autopsia

Autopsia (Miguel Serrano Larraz 2013)

Miguel Serrano Larraz
Editorial Candaya
2013
397 páginas

Miguel Serrano Larraz (Zaragoza, 1977) es maño y esta novela suya transcurre en Zaragoza.

El protagonista de la novela atiende al nombre de Miguel, como el autor, y las cosas que nos va contando nos dice Miguel que son veraces, cambiando eso sí algunos nombres. A saber. Tampoco me parece clave saber si el autor se vacía y expía sus pecados sobre el papel o es ficción. Eso no hace mejor o peor un libro.

Dos hechos hay recurrentes en la novela.

Uno. A Miguel le dieron una paliza unos skinheads. Aquello, además de dejarle el cuerpo hecho polvo, le permitió ganar en Aranda de Duero un segundo premio de poesía, con una poesía basada en el día en que le dieron la tunda los rapados.

Dos. En el colegio, Miguel y su amigo Tomás se dedicaban a hacerle la vida imposible a otra compañera, Laura Buey. Aquello a lo que en su día no dieron importancia, ahora con la fuerza de un boomerang encabitrado, vuelve de modo recurrente para perturbar el ánimo de Miguel, que supera ahora los 30, y entiende que aquello que hacían con la pobre Laura no estuvo nada bien, agravado con el contrapunto de ser Miguel ahora padre y estar dispuesto a hacer cualquier cosa por defender a su hija de los agravios ajenos.

Luego el relato se fragmenta y va y viene en el tiempo.

De todos los protagonistas del libro, la mayoría secundarios, hay dos con más relieve. Uno es Felipe, al que todos conocen como DJ Hans Castorp, quien en su día pinchaba en el programa Crónicas Marcianas y después por bares y locales de Zaragoza, convertido en un vampiro cultural, aumentando sus ganancias con charlas y derechos de autor.
El otro personaje es Mensajero que trabaja con Miguel y con quien éste sale de fiesta, acuchillando las noches, vaciando jarras de cerveza, lustrando los terrazos y aceras con vómitos festivos.

Miguel que se nos presenta como alguien huidizo, retraído, sin criterio, de fácil conformar, a quien le va bien en el colegio concertado al que acude, que saca buenas notas, con quien nadie se mete o lo hace objeto de sus burlas, que lidia esos años de instituto hasta ser adulto, y deja la carrera que cursa a punto de acabarla para irse a trabajar en los Grandes Almacenes de la Modernidad, dejando a su familia, alquilando en solitario un apartamento en la planta -1 de un edificio.

Miguel nos suelta entonces un rollo sobre cómo sobrevivir con 10 euros al día y cómo no perecer en su refugio ante unas temperaturas gélidas y sin auxilio de la calefacción (central ni lateral).

A los que tengan entre 30 y 40 tacos y sean de Zaragoza leer esta novela les hará ilusión (o no), al reconocer las calles, bares y locales que se nombran, así cómo algunos de los personajes que pueblan estas páginas como Ochaíta (o como realmente se llame). A los que somos de Logroño como yo y la literatura que va de bares, DJs, gente bailando como peonzas sobre una pista, o mantienen charlas etílicas amorrados a las botellas y refrenando así las pulsión suicida del cristal, nos aburre hasta la saciedad y la novela la leo entonces más por empecinamiento que por devoción para poder luego reseñar esto, ya que hasta el momento no tengo la capacidad de comentar (aún menos de alabar/loar/recomendar) un libro sin haberlo leído.

Recuerdo que en su día (31-10-2010) Rosa Montero, en lugar de reseñar un libro, escribía un artículo sobre la reseña de un libro que no había leído (¿reducción al absurdo? ¿intelectual low-cost?). A su vez, muchos de los comentarios que se vierten en las blogs literarias son de personas que expresan su deseo de leer o no el libro reseñado o de arremeter contra el autor/a de la reseña o del libro, en lugar de dar su parecer (tras haberlo leído) sobre el libro. No hablamos/discutimos/reflexionamos pues sobre lo derivado del hecho de leer una novela, sino del interés de los blogueros por leer o no un determinado libro.

Dejo la metaliteratura, sigo con la Autopsia.

A Miguel no sólo le apalizan los skinheads, sino que luego también le sacuden unos rockers (será porque es un blanco fácil), porque para el que no lo sepa en los noventa y no sólo en Zaragoza existían las llamadas tribus urbanas: skinheads, heavys, punkies, rockers, etc.
Ahora los jóvenes llevan unos peinados Bieberianos que parecen que les haya lamido la testa una vaca, y son todos de la tribu de los nativos digitales.

