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La condición animal (Valeria Correa Fiz)

Un animal que puede sufrir por lo que no es. He ahí el hombre.

E. M. Cioran

Valeria Correa Fiz debuta con este libro. No había leído un libro de relatos últimamente que me hubiera entusiasmado tanto desde que acabé Estabulario. Encuentro en ellos ecos de otros relatos de Giaconi, Nettel, Schwelin, si bien Valeria tiene su propio estilo.

Los doce relatos son variopintos pero tienen elementos comunes y es que todos ellos en mayor o menor medida sorprenden e impactan, recurriendo al misterio, la violencia, la enfermedad, la truculencia, lo fantástico, la locura, la fatalidad…

Una casa en las afueras, el primer relato, nos permite hacernos una idea de por donde van los tiros, las cuchilladas en este caso. La vida interior de los probadores, nos enfrenta a una mente enferma la de un joven virgen a la que un dinosaurio le susurra malignidades al oído. Perros, juega con la vida fiada al tambor de un revólver. Leviatán muestra que la mayor bestia -submarina o no- es la humana. Regreso a Villard es otro toque de ardiente enajenación. Las drogas surgen en Deriva, uno de los relatos más flojos. Las invasiones, nos sitúa en el momento anterior al exilio, momento de almacenar recuerdos para la posteridad. El mensajero es para mí un amasijo de interrogantes. Lo he leído seis veces y no sé si lo he entendido bien y ahí se acrecienta su grandeza. Criaturas es un relato doloroso, pero a Correa no se le va mano, sino que hace rechinar el relato en su puño hasta que las últimas palabras se van atragantando en la garganta, o en la pupila, al leerlo y visualizarlo. Lo que queda en el aire es una emotiva historia familiar donde un simple pajarillo será capaz de poner a prueba la condición humana. Aún la intemperie me recuerda a los desolados personajes Rulfianos, siempre carne yerma.
Nostalgia de la morgue es el relato más largo -casi una nouvelle- y mi preferido. Me recuerda a El beso de la mujer araña, con las palabras convertidas en un fuego que conforta, calienta y da esperanza, aislando al silencio y a la soledad, arrinconando el tedio hospitalario. Un relato tierno y brillante gracias a la luminosidad de Estrella.

Páginas de Espuma. 2016. 165 páginas.

Mientras nieva sobre el mar

Mientras nieva sobre el mar (Pablo Andrés Escapa)

No me resulta fácil encontrar un conjunto de relatos tan bien equilibrado, donde no creo que sobre ninguno y donde se puede sacar jugo de todos ellos.

Habla Javier Goñi en la contraportada de palabras en estado de gracia. Poco más puedo añadir.

He leído estos relatos -que validan lo que proponía Antonio Pereira en el Prólogo de Me gusta contar, a saber: Lo primero es tener una historia que contar. Extender la historia mientras no peligre el sagrado efecto único (Poe). Que siempre haya expectativa. ¡Algo va a ocurrir!. El novelista puede ser altanero. El cuentista debe ser cordial y amistoso;- con asombro y regocijo sin tasa, ante una prosa pletórica, proclive a la reverberación, fecunda (hontanar en que abrevar), que (nos) vivifica; palabras como semillas, regadas por el talento, la imaginación y vertidas sobre la infancia, la soledad, el misterio, la magia, el humor que asoma por ejemplo en Circunstancias de los vasos comunicantes, el aliento poético (que más bien es bocanada), en suma, un aumentar la realidad a través de la ficción, gracias al arte del buen narrar de Pablo Andrés Escarpa (León, 1964), en el que seguiré abundando (pues como dijo Ortega, “La obra se completa completando su lectura“) y seguro disfrutando, mucho.

Siete casas vacías

Siete casas vacías (Samanta Schweblin 2015)

Samanta Schweblin
2015
Editorial Páginas de espuma
123 páginas

Con respecto a su novela Distancia de rescate, estos relatos de Samanta Schweblin (Buenos Aires, 1978), con los que la argentina ganó el Premio internacional narrativa breve Ribera del Duero 2015, me han resultado mucho más flojos.

Busca y encuentra el golpe de efecto la autora en cada relato, con personajes que están más allá de un proceder convencional, en cierto modo, se sitúan estos fuera del redil, de su perímetro de confort, cuyas acciones generan sorpresa, extrañeza, temor o estupor.
Samanta saca lustre en sus relatos a aquello que a menudo incomoda al lector complaciente, a saber: el duelo por la pérdida de un hijo, la violencia, la enfermedad, lo arbitrario…

Y si en Distancia de rescate, en sus 124 páginas, la autora conseguía crear un climax asfixiante de principio a fin, aquí la prosa se me antoja funcional y rutinaria, en pos del golpe de efecto pretendido, así como escasamente atractiva y a ratos, lo que es imperdonable en relatos de corto aliento, tediosa.

