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Antonio Orejudo

Fabulosas narraciones por historias (Antonio Orejudo 1996)

Antonio Orejudo
Círculo de Lectores
2007
431 páginas

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto leyendo un libro.

Antonio Orejudo (Madrid, 1963) publicó en 1996 esta novela, Fabulosas narraciones por historias, con 33 años. La edad me parece relevante porque Orejudo tiene en mente una novela ambiciosa, no solo en extensión, más de cuatrocientas páginas, sino en recorrido. Es de largo aliento.

La novela reúne a un puñado de persones históricos tales como Juan Ramón Jiménez, Ramon Gómez de la Serna, José Ortega y Gasset, Unamuno, Lorca, entre otros muchos, en el marco de la Residencia de Estudiantes, a comienzos de los años 20 del siglo pasado. Una Residencia entendida como un “proyecto pedagógico, moderno y europeizante“.

Ante esas vacas sagradas de la literatura y el pensamiento, se encuentran en la Residencia una panda de estudiantes subversivos y exaltados que tratan de dinamitar la realidad y a quienes la habitan.

De todos los personajes que pueblan la novela, hay un trío que se lleva la palma.

Por un lado tenemos a Patricio Cordero, Patric, sobrino de Pereda (el escritor) cuyo único objetivo es publicar su novela, Los Beatles. Lo tiene complicado porque todos se niegan a prologarla y también de paso, a publicarla. Esto le lleva por el camino de la amargura, ante la imposibilidad de realizar su sueño de convertirse en escritor.
A su vera, Santos, un paleto que vive entre cerdos, que deja su aldea, se muda a la capital y tiene a Patric como modelo, de quien bebe y se empapa, puliendo sus modos, culturizándose en mayor o menor medida.
El trío lo completa Martiniano, a quien le falta un ojo, burro como un arado, anarquista hasta las trancas, irreverente en grado sumo, amigo de la violencia, desmesurado y excesivo, que gracias a todas estas virtudes, nos ofrece cuando aperece en escena, las que me parecen las mejores páginas de la novela.

Entre medias una revista, La Pasión. En ella, los lectores confiesan sus devaneos sexuales de todo tipo: desde relaciones incestuosas, escarceos con mujeres mayores e incluso actos de canibalismo. Si los relatos son tronchantes, las réplicas ya son la monda, de la mano y pluma del Dr. Moore, quien lejos de juzgar o criticar actos para muchos deleznables, opta siempre por dar por bueno todo cuanto le cuentan, reformulando incluso el canibalismo como un acto de amor. Orejudo es grande, su mente poderosa.

Parte de los discursos de los personajes de la novela son réplicas de textos de Gasset, que también aparecen en la novela. Obras tales como La España invertebrada o La deshumanización del arte. Un Gasset que se convierte en la novela en objeto de burla, tachándolo de mujeriego, aristocrático, vanidoso, todo un dechado de virtudes, a quien le van a a la zaga Azorín, cuya brutalidad sufrirá su sobrino Martiniano, a quien dejará ciego de un correazo o Unamuno, muy pagado de sí mismo, a quien le gusta mucho disertar pero poco o nada dialogar.

Antonio Orejudo
Antonio Orejudo

La novela, como retrato de la sociedad burguesa de esos años da cuenta también de las tertulias que se llevan a cabo en los Cafés, del empeño por parte de los tertulios de atraer a las mismas a gente de relumbrón, de los temas la mayoría de las veces banales que se tratan en ellas, devenidas en mentideros, donde una mitad despelleja a la otra mitad, no presente en la tertulia. Tertulias, donde por obra y gracia (mucha gracia) de Orejudo brilla un humor que deslumbra.

En la Residencia de Estudiantes el presunto proyecto pedagógico es un campo de batalla entre bandos enfrentados, luchas de poder encarnizadas, donde los jóvenes residentes verán premiada la asistencia a las conferencias de excelsos personajes como Gasset, Unamuno o Juan Ramón Jiménez, con mejores sustanciales en sus notas. Conferencias que daran pie para otros tantos momentos hilarantes.

Sin poder acotar en estos párrafos el argumento expansivo y torrencial de la novela, queda bien plasmado lo que siente un escritor como Patric al querer publicar una novela, cuales son sus ansias y sus desvelos ante un objetivo que le hará orillar todo cuanto le rodea, amigos también. El empeño de otros, como Santos, de tener un referente, un modelo, como a Patric. El nihilismo de Martiniano, convertido en carne de cañón desde su infancia. Los tejemanejes de la aristocracia y las clases pudientes, como el mecenas Leo Babenberg y el concepto que estos tienen del arte. Las cabezas pensantes, sean literatos o filósofos, hermanados en su vanidad, bien pagados de sí mismos.

