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Viaje por Nogarejas, León, Castrillo de los Polvazares y Las Médulas

10 de August de 2010

Un fin de semana puede dar mucho de sí si estás dispuesto a hacer kilómetros. El viernes recalé en Nogarejas, pueblo Leonés. Poco después de bajar del coche, estábamos a lomos de nuestras bicicletas subiendo la cuesta de las viñas, con un sol de aupa, perlando nuestras frentes de sudor, pero gozando con el agreste paisaje, poblado de pinos. Ni decir tiene que mi compañero de fuga, tras haber hecho el camino del norte hace un par de meses (de cuyo viaje algún día nos dejará testimonio escrito y gráfico) iba como un toro de miura. Tras coronar la cima tocó bajar, con precaución pues una bici que frena poco es tan peligrosa como un anarquista con una granada.

A la mañana siguiente, temprano, nos encontrábamos en La Bañeza, templo de la legumbre (lo sé porque los garbanzos que compro en el Supermercado son de allí. Vi una nave con el logo IGP “Indicación Geográfica Protegida Alubia de La Bañeza-León). No eran las nueve y media de la mañana y ya estábamos en un local lleno hasta los topes, tomándonos un chocolate con churros, dos por ración, pero de tal tamaño y grosor que sin ser como las porras madrileñas cunden, alimentan y sacian como media docena de la extinta Chocolatería Moreno de la calle Hermanos Moroy de Logroño.

Camino del coche constaté, que también en La Bañeza, hay pasión por la Roja.

Pasión por La Selección Española

Con el estómago lleno y endulzado, nos plantamos poco después en Astorga, la cual recordaba de cuando había hecho el camino en bicicleta, hace quince años. Hicimos el itinerario clásico, que consistía en ver El Palacio Episcopal, obra de Gaudí.

Palacio Episcopal de Gaudí en Astorga

Dimos un paseo por la plaza, en la cual había un buen número de peregrinos y peregrinas hidratándose (lo que me permite afirmar que el número de mujeres que se tiran al Camino bien andando o en bicicleta es cada vez mayor).

Tras repostar, con una cañita y una tapita de acompañamiento, nos fuimos a Castrillo de los Polvazares. Dejamos el coche fuera del pueblo en una aparcamiento gratuito y entramos en el pueblo. El linde de lo que es pueblo y lo que no, queda perfectamente definido por el suelo que pisas, pues el pueblo está empedrado. Todas las clases mantienen una uniformidad, y pese a que es un municipio pequeño, hay un buen número de restaurantes, así como lugares donde pernoctar.

Entrada a Castrillo de los Polvazares

Castrillo de los Polvazares

Con el sol a pleno rendimiento caldeando las calles, caminábamos pegados a las paredes, buscando la sombra y regamos luego nuestra sed, en un bar, que ofrecía al viajero un patio interior de sombra fresca, donde nos hidratamos con esa deliciosa bebida, idolatrada es Asturias, que es la sidra cuando esta fresquita. Dos botellas para tres, no es un gran qué, pero es suficiente para llevarte en volandas, flotando cual pluma de ganso y tras hacer tiempo, fuimos a comer, siguiendo la recomendación de nuestro amigo el lugareño. El local estaba especializado en el cocido de la zona, el cocido Maragato, la zona es la maragatería.

Los vegetarianos mejor que no prueban a entrar en el local, pues aquello fue un orgía de carne. Lo curioso de este cocido es que al contrario que el madrileño o liebaniego, en el maragato primero te ponen la bandeja con la carne (morcillo, gallina, costilla, panceta, tocino, lacón, careta, pata y relleno), después el garbanzo con repollo y finalmente la sopera con la sopa, donde puedes ventilarte dos platos de sopa con fideos, si has llegado al final de la comida con algo de espacio en el estómago. El postre que acompaña el menú (por un módico precio de 16 euros), es un deliciosa natilla, en donde va desecha una mantecada de Astorga, y por encima caramelo líquido. La guinda es el café de puchero y un licor que te deja el estómago como si no hubieras probado bocado, facilitando la digestión, que a la fuerza tras tan cantidad de carne, es pesada. A veces las palabras no dan forma al pensamiento, así que ahí pongo una foto para entender mejor lo que cuento.