Antes cuando todos eramos primitivos digitales y no había consolas, nos consolábamos rumiando nuestro tedio tirando piedras a la vía del tren, jugando a las canicas o como hacía Miguel buscando alguien a quien buscar las cosquillas, o directamente humillar (en nuestro cole los que iban al grupo B se cebaban con un muchacho al que le tiraban la mochila por la ventana, para comprobar una y otra vez que no volaba, y sobre cuyo cuerpo se hacían melés. Consiguió salir adelante. Aquello también era bullying, pero en aquel entonces, a comienzos de los 80, éramos todos tan primitivos (y no sólo digitales) que todo aquello no provocaba ninguna reacción en contra).

Miguel Serrano Larraz
Miguel Serrano Larraz

La novela se pone en modo presentista al incorporar en el relato la presencia de Facebook. Herramienta virtual que le permite a Miguel ponerse en contacto primero y lograr un encuentro físico después, en un restaurante, con muchos de los compañeros de EGB. Ahí la novela replica lo que hemos visto y leído acerca de los reencuentros, sin aportar nada sustancial al respecto. Además su excompañera Laura Buey no acude por lo que nos quedamos sin la escena reencuentro/arrpentimiento/clemencia/perdón.

No sé cúantos ejemplares despachará esta novela, si serán 200 o 2000, si será un fracaso o un éxito (eso ya es cosa de Miguel y de la Editorial Candaya). Este libro lo he cogido de la biblioteca, así que en ese cómputo quedo fuera, pero si ya van por la segunda edición, señal de que el libro vende.

La lectura de Autopsia me ha dejado apático, ni me ha entusiasmado, ni me ha parecido una novela aborrecible, quedándome en un término medio. He encontrado algunas cosas que me han gustado por la forma que tiene Miguel de narrar determinadas situaciones, pero otras muchas me han parecido planas y prescindibles. Creo que para hacer una autopsia en vida de Miguel, o para eviscerar el pasado, 400 páginas son demasiadas, por mucho que la narración fragmentada en el espacio y en el tiempo, hagan la lectura más digerible. Además mi interés ha ido de más a menos. La primera parte me pareció intensa, el resto no tanto.

Eso sí, el manejo que Miguel Serrano Larraz hace de los paréntesis es notable (de auténtico maestro, diría), si bien, tampoco entiendo que haya Ninguna necesidad en el uso y abuso de tanto signo de puntuación (como este punto y final).

Próxima parada | La sustancia interior (Lorenzo Silva, 1996)

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Antonio Orejudo

Fabulosas narraciones por historias (Antonio Orejudo 1996)

Antonio Orejudo
Círculo de Lectores
2007
431 páginas

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto leyendo un libro.

Antonio Orejudo (Madrid, 1963) publicó en 1996 esta novela, Fabulosas narraciones por historias, con 33 años. La edad me parece relevante porque Orejudo tiene en mente una novela ambiciosa, no solo en extensión, más de cuatrocientas páginas, sino en recorrido. Es de largo aliento.

La novela reúne a un puñado de persones históricos tales como Juan Ramón Jiménez, Ramon Gómez de la Serna, José Ortega y Gasset, Unamuno, Lorca, entre otros muchos, en el marco de la Residencia de Estudiantes, a comienzos de los años 20 del siglo pasado. Una Residencia entendida como un «proyecto pedagógico, moderno y europeizante«.

Ante esas vacas sagradas de la literatura y el pensamiento, se encuentran en la Residencia una panda de estudiantes subversivos y exaltados que tratan de dinamitar la realidad y a quienes la habitan.

De todos los personajes que pueblan la novela, hay un trío que se lleva la palma.

Por un lado tenemos a Patricio Cordero, Patric, sobrino de Pereda (el escritor) cuyo único objetivo es publicar su novela, Los Beatles. Lo tiene complicado porque todos se niegan a prologarla y también de paso, a publicarla. Esto le lleva por el camino de la amargura, ante la imposibilidad de realizar su sueño de convertirse en escritor.
A su vera, Santos, un paleto que vive entre cerdos, que deja su aldea, se muda a la capital y tiene a Patric como modelo, de quien bebe y se empapa, puliendo sus modos, culturizándose en mayor o menor medida.
El trío lo completa Martiniano, a quien le falta un ojo, burro como un arado, anarquista hasta las trancas, irreverente en grado sumo, amigo de la violencia, desmesurado y excesivo, que gracias a todas estas virtudes, nos ofrece cuando aperece en escena, las que me parecen las mejores páginas de la novela.

