Archivo de la categoría: Premio Setenil

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Nuestra historia (Pedro Ugarte)

Diez relatos conforman Nuestra Historia por el que Pedro Ugarte (Bilbao, 1963) recibió el XIV Premio Setenil 2017. Premio literario que siempre suscita mi curiosidad, tal que hasta el momento he ido leyendo algunos de los libros premiados en ediciones anteriores: Alberto Méndez (Los girasoles ciegos), Fernando Clemot (Estancos del Chiado), Emilio Gavilanes (Historia secreta del mundo) y Daniel Sánchez Aguilar (Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino).

Estos jugosos relatos beben de lo cotidiano, de lo actual, así el primer relato, Días de mala suerte, nos habla de la crisis, de las ejecuciones hipotecarias, de los encajes de bolillos que debe hacer un pareja con dos críos pequeños para llegar a final de mes, lo cual hace que -paradójicamente- esa austeridad autoimpuesta se convierta en algo saludable para todos los miembros de la familia, que despojados de tanta morralla tecnológica, de tanta extraescolar sinsentido, pasen más tiempos juntos dedicados a actividades que no cuestan un euro pero que les satisfacen igual o más que otras que conllevan un desembolso y que las más de las veces no acarrean retorno emocional alguno. Hay ahí cierta moralina que no me acaba de convencer del todo.

Hoy que muchos de los regalos recibidos son vendidos, por indeseados, acto seguido, en webs como Wallapop, Ebay o similares, el segundo relato, Verónica y los dones plantea el modo en el que algo tan trivial como unos regalos pueden hacer mella en una pareja, cuando él siempre yerra con lo que regala, mientras que ella siempre acierta de pleno, siempre atina con los deseos de los regalados, dándoles aquello que quieren aunque no lo hayan manifestado de forma explícita, merced a su agudo sentido de la observación o a algún don oculto, a saber. Un regalo, un presente, vemos que puede devenir en un no futuro, o en un futuro distinto, ya enlodado, contaminado por el virus del orgullo parejil, por no conseguir estar a la altura.

En Vida de mi padre, me gusta comprobar cómo los padres siempre quieren lo mejor para los hijos y magnifican sus hazañas, intempestivas, al margen del correr del tiempo, una hazaña lingüistica, que siempre volverá en las reuniones familiares, pues ese niño de antaño, y sus proezas, a ojos de su progenitor nunca crecerá, petrificado en aquellos recuerdos de antaño.

En La muerte del servicio tenemos un reencuentro de tres amigos y un título que se explica la final. Sin que el desarrollo me diga nada, hay cierta atmósfera de melancolía, de vinilos que suena trayendo el pasado de vuelta, que acaba cuajando.

Enanos en el jardín, me recuerda el relato Formentera, de Paco Inclán, donde de nuevo una isla les sirve a una pareja, una vez los hijos ubicados en un campamento, disfrutar de una semana insular para ellos dos solos, para ir en busca del tiempo perdido, sustraídos a las obligaciones familiares y las responsabilidades, tiempo vacacional para tirarse a la bartola y quien sabe si a alguien más.

Mi amigo Böhm-Bawerk me parece inverosímil, pero a pesar de todo mantiene cierta coherencia `postrera que resulta hilarante.

El hombre del cartapacio me ha parecido el relato más flojo con diferencia. Muy extenso y con muy poca chicha.

En Para no ser cobarde, me las prometía muy felices viendo por ahí Ayabarrena, una aldea de mi tierra, próxima a Ezcaray, que al final es tan sólo un decorado, no sabemos si propicio o no para que un escritor pueda cumplir su objetivo de sacar adelante su novela. En estos casos siempre me viene en mente el poema de Bukowski, Aire, luz, tiempo y espacio.

Voy a hacer una llamada explica el proceder de estos facilitadores que vemos a menudo en los telediarios calentando las sillas en los juzgados frente a un juez. Gente dada a hacer favores a transformar el mundo con unas cuantas llamadas, removiendo hilos, quitando a unos para poner a otros, pues aunque no lo parezca, al final, esto es un juego de suma cero.