Cocido maragato

Tras una comida opípara hay varias opciones, una es echar una siesta de dos horas, a la sombra de algún chopo con algún río caudaloso como arrullo sonoro, otra es cogerte el coche, despejarte y hacer la digestión haciendo algo de deporte, paseando por ejemplo. Es lo que hicimos. Con un calor de casi 40º nos trasladamos desde Castrillo hasta Las Médulas, patrimonio de la Humanidad. Nos llevó llegar una hora y el calor era el mismo. Dejamos el coche en al aparcamiento, cogimos unos folletos en un punto de información y fuimos a ver La Cuevona, una senda corta de unos dos kilómetros. Suficientes para dejarnos sin resuello. Lo que se, lo de la foto va ya es espectacular, pero dista mucho del goce espiritual que uno experimenta cuando subes al mirador de Orellán y ahí tienes delante Las médulas en todo su esplendor.

La cuevona . Las Médulas

Las médulas desde el mirador de Orellán

Si quieres hacer las cosas bien del todo, recomiendo bajar una cueva, que se ve desde el mirador, a la derecha. La cueva, no es la típica que está perfectamente iluminada, sino que tras pagar la entrada, te dan un casco de minero sin luz frontal, y una linterna y a caminar, a caminar con cuidado de no darte un coscorrón porque hay zonas donde hay que agacharse. La oscuridad, si apagas la linterna es total, tanto como lo es silencio, una buena idea de lo que será estar muerto. En pocos minutos llegas a un espacio más abierto, ves la luz al final de la cueva y allí hay un mirador, donde ves parte del perfil de la cueva, pero sin rastro de Las Médulas. Para llegar a este mirador, hay que dar el coche en el aparcamiento y hacer 600 metros de buena pendiente caminando. En nuestra ascensión a ambos flancos íbamos rodeado de alemanas y francesas, lógico porque el sitio merece la pena verlo.

Interior de la cueva iluminada por un flash

De regreso a Nogarejas, y tras cenar algo, nos fuimos de fiesta a Castrocontrigo donde tocó una orquesta que comenzaba su actuación a la una. Sonaron clásicos que forman parte de nuestra banda sonora existencial, como Nacha Pop, La Guardia, Seguridad Social, Duncan Dhu, y temas más recientes de Melendi, El canto de loco, etc. Nos llevamos un peluche en la tómbola, no por nuestra hacer con las bolas o la carabina, sino porque nuestro amigo conocía al encargado. Aproveché para comprar chocolate, que lo hacen en allí, con diferente contenido de cacao hasta llegar al 90%.

Chocolate de Castrocontrigo

El domingo, hay quien descansó, pero nosotros fuimos a León, donde visitamos la Catedral, cuando pudimos pues cuando quisimos no fue posible al haber una misa. Cuando entramos ya eran casi las dos, y el sol no hace ese juego mágico con las vidrieras, de ahí que sin restar ni un ápice a su belleza, no la vi tan bella como otras veces.

Antes de la Catedral, visitamos la Colegiata de San Isidora, cuya cripta se conoce como “La capilla sixtina del románico“. Es una maravilla. Hay frescos en los techos, que explican escenas bíblicas, todo ello muy bien conservado. Junto a las paredes tumbas, que algún turista usaba a modo de banco, siendo recriminado por ello. No sé cual es el número de personas recomendables para este tipo de visitas organizadas, pero habida cuenta de la escasa dimensión del recinto, meter allí a 40 personas, te proporciona una sensación de ahogo y sofoco muy interesante. Cuando la guía comenta mirar aquel relicario ves 39 cabezas alrededor del mismo lo que te impide ver casi nada, como sucede en los mercadillos gastronómicos donde todo Dios se pega a las mesas y no hay forma de coger una buena pole position, de ahí, que de no ser por las explicaciones de la guía, que te aporta unos cuantos datos interesantes, casi recomendaría verla por tu cuenta y riesgo. Además con internet puedes recopilar cuanta información sea precisa para llegar al recinto sobrado de conocimientos.

