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Fragmenta (Javier Pastor)

Recuerdo que en 1991 vi un vídeo de un tipo melenudo que me dejó impactado. Creo que yotuve la sensación entonces de estar escuchando algo tan novedoso como impactante. Aquello olía a teen spirit. Llevo meses leyendo novelas cuya melodía es la misma y la letra cambia poco. Tenía en la recamara la lectura de esta novela de Javier Pastor de quien había leído con mucha satisfacción Mate jaque y Fosa común. Fragmenta aparecía citada en La soledad de las vocales. Su lectura ha supuesto lo mismo que en su día creo que me supuso la escucha del temazo de Nirvana, a saber, un entusiasmo difícil de sofocar. Este libro publicado en 1999 !!!el primero del autor!!!, suena distinto. Da gusto refocilarse y chapotear en sus párrafos. Esto no es una fiesta, es una orgía del lenguaje, donde sus párrafos penetran todos nuestros orificios. Pastor exprime el diccionario y saca de él todo el ju(e)go de palabras que podamos imaginar y de paso crea otras nuevas. Leo sismografirma, leo Horroris causa, leo Canalillo de Soez, leo Aleluyástico, y no reproduzco más términos porque no me sale de las falanges. Ahí radica para mí, en esa torsión del lenguaje, el gran placer y asombro que me ha deparado su lectura.
Pastor va sobrado de caletre. Leyéndolo tengo la sensación de que Pastor es capaz de cualquier cosa, incluso que las Musas son una invención suya.
Rito de paso, Restauración -erre que erre- son pa(i)sa(na)jes literarios gloriosos.

Y qué decir del humor que gasta Pastor. El texto es una continua chufla, un atentado continuo al envaramiento, a las normas de ortografía que casi se agradece porque ofrece una mayor libertad al leer sin los cedas el paso y los stop que suponen las comas y los puntos seguidos y los pu(n)tos finales

me sentí sandiós hasta que rompí la hoja conservé el mango como recuerdo de lo bien que se pasa con un machete de destazar pototos

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Cuaderno del Guadarrama (Camilo José Cela)

Publicada en 1959 (antes Cela ya había publicado Viaje a la Alcarria) y reeditada en 1983 por la editorial Lumen, este Cuaderno del Guadarrama de Camilo José Cela, dista mucho de ser algo parecido a una guía Baedeker o una guía trotamundos. Este cuaderno es un cuaderno del camino, del polvo, de la soledad, del silencio y la intemperie. El personaje no es un turista, no es un viajero, es un vagabundo que reclama lo sencillo: un rayo de sol, un trago de agua, un suelo blando donde dormir, una sombra fresca, apaciguar el estómago con un trozo de pan, queso y vino. El vagabundo camina por la Sierra de Guadarrama, por Navacerrada, por los Siete Picos, por el pico de Peñalara, por Rascafría…
Se lamenta Cela y hablamos de 1959 del turismo invasor que toma las montañas y rompe el silencio, el sosiego. Al que conozca la topografía que Cela maneja este cuaderno seguramente le interese. Para los que esta topografía nos resulta ajena, como es mi caso, el deambular del vagabundo por esa geografía escarpada no llega a causarme la más mínima emoción, ni tampoco lo consiguen esos arrebatos líricos, pues no le encuentro músculo a lo leído en ningún momento.
En todo caso, arrojo al zurrón unas cuantas palabras (como fragüin) que desconocía.

Camilo José Cela en Devaneos | La colmena, La familia de Pascual Duarte

Malas palabras de Cristina Morales

Malas palabras (Cristina Morales 2015)

Cristina Morales
190 páginas
Editorial Lumen
2015

El año pasado nos dieron la brasa con el centenario de la I Guerra Mundial. El 28 de marzo del presente año (2015), por si hay algún ciudadano español (nacionalizados también) que aún no se ha enterado, se cumplen 500 años del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, nacida como Teresa Sánchez de Cepeda y Ahumada.

Las editoriales se han puesto las pilas y verán, si se fijan, las librerías abarrotadas de obras de Santa Teresa. Espido Freire ha aportado su grano de arena, con Para vos nací, Cristina Morales también. El de Cristina se titula Malas palabras. Como no quiero usar tales malas palabras, no vaya a ser que Teresa o alguna otra entidad celestial me fulmine con algún rayo divino, iré al grano sin dejarme llevar por instintos demoniacos.

