Platón

Gorgias (Platón)

Sin duda leer los Diálogos de Platón (Atenas, 427 – 347 a. C.), ambientados en Atenas, siempre resulta una tarea estimulante y enriquecedora, pues en palabras de Carlos Gual son estos diálogos un género literario sutil, potente y embacaudor. En Gorgias lo que se discute es el valor que tiene la retórica. Para Platón, que habla por boca de Sócrates, no tiene ninguno. Sócrates ve la retórica como una cháchara que emplean los políticos para lisonjear al pueblo, diciéndole lo que este quiere oír y no lo que debe oír, lo que conllevaría un correctivo la mayoría de las veces, pero que permitiría a los mandamases obrar cambios positivos en los ciudadanos; una mejora que tiene que ver con una mayor justicia, que siempre es la meta, el objetivo a cumplir.

Sea que Sócrates se enfrenta dialéctica y teatralmente -pues como afirma José Luís Pardo los Diálogos de Platón son una teatralizacion de la vida de Sócrates- con Polos, Callicles y Gorgias y los tres cojean de lo mismo, los tres se pliegan a los poderosos y ven bien, conveniente y oportuno el empleo de la retórica para persuadir a las masas, aunque la causa que se persigue no sea noble. Resulta muy interesante lo que Sócrates dice sobre esas juventudes que si quieren medrar deben plegarse a las consignas del partido -aquí se habla de tiranos-, expresada en estos términos:

Si alguno de los jóvenes de esta ciudad se dijese: ¿de qué manera podré alcanzar un gran poder que me ponga al abrigo de cualquier injusticia? El camino que hay que seguir para conseguirlo me parece que es el acostumbrarse desde bien temprano a tener los mismos gustos y las mismas aversiones que el tirano y esforzarse en lograr parecérsele lo más posible. ¿No te parece?.

La pregunta sobre la que erige todo el discurso es si es peor soportar un injusticia o cometerla. Sócrates cree que es menos malo lo primero-y lo dice de buena tinta porque sufriría la injusticia, pagando con su vida, como bien queda recogido en Fedón-. Los otros tres prefieren causar un daño a soportarlo. Esa pregunta le lleva a Sócrates a tratar de persuadir a sus interlocutores y a reflexionar sobre lo que es bueno, y malo, sobre el dolor y el placer, sobre la injusticia, la justicia y la decencia, pues Sócrates apuesta por una vida decorosa, íntegra, por ser un hombre de bien -al margen de las prácticas licenciosas y de una vida que abunde en la molicie-, tanto en lo público como en la esfera privada, siempre con la mente puesta en ser alguien justo.

Lo que decía Sócrates ya resultaba chocante hace dos milenios a sus contertulios -tal que aquellos con los que debatía se reían de él, de su idealismo, de ese mundo justo que anhelaba-. Hoy también. Lo bueno de estas reflexiones es que siguen vigentes y a día de hoy por ejemplo cuando leemos la prensa cultural constatamos el lisonjeo, la adulación constante -y como dice César Rendueles en esta entrevistaEn los periódicos hay cosas que salen en las páginas de Cultura cuando deberían salir en las de Consumo“, vemos en televisión a tertulianos parlotear de todo sin saber de nada, vemos a políticos que quieren medrar, mantener su poder, y para ello se miente, se pacta, se falsea la realidad, se cometen injusticias que su retórica tratará de maquillar.
Vemos que políticos como Trump que encarnan muchas cosas y ninguna buena, con mucha propaganda retórica ha conseguido los votos necesarios para ser el Presidente del país más poderoso del mundo. No está entre sus planes lograr un mundo mejor, más justo, más humano, pero todo eso a la hora de votar no importa. Trump es de los que piensa también que es menos malo cometer una injusticia-o un millón- que soportarla.

En el instituto, al estudiar la historia de Grecia, nos ponían a Pericles como ejemplo de buen político, sin embargo, lo que dice Sócrates de él, no es muy favorable.

Conferencia De Francisco Rodríguez Adrados sobre Sócrates vía Fundación Juan March

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