Tras el festín cultural tocaba el gastronómico, y fuimos al Barrio Húmedo. En Logroño, la calle Laurel, tiene mucha fama y todo los turistas van allí de visita. Lo entiendo. Lo que no entiendo tanto es como en Logroño por un corto de cerveza y un pincho te cobran 2,50 euros y en León, el corto de cerveza cuesta o 1 euro o 1,10 y de paso en todos los bares, te ofrecen gratis una tapa, a elegir entre tres o cuatro. De ahí que con 10 euros, nos tomásemos siete cortos de cerveza y una ración de cecina. Las tapas no son unas patatas fritas, unas olivitas o unos cacachuetes, para nada, lo que nos llevamos al buche fueron cosas deliciosas tales como; patatas a la jardinera fritas en freidora, picadillo de choricillo, fideuá, calamares fritos, morcilla untada en pan, tosta con lacón y pimentón, albondiguillas con tomate y croquetas de queso.

Barrio Húmedo de León poster

Barrio Húmedo de León, consumición con tapa gratis

En Logroño comentan que si te ofrecen una tapa con la bebida se arruinan. Permitan que me ría. No se arruinarían no, como tampoco se arruinan los leoneses, solo que en lugar de poner un negocio para hacerse rico en pocos años, lo que supone trabajar con unos márgenes bestiales, tales como cobrarte, 1,30 por un mosto pequeño, en León y en otras zonas de España, la gente pone un bar, para ganar dinero poco a poco, año a año, trabajando con unos márgenes más ajustados, lo cual les permite ofrecerte una tapa muy sabrosa junto a la consumición, y obtener beneficio, como para poder seguir viviendo de ello.

Peregrino en León

Este peregrino no tenía muy buena pinta, tenía aspecto de haberse quedado pasmao. Lo encontramos en León, frente al parador, cuyo artesonado de madera y el claustro bien merece una visita aunque sea a escondidas.

Como broche esta foto. Me recuerdo a esos que van a Euskadi y dicen haber dejado su coche en la calle “Kalea”.

Calle La Rúa en León

Viaje por Asturias

2 de August de 2010

Da gusto tener comunidades autónomas tan próximas a La Rioja, a la que aproximarse con motivo de las vacaciones y poder conocerlas algo mejor. El lugar elegido este año fue Llanes. Desde Logroño, yendo por Bilbao por autopista y luego por la autovía hata Unquera, se tarda unas tres horas, algo más, casi cuatro horas y medio si te pilla el embotellamiento de los que salen de Bilbao los viernes rumbo a Castro Urdiales, y la salida de Santander, que a eso de las siete y pico presente un buen número de coches. Llanes es una localidad bonita, con tres playas, la de Toró, Puertu Chicu y El Sablón, esta última es la que mejor pilla a los que están alojados en el centro. Nosotros estábamos en la avenida de Toró, a unos cincuenta metros de la playa de Toró, la cual como se ve en la fotografía es un preciosidad. Salvo un bar cercano no hay nada más edificado detrás de ella, y nace ahí una senda que te permite ver la playa con algo de perspectiva, así como seguir el trazado de la costa, en un reguero de acantilados a cual más espectacular. La Playa de Puertu Chicu está próxima a la de Toró, pero con la subida de la marea, desaparece. Entre ambas playas hay un camping, situado en un loma verde, llamado Entre Playas, el cual ofrece una vistas impagables al Cantábrico. No faltan las sidrerías y restaurantes en Llanes donde saciar al hambre y la sed del viajero. La sidra está por todas partes, y forma parte del paisaje ver coo los camareros te van escanciendo la sidra delante tuyo preparándote un culín, levantado el brazo de tal manera que parece fuera a tocar el cielo.

Playa de Toró

Ya se sabe que el Cantábrico no ofrece la seguridad del Mediterráneo en cuanto a días de sol, pero al menos de los 10 días que estuvimos, siete fueron de sol y playa, todos consecutivas. Quizá sea porque Llanes está parapetada entre el mar y la Sierra de Cué, la cual dicen que evita que pasen las nubes y la lluvia.

Como resaca del éxito futbolero ahí queda eso.

