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!Abandonad toda esperanza!

[…] escribimos la página sublime, aquella por la que morimos toda la vida, y una vez escrita se incendia ella sola hasta quedar convertida en cenizas.
-Y lo peor ocurre…-dijo otra voz, pero calló arrepentida.
-El dolor más grande es que albergamos el vago recuerdo de esa página escrita, y por eso la pérdida es más cruel, más dolorosa. Pero he aquí que de inmediato volvemos a escribir otra página, la más gloriosa, todavía más gloriosa, portentosa, inigualable, en piedra, digna de nuestra inmensa vanidad, mucho más bella y profunda que la página escrita antes, y de nuevo la hoja se incendia ante nuestros ojos, sumiéndonos en la confusión, en la desesperanza, ¿para qué escribimos entonces?, ¿quién leerá nuestras páginas? !Nadie!
-!Nadie!
-!Nadie!

Plegaria por un papa envenenado (Evelio Rosero)

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Expectativas

Las altas expectativas a menudo son contraproducentes. Muchas ganas tenía yo de hincarle el diente a Guerra y paz, con traducción de Lydia Kúper, y ahora que llevo 320 páginas leídas estoy un tanto desinflado y creo necesitar el aliento de algún lector ultrafondista tolstóiano que me anime a continuar, porque se me van cruzando libros de Vila-Matas, Alcantarilla, Neuman, Cabrera, Nerval, Bolaño, Aira… y cada vez me cuesta más retomar el novelón de Tolstói, que avanza a paso de burra. Cuando he leído otras obras extensas, ya fuera Fortunata y Jacinta, La Regenta, 2666, las he leído con fruición desde la primera página. En ésta llevo casi un 20% y ni fu ni fa. 320 páginas con las que Aira me hubiera escrito ya tres novelas. Bueno, sigamos, !Qué podía importar todo ello en comparación con los designios de Dios, sin cuya voluntad no cae ni un solo pelo de la cabeza del hombre!