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El cuerpo secreto (Mariana Torres)

Lo siniestro y lo macabro se hermanan -ya desde la portada, con una joven ahorcada- en estas piezas breves -algunas de apenas un párrafo- donde la sustancia narrativa brilla por su ausencia en la mayoría de las piezas, que son como imágenes que se nos presentan cual fotografías espeluznantes que en todo caso tendrían la capacidad de revolvernos y horripilarnos, pues la mayoría de los cuentos abundan en lo escabroso, en lo sórdido, en lo tenebroso. El efecto de los textos de Mariana Torres (Angra dos Reis, 1981) me resulta demasiado limitado, tanto como su alcance, que va poco más allá del de una declaración de intenciones, de los relatos que estén por venir, si fuera el caso.
Leyendo esto tengo la sensación de hallarme ante la presencia de unos textos que parecen elaborados en un laboratorio y madurados no al aire libre, sino en una cámara frigorífica, la de una sala de autopsias, por ejemplo.
Relatos que son como esa fruta que tiene muy buena presencia (aquí serían manzanas con gusano), pero que no (me) saben a nada.

Páginas de espuma. 2015. 136 páginas

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Nuestra historia (Pedro Ugarte)

Diez relatos conforman Nuestra Historia por el que Pedro Ugarte (Bilbao, 1963) recibió el XIV Premio Setenil 2017. Premio literario que siempre suscita mi curiosidad, tal que hasta el momento he ido leyendo algunos de los libros premiados en ediciones anteriores: Alberto Méndez (Los girasoles ciegos), Fernando Clemot (Estancos del Chiado), Emilio Gavilanes (Historia secreta del mundo) y Daniel Sánchez Aguilar (Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino).

Estos jugosos relatos beben de lo cotidiano, de lo actual, así el primer relato, Días de mala suerte, nos habla de la crisis, de las ejecuciones hipotecarias, de los encajes de bolillos que debe hacer un pareja con dos críos pequeños para llegar a final de mes, lo cual hace que -paradójicamente- esa austeridad autoimpuesta se convierta en algo saludable para todos los miembros de la familia, que despojados de tanta morralla tecnológica, de tanta extraescolar sinsentido, pasen más tiempos juntos dedicados a actividades que no cuestan un euro pero que les satisfacen igual o más que otras que conllevan un desembolso y que las más de las veces no acarrean retorno emocional alguno. Hay ahí cierta moralina que no me acaba de convencer del todo.

Hoy que muchos de los regalos recibidos son vendidos, por indeseados, acto seguido, en webs como Wallapop, Ebay o similares, el segundo relato, Verónica y los dones plantea el modo en el que algo tan trivial como unos regalos pueden hacer mella en una pareja, cuando él siempre yerra con lo que regala, mientras que ella siempre acierta de pleno, siempre atina con los deseos de los regalados, dándoles aquello que quieren aunque no lo hayan manifestado de forma explícita, merced a su agudo sentido de la observación o a algún don oculto, a saber. Un regalo, un presente, vemos que puede devenir en un no futuro, o en un futuro distinto, ya enlodado, contaminado por el virus del orgullo parejil, por no conseguir estar a la altura.

En Vida de mi padre, me gusta comprobar cómo los padres siempre quieren lo mejor para los hijos y magnifican sus hazañas, intempestivas, al margen del correr del tiempo, una hazaña lingüistica, que siempre volverá en las reuniones familiares, pues ese niño de antaño, y sus proezas, a ojos de su progenitor nunca crecerá, petrificado en aquellos recuerdos de antaño.

En La muerte del servicio tenemos un reencuentro de tres amigos y un título que se explica la final. Sin que el desarrollo me diga nada, hay cierta atmósfera de melancolía, de vinilos que suena trayendo el pasado de vuelta, que acaba cuajando.

