Manuel Rivas

Todo es silencio (Manuel Rivas)

Todo es silencio, así se titula el último libro publicado de Manuel Rivas. Este silencio es el que impera en Brétema, en la costa gallega, donde ciertas personas se dan al contrabando de matute primero, y de cocaína después. El silencio es lo que permite vivir a las personas, ese mirar para otro lado, o sencillamente tomar parte de esas actividades y lucrarse, las cuales mueven cantidades ingentes de dinero. Al frente el cacique local, ese a quienes todos rinden pleitesía y depositan sus silencios y voluntades.

En poco más de doscientas páginas Rivas pergeña una historia apasionante, con personajes creíbles, bien definidos, que evolucionan con el paso del tiempo, de ahí que los que antes eran jóvenes, ahora ya tienen sus profesiones respectivas o bien están sumidos en las drogas o se han pasado al otro lado de la ley, y eso permite que uno de esos jóvenes que dejaron Brétema vuelva ahora al pueblo convertido en policía encargado de investigar esas redes de contrabando que allí imperan y que tan bien conoce, pues también él fue testigo mudo.

La historia sigue una trayectoria lineal hasta que un momento dado se fragmenta, dando pie a diversos saltos temporales. Rivas sabe de lo que habla, y más allá de la historia del narcotráfico que abunda en elementos propios del thriller, lo que prima son las mareas interiores, esas acciones que definen al ser humano, esa lucha interior entre el sentido del deber y la desobediencia civil, con momentos hermosos, evocadores, sugerentes, cargados de dramatismo, de sensualidad, es ahí donde Rivas esplandece.

Joaquín Sabina concierto en Logroño final de gira 2010

Finalmente Sabina tocó ayer día 13 de noviembre de 2010 en Logroño. Tenía que haberlo hecho a finales de septiembre, pero una indisposición no lo hizo posible. El concierto tuvo lugar en la Plaza de la Ribera. Estaba a rebosar. Mucha gente sentada y otra tanta sobre la tierra, como quien suscribe, a media docena de metros del escenario de ahí que tuviéramos a Sabina ahí mismito, comprobando que a sus 61 años está como un junco, enjuto, a medio afeitar, engalanado con una camiseta con el lema de Chiquito «La cosa está muy mala», y peor que se va a poner, pensará alguno, su bombín, su bastón y su voz de aguardiante, menguada pero potente.

El concierto comenzó a la hora indicada, un par de minutos pasadas las diez de la noche. Al apagarse las luces, en las dos pantallas anejas al escenario, una a cada lado, vimos a una pareja bailando, de fondo sonando «y nos dieron la diez». Luego hizo aparición Sabina con toda su banda. Agracedió Sabina a la gente su paciencia por haber esperado tanto a verlo. Dijo el de Úbeda, que una gira sin pasar por Logroño es una «mierda». De hecho en el último doble disco que sacó en directo, como recordo el autor, muchas canciones fueron grabados en el concierto que dio en la vieja Plaza de Toros. Además en muchas canciones La Rioja o las logroñesas estuvieron presentes. Sabemos que Sabina es un cantante ocurrente y siempre reformula los textos de sus canciones para la ocasión. De hecho en la canción de su último disco Vinagre y Rosas sustituyó Albacete por Calahorra.

Sonaron Pacto entre caballeros, Princesa, Contigo, Medias negras, 19 días y 500 noches, El hombre del traje gris, Tiramisú de limón, Y sin embargo, Llueve sobre mojado (interpretada por Jaime Asúa), Amor se llama el juego (cantada por Antonio García de Diego) Peces de ciudad, Vinagre y Rosas, Noches de boda, Conductores suicidas (interpretada por Pancho Varona) entre otras.

Más de dos horas de concierto nos ofreció Sabina. A las dos horas amenazaron con despedirse. Volverían luego un par de veces para cantar media docena de temas más.

