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Gredos

Edipo Rey (Sófocles)

Esta tragedia de Sófocles (que vivió !90 años!), se centra en Edipo, padre de Antígona, al cual como es de esperar en una tragedia Sofoclea, le sucederán toda clase de penalidades. Edipo, rey de Tebas se entera por un oráculo que es él el responsable de las penurias y de la situación que atraviesa la ciudad. Al igual que en Antígona, como hacía Tiresias con Creonte, aquí, el adivino -sin orillar la verdad- hace lo propio con Edipo y le informa de que es él el culpable de todo, pues mató a Layo, el anterior rey (a quien ya le habían enterado que si tenía un hijo, éste le mataría, así que tras una buena cogorza, y después de acostarse con Yocasta y tener un churumbel, deciden apartarlo de ellos y dárselo a un pastor -tras atravesarle los pies con unas fíbulas- para que lo mate, cosa que el pastor no hace, de tal modo que el bebé cae en manos del rey Pólibo de Corinto, y pasa a ser Οἰδίπους o Edipo «el de los pies hinchados»), y se casó luego con la esposa de este, con Yocasta -hermana de Creonte-, que es su madre, aunque él entonces no lo sepa. Una vez que Edipo se entera de que como decía el oráculo, él mato a su padre, vestido este de forma informal, lo que impidió reconocerle su autoridad, y que ha cometido incesto con su madre, teniendo hijas que son a su vez hijas y hermanas suyas, decide reventarse las pupilas y quedar ciego, para luego desterrarse.

Para colmo de males, cuando Yocasta se entera de que Edipo es su hijo, atormentada por su relación incestuosa decide ahorcarse en su lecho conyugal. Más tarde, en otra tragedia Sofoclea, Edipo en Colono (ciudad natal de Sófocles), veremos a Edipo vagando acompañado de su hija Antígona, un Edipo a quienes los dioses le concederán vida inmortal y poder, pero esto lo comentaremos en otra ocasión.

Como comentaba Carlos García Gual en La muerte de los héroes, en lo referido a Edipo, nos cuenta que ya en la Odisea, aparecía Yocasta, llamada aquí Epicasta, y Ulises cuenta que en su visita al Hades, allí estaba Yocasta, donde refiere que se casó con su hijo por ignorancia, que luego se ahorcó en un lazo corredizo en su propio dormitorio, dominada por la angustia.

Parricidio, matricidio, infanticidio, incesto, suicidio, destierro… Sí, amigos, la Tragedia griega era esto.

Edipo Rey, como Antígona o Medea, son tragedias que se representan en los teatros una y otra vez.

Editorial Gredos. 2010. 160 páginas. Traducción de Assela Alamillo Sanz.

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Crimen y castigo (Fiódor Dostoievski)

Decía Rafael Sánchez-Ferlosio respecto de Crimen y castigo que a pesar de los estupendos diálogos con el juez no pasaba de ser un mediocre folletón, no como Lord Jim, que según él era una obra maestra, porque en esta última funcionaba exclusivamente la moral de Lord Jim y sólo él era responsable y agente de su propia redención, mientras que en Crimen y castigo, la redención de Raskólnikov, es algo a todas luces querido y dirigido por Dostoievski.

Dicho esto, esta novela, deseaba leerla hacía años, y no se me ocurrió otra mejor para despedir el año pasado y comenzar este.

Dostoievski abunda en la introspección, entrando en la mente de un asesino, Raskólnikov, que lo es por partida doble, y sobre ese acto trágico, luego viene el deshojar la margarita: me entrego, no me entrego, me pillarán, no me pillarán y así se nos van casi 700 páginas, donde la maestría de Fiódor, logra mantener la tensión, el suspense, con una prosa muy potente, incendiaria, delirante y febril, entre otros muchos epítetos que podemos emplear.