LLanes con la selección española de futbol

Desde la muralla pegada al mar hay una recomendable vista de la ciudad, y del mar.

LLanes desde la muralla

De Llanes fuimos a ver Lastres, situada en el mapa gracias a la serie Doctor Mateo. En la oficina de turismo te dan un folleto, donde te muestra las casas que aparecen en la seria (la del doctor, la consulta, la de la profesora, la de la panadera, etc,,). Hay otras muchas casas que no aparecen en la serie que son más bonitas, pero siguiendo el itinerario quieras o no ves todo el pueblo y su trabajo cuesta porque tiene unas cuestas que aceleran el pulso hasta el borde la taquicardia, y lo dice alguien que hace ejercicio. Desde el mirador que hay en lo alto del pueblo las vistas son espectaculares. Una vez en Lastres recomiendo ir a ver el Faro, el cual también aparece en el folleto. Allí a escasos metros del faro nos esperaban unos caballos que parecián de lo más encantandores, hasta que uno de ellos, el más joven, sin que supieramos por qué empezó a embestir un vehículo rojo, a mordisquear los parabrisas, arrancando uno de cuajo, y queriendo mordisquear el brazo de un alemán el cual creyó que el animal estaba jugueteando, hasta que se coscó de las intenciones del equino. No hubo que lamentar no obstante pérdidas humanas, pero acojona ver como un caballo te miro y se acerca a ti, abriendo la boca cuando llevas una niña pequeña en brazos.

El faro

El caballo que susurraba al oído de las personas

Vacas frente al mar

Lastres a vista de pájaro

La duración de los cedés

19 de July de 2010

Leyendo el libro de Alessandro Baricco, “Los bárbaros; ensayo sobre la mutación” comentar que la principal herencia de Beethoven quizá sea la duración de los CD, calculada –promedio 62 minutos 56 segundos– para que cupiera la más famosa de las sinfonías, la novena. Si majos cuando surge el cedé y hay que darle un tamaño, la idea es que quepa la novena de Beethoven en ella. De ahí que ni Madonna, ni Lady Gaga, ni Michael Jackson tuvieron nada que ver el asunto, sino Beethoven y su música clásica. Ahora esto importa poco, ya que las discografías de los artistas se almacenan en discos duros o usb, y se escuchan en mp3 o mp4, donde la barrera de los 62 minutos o de los 74 es ya cosa del pasado.

Nadar a 5300 metros de altitud

15 de July de 2010

Lewis Pugh

Este señor del gorro blanco se llama Lewis Gordon Pugh, es un nadador y ahora abogado británico que un buen día le dio por irse a las faltadas del Everest, al lago Pumori y tirarse al agua que estaba a dos graditos y a 5.300 metros de altitud y ponerse a nadar, con su bañador, su gorro y sus gafas. La aventura se la patrocinó Speedo. Quería llamar la atención sobre el cambio climático. Según cuenta le costó lo suyo hacer el kilómetro que nadó en 22 minutos y 51 segundos, porque si nadada rápido se quedaba sin aire merced a la altitud y si iba despacio se le congelaban las extremidades. Mejor que no prueben a hacerlo en sus casas.

El libro que ha publicado titulado Achieving the Impossible, ha entrado como número uno en la lista de más vendidos en Reino Unido, en la categoría de no ficción. Digo yo, que es un trasunto de nuestro David Meca, que siempre hace hazañas memorables, como cruzar el Canal de la Mancha o el Lago Ness a nado.

Metabolismo basal, conoce cuántas calorías quema el cuerpo humano en reposo

15 de July de 2010

Ahora que estamos en verano con los calores y es tiempo de ir a las piscinas y a las playas, a todos nos gusta lucir buen tipo. A fin de cuentas, si nos sobran unos kilos es porque están ahí consecuencia de no haber quemado esas calorías sobrantes. Para ello es preciso conocer cuantas calorías necesita nuestro cuerpo para funcionar, cuantas ingerimos (para lo que deberíamos apuntar qué comemos, cuanta cantidad y calcular las calorías que nos aporta su ingesta) y de ahí echar cuentas sobre si estamos sobrealimentados o no.

