
Headhunters (Jo Nesbo 2012)
Jo Nesbo tiene de momento publicadas cuatro novelas en España en el sello RBA de novela negra, de su saga Harry Hole. El año pasado publicaron Headhunters, El cazatalentos, que no tiene nada que ver con la saga anterior. Si Petirrojo, Némesis, El Redentor o La estrella del diablo son novelas notables, la primera incluso fue considerada la mejor novela negra de la historia de Noruega (Nesbo es noruego) Headhunters no me ha gustado nada.
Nesbo sabe escribir, lo ha demostrado con creces, tanto en Petirrojo como en el resto de títulos de la saga, pero en Headhunters da la impresión de que el autor ha escrito lo que le ha venido en gana, sin pararse mucho a repasar lo escrito, y lo ha dejado todo tal cual, pensando en su versión cinematográfica, pues está claro que el libro tiene fuerza visual, uno lo lee e imagina lo leído, pero hay escaso margen para la imaginación (he leído una entrevista suya en la que comenta que el libro lo escribió en tres meses, como quien escribe una canción, sin comerse mucho el tarro, sin buscar la perfección y la estructura de la saga Harry Hole). Además Nesbo se vuelve más soez que nunca, se monta a lomos del caballo de la banalidad y superficialidad más absoluta (me recuerda muy mucho con esa prosa de garrafón a Harlan Coben) para despachar los capítulos, nombrando marcas de ropa , de relojes, de coches, de cervezas, para luego describir a los seres humanos con dos pinceladas como lo cachas que está, lo rubia que es, lo siliconada que se presenta, lo bien que folla, las tetas tan turgentes que tiene, etcétera.
Iba equipado con armadura de Gunnar Oye, un traje gris de Ermenegildo Zegna, una camisa Borelli hecha a medida y una corbata de color borgoña, probablemente de Cerruti 1981, con estampado de espermatozoides. De lo que sí estaba seguro era de los zapatos: unos Ferragamo, también hechos a medida. Yo mismo había tenido una par como aquellos. (pag 9)
Qué direrente era Diana de aquellas mujeres, parásitos elegantes desprovistos de opinión propia. Ella tenía todo lo que me faltaba a mí. Consideración. Empatía. Lealtad. Altura. En suma: una alma hermosa en un cuerpo hermoso. Pero su belleza no era perfecta, ya que sus proporciones eran demasiado peculiares. Diana parecía un dibujo manga, una de esas muñecas japonesas de los dibujos. Tenía la cara pequeña con un boquita estrecha, una nariz chata y unos ojos grandes con expresión de asombro que, a veces, cuando estaba cansada, sobresalía un poco. Pero precisamente aquella desviación de la norma lo que subrayaba su belleza, lo que la hacía espectacular a mis ojos. (pag 27)
El cuerpo se le quedó rígido al tiempo que abría los ojos y la boca de par en par. Después siguió un tremor, y durante un segundo tuve miedo de haberle causado un ataque epiléptico. Pero entonces sentí algo caliente, más caliente que su sexo, que me envolvía el pene y acto seguido un maremoto se derramó sobre el vientre, las caderas y los testículos. Me levante apoyándome en las manos y miré incrédulo y asustado hacia el punto donde se unían nuestros cuerpos. Se le encogió el sexo como si quisiera expulsarme, suspiró hondo emitiendo una especie de rugido que no había oído nunca y, entonces, llegó la siguiente oleada. El agua salía a chorros, nos salpicaba las caderas y fluía hasta el colchón que no todavía no había tenido de absorber la primera ola . Dios mio -pensé- la he reventado. (pag 54)
Nesbo se vuelve escatológico a más no poder en la secuencia de la letrina donde el prota es capaz de ver los genitales de su presunto asesino y sale de allí cubierto de mierda como Stallone en Acorralado (con mierda en lugar de sangre).
Además los protagonistas se mueven por unos códigos que no conocen la moral. Todos son unos advenedizos, trepas, codiciosos, casquivanos, etcétera. Todos se aprovechan de todos y lo mejor de todo viene cuando nuestro protagonista quiere alcanzar la libertad, conviertiéndose en multimillonario, y luego tener un hijo, el cual le niega a su mujer que está buenísima, a pesar de que él es bajito y no la merece (porque ella está buenísima y él no le va a la zaga). En fin, no digo más que me pierdo. Nesbo, tío, este libro te lo han publicado porque tu fama te precede, pero esto lo pergeña o defeca un escritor novel y le dan palos por todas partes, incluso algun editor seguro que lo sodomiza (son licencias que se toma uno cuando quiere ser como Nesbo)
Jo nesbo en Devaneos | Petirrojo | Némesis |La estrella del diablo | El Redentor
Lo que no está escrito (Rafael Reig 2012)

Tras Todo está perdonado (de la que hablaré en este blog en breve pues ya lo tengo leído y lo estoy todavía digiriendo), Rafael Reig vuelve a publicar y lo hace con Lo que no está escrito. La historia que se nos ofrece dista mucho de la ambición de su predecesora. Aquí son dos historias las que se van entrecuzando y unos pocos personajes los que sustentan las historias. Por un lado tenemos a un matrimonio separado y un hijo adolescente como bisagra. El padre coge a su hijo adolescente para llevárselo con él a pasar tres días a la Sierra de Guadarrama a las afueras de Madrid, una excursión con la que el padre y el hijo quizá puedan recuperar algo del terreno perdido, un terreno no obstante minado, pues Jorge ya va avisado, conoces a su padre, lo ha sufrido y conoce sus ataques de ira, su querencia por la bebida, su empeño en hacer de él, no alguien feliz, sino un HOMBRE. Al irse, Carlos, el padre, deja a su exmujer, Carmen un manuscrito para que lo lea en su ausencia. Una vez que el padre y el hijo se encuentran ya en la montaña y Carmen comienza su lectura de fin de semana, le comienzan a asaltar las dudas, porque lo que lee le resulta familiar, conocido, vivido e intuido y sumando a lo que el texto tiene de objetivo, lo que todo lector pone de su parte cuando lee, a Carmen le llevan los demonios creyendo que su ex puede estar tramando una venganza contra ella, usando a su hijo como herramienta.