Entre medias una revista, La Pasión. En ella, los lectores confiesan sus devaneos sexuales de todo tipo: desde relaciones incestuosas, escarceos con mujeres mayores e incluso actos de canibalismo. Si los relatos son tronchantes, las réplicas ya son la monda, de la mano y pluma del Dr. Moore, quien lejos de juzgar o criticar actos para muchos deleznables, opta siempre por dar por bueno todo cuanto le cuentan, reformulando incluso el canibalismo como un acto de amor. Orejudo es grande, su mente poderosa.

Parte de los discursos de los personajes de la novela son réplicas de textos de Gasset, que también aparecen en la novela. Obras tales como La España invertebrada o La deshumanización del arte. Un Gasset que se convierte en la novela en objeto de burla, tachándolo de mujeriego, aristocrático, vanidoso, todo un dechado de virtudes, a quien le van a a la zaga Azorín, cuya brutalidad sufrirá su sobrino Martiniano, a quien dejará ciego de un correazo o Unamuno, muy pagado de sí mismo, a quien le gusta mucho disertar pero poco o nada dialogar.

Antonio Orejudo
Antonio Orejudo

La novela, como retrato de la sociedad burguesa de esos años da cuenta también de las tertulias que se llevan a cabo en los Cafés, del empeño por parte de los tertulios de atraer a las mismas a gente de relumbrón, de los temas la mayoría de las veces banales que se tratan en ellas, devenidas en mentideros, donde una mitad despelleja a la otra mitad, no presente en la tertulia. Tertulias, donde por obra y gracia (mucha gracia) de Orejudo brilla un humor que deslumbra.

En la Residencia de Estudiantes el presunto proyecto pedagógico es un campo de batalla entre bandos enfrentados, luchas de poder encarnizadas, donde los jóvenes residentes verán premiada la asistencia a las conferencias de excelsos personajes como Gasset, Unamuno o Juan Ramón Jiménez, con mejores sustanciales en sus notas. Conferencias que daran pie para otros tantos momentos hilarantes.

Sin poder acotar en estos párrafos el argumento expansivo y torrencial de la novela, queda bien plasmado lo que siente un escritor como Patric al querer publicar una novela, cuales son sus ansias y sus desvelos ante un objetivo que le hará orillar todo cuanto le rodea, amigos también. El empeño de otros, como Santos, de tener un referente, un modelo, como a Patric. El nihilismo de Martiniano, convertido en carne de cañón desde su infancia. Los tejemanejes de la aristocracia y las clases pudientes, como el mecenas Leo Babenberg y el concepto que estos tienen del arte. Las cabezas pensantes, sean literatos o filósofos, hermanados en su vanidad, bien pagados de sí mismos.

Finalmente, la novela supera los años veinte, y en los años 30, La Guerra Civil como un torrente enloquecido, dejando dos orillas, entre un río de sangre. Y ya en las posguerra, vemos los escombros humanos de los pocos personajes que han sobrevivido, no sólo a la guerra, sino a la batalla final: el paso del tiempo.

Antonio Orejudo perpetra una obra monumental y ambiciosa en la que derrocha talento, ingenio, inventiva, donde se gasta un humor corrosivo, capaz de sostener una novela de 431 páginas sobre un prosa potente, musculada, proteica, expansiva, burlesca, que permite divertirte, aprender, reflexionar y descojonarte, todo junto y a la vez, con estas fabulosas narraciones que nos hace pasar por Historia

He leído otras cosas de Orejudo (Ventajas de viajar en tren y Un momento de descanso) y me han gustado muchísimo menos que esta novela que merece la pena, y mucho, leer, pero ya.

Próxima estación: Autopsia (Miguel Serrano Larraz)

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Alberto Olmos
2012
Editorial La Uña Rota

Pose (Alberto Olmos 2012)

Alberto Olmos
Ediciones La Uña Rota
2012
134 páginas

Alberto Olmos (Segovia, 1975) publicó Pose en la editorial Segoviana La Uña Rota en el año 2012.