El metabolismo basal son esas calorías que nuestro organismo quema por el hecho de estar vivo. Depende tanto de nuestra edad, como de nuestra altura y peso. La fórmula es la siguiente.

Metabolismo basal (Kcal) : 66 + (13,7 x peso en kilos) + (5 x altura en centímetros) - (6,8 x edad en años).

El resultado de esta fórmula te dará una idea aproximada de cuantas calorías son las que precisa tu organismo en el caso de que no realices ninguna actividad física extra como nadar, correr, subir escaleras, practicar sexo, etcétera. Si superas esas calorías y no las quemas, ya sabes, se convierten en grasa y engordas.

Hay ciertos alimentos que aceleran nuestro metabolismo, como el café (sin leche, ni azúcar), el té (sin leche, ni azúcar), las proteínas (presentes en huevos, pescado, carne blanca del pollo, tofu, nueces), beber agua abundante (ochos vasos al día, si es con hielo, mejor), y finalmente realizar cinco comidas, en lugar de tres y copiosas.

Con estos truquillos quizá pierdas algo de peso y además de sentirte mejor luzcas un mejor aspecto frente al espejo. Suerte.

Viaje por Madrid Lerma Aranda de Duero restaurantes bares turismo activo

14 de June de 2010

No había recalado en Madrid para pernoctar más de una noche, sino que siempre había sido una ciudad de paso, a no ser por el viaje de estudios que hicimos en 8º de EGB, donde me recuerdo tirando de remo en una barca de El Retiro, aunque bien pudiera tratarse de una ensoñación.

Aprovechando las fiestas de San Bernabé en Logroño, con cinco días de fiesta, ir a Madrid se presentaba como una muy buena opción vacacional.

San Bernabé fiestas Logroño 2010

Antes de ir a Madrid recalamos en la ciudad de Lerma, un miércoles. Había ese día en la plaza mercadillo con venta de ropa, quesos, frutas, embutidos (inclusive cecina de burro), etc, y probamos unas cerezas deliciosas (sin ningún tipo de tratamiento químico según nos contó quien nos las vendió). En la plaza está el Parador, majestuoso edificio, con las plazas de aparcamiento plenas de matrículas de coches franceses. En la plaza, un par de tiendas de gourmet, paraíso del sibarita. El Parador es un edificio majestuso, apabullante, basta ver la foto que tomé para entender lo que digo.

Parador de Lerma

Si estás en Lerma es casi obligatorio meterte para el cuerpo un Lechazo al Horno de piedra, así que en el Asador de Lerma (Plaza Mayor, 11), nos ventilamos un menú especial para 2 (a razón de 32 euros por persona), con unos entrantes de morcilla y choricito y 1/4 de lechazo con guarnición de ensalada y regada por un vino de la tierra, con un helado de postre. La pega es que en el local no hay ni tronas ni sillitas para bebés, así que o estos van dormidos, o son tranquilitos y aguantan un buen rato en la sillita pensando en las musarañas o jugando con una servilleta, o lo que es más habitual acaban en las rodillas de los progenitores, dándoles las comida.

Lechazo al horno en el asador de Lerma

Tras la opípara comida era menester ejercitar los músculos. Caminamos hasta la entrada de la muralla, donde ahora está instalada una denominación de origen de vinos de la zona, y luego hasta la iglesia, que queda en un alto y ofrece una buena vista desde la que otear el horizonte que mostraba un cielo encapotado que amenazaba lluvia. La casa rural elegida para pernoctar fue El Zaguán. La pareja que lo lleva es de lo más amigable y generosa.

Esta es lo que uno ve cuando sale de la Casa Rural

Casa Rural El Zaguán

Lerma El miércoles tras volver de dar una vuelta de Burgos, que queda a 40 km de Lerma (apenas 20 minutos por la autovía), al disponernos a echar un bocado del embutido que habíamos comprado, nos ofrecieron unas chuletillas, morcilla, tortilla, una botella de vino, ya que habían preparado comida a la brasa para unos clientes. Al día siguiente el desayuno, fue de lo más copioso; huevos fritos, platos de jamón serrano, pan tostado, mantequilla, zumo, cafe, pastas, etc. Merece la pena pues contratar el desayuno. El alojamiento no es low-cost, pero habida cuenta de como es la Casa Rural y la habitación; una duplex, con dos plantas, con capacidad para matrimonio hija y cuna, por poco más de 100 eurracos, no se me antojó excesivo. La casa estaba a tope porque hay un campo de Golf en Lerma y atrae a mucha gente de fuera. Me quedé con ganas de ver la bodega (una razón para volver).