En el manuscrito escrito por Carlos una panda de garrulos de un barrio cualquiera tratan de escapar de su miseria material, que no moral porque para ellos ya no hay redención, secuestrando a un joven y pidiendo rescate al padre de la chica que está forrado. Surgen las analogías entre el cuerpo de esa novela y las hazañas que sufrirá Jorge en la montaña. Subyace de todos modos la sensación de que todo está escrito y uno no pudiera escapar del barrio, ir más allá de los muros del cementerio aledaño en el que acabarán muriendo. Sigue leyendo
Tajmahall comida India en Logroño

Ya que en Logroño disponemos de pocos restaurantes étnicos la apertura de un presunto restaurante indio, en un local, donde en su día hubo un restaurante chino, que fue uno de los primeros chinos en abrir en la capital Riojana, y también de cerrar, es toda una noticia. Finalmente accedimos al local esta semana.
El restaurante es bastante grande, si bien estaba practicamente vacío. Allí recaló una familia, un americano y nosotros. Agradezco, no solo en los indios, sino en un japonés, que quien me toma nota, me asesore, como te asesoran si vas a una tienda a comprar ropa, un televisor o cualquier otro producto. El vendedor descubre le que te puede gustar y te ofrece un producto acorde con tus deseos. Esto en restaurantes a los que he acudido no sucede. Si vas a un Japonés, parece que tienes la obligación de ir con la lección aprendida, y si les preguntas la diferencia entre sushi, sashimi, te miran mal, como si fueras un ignorante que ha ido allí a hocicar, sin mostrar ningún respeto por su comida milenaria y lejos de verte ayudado te sientes ninguneado (o quizá no pero tengo las defensas bajas y estoy supersensible, que puede ser). En el Indio este de marras, el TajMahall, sucede algo parecido. Tienen una carta muy amplia, pero puestos a pedir auxilio o socorro, alguna recomendación, la chica que atiende, pone voluntad pero eso no ayuda, sino se conoce a la perfección cada uno de los platos. Hay que tener en cuenta sobre todo el picante que en estos platos hace acto de presencia. Si a alguien no le va el picante, y no le advierten y compruebas que tu lengua echa humo salvo cuando bebes cerveza, es posible que no repitas nunca más. Si te advierten o te orientan hacia otros platos que pueden adaptarse a tus gustos el varapalo puede ser menor.
Al final siempre tienes la opción de pedir un menú variado y así probar el mayor número de cosas a las bravas, que es lo que hicimos. Por la mesa desfilaron entrantes a bases de verduras y legumbres, que pecaban de aceitosos, un arroz mediocre (quien come sushi sabe que un pescado mediocre tiene arreglo pero un pescado excepcional con una arroz malo no tiene remedio. No lo digo yo lo dice un cocinero japonés cuyo nombre no recuerdo que lo explicaba el otro día en un reportaje estupendo sobre el Sushi en la 2), un pan, que era una torta aceitosa, y luego dos cacerolos de bolsillo, uno con pollo, una salsa de curry, coco y nata líquida y otro de cordero, flotando en una salsa con cilantro y demás hierbas. De postre nos ventilamos un batido de mango y una tarta con azafrán, que resultó ser lo mejor de la comida. Para beber cerveza india.
Al final de la sala había un televisor, encendido. Cuando la camarera nos tomó nota y una de nuestras hijas, como el oráculo que habla dijo «no se come viendo la tele«, la camarera entendió lo que quiso entender y lejos de apagar la tele, quitó el canal de Antena 3 y puso Clan (los que tienen hijos saben de sobra que Clan+Disney Chanel+Boing=Santísima Trinidad). Así las niñas mientras se ventilaban su arroz basmati con pechuga de pollo, echaban un vistazo a Bob Esponja y a Calamardo. El televisor se veía y se oía.
Uno sale de su casa para recibir nuevas sensaciones, entra en un restaurante, como el que entra un templo, gastronómico, en este caso, con idea de desconectar y dejar los sentidos a merced de los alimentos que ingiere y te das cuenta de no hay escapatoria, que los restaurantes, ya sea con televisores o con música a todo volumen, que también sucede, hacen que la experiencia gastronómica, no sea tal.
Si a la hora de pagar, te sueltan en todo el morro, a quemarropa, que no admiten tarjetas (lo cual no está escrito por ninguna parte, ni dentro ni fuera del local), y tienes que ir a buscar un cajero por la zona, el resultado de la cena es pésimo y tienes claro que no volverás, o quizá sí, porque como dice el refrán no podemos afirmar que «De este Indio no comeré».
A finales del 2013, el restaurante después de un año abierto ha cerrado. Fin de la historia. Ahora el que quiera comer comida india, o lo que sea que hagan en sus cocinas, tendrá que ir a la Calle Chile, que hay otro restaurante indio.