Al presentar a los miembros del grupo, Sabina dedicó unas poesías

Antonio García de Diego

Armoniquero sutil,
guitarrista con metralla,
teclista que en la batalla
me devuelve el mes de abril.

Más que alérgico a las fotos
y a los desmanes del ego.
Voy de paquete en la moto
de Antonio García de Diego.

Josemi Sagaste

Baturro de nacimiento,
mañico de vacación,
dicen que bebe los vientos
por Marita, el muy cabrón.

Como tiene un clarinete
y un saxo digno de un máster,
con la flauta hace triplete
mi son ¡Josemi Sagaste!

Mara Barros

Andaluza como Adela,
la viuda del comisario.
La niña es pura candela
cundo sube al escenario.

Borda el papel de amazona
que mi cartel necesita.
Ni un gramo de silicona:
Modemoiselle Barros, ¡Marita!

Pancho Varona

¿Qué puedo contaros de él?
De sobra la peña sabe
que es la llave de mi piel,
el timonel de mi nave.

Al músico irrepetible
le echa un pulso la persona
su fama es un imperdible
¡se llama Pancho Varona!

Pedro Barceló

Matarían por su toque
Camarón y BB King,
perdónenme que me enroque
con el milagro del swing.

Lo mismo le da un bolero,
que un tango, que un guagancó
Flor de los tamborileros:
¡”Sor” Pedrito Barceló!

Jaime Asúa

Vasco de espalda mojada
desde que vive en Madrid.
Fundó Alarma!!! y Cucharada,
¡lo que ha visto esa nariz!

Primo hermano de Keith Richards,
profesor de pulso y púa.
-¡Toca una conmigo, “pisha”!
Al rocanrol: ¡Jaime Asúa!

Un concierto memorable. El sonido extraordinario. Sabina logró complicidad con el público, entregado como es lógico. Al final todos quedamos contentos. La iluminación era de altura, y la puesta en escena sorprendente con la corista Marita cambiando de vestuario cada dos por tres, disfrazada de lumia, moviendo sus caderas, dando mucho juego, para finalmente Sabina salir tocando el tambor, Marita los platillos y todos disfrutando de un final de gira que moría en Logroño después de 100 conciertos.

Hubo también tiempo para que Sabina nos llevara al orgasmo sensorial con esta poesía.

Uno escribe siempre la misma canción
sobre un niño con cara de viejo
que se atreve a volar bajo el cielo marrón,
que agoniza detrás del espejo.

Uno inventa siempre la misma canción
del poeta borracho y su musa,
del teclado mellado del acordeón,
del pecado mortal sin excusa.

Uno canta siempre la misma canción
otra noche en el bar de la esquina,
cerca de la estación donde duerme un vagón
cuando el tiempo amenaza rutina.

Uno rumia siempre la misma canción
como un perro ladrando a la luna,
con la misma trompeta y el mismo trombón
de mariachi que estuvo en la tuna.

Uno acaba nunca la misma canción
que redime, consuela y perdona,
luego llega la hora detrás del telón en otoño
y es un lujo volver a Logroño.

Francesco Guccini concierto Palalottomatica Roma 6 noviembre crónica

Entrada concierto Francesco Guccini Roma 6 noviembre

En el Palalottomatica de Roma el 6 de noviembre se colgó el cartel de todo vendido ante el concierto de Francesco Guccini (fuera de recinto había gente que se ofrecía a comprarte la entrada), quien tras 40 años ejerciendo la profesión arrastra a sus conciertos a público de todas las edades (detrás nuestro tuvimos a una familia, donde los abuelos, los hijos y los nietos al tiempo que daban cuenta de unos bocadillos y toda suerte alimentos caseros, se embutirían las banderas del partido comunista cuando Guccini interpretó La locomottiva, canción que pone fin a todos sus conciertos, ante el delirio generalizado).