El zaguán

El jueves, tras desayunar y meter todo en el coche, que tenía más pinta de encaminarnos a Tarifa a cruzar el estrecho, que de ir a la Villa de Madrid, porque no podíamos llevar más cosas encima, nos pusimos en ruta. El navegador es un invento, sobre todo para quien es capaz de perderse en un Ikea. Así que programamos la dirección de la pensión Bruña y en menos de dos horas llegamos a nuestro destino. La pensión Bruña, está ubicada en la Calle Moratín 50 frente al Museo del Prado, paralela a la calle Huertas, a un paso del Congreso de los Diputados y a un cuarto de hora de La Puerta del Sol.

Pensión Bruña Calle Moratín 50

Encontrar aparcamiento en la zona es misión imposible, así que el hecho de que en la pensión nos ofrecieran ocupar su plaza de garage en la calle Gobernador, a unos 250 metros de la pensión a razón de 20 euros día, nos pareció estupendo. Dejamos el coche allí y no lo tocamos hasta que nos fuimos el domingo. Los que regentan la pensión tienen un piso en la planta baja, y otro en la primera. En la planta baja nos alojamos en un apartamento, con su baño, vestíbulo-salón y habitación espaciosa con cama de matrimonio otra individual y espacio de sobra para montar una cuna. La habitación estaba limpísima y nos resultó muy confortable. A pesar de que la ventana de la habitación y la de la cocina dan a la calle, no fue especialmente ruidosa, al menos esos días de junio (desconozco lo que será en julio y agosto). Solo se oía el motor de alguna moto a todo gas, o alguien que pasaba hablando algo más alto de lo normal. En ese piso había también habitaciones triples y otras con cama de matrimonio e individual. El precio es muy razonable (70 euros el apartamento y 60 las otras habitaciones).

Taberna Maceiras comida gallega en la Calle HuertasMenú Taberna maceiras en madera

La calle Huertas es un edén gastronómico, hay un alud de restaurantes, todos diferentes. Ese día comimos en la taberna Maceiras (taberna pulpería C/Huertas 66), un restaurante de comida gallega, que fue un exitazo, pues por unos 60 euros, comimos un plato de navajas a la plancha, lacón con patas, caldo gallego, merluza rellena, guiso de pulpo con arroz, calamares a la romana, pan, agua de mondarzi, y dos birritas Estrella de Galicia. Estaba todo de muerte súbita, buenísimo. El local cuando llegamos a la una y media estaba vacío pero diez minutos después no cabía un alma en pena. Las mesas son de madera y no hay sillas, sino taburetes de madera. El servicio es atento y calidad precio es una opción muy recomendable.

Carta Restaurante FeténEn una calle perpendicular a Huertas hay otra Maceiras, el primero se ve, y ante el éxito del mismo han abierto este más espacioso. Un poco más arriba de Maceiras hay un establecimiento de comida vegetariana con cosas muy apetitosas para quien guste de este comida. Te cobran al peso. Allí tenían la leche El Buen pastor ecológica. Al día siguiente comimos el menú en el Restaurante Fetén, y no salimos tan contentos. Ese día estuvimos solos en el restaurante. No tenían al igual que Maceiras tronas ni sillas para bebés. Nos pusieron un san jacobo que era todo una masa de rebozado y un salmorejo que parecía un puré, la trucha estaba estopuda, muy poco jugosa. El menú no superaba los diez euros. Si eres de los que disfrutan comiendo, la calle Huerta te ofrece también comida Hindú, árabe, italiana, etc.