La novela recoge la estancia de Olmos en Japón y luego en México (en la Feria del libro de Guadalajara). En Japón estuvo el escritor en 2005, en México en 2010. Más allá de que ambas historias transcurran fuera de Segovia y de España y sean un flujo incesante de naderías, poco más tienen en común dentro de este díptico.

Como si se trataran de unos descartes de su muy recomendable novela Trenes Hacia Tokio, Olmos nos ofrece 59 páginas de su paso por el país nipón. Como Olmos se confiesa un mal turista, su mirada y por tanto sus reflexiones se dirigen a lo epidérmico, a saber: hebillas de pantalón, pieles que se erizan al contacto con la yema del dedo, paquetes cárnicos que se inflan descontrolados ante el empuje del deseo, la frontera donde una media femenina nubla el entendimiento masculino. Ese tipo de cosas.
Olmos no obstante se muestra comedido y lo más bizarro a lo que osa es a echar fotos a la entrepierna de una comensal mientras comen todos juntos a ras de suelo en un restaurante.

El protagonista de la historia es un profesor que imparte clases en varios idiomas: A, B, C a diferentes chicas B, K, H. y a mí este tipo de escritura donde uno se muestra tan perezoso me parece una P.M.

Al final de este relato nipón el protagonista juguetea con la idea de clavarse un cuchillo. Se lo piensa mejor y gracias a Dios, el mejor escritor segoviano nacido en el 75, regresa a España, lo cual le permitirá en el futuro seguir publicando novelas, fichar por el grupo Mondadori y darse un rulo por México, acudiendo a la Feria del Libro de Guadalajara en 2010.

Alberto Omos
Alberto Olmos

Que Olmos sea un mal turista tiene un pase, que muestre tan poco aprecio por su lectores, no.

Su periplo por Guadalajara son 63 páginas, que al tiempo que a uno le dan ganas de dejar de leer (esto no lo conseguirá ni Olmos ni escritores mucho peores), me surge la siguiente reflexión: ¿en qué piensan ciertas editoriales cuando publican paquetes como este?.

El protagonista de este relato mexicano es Alb, Alberto Olmos, narrando en tercera persona. Yo creía que así cogería distancia, que el relato sería emocionante, vibrante, chocarrero, explosivo, gamberro. Nada de esto hay.

Olmos va con la idea de no montar un pollo y ese personaje canalla que se montó en internet (Vilas dixit), sólo tiene, parece ser, sentido allí, en las nubes virtuales, porque al natural, viendo (o leyendo) lo que fue su pas(e)o por la Feria, no puede ser el hombre Alberto/Alb, más modorro, sosainas, comedido y aburrido.

Como Olmos es escritor, o al menos escribe libros y supongo que vivirá de esto de escribir, comienza su relato mentando a otros escritores. El primer afortunado es Juan José Millas que también fue a la Feria y viajó en primera clase. Alb lo hizo en segunda.

En la Feria se entera de que a Rafael Reig le han dado un premio los de Tusquets y al final consiguen ambos fundirse en un abrazo en los servicios. En una tertulia con otros escritores castellano leoneses (Esquivias, Abellá, Vallecillo, Conejo, Cuevas) no le canta las cuarenta al moderador, cuando bien se merecía un rapapolvo, mantiene también conversaciones con otros escritores que se reducen a un simple hola y adiós, compra y regala libros a sus lectores y a su regreso a poco se va el avión a buscar las llaves al fondo del mar. ¿Por qué cuando el personaje de una novela está en el interior de un avión hablar de la pantallita en la cual se ve a un avión chiquitín avanzando a paso de tortuga, es ya un lugar común, tanto como hablar del tiempo, o como ver a CR7 sin camiseta?

El final es feliz, y Alb regresa a Madrid sano y salvo.

Si Olmos algún día quiere ser como Gamoneda o como Juan José Millás debe aplicarse mucho más. Para alguien como Olmos que se lo ha leído todo, es un delito contra la humanidad, mejor, contra el lector (como yo que leo sus libros), convertir esta «novela» en un Elogio de la sandez y dejar que una editorial, aunque sea segoviana te la publique.

Alberto Omos en devaneos.

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Alberto Olmos
Editorial Mondadori
2014

Alabanza (Alberto Olmos 2014)

Alberto Olmos
Mondadori
2014
376 páginas

Año 2019. La literatura tal como se conocía ha dejado de existir, ha muerto, o agoniza. Juas.
Esto es una trola como una casa. Nunca dejará de haber personas interesadas por la lectura (en cualquier formato) y gente dispuesta a escribir (bien o mal) historias.