En Opiniones sobre la felicidad asistimos a la posibilidad o más bien imposibilidad de romper con los lazos filiales, de acabar radicalmente con todo lo que no gusta de una madre, de un hermano. Relato donde un niño de corta edad actúa de puente entre dos hermanos enemistados, enfangados en un odio recíproco, pues al final todos vienen de lo mismo, corren caminos distintos pero corren el riesgo de acabar los dos hermanos en la yunta arando su desdicha compartida, atávica, genética.

Páginas de espuma. 2016. 168 páginas.

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Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino (Diego Sánchez Aguilar)

Si en Italia un tribunal multó a una familia por el olor a fritanga que despedía su inmueble, otro tanto podría suceder si alguien interpone una demanda por daños acústicos lúbricos, como los que padece Francisco, uno de los protagonistas del relato Vecinos, quien sufre cada noche los maratones sexuales de una pareja, que folla sobre sus cabezas (en el piso de arriba), sobre la suya y la de su mujer, cada uno rumiando su insomnio, en cada extremo del lecho conyugal, sin que el empuje de sus vecinos les lleve a ellos a hacer lo propio, bueno sí. Algo hay al final. Un intento, un ¿pero qué haces?, que lo dice todo.

Dice la contraportada. Pasen y vean el espectáculo de la Clase Media en todo su esplendor.

No creo que Fernando, el fotógrafo que usa los orgasmos femeninos para su trabajo publicitario, ni Aurora que se va a Cuba a soltarse la melena, con sus amigas, sean clase media, pues como dice Fernando, él no tiene que preocuparse de nada, ni de lo que tiene en el banco, ni de los horarios, pues hace lo que le gusta y encima cobra por ello. Dicho esto, creo que lo que Diego Sánchez Aguilar (Cartagena, 1974) expone, con mayor o menor acierto, es lo que acontece de puertas hacia adentro, lo que no se ve, aquello que alimenta el deseo y las fantasías humanas. Relatos todos ellos marcados por el sexo, por esa pulsión seminal, por esa Ítaca orgásmica, por una Penélope que nos teje y desteje, para dejarnos en cueros con nuestra frustración, con toda esa quincallería publicitaria y televisiva ingerida desde moetes, todos esos anuncios, esas películas, esos videoclips, que convierten el sexo en producto, en reclamo, y que luego la realidad desmiente y demuestra que poco tiene que ver lo que nos venden con lo que sucede dentro de la pareja, donde como leemos en los relatos anida la frustración, la imposibilidad, el hastío, el silencio invasor, la impotencia de decir y expresar lo que se desea, tal que a pesar de estar casados, haya quien busque como José Luis, en Comida de empresa, el contacto húmedo del coño de su joven compañera de curro Cristina, para acabar pajeándose al volver a casa (a la mayor gloria de Youporn.com), acostándose luego sin hacer ruido en la cama en la que su mujer duerme, ajena a él.

Hay también sexo virtual como el que mantiene Guillermo con Gema en Gemidos, relato que incorpora unas curiosas notas a pie de página (notas, presentes en algunos relatos), que dan más información sobre el personaje o sobre su contexto, un sexo virtual que es quizás a lo único que puede aspirar.

Cuba, me parece el relato más flojo y siempre que veo escrito aquello Hasta la Victoria siempre, pienso en Beckham.

Vecinos, del que hablaba antes me parece el mejor relato, pues además no es difícil sufrir ese empuje acústico sexual ajeno, ya sea en un inmueble o en camping cómo me ha sucedido alguna que otra vez.

Injusticia, viene a ser como ese !Me lo merezco, me lo merezco!, a saber, que siempre viene bien echar una cana al aire, como hace Paula, cansada de estar casada y con hijos, quien ve en el regreso de un amor de juventud, un tal Ramón, la posibilidad de salirse con la suya para entrar en el cuerpo de Ramón.