Este aspecto mostraba la calle Huertas el sábado a las 11 de la mañana Calle Huertas desierta a las 11 de la mañanaEdificio Okupa próximo a calle Huertas
Próximo a Huertas, en un calle perpendicular, vi este inmueble, antiguo edificio de huéspedes, donde ahora hay okupas

En cuanto al papeo y el bebercio apuntar que nos dejamos caer por el Café Gijón, cita obligada de todo aquel que sea un amante de la lectura, y quiera tomar asiento donde los grandes literatos se reunían para verse. El local me pareció ramplón. Un señor te acompaña a la mesa, otro te toma el pedido y luego te meten la pala cristiana, pues por una San Miguel 1526, te cobran más de seis euros, cinco y pico por un café. El sitio estaba lleno de turistas como nosotros. Otros lugares tienen un aura especial, o quizá sea que uno va sugestionado y percibe lo que quiere pero yo en el Gijón no sentí nada de nada, solo que salimos de allí con el bolsillo algo más ligero y sin ganas de repetir visita. El Café queda por la zona del Paseo Recoletos, y próximo a Chueca, así que nos acercamos a la Bardemcilla, regentado por los Bardem. En el local no vimos a ningún famoso (sí mucha chica mona) que parece que es lo que vamos todos los que nos acercamos por allí. Nada en el local hay que lo haga especial, pero el tirón del nombre, hace que esté hasta los topes, de ahí que para cenar haya que reservar por antelación. Sobre la barra, el camarero con una caída de ojos propia de un buen galán, nos dijo que nada de “cortos de cerveza”, solo cañas. O se trató de un despiste o lo hizo a posta, por lo de nuestra petición del corto, o nos consideraría tales, que no nos puso un bol con patatas fritas como a todo Cristo.

Con el tanque lleno de néctar de cebada en el cuerpo, antes de las 10 y tras un pequeño rodeo (por calles con denominación tan singular como “válgame Dios”) porque no dábamos con la calle, que estaba cortada por una valla, que no aparecía en el mapa, estábamos en el restaurante Divina la cocina, un local con decoración pompeyana según rezan las guías de viaje. Iba con un amigo, pero el contexto, habida cuenta del “ambiente”, nos posicionaba como otra pareja más de las muchas que allí estaban comiendo. Nos emplazaron en una mesa pegada a una pared, desde la que pude apreciar con todo lujo de detalles la pintura estuco veneciano. En un espacio de dos metros había cuatro mesas como las nuestras (de un tamaño tan mínimo que cabían dos platos, dos copas, los cubiertos y poco más), así que llevando a cabo la máxima que dice que “el roce hace el cariño”, al lado mío a un tío rubio hablando en inglés le faltaba poco por comerme la oreja mientras se ventilaba su ensalada porque casi sentía su aliento en mis mejillas. Una “mesa corrida”, hubiera sido mejor, hubiera dado más juego, y de paso les permitiría todavía meter más gente en el local, en el que se podía fumar, sazonando el ambiente con un pestazo a tabaco que sumado al aliento del rubiales me comenzaba a crispar. Pedimos el menú, que salía por 20 euros. De primero un plato de tiras de pasta verde con queso manchego y salsa de tomate, servido en estos platos de diseño, enormes, como el sombrero de Don Quijote puesto del revés, donde la comida va en el lugar del cabezorro, con las dimensiones de un huevo Kinder cortado transversalmente. El segundo plato fue más copioso; conejo relleno de espinacas y salsa de almendra. De postre un pastel de dátiles y avellanas con Fray Angelico. Me gustó. El local estaba a rebosar. De allí a la parada de metro de Chueca hay un paso, así que caminamos por la zona y flipé, con los locales que vi; unos restaurantes de diseño muy curiosos, con grandes cristaleras, y las mesas pegadas a las cristales donde el comensal ve la calle y es observado mientras papea. La parada de Metro está plantada en medio de la plaza, que estaba inundada de jóvenes y no tan jóvenes, muchos de ellos practicando botellón. Después de haber estado todo el sábado lloviendo la noche dio una tregua, e incitaba a pasear. Del restaurante a la Gran Vía hay un paseo, y ahora que se celebra el centenario de esta calle, merece la pena hacer una caminata nocturna admirando la majestuosidad de los edificios que la flanquean perfectamente iluminados. Por la calle Montera donde a ambos lados de la misma algunas mujeres hacen la calle, llegamos a la Puerta del Sol, que presentaba un buen caudal de gente. Tras baja por la Calle San Jerónimo nos desviamos luego por la Calle Echegaray. Pasé por delante del Restaurante Donzoko (uno de los mejores restaurantes japoneses según los entendidos), y del Come Prima (italiano muy afamado, Echegaray 27). Era menester restablecer el nivel de líquidos corporales y nada mejor que un cubata, servido en un copazo, aderezado con una rodajita de limón y un buen chorretón de Ron Barceló, por cinco euros, en el bar Echagaray 21. Al aflojar lastre y visitar los baños me sorprendí con los bajos del local, con arcadas de ladrillo. La música que sonaba era la que le molaba al camarero. Quizá fuera el alcohol pero creo que el reproductor no era otra cosa que un teléfono móvil conectado a unos bafles. Echegaray muere en la calle Huertas y próxima queda la Plaza de Santa Ana, donde hay unas cuentas cervecerías que harán las delicias de los amantes del néctar dorado.

