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Círculo de lectores (Eduardo Berti)

Círculo de lectores (que no guarda relación con la Red de lecturas creada en 1962 y recientemente extinta), es el último trabajo publicado por Eduardo Berti en la editorial Páginas de Espuma.

El libro incluye una breve novela con un título nada novelesco, Mañana se anuncia mejor, que contiene una distopía libresca en la que el libro es un componente primordial. Hay círculos de lectores enfrentados que pugnan por imponer el busto o el no busto de sus autores predilectos en las plazas. Que luchan con denuedo para ajustar la realidad a las páginas de las novelas de sus autores favoritos, desbaratando de un manotazo todo aquello que no se ajuste a tal realidad novelera. Hay un pintor que verá cómo su obra Fidelidad es objeto de retoques por una joven que tiene los redaños de hacer lo que el vetusto artista no fue capaz. Y al hilo de esto, leyendo a Berti pensaba que al igual que sucede con los deuvedés que incorporan tomas falsas, escenas desechadas o incluso se hace una versión mejorada incluyendo más minutos de metraje, algo parecido se podría probar en el mundo del libro, lo cual implicaría una renovación del espíritu editorial y un ensanchamiento del mercado. Pensemos en acompañar la novela de un prólogo, de anexos que incorporasen capítulos desechados, varios finales: abiertos y cerrados, o periódicamente nuevas versiones del libro ampliadas (como sucedió (el móvil me autocorrige a suicidio)
con Nembrot o cercenadas a gusto del autor. Berti creo que tiene que haber disfrutado mucho escribiendo esta novela. En ella se sugiere que además de un Precio de venta al público hubiera también un Precio de letra impresa; las autoridades establecen un cupo máximo de neologismos en las novelas publicadas, se permite publicar a autores extranjeros estableciendo binomios de países; y como el tono de la novela es machacón, pesaroso, con su aura enfermiza me es menester pensar en Kafka y me venía en mientes El proceso, por ese tono formalista donde la burocracia se convierte en un tegumento que lo recubre todo, pero aquí se recurre a La Metamorfosis. Se produce una pandemia de tal manera que aquellos que leen la Metamorfosis acaban devenidos en insectos. Se intenta a su vez aprobar una Ley de derechos y deberes de lecturas y escrituras para lectores; un comando se toma la justicia por su mano con la idea de adulterar las novelas de las bibliotecas públicas, cambiando los títulos a las mismas, jibarizando los guarismos allá presentes, así, Dos cuentos, Diez años de soledad Fahrenheit 154, 1844, El segundo hombre…. Nouvelle distópica, en suma, jocosa e hilarante. Y valga la digresión, comentar que la ciudad de Logroño incorporará a su callejero dos escritoras: María Zambrano y Rosa Chacel.

Y puestos a homenajear, válganos Cortázar, y el capítulo Instrucciones para leer un libro.

Sabemos que cada lector es diferente, Berti explota esta premisa en dos capítulos Círculo de lectores I y II. Allí encontraremos lectores (señores cuyos nombres hacen mención a autores como Calvino, Valéry, etcétera) de todo pelo, los que leen en sueños, los que leen por parejas, el lector que descubre que cada lectura de la Ilíada provoca una guerra, aquel que toma conciencia de que sus libros están “desafinados“, aquella lectora que no soporta las marcas en el texto por parte de otros lectores, quien descubre un personaje de la novela que a medida que lee a los autores estos van muriendo (algo así como un homicidio lector), el lector obsesionado en convertirse en un personaje, etc.

En Biblioteca breve Berti expone cincuenta y cinco clases de cuentos (anónimo, chino, patriótico, autoconsciente, impensado, plagiario, anónimo, rimado, histórico, perfecto, en forma de Haiku, en forma de epínome…). Ya saben, la imaginación al poder, de la mano de la escritura creativa. Como leía el otro día a César, ¿existen los juegos que no sean recreativos?, pues con esto, ídem.