Alrededor de unas 10.000 personas nos dimos cita para vivir, al menos para mí y no creo que sea el único, una experiencia única. El público se dispuso o bien en los anillos circulares o sentados en el suelo acolchado frente al escenario, donde la gente permaneció sentada hasta que Guccini interpretó las últimas dos canciones, lo cual parece ser el ritual.
Al contrario que muchos cantantes y músicos convertidos en mercenarios (Iniesta, Fito, y un largo etcétera), que suben al escenario saludan, tocan una hora y media larga, hacen algún bis y se van a casa, sin haber intercambiado con su público media docena de palabras, Guccini es todo lo contrario. No solo disfruta cantando sino que al comienzo de cada canción, el autor modenese cuenta las anécdotas que sirvieron de inspiración a sus canciones, las cuales ama. No faltan tampoco los comentarios mordaces sobre la situación política (Berlusconi da mucho juego) ni el intercambio de impresiones con algunos espectadores que próximos al escenario pedían canciones y reclamaban la atención del arista.

El concierto daba comienzo a las nueve pero empezó unos diez minutos más tarde. Una vez sobre el escenario Guccini y los seis músicos que le acompañan; Ellade Bandini (batteria-percussioni), Juan Carlos »Flaco» Biondini (chitarre), Roberto Manuzzi (sax-armonica-fisarmonica-tastiere), Antonio Marangolo (sax-percussioni), Pierluigi Mingotti (basso) e Vince Tempera (pianoforte-tastiere), Guccini comenzó a charlar sobre el bunga bunga. Que pensaba decirlo, que si no lo decía y finalmente no he resistido, así que «buon bunga bunga a tutti» y diez minutos después comenzaba el concierto con la canción Canzone per un’ amica. El bunga bunga es ese juego sexual con el que el Presidente Italiano deleita a las feminas que le secundan (más información aquí)

En el repertorio del artista se dan cita canciones de amor (Cirano) y desamor (Farewell, Quattro stracci), un recuerdo para los amigos que se quedaron en el camino (Lettera), alegatos antibelicistas (Su in collina), canciones convertidas en himnos (La locomotiva), retratos de ciudades (Bisanzio), el tiempo que se ha ido (Eskimo), las ocasiones perdidas (Autogrill), tristeza musicalizada (Il pensionato, Il frate).

No sonaron L´avvelenata, Dio é morto, Venezia, Piccola Cittá, Don Chisciotte y otras muchas, pero esto es inevitable. Guccini tiene unas cuentas docenas de canciones a cual mejor y a pesar de que el concierto duró casi dos horas y media y sonaron casi dos docenas de temas no entran todas.

En cuanto a la puesta de escena, primó la austeridad y la funcionalidad. El juego de luces es de lo más discreto que uno puede imaginar. Nada de virguerías, lo justo para distinguir a los músicos en la oscuridad. Tampoco hay pantallas ni nada de eso que está ahora tan de moda en los grandes recintos. Lo mismo comentar respecto a los altavoces. Dos ristras de ellos a cada lado sobre las columnas metálicas y a cantar.

No olvidemos que Guccini tiene 70 años, que ahora que ha dejado de fumar está más gordo que de costumbre, y a pesar de moverse de modo torpón, lo más importante que es su voz, permanece vigorosa, rocosa, fuerte, estable. De ahí que las canciones sonaban con una nitidez extraordinaria, con una cadencia que no daba lugar al altibajo. Una experiencia similar a escuchar un disco en directo en tu casa, pero rodeado de diez mil almas y encima con Guccini frente a ti interpretando los temas.

Cada canción era coreada por los presentes pero Guccini, y esto que me gustó, no dejaba el micrófono en manos de su público, sino que era él quien tenía el mando y su voz se imponía sobre sus entregados y vociferantes fan.