Casa Labra Madrid

Probé los afamados buñuelos de bacalao en Casa Labra, local con más de 150 años de antigüedad y segurata en la puerta. Mi tío que fue quien nos llevó hasta allí comenta que cada vez los buñuelos llevan menos bacalao, si bien el precio va al alza. Estaban riquísimos tanto los buñuelos como las croquetas. El local se ve según sales delLa casa de las torrijas Corte Inglés de Preciados. Y si en lugar de buñuelos quieres comerte una torrija, este es tu sitio. Si lo tuyo es el chocolate entonces hay que ir a chocolatería San Ginés, establecimiento centenario.

Chocolatería San Ginés Madrid

Interesante es acercarse una vez que estás en la Plaza Mayor al Mercado de San Miguel, donde también se puede uno echar un tentenpie o hacer alguna compra de alimentos.

Mercado San Miguel
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Para los cerveceros en la Plaza de Santa Ana hay interesantes cervecerías como las de las fotos

Cervecería Santa Ana
Cervecería Santa Ana

En resumen que los cuatro días que pasamos en Madrid, fueron geniales. Me quedan ganas de repetir, de seguir callejeando, de entrar en nuevos restaurantes y tabernas, y poder así disfrutar de una ciudad que se me antoja inigualable.

Jornadas gastronómicas Aranda de DueroDe vuelta para Logroño, paramos a comer en Aranda de Duero. Esos días de Junio se organizaban las jornadas del lechazo al horno, donde siete restaurantes de Aranda, ofrecían por 37 euros un menú, que incluía el lechazo de marras y otras exquisitices. Nosotros nos decantamos por El Roble, y el menú fue más convencional, base de morcilla, croquetas, picadillos de choricillo, y luego el lechazo y de postre un milhojas con crema.

Para bajar la comida nos dimos un paseo por el pueblo, que a las tres de la tarde, festivo y con la chicarrina que hacía, estaba pelado.
Aranda de Duero.

Fuimos a dar con la fabulosa Iglesia gótica de Santa María.

Aranda de Duero Iglesia

Luego antes de ir para casita, un cafecito en la plaza del pueblo

Aranda de Duero plaza del pueblo

Viaje por Madrid

9 de May de 2010

De mi reciente visita a Madrid dejo alguna foto de las cientos que tomé, virtudes de lo digital. Espero que os gusten. Tuve la suerte de comer en ese sitio donde dicen hacen el mejor cocido de Madrid. Estaba muy bueno, la verdad, además no hizo mucho calor y pudimos patear parte de la ciudad.
Al igual que en Las Ramblas de Barcelona en Madrid hay gente que se lo curra, en cuanto a convertirse en estatuta. Para muestra un botón, o mejor una foto.

Estatua humana Madrid

Aunque no era 31 de diciembre, ni íbamos a por uvas, nos acercamos a la archiconocida Puerta de El Sol

Madrid

Caixaforum arte moderno y no tan moderno
escultura madrid