Creo que un libro sobre Santa Teresa tendría que ser escrito por un escritor o escritora que haya vivido lo suyo, que esté ya en el ocaso de su vida, que tenga más pasado que presente.
Poner en manos de Cristina, nacida en 1985, la extraordinaria (dicen) vida de la Santa para hablar por boca de esta, tiene un serio problema y es que la figura de Santa Teresa en manos de Cristina se ve achicada, y constreñida por las limitaciones de la escritura de la autora, que hace lo que puede, como todos cuando se ponen a escribir, y lo que puede y hace es plasmar por escrito los devaneos mentales de la Santa, la cual, en el siglo XVI que le tocó vivir, fue insumisa, libertaria, independiente, inteligente, mordaz, levantisca y cuantas loas, o vituperios, les vengan en gana, pero que sobre el papel no tiene ninguna consistencia, entidad, relevancia, ni relieve, no pasa de 1D (una dimensión), y el único momento en el que el libro deja de ser un texto inanimado es cuando Teresa habla de su madre y ahí sí siento correr por mis venas la sangre de su madre Beatriz/Beatroz, y no cuesta nada empatizar con sus múltiples partos, su triste vida, su soledad, su sumisión. Que el mejor personaje de un falso relato autobiográfico no sea la propia autora, será un acto de humildad, pero…

El libro no es una experiencia religiosa/mística.
El libro no es la Hostia de bueno.
El libro es (casi) un Martirio.
El libro sí es un lío de faldas o de hábitos.
El libro no puede darse el lujo de dilapidar 15 páginas hablando de unas elecciones primarias en un convento.

Si el libro fuera bueno, o muy bueno o excelso, ahora mismo estaría leyéndome algo de Santa Teresa, El libro de la vida por ejemplo, o pasandolas moradas y no es el caso, porque estoy ya con Celso Castro entre manos.

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Butcher´s Crossing (John Williams 2013)

John Williams
Editorial Lumen
2013 (publicado en 1960)
358 páginas

Bear Grylls se nos mostraba en la televisión como El último superviviente. Casi 60 años antes, Miller, uno de los protagonistas de esta intensa y muy recomendable novela, sería algo como El penúltimo superviviente.

Si el anterior y magnífico libro que leí de John Williams, Stoner, se ambientaba en el mundillo universitario (para luego disertar sobre la condición humana en todas sus vertientes), Butcher´s Crossing se centra en la naturaleza más salvaje, más desnuda.

El protagonista es Will Andrews, que allá por los años 70 del siglo XIX deja la Universidad tras licenciarse en Harvard, para vivir experiencias más intensas que las que le deparan los libros. Decide entonces irse al Oeste y conectar con su yo interior.

Tranquilos, no es este un libro de autoayuda, de esos que tratan de cambiar el mundo, como los de Andrés Pascual (nuestro escritor riojano más universal).

Will recala en Butcher´s Crossing típico poblado de un western donde hay cuatro casas, un salón-abrevadero, algún curtidor, un sastre, unas cuantas rameras, y muchos tipos sucios y mal afeitados que pasan la tarde templando el gaznate a base de alcohol y cazando.

Will cual etnógrafo quiere conocer los usos de la zona y se topa con con Miller, un cazador curtido en mil batallas que le cuenta un cuento mágico. Miller sabe de un lugar donde hay miles de bisontes, un lugar al que sólo él conoce como arribar. Un paraje que nunca ha sido hollado por el hombre.

A Will hacerse rico le da lo mismo, pues está más ávido de experiencias que de billetes, pero lo que le cuenta Miller le pone, así que decide correr con los gastos de la expedición. Al lado de Miller (el penúltimo superviviente), se situarán Schneider un alemán de profesión curtidor, que quiere hacerse con un capital y que es inaccesible como la cara norte del K2, y Charley Hoge, encargado del rancho, de montar el campamento: la intendencia en definitiva, agarrado a su Biblia y a la botella, con su único brazo bueno, pues el otro se lo amputó el frío.

Antes de dejar el pueblo, Will se queda prendado de Francine una bacante con la que no llega a acostarse pues sufre un arrebato de decencia al verla en cueros.

Una vez se ponen los cuatro en marcha, la novela deviene trepidante, un viaje apasionante, donde nuestros viajeros pasan de morir casi de sed, en busca de algún arroyo que les de la vida, a verse sepultados bajo la nieve entre montañas.

Gracias a Miller, un superviviente de tomo y lomo, para quien todo es fácil de resolver, quien nunca se pone nervioso, como si estar al límite de la existencia fuera su estado natural, el resto de los viajeros podrán salvar el pellejo porque por sí solos, no durarían allí solos, en la intemperie ni un par de días.