Enanos en el jardín, me recuerda el relato Formentera, de Paco Inclán, donde de nuevo una isla les sirve a una pareja, una vez los hijos ubicados en un campamento, disfrutar de una semana insular para ellos dos solos, para ir en busca del tiempo perdido, sustraídos a las obligaciones familiares y las responsabilidades, tiempo vacacional para tirarse a la bartola y quien sabe si a alguien más.

Mi amigo Böhm-Bawerk me parece inverosímil, pero a pesar de todo mantiene cierta coherencia `postrera que resulta hilarante.

El hombre del cartapacio me ha parecido el relato más flojo con diferencia. Muy extenso y con muy poca chicha.

En Para no ser cobarde, me las prometía muy felices viendo por ahí Ayabarrena, una aldea de mi tierra, próxima a Ezcaray, que al final es tan sólo un decorado, no sabemos si propicio o no para que un escritor pueda cumplir su objetivo de sacar adelante su novela. En estos casos siempre me viene en mente el poema de Bukowski, Aire, luz, tiempo y espacio.

Voy a hacer una llamada explica el proceder de estos facilitadores que vemos a menudo en los telediarios calentando las sillas en los juzgados frente a un juez. Gente dada a hacer favores a transformar el mundo con unas cuantas llamadas, removiendo hilos, quitando a unos para poner a otros, pues aunque no lo parezca, al final, esto es un juego de suma cero.

En Opiniones sobre la felicidad asistimos a la posibilidad o más bien imposibilidad de romper con los lazos filiales, de acabar radicalmente con todo lo que no gusta de una madre, de un hermano. Relato donde un niño de corta edad actúa de puente entre dos hermanos enemistados, enfangados en un odio recíproco, pues al final todos vienen de lo mismo, corren caminos distintos pero corren el riesgo de acabar los dos hermanos en la yunta arando su desdicha compartida, atávica, genética.

Páginas de espuma. 2016. 168 páginas.

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La condición animal (Valeria Correa Fiz)

Un animal que puede sufrir por lo que no es. He ahí el hombre.

E. M. Cioran

Valeria Correa Fiz debuta con este libro. No había leído un libro de relatos últimamente que me hubiera entusiasmado tanto desde que acabé Estabulario. Encuentro en ellos ecos de otros relatos de Giaconi, Nettel, Schwelin, si bien Valeria tiene su propio estilo.

Los doce relatos son variopintos pero tienen elementos comunes y es que todos ellos en mayor o menor medida sorprenden e impactan, recurriendo al misterio, la violencia, la enfermedad, la truculencia, lo fantástico, la locura, la fatalidad…

Una casa en las afueras, el primer relato, nos permite hacernos una idea de por donde van los tiros, las cuchilladas en este caso. La vida interior de los probadores, nos enfrenta a una mente enferma, la de un joven virgen a la que un dinosaurio le susurra malignidades al oído. Perros juega con la vida fiada al tambor de un revólver. Leviatán muestra que la mayor bestia -submarina o no- es la humana. Regreso a Villard es otro toque de ardiente enajenación. Las drogas surgen en Deriva, uno de los relatos más flojos. Las invasiones nos sitúa en el momento anterior al exilio, momento propicio para almacenar recuerdos para la posteridad. El mensajero es para mí un amasijo de interrogantes. Lo he leído seis veces y no sé si lo he entendido bien y ahí se acrecienta su grandeza. Criaturas es un relato doloroso, pero a Correa no se le va mano, sino que hace rechinar el relato en su puño hasta que las últimas palabras se van atragantando en la garganta, o en la pupila, al leerlo y visualizarlo. Lo que queda en el aire es una emotiva historia familiar donde un simple pajarillo será capaz de poner a prueba la condición humana. Aún la intemperie me recuerda a los desolados personajes Rulfianos, siempre carne yerma.
Nostalgia de la morgue es el relato más largo -casi una nouvelle- y mi preferido. Me recuerda a El beso de la mujer araña, con las palabras convertidas en un fuego que conforta, calienta y da esperanza, aislando al silencio y a la soledad, arrinconando el tedio hospitalario. Un relato tierno y brillante gracias a la luminosidad de Estrella.

