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Dublinesca (Enrique Vila-Matas 2010)

Dublinesca
Enrique Vila-Matas
288 páginas
2011
DeBolsillo

Dublinesca es un torrente de sensaciones, un artefacto cargado de sorna, de mucho humor, con alicientes varios como ese viaje que siempre promete aventuras, ese salto inglés, que cambiará la vida del protagonista de nuestro libro, Samuel Riba, editor sin editorial, autocrítico consigo mismo, que ve como su esperanza de vida son ya unos pocos años en el horizonte, con visitas semanales a sus ancianos padres que se alimentan de los viajes que éste les narra, en convivencia marital con una mujer que decide hacerse budista, que pasa de la literatura como pasa de él, un Samuel Riba, que ahora que no está bajo los focos, se siente desnortado, de ahí que busque a toda costa (aunque sea en la Irlandesa) un momento en el centro del mundo y convenza a unos amigos, escritores, para ir a Dublin a celebrar el funeral de la Galaxia Gutenberg (una de las editoriales de nuestro país), la muerte de la literatura, del autor, de su figura de editor. Una cátarsis paródica de un hombre postrado en una mecedora que a pesar de tenerlo todo en contra, a la deriva de mares etílicos, encontrará de nuevo la esperanza. Cierto. Somos nosotros, estamos aquí. La putada es que no hemos venido para quedarnos, o quizá mejor así y tengan razón los días laborables.
A Enrique Vila-Matas, es un placer haberlo leído. Si tenía ya unas cuantas razones para leer Ulisses de Joyce, ahora me lo ha puesto en bandeja (en 2016, cayó Ulises y yo en él).

Como colofón comentar que el autor se mueve bien en terrenos virtuales, no sé yo si será un hikikomori pero su página web es una delicia, a años luz de otras muchas de otros escritores, donde solo aparece una foto, la bibliografía y nada más. Si queréis haceros una idea de cómo ha impactado el libro en su web tenéis comentarios a porrillo. Lo de la bola de billar con el número 8 ya es para nota. Sí, Babelia lo considera la octava mejor novela del año. Esto de las listas es una sandez, pero a las editoriales les viene de maravilla para promocionar a sus autores. Si quieres leerlo, por tema de pasta no creo que sea problema pues sale en edición de bolsillo por menos de 10 euros el 4 de marzo.

Los hundidos y los salvados (Primo Levi 1986)

Con el comentario de este libro cierro la trilogía que el escritor Turinés Primo Levi dedicó al tema del genocidio nazi. En Si esto es un hombre, cuenta el viaje que le llevó en tren en 1944, hacinado junto a otros miles de italianos (mujeres embarazadas, niños y ancianos incluidos) desde su lugar de origen en el norte de Italia hasta tierras polacas, en Buna Monovitz y una vez en el campo de concentración, hace un análisis de como fueron los meses que estuvo allí internado hasta que finalmente son liberados.
En La tregua, nos contaba su odisea, para ir desde Buna hasta su casa, en un viaje de varios meses con anécdotas y aventuras desternillantes.
Finalmente en Los hundidos y los salvados, escrito en 1986, un año antes de su muerte, o suicidio según dicen algunos, hace un ensayo, comentando y respondiendo a las preguntas que durante los años posteriores a la publicación de Si esto es un hombre le fueron formulando en las charlas, conferencias que iba impartiendo por todo el mundo. Viene a ser como cerrar el círculo. Levi reconoce que lo suyo fue algo excepcional, dado que la inmensa mayoría de los que fueron en los vagones desde Italia murieron. Sobrevieron 20 de 650. Se salvaron unos pocos, unos porque eran protegidos de alguien, o bien por pura casualidad. En su caso, según cuenta Levi el tratar de aprender algo de aleman de cualquier manera, sacrificando su pan o su potaje, para ser capaz de interpretar los gruñidos de sus superiores, le evitaría unas cuantas palizas de más, a su vez, sus conocimientos de química, mejoró en algo sus condiciones, y finalmente le respetaron las enfermedades y no le venció ni el hambre, ni el cansancio ni el frío.
En la parte final del libro, Levi expone algunas de las cartas que le han ido llegando tras publicar sus libros. Muchas son de alemanes, pero practicamente ninguna le convence. Son disculpas que le resultan demasiado tibias, sin apenas convencimiento. Ese parece ser la conclusión que Levi saca. Que tras el holocausto, en su momento muchos miraron para otra parte. Después cuando todo se desveló, resultó ser una verdad incómoda, donde muchos tenían mucho que callar.
Levi habla del suicidio de otros compañeros que conoció en los campos, gente que salió de allí como muertos vivientes que al final se quitaron la vida. Levi, optó por contar su historia a todo aquel que quisiera contarla, con el propósito de que al menos la gente tomara buena nota de las barbaridades que podían llegar a cometerse, incluso en un país como Alemania, un país de gente culta y refinada, que auparía a Hitler al poder, a sabiendas de que este odiaba a los judíos, pues era algo que no ocultaba, para después ser ya incapaz de poner freno a la barbarie.
Si al final se suicidó quizá fuera porque como había comentado en su obra, a menudo el superviviente tiene un estigma, un peso encima, algo parecido a la vergüenza, con la eterna pregunta ¿por qué yo he sobrevivido y no otros?, rondándole en la cabeza, pregunta que se desvanece cuando todo acaba.
Levi como humano que es habla de otros supervivientes como él, y ahí aparecen las comparaciones, los distintos puntos de vista, y es lo que menos me gusta del libro. No obstante es inevitable. Cuando Levi escribe este ensayo es ya una figura pública, un superviviente del holocausto, al que muchos conocen y han leído, y ahí es cuando otros supervivientes también cuentan su historia, o la maquillan o la tergiversan, donde la memoria traiciona y acuchilla.