El protagonista es Sebastian, escritor, que se va a un pueblo castellano a pasar unos meses con su novia, con la que lleva diez años saliendo y entrando (en ella), con la idea de escribir allí un libro de relatos que versarán sobre sus amadas: todas esas mujeres en cuyo coño, él, Sebastian, ha metido su polla. Y hasta que no escriba algo, no saldrá de la casa en la que se enclaustra, mientras que Claudia, su novia, se va por ahí de paseo, por las calles del pueblo, aburriéndose un rato, cultivando el huerto en sus ratos libres, disfrutando de la vida plácida y relajada que le brinda el entorno rural.

Sebastian se mira el ombligo, hasta llegar a su polla y hace hablar a ésta, para que nosotros lectores sepamos las mujeres con las que Sebastián ha ido copulando durante todos estos años, al tiempo que se ve bloqueado, sin que le salga nada decente de su pluma, sin poder siquiera emborronar esos cinco mil folios en blanco, testigos mudos de su incapacidad para escribir (ya que Olmos habla de Walser, podía Sebastian decantarse por los microgramas y hacer un favor al medio ambiente). Hay que decir que Sebastián publicó un libro que vendió mucho, un best seller y que ahora quiere escribir algo bueno de verdad, alta literatura y sobre el proceso de crear es sobre lo que el libro abunda, aburre y encalla.

Sebastian piensa con la polla y Olmos se explaya con su metafísica sexual.

Luego le pasaba a su novia dormida el glande por los labios, que se iban abriendo forzada e inconscientemente mientras él introducía poco a poco su verga. Solía despertarse, Diana, enseguida y mirar a Sebastian desde la confusión y la sorpresa. Él ya se había subido los calzoncillos y el pantalón del pijama, y se hacía el tonto -a fin de cuentas, era insomne-.

Diana no practicaba el sexo oral, ése era el tema, y a Sebastian le parecía entonces muy triste considerar que, si como parecía intuirse, iba a estar con esa mujer el resto de su vida, nunca más le iban a chupar la polla. (página 95)

Ya en la pagina 100 el libro es la polla. Olmos nos brinda un microensayo sobre este órgano sexual. Luego un poco después el libro ya va de culo. Mejor, de culos.

A nuestro protagonista le va mas una felación que una relación. Una mamada más que una llamada. Esas cosas.

Leo después un puñado de páginas sobre naderías sexuales, donde me entran ganas de mandar el libro a tomar por el saco y si hay pollas y culos y no coños digo yo que será porque ya se ocupó de ellos en un libro de relatos hace tiempo el ínclito Don Juan Manuel de Prada.

El texto a estas alturas no me dice nada. Pero sigo. Hete aquí un lector masoca.

El relato se vuelve después seminal, cuando Sebastian reflexiona acerca de lo que le supuso que una de sus novias tras hacerle una mamada se tragara su semen tan alegremente, al comprobar que no era para tanto el ver como alguien se bebía su lechada como si se tratara de una cocada. Con el semen aún en los labios, Sebastian aborda luego el asunto de la identidad sexual virtual, sobre qué pasaría si subiera a la red las fotos que atesora de sus novias practicándole toda ellas sexo oral. Será porque Sebastian es un tío de principios. Y de finales, habida cuenta su reguero de mamadas.

Decir que esa novela en ciernes de Sebastian debiera llamarse Las Mamadas, no las Amadas, pues hay mucho sexo y poco amor.

Claudia pasados cuatro días está ya atacada por no tener sexo y lo que es mucho peor por no tener conexión a Internet (al no poder enseñar sus pechos dorados por el sol a una legión de pajilleros que echan de menos sus carnes virtuales), al quedar al margen de ese mundo virtual al que ahora entiende que no puede renunciar. Más allá de averiguar algo sobre quién quemó una de las iglesias del pueblo, persiguiendo a las viudas negras del pueblo y hacer alguna compra a un señor que vende productos en un camión, Claudia se aburre como una ostra de 38 años y su tedio se transfiere al lector sin el menor esfuerzo.

Pienso en abandonar, pero sigo y concluyo la primera parte. Y sigo con la segunda.

