Archivo de la categoría: Lev Tólstoi

Guerra y Paz

Benditos lanzamientos

Entre los lanzamientos que inundarán las librerías en las semanas venideras quiero destacar uno muy especialmente. Un libro de sobra conocido, Guerra y Paz de Tolstói. Lo especial de esta reedición es que Austral recupera la traducción que Lydia Kúper hizo para El Aleph Editores. Un libro que hoy está descatalogado y resulta inencontrable. Yo lo adquirí, o esa era mi idea y me timaron. Este lanzamiento es para mí, de tan deseado, casi un advenimiento. Ya queda menos hasta el 4 de octubre.

La muerte de Iván Ilich

La muerte: un selfie con la nada

Me resulta imposible no tocar la muerte sin recurrir al ensayo Filosofar es aprender a morir (Libro I, Capítulo XX) de Montaigne, que acaba así: Dichosa muerte aquella que no deja tiempo para preparar semejante aparato. El aparato va referido a la cabecera de la cama asediada por médicos y predicadores.
Mucho de esto le sucede a Iván Ilich, protagonista de la novela de Lev Tolstói al que no le faltó una vida acomodada de esplendor y riquezas materiales, que sufrió los sinsabores del matrimonio y gozó de los claroscuros de su progenie. Somos testigos de su auge y de su caída, de cómo mediada la cuarentena la enfermedad lo merma, socava, aniquila y borra, mientras debe lidiar durante unos cuantos meses con un final inmutable que lo pondrá en contra del mundo, al tiempo que se siente tan deseoso como temeroso de quitarse del medio, en la creencia de que su existencia -enferma y doliente- es una carga para sus familiares.

Lo que Iván experimenta, su miedo a morir, en mayor o menor medida, antes o después, es un sentimiento que todos experimentamos con un nudo en la garganta y cierta angustia.
Antes de expirar Iván piensa que “la muerte ya no existe” y así es, porque la muerte no llegamos a experimentarla, a vivirla, llegamos hasta la meta sí, a veces en condiciones calamitosas que acrecientan nuestro miedo o las ganas de partir, pero la muerte la experimentaríamos si pudiéramos volver de ella, cruzar la meta, volver la vista atrás y vernos ir.

No es el caso.

Nórdica libros, 2013, 160 páginas, traducción de Víctor Gallego Ballestero

Guerra y paz

Quiero leer esta novela de Tolstói y el problema es que hay tantas traducciones en el mercado que no sé por donde tirar. Me apetece leer la que hizo Lydia Kúper para Muchnik, pero el problema es que está descatalogado y ese libro es inencontrable. Si no hay más remedio lo tendré que leer con traducción de las hermanas Andresco o con la de Alcántara.

Lev Tolstói

¿Cuánta tierra necesita un hombre? (Lev Tolstói)

Nórdica
Traducción de Víctor Gallego
Ilustraciones de Elena Odriozola
2011
66 páginas

Dijo Joyce que este era el mejor relato -escrito por Tolstói en 1886- que había leído nunca (aunque he leído también que para Joyce era el mejor de Tolstói, no el mejor de todos, así que a saber). Exagerando Joyce o no -creo que sí exagera- el relato es espléndido.

Necesita muy pocas palabras Lev Tolstói -en su vis más moralista- para cifrar los anhelos humanos, nuestra codicia, el afán de riquezas, expresado en algo tan terrenal, como el deseo de ser dueño y señor -precisamente- de unas tierras.

Elena Odriozola

Pahom, que ha trabajado duramente toda la vida, no tiene tierras en propiedad, hasta que un día se le presenta la ocasión de hacerse propietario, luego terrateniente. ¿Cuándo parar? ¿Cuánto terreno es suficiente? ¿Dónde acaba la ambición, si es que hay freno?

El relato mantiene y acrecienta la tensión hasta un final memorable y por otra parte esperado.

Lev Tólstoi

Confesión (Lev Tolstói)

Lev Tolstói
Acantilado
2008
Traducción de Marta Rebón
148 páginas

Lev Tolstói (1828-1910) convertido en una gloria nacional de las letras rusas entra en barrena.

Superados los cincuenta, Lev reniega de su fama, de su gloria, de sus riquezas, dado que se siente vacío. Cree que no tiene nada que enseñar a nadie y que su escritura es pólvora mojada.

Necesita encontrar un sentido a su vida o hay muchas posibilidades de que cualquier día se vuele la tapa de los sesos o se ahorque.

La vida que lleva -a pesar de sus riquezas materiales y espirituales (su esposa, sus hijos)- no le llena; todo le resulta frívolo, impostado; digamos que la vida que lleva es como ver una película, todo falso, cuando Lev lo que quiere, lo que necesita -pues le va la vida en ello- es llegar al meollo de la vida, al hueso y no arañar la piel. A tal fin Lev se embosca en múltiples lecturas -con el fin de saber por qué estamos aquí, de qué va todo esto-: Kant, Sócrates, Schopenhauer, Salomón, Buda... que no le aclaran, ni le solucionan nada, pues ni le dan la fuerza necesaria para suicidarse, ni tranquilizan su conciencia burguesa de tal modo que le arrojasen en el regazo de las corrientes epicúreas.

Al final Lev llega a la conclusión de que hay que despojarse del conocimiento y aprender del pueblo, tal que si éste cree en Dios y ahí encuentra el vulgo un sentido ahí está entonces la verdad que él está buscando y entonces sofocando sus pasiones y dominando el cuerpo será virtuoso y encontrará la paz, amamantado por la fe -su única esperanza de salvación-. La encontró ya que tras estos devaneos existenciales (y mucho circunloquio, a ratos plomizo) sufridos a los cincuenta, Lev, viviría hasta los 82.

Lo publica Acantilado con traducción de Marta Rebón.

No sé si a vosotros os pasa, pero cuando llega el otoño -iba a apostillar, y con él el frío, pero de momento no- me gusta leer novelas de escritores rusos. Recientemente leí La gaviota de Chéjov, ahora ha sido esta Confesión de Tolstói. Estoy leyendo también La isla de Sajalín; luego continuaré con Los demonios, con En vísperas de Turguénev y muy posiblemente otra vez con Tolstói y sus Diarios y Correspondencia. Si tenéis alguna sugerencia, más allá de los clásicos que todos conocemos, me gustaría oírlas.