Novelas de Primo Levi

Si esto es un hombre
La tregua
Los hundidos y los salvados
El sistema periódico

La tregua (Primo Levi 1963)

Tras la lectura de Si esto es un hombre proseguir con La tregua se me antojaba una acción ineludible. La tregua comienza donde acaba el anterior. Los alemanes se ven obligados a dejar los campos de concentración a toda prisa ante el avance ruso. Así, Levi y muchos otros se encuentran en los campos abandonados a su suerte, expuestos al frío, muchos de ellos enfermos de disentería, sin apenas alimentos, pero al fin libres, sin el yugo exterminador de los nazis. Es entonces cuando tras dejar el campo, uno de los muchos campos existentes conformado por más de mil personas, entre las que se encuentra Levi, inician el regreso a su patria, a Italia. No les será fácil. La Guerra aún no ha terminado, las infraestructuras son precarias y tardarán unos cuantos meses en cubrir los kilómetros que separan Buna de Turín.

En este peregrinaje Levi nos cuenta un montón de anécdotas hilarantes. Levi no hace más que testimoniar lo que ve: la forma de ser de los rusos, tan distintos a los nazis en cuanto a disciplina y orden, su quehacer en horas muertas en ciudades en donde todo es objeto de compra y venta. Reina un caos controlado. Europa renace de sus cenizas tras la muerte de Hitler y la caída del ejército alemán. No hay aquí personajes, sino personas de carne y hueso, figuras que perdurarán en mi memoria, por su carga de profundidad (seres como Hurbinek, Mordo Nahum, El Moro de Verona, Cesare, Cantarella, y muchos otros).

Levi, logra en este libro de algo más de 300 páginas, lo que otros libros de historia no logran, ofrecer un retrato luminoso y subyugante de esos momentos históricos, en esa travesía que llevará a Levi en tren por media Europa: Polonia, la URSS, Hungría, Rumanía, Austria, Alemania y finalmente el regreso al hogar.

Hay en la narración momentos desternillantes, otros, en los que uno siente la angustia del protagonista o bien su aburrimiento, abonado este de una tensa espera.

Es La tregua, un libro espléndido, por los hechos que cuenta y por el modo de narrar de Levi, que convierte su historia real en un relato fascinante que debe ser leído sin falta.

Si esto es un hombre (Primo Levi 1947)

En este libro, Si esto es un hombre, que junto a La tregua y Los Hundidos y los Salvados conforman la trilogía del Piamontés Primo Levi sobre los campos de concentración, el autor afirma que de no haber pasado por Auschwitz no hubiera sido luego escritor y se hubiera dedicado a la química que era su profesión. Tras ser internado en el campo de concentración de Buna-Monowitz, Levi, a pesar de saber que se la está jugando, decide anotar todo cuanto ve. Saben que los que allí están, practicamente todos, o salen del campo «por la chimenea» o bien mueren por enfermos, al tocar una valla eléctrificada tratando de escapar o por el antojo de algún SS de gatillo rápido, pero se ve en la necesidad de dejar constancia de lo que ve, para si consigue sobrevivir, como fue su caso poder contarlo al mundo.

Hemos visto imágenes sobre los supervivientes de los campos de concentración, personas famélicas de poco más de treinta kilos que apenas podían resoplar. No nos son tampoco extrañas las pilas de cadáveres, las fosas comunes de los ejecutados. Lo que sorprende de este libro es la forma de narrar de Levi. El autor es consciente de ello. En las páginas finales Levi, responde a una serie de preguntas que le fueron formulando adultos y estudiantes después de haber leído su libro, en ellas comenta que optó no por un lenguaje lamentoso o iracundo sino mesurado y sobrio, el del testigo que analiza la situación, para que el juez, en este caso el lector, con lo expuesto se forme su propia opinión.

El libro recoge desde la llegada al campo en trenes de transporte el ganado, a su inserción en los barracones, para luego ir contando con todo detalle el funcionamiento de esos Lager, de jóvenes de múltiples países, judíos la mayoría, confinados allí para ser exterminados sistemáticamentes. Los más aptos, los que las SS consideraban útiles, aún podían realizar alguna labor, lo cual los libraba directamente de los hornos, dándoles alguna esperanza de supervivencia. El libro acaba con los SS abandonando el campo a todo correr, ante la llegada de los Rusos. La tregua, comienza donde acaba este.

Dejo un enlace con una entrevista muy interesante hecha a Primo Levi.