Finalmente, la novela supera los años veinte, y en los años 30, La Guerra Civil como un torrente enloquecido, dejando dos orillas, entre un río de sangre. Y ya en las posguerra, vemos los escombros humanos de los pocos personajes que han sobrevivido, no sólo a la guerra, sino a la batalla final: el paso del tiempo.

Antonio Orejudo perpetra una obra monumental y ambiciosa en la que derrocha talento, ingenio, inventiva, donde se gasta un humor corrosivo, capaz de sostener una novela de 431 páginas sobre un prosa potente, musculada, proteica, expansiva, burlesca, que permite divertirte, aprender, reflexionar y descojonarte, todo junto y a la vez, con estas fabulosas narraciones que nos hace pasar por Historia

He leído otras cosas de Orejudo (Ventajas de viajar en tren y Un momento de descanso) y me han gustado muchísimo menos que esta novela que merece la pena, y mucho, leer, pero ya.

Próxima estación: Autopsia (Miguel Serrano Larraz)

Lo inhóspito de Gonzalo Torné de la Guardia 2007

Lo inhóspito (Gonzalo Torné de la Guardia 2007)


Gonzalo Torné
Círculo de Lectores
2007
257 páginas

¿Cuándo llegamos?. El que tenga hijos pequeños y los lleve en los asientos de detrás, en coche durante una travesía, oirá esta pregunta con frecuencia.
A mí, leyendo este libro, el primero que publicó Gonzalo Torné, (entonces todavía De la Guardia) me ha sucedido algo similar. No entendía como un libro de 257 páginas me resultaba tan díficil y farragoso de leer. Algunas páginas incluso me vi en la obligación de leerlas en voz alta, con la vana intención de que de esta manera mi cerebro lograra asimilar en mejor medida lo leído.
La prosa de de Torné en este libro es algo parecido a llevar puesto una prenda gore-tex mientras lees. Así lo que lees, resbala sobre la piel, sin dejar la menor huella.

Con la última novela de Gonzalo Torné, la magnífica Divorcio en el aire, estuve colocado (sus páginas fueron una droga dura durante un puñado de días), con esta, sin embargo, me siento descolocado.

Comienza el libro narrando la muerte un filósofo sueco, Gunnar Helsengor. Despúes vienen unos relatos donde cabe de todo y finalmente una entrevista que Gunnar concedió a su traductor, quizá la persona que mejor conocía su obra.

En el último tramo de libro, Gunnar se defiende de quienes le atacan diciendo que no tiene nada qué decir, que sus libros eran hueros, inanes, vacíos. Ahí Torné parece que se convierte en la voz de Gunnar, porque a su libro se le podrían acharar los mismos males que a la obra de Gunnar, y en concreto a su libro, El tiempo y el movimiento, pero parece no importarle mucho a Gunnar-Torné que no haya una historia que contar, o que rematar, que no sean evidentes las costuras de la trama, que no sea defendible una relato amputado, que su prosa trascienda más allá de los convecionalismos, de lo tradicional, para inscribirse en algo diferente. Como ese arte pictórico en el cual no vemos más que manchurrones sobre un lienzo blanco, cierta literatura pobría buscar la misma analogía, encontrar la belleza, la verdad, en lo seccionado, en lo inconcreto, en ese término medio entre el proemio y el epílogo, en esa tierra de nadie, en la que se libra la existencia. Y esta clase de ejercicios le encantarían a Vila-Matas y a Javier Avilés, ya que Gunnar se pregunta para qué escribir, qué sentido tiene, y cómo escribir, si esto no resulta una tarea estéril cuando se demuestra la imposibilidad de narrar y reflexiones similares..

Además, si a Gunnar le reconocen sus detractores más ingenio que talento, creo que aquí Torne acredita ambas cosas, pero con baja intensidad, un leve escorzo, y es sin embargo con Divorcio en el aire, donde todas esas ideas y reflexiones, cristalizan, donde Gonzalo logra adensar sus pensamientos y engrasarlos con una prosa briosa, vigorosa, portentosa, en una obra donde el talento y el ingenio del autor catalán se hermanan y confunden, alcanzando ese estado gracia, que quizá no se repita más.

Ahora, mi duda es si meterme de lleno con Hilos de Sangre (un título inevitable dado que la palabra “hilos” siempre está muy presente en la obra de Torné), que reposa, ya vencido sobre mi mesilla, o bien ventilar las estancias de mi cerebro con lecturas de otro pelo.

Gonzalo Torné en Devaneos | Divorcio en el aire