En Continuidades del cuento Berti sigue explorando las posibilidades de la escritura a través de una representación arborescente seguida de su representación convencional en párrafos. La novela, se enseñorea, hacedora de realidad.

El último lector es un relato de Dixon que aparecía en otro libro de Berti, Historias encontradas, publicado por Eterna cadencia.

Pone el broche a este artefacto narrativo tan singular como atrayente el capítulo Televisión en donde brilla, o deslumbra, el humor.

Tanto a los escritores, los lectores, como a los espíritus juguetones (el Método fácil y rápido para ser lector, me va a ser muy útil) que conciban la literatura como un pasatiempo trascendente, Círculo de lectores les deparará un buen número de alegrías y sorpresas, por obra y gracia del magín Bertiano.

Páginas de Espuma. 2020. 224 paginas

Duelo de alfiles

Duelo de alfiles (Vicente Valero)

Es un misterio hacia dónde nos conduce una partida de ajedrez, dice Vicente Valero. Lo mismo podemos decir de la literatura. Si en El arte de la fuga Valero recreaba episodios singulares de la vida de San Juan de la Cruz, Friedrich Hölderlin y Fernando Pessoa, en Los extraños abordaba su propia historia rememorando a su familiares, en Las transiciones nos llevaba al año en que murió Franco con una novela, suerte de autobiografía sentimental, o en Experiencia y pobreza, Walter Benjamin en Ibiza, nos brindaba un sustancioso ensayo, en su último libro publicado, Duelo de alfiles, emprende unos viajes en los que sigue la pista a Bretch, Benjamin, Nietzsche o Rilke.

Al leer este verano las Iluminaciones de Walter Benjamin, que incluye entre otros las Conversaciones con Bretch o el ensayo En el décimo aniversario de su muerte, la de Kafka, el encuentro de Benjamin con Bretch y sus partidas de ajedrez (disciplina que actúa como hilo conductor. Aparece Alberto, el jugador profesional de Los extraños y se habla también de Novela de ajedrez de Zweig) en Dinamarca en 1934 no me ha pillado de nuevas. Vemos como en La colonia penitenciaria, Kafka ya vaticinaba el nazismo. Otro tanto sucedía con Chaplin, en su película El gran dictador (1940). Leí hace nada Vidas escritas de Marías, y ahí aparecía también Rilke y sus Elegías. Al leer libros como este, son tantas las voces, los ecos, las correspondencias que brotan en mi mente, que parece que la literatura fuera una monomanía, pues a pesar, de que esta es casi infinita (o así la pensamos), siempre hay muchos autores y temas recurrentes, a los que los escritores vuelven y una otra vez. El eterno retorno de lo mismo. Quizá.

No le encuentro demasiados alicientes a lo referido a Valero en su levedad anecdótica a sus correrías por tierras danesas, a su estancia en Turín, que me resulta sota-caballo-rey para los que hemos visitado esa ciudad, o su escapada a Génova de la mano de un matrimonio italiano recién conocido, del que se se hace su amigo.

Creo que en este libro Valero rebaja el tono de su escritura, buscando quizá una pretendida naturalidad (que en Los extraños tocaba la fibra más sensible de un servidor), incluso espontaneidad (pues en el algún momento se sorprende a sí mismo, diciendo (y escribiendo) cosas que no se creería capaz de decir), de corte incluso confesional, lo que me recuerda a En la ciudad líquida de Marta Rebón, con el que tiene elementos comunes, pues aquí el escritor y narrador acude a los santos lugares de la literatura, donde Nietzsche escribiera por ejemplo Ecce homo o Rilke avanzara en sus Elegías de Duino, como si fuera posible una especie de ósmosis que permitiera situándonos en esos lugares, en aquellos castillos y paisajes (curiosa la anécdota de Rilke y la serrería que lo deslocalizará de su anhelada tranquilidad y concentración), ponernos en la piel de sus creadores, algo a todas luces imposible.