Sebastian sale finalmente de casa yendo de bruces al pasado, tres décadas atrás. Vuelven los recuerdos de mocedad. Sebastian antes era Miguel y éste le cuenta las cosas que le pasaron, mientras camina, reconociendo las calles y vísceras de su pueblo. Olmos nos ofrece entonces su particular momento «Yo fui a EGB«, con «Los cien momentos que no te puedes perder de la vida de Miguel/Sebastian». A los nacidos a mediados de los 70, lo que leemos nos suena: Plastic, los videoclips, Transvision Vamp, «Hago chas y aparezco a tu lado», los Sugus, el Ajax, «Cuanta puta y yo que viejo», las pajillas, el tontolpueblo, el dar los buenos días a todo Cristo, los partidos de futbol, de baloncesto, los dientes mellados, las primeras lecturas, el desflore vocacional laboral (ser escritor), etc.

Después de tanta polla, tanto culo y tanto semen acumulados durante la primera parte del libro, leer algo de esta índole resulta cuando menos relajante, lenitivo. De ahí a que empatice con lo leído y vivido y que conozco de primera mano, hay un trecho, para mí insalvable. No cabe la nostalgia cuando uno va por la vida sin cristal retrovisor en la mirada y además todo lo escrito en esas páginas parece escrito para participar en un Pasapalabra de los 90 o para echar un partida de Trivial Pursuit.

A medida que Sebastian/Miguel recuerda, rememora, necesitará dar salida a todo aquello que borbotea en su cerebro y hacer partícipe a Claudia de su pasado, de su origen rural, de sus trabajos menestrales antes de convertirse en un escritor de éxito, del motivo por el que se encuentran en ese pueblo, no por casualidad, no porque fuera el único
que encontraron donde no había internet, como cree Claudia.

Tercera parte:

¿Necesitamos conocer todo y al detalle sobre la vida de nuestra pareja para amarla?. ¿O es mejor no saberlo todo y que cada uno cuente lo que crea necesario?. Eso va a gustos. Hay quien considera que su pareja es algo parecido a una largatija que hay que diseccionar con el bisturí de la palabra, eviscerando el pasado ajeno sin miramientos, y quien cree que es mejor que cada cual arroje luz sobre lo que crea conveniente y se guarde para sí, su pasado y sus recuerdos.

Sebastian decide sacar sus fantasmas a pasear y los fija por escrito para que su amada Claudia sepa algo del pasado de su amorcito. Entre medias, Sebastian/Miguel incorporan al trío a Olmos y así son Miguel/Sebastian/Olmos y es este último quien nos muestra lo más rastrero de la dura profesión de escribir y ahí el libro se pone pesado a más no poder. A Olmos hay ciertas cosas que le interesan y a mí me soporizan. Los que nos hemos leído sus reseñas y artículos lo sabemos.

Sebastian nos cuenta su periplo para publicar sus cuentos en una editorial pequeña, su insatisfación por no alcanzar la fama y por sus ventas ridículas de unos cientos de ejemplares, luego el paso a otra editorial más importante conociendo a su oráculo literario, El Editor, los odios y rencillas con otros escritores y escritoras para ver quien lo tiene más grande (el ego), la importancia que tienen los blogs literarios como este (así que mucho ojete, majetes) para hundir o propulsionar a la fama a ciertos autores, lo importante que es ser de izquierdas al escribir, porque sino no te comes un colín, lo que se folla siendo un escritor de éxito, la incapacidad de los jóvenes para escribir novelas largas, etc.

Alberto Olmos con pelo
Alberto Olmos con pelo y A bordo del naufragio

Cuando Olmos ya ha dicho lo que tenía que decir sobre el mundo editorial que tan bien conoce y sobre los teleoperadores (a lo que ya dedicaba un espacio en su novela en El talento de los demás) -por cierto Olmos ¿qué se siente publicando en ese monstruo editorial llamado Random House Mondadori?- entonces vuelve al monotema: el sexo.
Resulta que a Claudia y a Sebastian les gusta darse libertad y acaban haciendo unos cuantos tríos sexuales.

Sebastian acaba contándole a su amada que está escribiendo un libro sobre todas las mujeres con las que ha tenido sexo y como colofón le ofrece un relato de su vida antes de conocerse.

Los lectores sabremos entonces quién es la viuda negra quemaiglesias, cúal es el secreto que guarda Sebastian y por qué quería dejar su pueblo y ser otro a toda costa. Toda una ristra de misterios ikerjimenezianos los que serán desvelados.

Fin.