Mención aparte para el relato “Un hombre sin suerte” que no formaba parte del manuscrito y que resultó ganador del Premio Internacional del Cuento Juan Rulfo 2012.
A menudo, sin darnos cuenta, reaccionamos de forma automática ante determinados estímulos, o aquí, conductas ajenas, como los perros de Pavlov, y si visualizamos a un desconocido acompañando a una niña sin bombacha, entonces nuestra mente completa todos los elementos lolitescos o pedofílicos. En este relato, Samanta juega muy hábilmente con todos esos elementos y una historia donde apenas pasa nada, más allá de algo que a la postre resultará ser trivial, inocuo e inconsecuente, deviene fruto de nuestras maquinaciones, en puro misterio e intriga, cuando a cada personaje le asignamos un rol que quizás nada tenga que ver con la realidad. Es en ese terreno donde la literatura, más que convertirse en una muestrario de personajes rarunos, reos de procederes extravagantes, obra la magia de la evocación, de hacer volar nuestra imaginación, siendo nosotros entonces como lectores, quienes reescribimos lo que leemos en nuestra mente.

Guadalupe Nettel Páginas de Espuma 2013 relatos

El matrimonio de los peces rojos (Guadalupe Nettel 2013)

Guadalupe Nettel
2013
Páginas de Espuma
120 páginas

Con los cinco relatos que conforman El matrimonio de los peces rojos la mexicana Guadalupe Nettel (Ciudad de México, 1973) ganó el III Premio Internacional de narrativa breve Ribera del Duero, un libro que me ha sabido a poco, lo cual es buena señal.

Guadalupe narra con brío historias cercanas y próximas con las que no cuesta nada identificarse. En todas ellas hay hombres y mujeres que deciden ser dueños de sus destinos y tomar decisiones, lo cual redundará en quienes tienen cerca, al llegar un momento determinado en el que la persona que hasta ahora nos ha acompañado un buen trecho del camino existencial, se aparta, o lo apartamos, para perdernos por otros senderos, derroteros, que acabarán en vía muerta o que bien nos devolverán al punto de partida, en cuyo caso ya nunca seremos los mismos que éramos antes.
Esta transformación la experimentan los humanos en cuyos domicilios habitan otras mascotas: gatos, peces, serpientes, con los que la autora siembra paralelismos acertados.

Guadalupe Nettel
Guadalupe Nettel face to face

Premios aparte (con El huésped Guadalupe fue finalista del premio Herralde en 2006) los relatos enganchan e historias como La serpiente de Beijín de tan sólo 17 páginas dan testimonio del buen pulso y potencia narrativa de Guadalupe.

Enrique Serna, Página de Espuma 203 relatos

La ternura canibal (Enrique Serna 2013)

Enrique Serna
Páginas de Espuma
2013
270 páginas

Leer el libro de relatos (10) del mexicano Enrique Serna ha sido todo un gozo, un disfrute, un acierto mayúsculo.

El que quiera saber de primera mano de qué va eso de vivir en pareja que lea, consulte, ojee este libro.

Los diez relatos tienen un elemento común: el sexo. No sé si podríamos vivir sin abejas, pero es evidente que sin sexo el mundo dejaría de existir.

Enrique, con un prosa deliciosa, infectada de un humor corrosivo, y sin dejar títere con cabeza, trata y lo consigue de deconstruir eso que llamamos matrimonio, pareja. En todos los relatos, sobre el terreno, sea en un barco, en una casa residencial, en una barriada, en un convento, en México, en París, hay hombres y mujeres que comparten un mismo techo, los mismos sueños, que afianzan mediante el sexo un amor, que luego se les irá mermando, sin solución, al constatar que aborrecen, rechazan, odian, detestan, a quienes tienen como compañeros de viaje y que la comodidad, la frivolidad, el estatus, el miedo, el qué dirán y otras muchas excusas reemplazan al amor y hacen posible el mantenimiento de relaciones de pareja, que a pesar de los años, se sostienen como cartas de naipes sobre arenas movedizas, donde un paso en falso dará al traste con ellas, porque ellos son misóginos, machistas, egocéntricos, egoistas y ellas arribistas, consentidas, frívolas, consentidoras, leales, incondicionales, y que es bien jodido eso de compartir cama sin dejar que entren bajo las sábanas los celos, los reproches, las acusaciones fundadas o no, que se infiltre el virus de la desconfianza.
Y en estos relatos, sea cual sea la edad, los jóvenes porque tienen energía que quemar y el deseo a flor de piel y los más mayores porque ven que les quedan dos viajes en la noria y quieren quemar los últimos cartuchos, todos ellos practican sexo, entregados a la causa, aunque esto sea como ponerles una pistola cargada en la mano, esperando la bala, el polvo, el gatillazo, que los lleve de vuelta a la nada de la que vinimos. No faltan también unas cuantas acometidas a la literatura subvencionada, al mercadeo de los halagos interesados entre escritores y/o poetas, o al arte moderno o contemporáneo entendido como una frívola ostentación del ocio…

Enrique Serna
¿A qué viene esa mirada tan lánguida siendo vos un cachondo?

Si tienen ocasión lean este libro. Yo me lo he pasado estupendamente leyéndolo, me he reído una jartada con las ocurrencias de Serna, con sus chispeantes y corrosivos diálogos, con las rocambelescas situaciones planteadas, con unos personajes terrenales contra los que arremete, pero a los que a veces también les da una oportunidad, porque a pesar de todo, siempre hay un momento, íntimo (de disfrute personal), aunque solo sea uno, en el que podemos mantener la dignidad, en el que salvarnos, un momento en el que hacer lo correcto y redimirnos.

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