Algo que también me agradó es que Guccini no hace la pantomina de irse para luego volver y cantar algún tema más. No, Guccini dijo que quedaban dos temas. Al final cogió la guitarra, cantó la Locomotiva envuelto en ese que a veces la música logra, la comunión entre el cantante y el público, ya entonces entregado, apasionado, con la gente que estaba en tierra puesta en pie, para despedir al ídolo, hecho de carne. Guccini es un referente para mucha gente. Hoy por hoy la coherencia, máxime en lo artístico, es algo que no abunda. Quizá eso explique porqué vivimos lo que vivimos esa noche en la Palalottamatica, cuya organización sea dicho de paso y a modo de colofón fue extraordinaria.

Guccini cantando su himno La locomotiva

Además la entrada costaba 24 euros, un regalo visto lo que en España cobra por ejemplo Joaquín Sabina, 40 euros para el concierto de mañana día 13 en Logroño, al que iré.

Ahí pongo el listado con las canciones que viene tocando Guccini en este Tour. En el concierto en Roma, Dio é morto no sonó.

# Canzone per un’ amica
# Lettera
# Noi non ci saremo
# Il frate
# Amerigo
# Il pensionato
# Autogrill
# Canzone per Piero
# Farewell
# Inutile
# Quattro stracci
# Vorrei
# Su in collina
# Bisanzio
# Canzone dei dodici mesi
# Canzone di notte n.2
# Eskimo
# Cirano
# Dio è morto
# La locomotiva

Guccini saluda al público al acabar el concierto

La estrella del diablo (Jo Nesbo 2010, Harry Hole 5)

La estrella del diablo del escritor noruego Jo NesboLa estrella del diablo es la tercera novela del escritor noruego Jo Nesbo que se publica en España, tras Petirrojo y Némesis, gracias a la editorial RBA.

Haciendo una comparativa con las dos obras anteriores esta última me ha resultado más floja que las anteriores entregas. Para saciar la curiosidad de quien no haya leído las obras anteriores Nesbo se ve en la obligación de recordarnos quienes son Beate, Waaler, Harry, Rakel etc, y en el caso de haber leído esos libros anteriores recientemente, ciertos momentos resultan redundantes. Por lo demás la historia en un primer momento resulta de lo más convencional; una serie de crímenes, cometidos por lo que parece ser un asesino en serie, quien hace coincidir los lugares de las muertes con la punta de la estrella del diablo. Nada que no hayamos visto anteriormente. Como en este caso la historia resultaría en exceso trillada en el tramo final hay un cambio de tercio, dejando en solfa todo lo anterior. Harry Hole sigue en un quiero y no puedo con Rakel y es el protagonista absoluto de la historia, seguiremos como espectadores sus idas y venidas con el alcohol, y seremos testigos de su gran talento como detective que le permite atar cabos sueltos que al resto de los mortales le pasarían desapercibidos. Hole y Waaler siguen con su tira y afloja. Hole quiere demostrar que Waaler mató a su compañera y comentar que en esta entrega sus disputas quedan finalmente resueltas.

Nesbo logra transmitir ritmo a su trama, lo que permite que este libro de 400 páginas sean de los que uno casi lee del tirón, devorándolo a bocados, ya que consigue interesar al lector y tenerlo en vilo hasta el final. De su pasado como músico le viene mentar canciones y grupos musícales en su novela, abusando en este caso de Iggy Pop (de quien dice parece haber sufrido varias crucifixiones). Lo dicho al comienzo. La estrella del diablo es la que menos me ha gustado de las tres, lo cual no quiere decir que no esté esperando la publicación de su próxima novela. No olvidemos que esta se publicó en Noruega en 2003, y que aquí se publican con siete años de retraso. Tras La estrella del diablo, Nesbo tiene ya otros tres títulos más publicados.

1º) Flaggermusmannen (1997)
2º) Kakerlakkene (1998)
3º) Rødstrupe (2000) – Petirrojo
4º) Sorgenfri (2002) – Némesis
5º) Marekors (2003) – La estrella del diablo (publicado en España en septiembre de 2010)
6º) Frelseren (2005)
7º) Snømannen (2007)
8º) Panserhjerte (2009)

Jo nesbo en Devaneos | Petirrojo, Némesis, El Redentor o La estrella del diablo