Anunciación de María, tiene su punto macarra y a pesar de lo rocambolesco, esa falta respote tan vigente y esa pugna entre lo que uno creo que es y lo que realmente bulle por dentro en casos de celos, como el presente, creo que está muy bien explicitada, un relato que cede la voz, en parte, a María, para que ésta, entre vapores etílicos, y ya desinhibida del todo, al grito de «Fóllame bien fuerte«, reciba sexo de su amante, acrecentado su frenesí sexual al saberse escrutada y deseada desde una mirilla, por un ojo ávido.

De El Perfume me gusta su final, porque la literatura, al igual que el tiempo tampoco tiene tabiques, y es extenso e infinito, y estos relatos de Diego hurgan en nuestro interior tanto como iluminan ciertas zonas de sombra. Hete ahí su logro.

Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino obtuvo el XIII Premio Setenil. Por aquí ya he hablado de otros libros de relatos premiados con este galardón como Estancos del Chiado de Fernando Clemot o Historia secreta del mundo de Emilio Gavilanes.

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Los girasoles ciegos (Alberto Méndez)

Hay pocos libros que me hayan impactado y este es uno de ellos. Buscando algo sobre su autor, Alberto Méndez me entero de que tras publicar este libro, el primero de su vida, a sus 63 años moriría once meses después. Le concedieron a título póstumo El premio nacional de narrativa, en 2005.

El libro lo componen cuatro relatos a cual mejor. Versan sobre los años de la guerra civil y la postguerra. Se sale el autor de lo trillado en otros libros, de cifras que avalen la criminalidad de un bando o la avalancha de datos que certifiquen cómo un ejército rebelde despojó del poder al gobierno en ciernes para alzarse ellos, los nacionales.

En el primer relato, un soldado franquista el día en que los nacionales van a tomar Madrid, decide entregarse al bando republicano, pues a pesar de su victoria él se considera un vencido. Habla de la usura de la muerte, del precio de la misma. No se quería ganar una guerra sino matar el mayor número posible de enemigos, de vencidos, de contrarios al régimen.

En otro relato un adolescente huye con su mujer embarazada al monte, tras su muerte debe hacerse cargo de su hijo mientras la muerte afila los dientes.

En otro relato un preso republicano le dora la píldora a uno de sus torturadores, porque conoció a su hijo franquista, asesinado por los republicanos. Al final su sentido del deber se impone a sabiendas de lo que le espera.

Finalmente en el cuarto relato que da título al libro Los girasoles ciegos, el cura, uno de tantos, voluptuoso y malnacido ve el resultado a sus lances amorosos de un modo trágico. La historia está escrita a tres voces; la del narrador, a través de la misiva que el cura dirige a un reverendo y de la voz de Lorenzo, el pequeño de la familia. Nos encontramos con un padre, que se esconde en el armario, haciéndose pasar por desaparecido, difuminando su existencia, lanzado al olvido.

La prosa del autor es deliciosa, la sensibilidad que muestra, sin asomo de morbo o sentimentalismo va al grano, mostrando una riqueza argumental en algo aparentemente sencillo pero con una gran carga de profundidad. Un texto que pone los pelos de punta y el corazón en la garganta, con guiños para el humor surrealista, para la derrota manifiesta, para el honor y la dignidad, para dejar constancia de lo que pasó.

Todo lo que se narra en este libro es verdad, pero nada de lo que se cuenta es cierto...” nos dice el autor en la contraportada del libro. Los adalides del revisionismo reformularán la historia a su antojo, quitarán muertos de un sitio y los quitarán de ciertas listas, muchas las justificarán, se defenderán atacando, pero al final cierto o no, muchos saben lo que pasó, por mucho que quisieran olvidarlo o no hablar de ello para no generar más rencor en la legión de los vencidos.

Los girasoles ciegos es un libro que recomiendo leer con calma, pues a pesar de sus 155 páginas, conviene reparar en lo que se dice y en cómo se dice, para sacarle todo el jugo a un texto que contiene un macrocosmos en su interior.