Archivo de la categoría: Elvira Valgañón

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Luna cornata (Elvira Valgañon)

En 2007 Elvira Valgañón (Logroño, 1977) publicó Luna Cornata en la editorial AMG (Alfonso Martínez Galilea), editorial hoy extinta. De la autora ya había comentado aquí su última novela, Invierno que me causó una muy grata sensación.

Luna Cornata, la primera novela de Elvira, se ambienta en Dublín en donde una pareja encuentra su particular ligamen en su pergeñar biografías a quienes aparecen en las fotografías que ambos coleccionan, buscan y compran en librerías de viejo. De esta manera, la narración presentista, los flaneamientos de la pareja por Dublín, su deambular por calles, locales, bares de la ciudad irlandesa se alternará con reiterados saltos al pasado, a mediados del siglo XIX.

Presente la fotografía, su nacimiento, la primera data de 1826, obra de Nicéphore Niépce, aunque el nombre que todos recordamos es el de Louis Daguerre, hete ahí los daguerrotipos. La fotografía que sucedió a la pintura, sin suicidarla, capturando el instante, gracias al cloruro de plata, también conocido como luna cornata, que da título a la novela, viene a ser el trasunto de la literatura que obra lo propio, actuando la imaginación como el compuesto químico capaz de fijar imágenes en el papel impreso, creando, en una precipitación en cadena, personajes los cuales a su vez fantasean y crean a su vez otras historias ajenas, con una gracia, sutileza y juego de seducción (o emoción flamígera) como al que sucumben Daniel y Ella, que parecen ser, ya desde sus albores, las señas de identidad en la escritura de la autora.

AMG editor. 2007. 112 páginas

www.devaneos.com

Invierno (Elvira Valgañón)

La nieve no quiere decir nada: Es sólo una pregunta que
deja caer millones de signos de interrogación sobre el
mundo.

José Emilio Pacheco

Elvira Valgañón (Logroño, 1977) valida con su novela Invierno aquello de menos es más y en apenas 136 páginas arma un potente y emocionante relato polifónico que va desde 1809 a 1965, donde se suceden las guerras -la napoleónica, la de filipinas y la guerra civil española- los amores consumados y consumidos por la ausencia, los exilios y los retornos, los funerales y los adioses, ante unos asustacuervos que principian y clausuran la novela y los cuales nos dirían muchas cosas -si hablasen- del paisaje y paisanaje de Cerveda, donde transcurren todos estos avatares, en parajes fríos y nevados que tanto añorará Lamperna, en sus lances bélicos por Filipinas, que junto a Benildo forman una pareja muy entrañable, que me trae en mientes otra, la formada por Manuel y Montenegro de la estupenda novela de Ernesto Pérez Zuñiga No cantaremos en tierra de extraños.

Elvira crea y sostiene a sus personajes con muy pocos trazos, ya sean Coloma, Fermín, Luis o Basilio, hace un muy buen uso de las elipsis, va encalando los intersticios de la historia de Cerveda, drenando con su prosa sucinta, estilosa y precisa el pasado, que como el deshielo primaveral irá anegando y afirmando el presente.

Conviene, si se puede, leer el libro del tirón. Buscar tres horas de paz y sosiego para disfrutar de la lectura tan intensamente como se merece, dado que esta breve novela de Elvira creo que logra deshacerte y deshojarte, por muy témpano y perenne que uno se piense.

Pepitas de calabaza. 2018. 136 páginas