Miller y los suyos tienen un único objetivo: matar miles de bisontes, coger sus pieles, venderlas y hacerse ricos. ¿Lo conseguirán?. Vale la pena (mucho) leer el libro hasta el final para descubrirlo.

Si Stoner era muy introspectivo, aquí la mirada del narrador se posa más en el paisaje que rodea a sus personajes, en la naturaleza amenazante, que convierte al hombre en una marioneta a merced de la climatología adversa. Así, ya sea por la sed, el hambre, el calor o el frío, esta novela es una lucha del hombre contra los elementos, y en ocasiones contra los sentimientos, pues al contrario que Miller que ni sufre ni padece, Will sí se deja vencer por los afectos, la melancolía, la añoranza, y es capaz de salir de sí mismo para tratar de entender algo de lo que les está acaciendo en esa lección de vida.

Esta novela me ha gustado porque además de ofrecer unas páginas muy bien escritas, resulta una aventura adictiva, que transcurre a finales del siglo XIX, pero que resulta de lo más actual, pues esto de sobrevivir lo llevan haciendo los humanos incluso antes de ponerse erectos y pensar luego en mejorar sus condiciones de vida.

Si no sabéis qué libro llevaros estas vacaciones a la playa, a la montaña, al pueblo, al ambulatorio o a la cola del INEM, Butcher´s Crossing es el libro perfecto. Una lectura refrescante y vívida, como pocas.

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Editorial Lumen
2014

Es un decir (Jenn Díaz 2014)

Jenn Díaz
2014
Editorial Lumen
164 páginas

Nada había leído de Jenn Díaz (Barcelona, 1988). Es un decir es su cuarta novela. Nada mal para alguien con tan sólo 26 años.

Su novela no me ha gustado. Me he muerto de aburrimiento (es un decir).

El comienzo promete: El día que cumplí once años mataron a mi padre. La novela no es negra pero cuando asoma el humor negro entonces el libro sí me interesa.

La narradora, Mariela, es una chica joven, que vive en un pueblo con su madre y su abuela, años después de haber acabado la guerra civil. A su padre lo asesinan el día que Mariela cumple 11 años, no sabemos quién, ni por qué. Sabe luego que su padre era rojo (para los alumnos de la ESO que lean esto, señalar que rojo, era ser republicano, los que acabaron en el bando perdedor de la guerra civil).

Mariela quiere saber y saber lo que se dice saber, sabrá poco, pero irá cogiendo datos de aquí y de allá en un pueblo donde a todo el mundo le gusta hocicar en casa ajena (es un decir). Y así irá tirando del ovillo para saber quién era su padre (y saber dónde está su cuerpo), quien era su tío, quien su madre y su abuela, sus abuelos. Los hombres que pueblan estas páginas son de otra pasta, pasta blanda se entiende, unos flojos, con poca sémola (es un decir), salvo el tío que es hombre y cocina.

Y la protagonista nos va soltando una perorata sobre sus movidas familiares, sus escarceos con un vecino que es su amigo y quiere ser su novio, pero que busca también una madre, porque la suya está muerta y a ella le da lástima porque como todos los hombres, éste también es un calzonazos, unos vecinos cotillas, una mala elección del bando por el que tomar partido por parte de su padre, una abuela que desaparece cuando aparece alguien en escena que resulta ser su abuelo, que no estaba muerto, no, que estaba de parranda con una gitana, una media orfandad que se ve agravada con una madre ausente que entra en barrena al amorrarse a una depresión que la deja con continuidad en el más allá.

Jenn Díaz
Jenn Díaz

La abuela también tiene su momento de gloria (es un decir) cuando aprovechando que la mujer de su ex está postrada en una cama soltar por su boquita cuanto le viene por la mente, porque lleva tanto tiempo sin hablar con nadie que el silencio le está comiendo todos los órganos del cuerpo, como un cáncer silencioso (es un decir).

Sí, es muy sano hablar y soltar lo que llevamos dentro. Por eso la gente se confiesa o escribe libros.

Las últimas páginas son las mejores, no porque el libro se acabe, que también, sino que ahí Jenn se desmelena (es un decir) y esos meneos que les da a las monjas y cierto humor negro a costa de la orfandad ya absoluta de la protagonista, son lo mejor del libro.

Es un decir es un libro que se escucha, un libro fluido. Diría que algo pueril y primerizo, pero dado que Jenn tiene otras tres novelas detrás, será que este es su estilo, a saber. Si leo algo más de Jenn lo sabré y sino será para mí un misterio, otro más.

Jenn Díaz publica artículos en medios como Jotdown