Más allá de desmadejar el porvenir de Raskólnikov, siempre pendiente de un hilo que se devana, se narran otras historias folletinescas, que no carecen de interés y que le permiten a Fiódor abordar con humor y mordacidad un sinfín de temas que nos permiten conocer mejor la sociedad rusa de mediados del siglo XIX.

Como dice Ferlosio, en su final, el personaje busca la redención, llevar su propia cruz, recorrer su particular calvario, y creo que ahí la historia decae algo, hasta un final que me parece un rompe y rasga con todo lo anterior y que no me acaba de convencer, a pesar de lo cual, es una de las mejores novelas que he tenido la suerte de leer.

El año pasado se cumplieron 150 años de la publicación de Crimen y Castigo y este artículo de Jaime Fernández es de lo mejor que he leído sobre la novela.

Penguin Clásicos. 2015. 752 páginas. Traducción de Rafael Cansinos Assens

Frantz

Frantz (François Ozon)

Estamos acostumbrados a ver en la pantalla grande conflictos bélicos que muy espectacularmente muestran su cara más brutal, toda la destrucción y muerte que generan. Lo que no es tan habitual es que un soldado, que ha combatido en la Primera Guerra Mundial, en el bando francés, se desplace hasta un pueblo alemán, con el único propósito de obtener el perdón de los padres de un soldado alemán al que mató en una trinchera, en ese momento en el que no matar, implica morir.

Sobre este acontecimiento reflexiona Ozon con profundidad, y la película resulta conmovedora (con una gran interpretación de Paula Beer), y crítica, pues el padre del soldado alemán, sabe que en la guerra todos pierden algo, y que la muerte de los soldados enemigos -jóvenes de la edad de sus hijos- aunque sea motivo de celebración para los vencedores, no deja de ser una bajada a los infiernos, que toda guerra trunca algo.

La narración juega con el suspense y si enseguida descubrimos que las cosas no son como creemos, en un terreno abonado de equívocos, y mentiras piadosas, el sorprendente final, tampoco es un final al uso y deja un regusto amargo, una sensación de impotencia, de imposibilidad.

Platón

Gorgias (Platón)

Sin duda leer los Diálogos de Platón (Atenas, 427 – 347 a. C.), ambientados en Atenas, siempre resulta una tarea estimulante y enriquecedora, pues en palabras de Carlos Gual son estos diálogos un género literario sutil, potente y embacaudor. En Gorgias lo que se discute es el valor que tiene la retórica. Para Platón, que habla por boca de Sócrates, no tiene ninguno. Sócrates ve la retórica como una cháchara que emplean los políticos para lisonjear al pueblo, diciéndole lo que este quiere oír y no lo que debe oír, lo que conllevaría un correctivo la mayoría de las veces, pero que permitiría a los mandamases obrar cambios positivos en los ciudadanos; una mejora que tiene que ver con una mayor justicia, que siempre es la meta, el objetivo a cumplir.

Sea que Sócrates se enfrenta dialéctica y teatralmente -pues como afirma José Luís Pardo los Diálogos de Platón son una teatralizacion de la vida de Sócrates- con Polos, Callicles y Gorgias y los tres cojean de lo mismo, los tres se pliegan a los poderosos y ven bien, conveniente y oportuno el empleo de la retórica para persuadir a las masas, aunque la causa que se persigue no sea noble. Resulta muy interesante lo que Sócrates dice sobre esas juventudes que si quieren medrar deben plegarse a las consignas del partido -aquí se habla de tiranos-, expresada en estos términos:

Si alguno de los jóvenes de esta ciudad se dijese: ¿de qué manera podré alcanzar un gran poder que me ponga al abrigo de cualquier injusticia? El camino que hay que seguir para conseguirlo me parece que es el acostumbrarse desde bien temprano a tener los mismos gustos y las mismas aversiones que el tirano y esforzarse en lograr parecérsele lo más posible. ¿No te parece?. Sigue leyendo