero que Aparicio-Belmonte publicará allá por el 2003 y por el que se llevaría el I Premio de Narrativa de Caja Madrid.

El premio consolación de todas maneras me ha salido un patanegra.

Los libros hay que sacarlos de las bibliotecas, de las casas, cogerlos de las manos (del lomo), que vean mundo, que vayan de bares. Este ejemplar me lo llevé a un bar, y mientras lo leía, no pude menos que echarme unas risotadas, lo que propició que el camarero levantara la cabeza por encima de la barra, la recorriera hasta el final y echara un vistazo al nombre del libro que lo tenía así dispuesto (mirando al tendido) mientras iba al baño.

¿Belmonte?. Al leer ese nombre, el pueblo, piensa en corridas de toros. Habrá quien incluso mente a Manuel Chaves Nogales y su libro sobre el torero y hay que coger entonces el toro por los cuernos y rematar la faena. No, no es ese Belmonte, éste, nació en Londres y no es torero (que yo sepa).

El libro me ha gustado mucho. Ha sido una descomunal sorpresa. Tengo otros cuatro libros más de Aparicio-Belmonte en la recamara.

¿De qué va? ¿Por qué es tan bueno?. Apuntad, despacito y con buena letra:

Un legionario, técnico de luces, histérico, psicopático, de la margen izquierda.
Una Comisario despampanente, con aureola, entregada a su trabajo y a la resolución de un caso: dos crímenes.
Un novio joven (el de la comisario) que está escribiendo una novela de mierda.
Un inspector de policía fofo y blando y una panda de oficiales, que son una panda.
Un abogado obsesionado con su mala suerte, examinado por un psicoanalista.
La mujer del abogado (su carichi) que pinta cuadros de paisajes.
Un camello con una melena bisbaliana, que de tan perfecta parece una peluca.
Un psicoanalista que recibe los envites del abogado, guarecido tras sus gafas oscuras, a quien le hubiera venido bien un chaleco antibalas.
Madrid. El Barrio de Salamanca. El Barrio de la Ventilla.
Un novio celoso que ve fantasmas donde sí los hay.
Una secretaria (la del abogado) que convertirá su coqueteo en la perdición de su novio.
La pasión, el deseo, las infidelidades (no consumadas), las heridas que van camino de cerrarse, la Mala Suerte que dará título a una novela dentro de la novela.

¿Es esto una reseña?.
No
¿y?

El secreto del orfebre (Elia Barceló 2003)

El secreto del orfebre Elia Barceló Lengua de Trapo portada libroUna agradable sorpresa me ha deparado la lectura de El secreto del orfebre, de la autora Elia Barceló, cuya existencia desconocía hasta ayer. Llegué a ella al tun tun, sin previo aviso, ni recomendación alguna, haciendo un barrido visual por los libros de la biblioteca, hasta dar con ella. Me lo llevé a mi casita y lo he devorado como quien se zampa una caja de bombones: con avidez, relamiéndome. Un chute de glucosa en toda regla.

A Elia Barceló, se la conoce, o eso dicen los de su editorial, como “La dama española de la ciencia ficción“. En esta novela se mezclan también realidad y ficción en pos de un amor que no entiende de la trabazón propia del espacio-tiempo. El amor consumado entre el protagonista y Celia. De nuevo un amor entre un joven y una señora mayor (que luego se trasunta en otro amorío entre una joven y un señor mayor) a la que conocen como la dama negra. Ya sabemos que casi siempre estos amores son imposibles, lo que los hace todavía más apasionados, terrenales, incandescentes y asfixiantes.

Como lo posible sigue caminos a menudo muy trillados (lo cual no quita para que Antigua Luz sea un deleite), Barceló opta por lo imposible. Quien haya visto la película Looper, se hará una idea de por donde pueden ir los tiros. Como no está en mi ánimo destripar aquí las vísceras del libro, apuntar que las sensaciones que su lectura depara son buenas. Disfrutar con una prosa potente, reflexiva, concisa, límpida de polvo y paja, yendo a la concreto, al nucleo del alma humana en un puñado de páginas (menos de cien), donde entran de rondón la España (una Umbría imaginaria) de los años 50, 70 y de finales de y sumar la sugerencia, la evocación, la añoranza, la melancolía, hacen de El secreto del orfebre, una joyita, sí, una gema literaria.

Próxima parada: El vuelo del hipogrifo.

Fueron los tres únicos meses de mi vida, porque el resto, lo de antes y lo de después, también ha sido vida pero en sordina, en tono menor, como si a una película le bajaran el volumen hasta que todo se oyera en susurros y los colores se difuminaran hasta el sepia, el blanco y el negro. Pero no me quejo. Hay quien ha tenido menos y yo tuve aquellos tres meses y los últimos tres, los de mi regreso a Villasanta (pag 52).