Páginas de Espuma. 2016. 165 páginas.

Mientras nieva sobre el mar

Mientras nieva sobre el mar (Pablo Andrés Escapa)

No me resulta fácil encontrar un conjunto de relatos tan bien equilibrado, donde no creo que sobre ninguno y donde se puede sacar jugo de todos ellos.

Habla Javier Goñi en la contraportada de palabras en estado de gracia. Poco más puedo añadir.

He leído estos relatos -que validan lo que proponía Antonio Pereira en el Prólogo de Me gusta contar, a saber: Lo primero es tener una historia que contar. Extender la historia mientras no peligre el sagrado efecto único (Poe). Que siempre haya expectativa. ¡Algo va a ocurrir!. El novelista puede ser altanero. El cuentista debe ser cordial y amistoso;- con asombro y regocijo sin tasa, ante una prosa pletórica, proclive a la reverberación, fecunda (hontanar en que abrevar), que (nos) vivifica; palabras como semillas, regadas por el talento, la imaginación y vertidas sobre la infancia, la soledad, el misterio, la magia, el humor que asoma por ejemplo en Circunstancias de los vasos comunicantes, el aliento poético (que más bien es bocanada), en suma, un aumentar la realidad a través de la ficción, gracias al arte del buen narrar de Pablo Andrés Escarpa (León, 1964), en el que seguiré abundando (pues como dijo Ortega, “La obra se completa completando su lectura“) y seguro disfrutando, mucho.

Siete casas vacías

Siete casas vacías (Samanta Schweblin 2015)

Samanta Schweblin
2015
Editorial Páginas de espuma
123 páginas

Con respecto a su novela Distancia de rescate, estos relatos de Samanta Schweblin (Buenos Aires, 1978), con los que la argentina ganó el Premio internacional narrativa breve Ribera del Duero 2015, me han resultado mucho más flojos.

Busca y encuentra el golpe de efecto la autora en cada relato, con personajes que están más allá de un proceder convencional, en cierto modo, se sitúan estos fuera del redil, de su perímetro de confort, cuyas acciones generan sorpresa, extrañeza, temor o estupor.
Samanta saca lustre en sus relatos a aquello que a menudo incomoda al lector complaciente, a saber: el duelo por la pérdida de un hijo, la violencia, la enfermedad, lo arbitrario…

Y si en Distancia de rescate, en sus 124 páginas, la autora conseguía crear un climax asfixiante de principio a fin, aquí la prosa se me antoja funcional y rutinaria, en pos del golpe de efecto pretendido, así como escasamente atractiva y a ratos, lo que es imperdonable en relatos de corto aliento, tediosa.

Mención aparte para el relato “Un hombre sin suerte” que no formaba parte del manuscrito y que resultó ganador del Premio Internacional del Cuento Juan Rulfo 2012.
A menudo, sin darnos cuenta, reaccionamos de forma automática ante determinados estímulos, o aquí, conductas ajenas, como los perros de Pavlov, y si visualizamos a un desconocido acompañando a una niña sin bombacha, entonces nuestra mente completa todos los elementos lolitescos o pedofílicos. En este relato, Samanta juega muy hábilmente con todos esos elementos y una historia donde apenas pasa nada, más allá de algo que a la postre resultará ser trivial, inocuo e inconsecuente, deviene fruto de nuestras maquinaciones, en puro misterio e intriga, cuando a cada personaje le asignamos un rol que quizás nada tenga que ver con la realidad. Es en ese terreno donde la literatura, más que convertirse en una muestrario de personajes rarunos, reos de procederes extravagantes, obra la magia de la evocación, de hacer volar nuestra imaginación, siendo nosotros entonces como lectores, quienes reescribimos lo que leemos en nuestra mente.