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La lección de anatomía (Marta Sanz 2008)

Lección de anatomía portada libro
Marta Sanz
Editorial RBA
Año: 2008
301 páginas

Marta Sanz no se esconde detrás de unos personajes de ficción en esta novela titulada La lección de anatomía que publicó en 2008, a sus 40 años. Quizá porque los cuarenta sean esa tierra de nadie o de todo, donde uno toma conciencia de que de todo comienza ya a hacer mucho tiempo, de que los recuerdos se empolvan y acumulan y sin darnos cuenta, las historias vividas son ya casi batallitas en nuestras bocas, es un buen momento entonces, los cuarenta, el ecuador existencial (si hacemos caso de las estadísticas sobre la esperanza de vida) para hacer balance de esas distintas etapas que jalonan nuestra existencia.

En una vida sin altercados emocionales, sin desgarros vitales, sin tropezones irremediables, al abrigo de una familia que te acoge mima y quiere, en unas instituciones educativas en las que Marta no fracasará y en las cuales irá sumando titulaciones (estudios de primaria, de secundaria, bachillerato, COU, Selectividad, Licenciatura, Doctorado..) y unas relaciones de pareja donde encontrará amor más que otra cosa, la autobiografía de Marta Sanz, a la que todo le ha ido, si nos atenemos a lo leído, siempre de cara, podría resultar burguesa, ñoña, autocomplaciente y aburrida hasta decir basta. Sin embargo, a pesar de las reticencias que tuve en las páginas iniciales por su tono contenido y solemne, como si la autora no tuviera muy claro que cariz darle a su historia personal (tenía en mente mientras la leía novelas similares que había leído recientemente como la Javier Pérez Andujar, Los Príncipes Valientes y el repaso de sus andanzas escolares o la Naturaleza Infiel de Cristina Grande con una entrada en la edad adulta plagada de relaciones amorosas), a medida que vamos avanzando la historia va cogiendo consistencia y entidad.

Me maravillo con la capacidad y buena memoria que tiene Marta Sanz para poner por escrito lo que uno siente y experimenta cuando tiene 8, 10, 12 o 16 años y subsiguientes, dado que a menudo, al menos en mi caso, recuerdo a ciertos compañeros de pupitre que tuve en el colegio durante la EGB o cuando hice COU, también anécdotas varias sobre el profesorado que nos contamos los de la cuadrilla cuando el alcohol sube a nuestras pupilas una y otra vez, para una y otra vez descojonarnos (es cierto, repetimos una y otra vez lo que tiene o nos hace gracia), pero de ahí a ser capaz de rememorar esos años de una manera tan diáfana, clara, precisa, lúcida e inteligente hay un buen trecho.

Ese espacio en blanco embutido de memoria y desmemoria, de recuerdos y olvido es sobre el que Marta arrojará luz con su buena memoria y el buen hacer de su oficio como escritora, para armar su memoria con recuerdos, unos tristes, otros alegres, en sus años escolares, en el instituto, en la Universidad, su debut laboral, la manifestación del deseo sexual, las pérdidas familiares, todo ello impregnado de melancolía, de añoranza. O al menos con esos ojos he leído estas páginas, al darme cuenta de todo lo que voy dejando atrás. Además, como el libro es autobiográfico incluso la ciudad de Benidorm es una protagonista más de la historia.

Con la novela de Marta Sanz me he emocionado, pues toca la fibra sensible y le pone a uno sin darse cuenta en la obligación de echar la vista atrás, de ver el camino recorrido y los otros caminos desdeñados: afectivos, laborales, etc… y eso nos lleva a pensar en otras opciones no consumadas, en otras vidas no vividas, en otras experiencias que no fueron tales, o incluso como hace la autora en apostar por afianzar y asumir lo que somos, ese pasado remoto capitalizado en presente continuo y ponerlo por escrito para disfrutar (nosotros) con su alma desnuda, la de Marta Sanz.

Ikura ML Modesto Lafuente Comida Japonesa en Madrid

Finalmente he cumplido mi sueño de acudir a un restaurante Japonés (en Logroño lo más parecido es un Teppanyaki sito en la Gran Vía), el Ikura ML. La experiencia resultó muy satisfactoria. Cada uno de los platos, o mejor dicho, bocaditos, que formaban parte del menú estaban a cual mejor. Un estallido de sabores que iban aflorando al paladar a medida que lo ibas ingiriendo.
En resumen, una auténtica maravilla. Al ser primerizos y así hacerlo saber a la camarera que nos atendía, nos ofrecieron una versión más light, menos purista, con menos sushi o alimentos crudos, y casi todo llevaba un golpe de soplete. Las fotos creo que hablan por sí solas. Las veo y me dan ganas de recenar. Tras comer en el Ikura ML, me dan ganas de seguir profundizando en la cocina nipona.

Restaurante Ikura ML
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Las ilusiones (Jonás Trueba 2013)

Las ilusiones Jonás Trueba portada libro Editorial Periférica
Jonás Trueba
2013
Editorial Periférica
63 páginas

Durante la última Feria del Libro, le preguntaron a Enrique Vila-Matas acerca de las novelas actuales que le habían gustado. Citó, entre otras, Las ilusiones, de Jonás Trueba. He visto su película, Los ilusos (sí, copia el título del libro de Rafael Azcona) y a pesar de reconocer la valentía de Jonás por ir contracorriente, esto se queda en agua de borrajas, si esa deriva no nos lleva a arribar en playas vírgenes.

Los ilusos está rodada en blanco y negro, con pocos diálogos, algunas citas de escritores (declamando un texto de Chusé Izuel), sin argumento (o el argumento consiste en que no haya argumento), con jóvenes que quieren llevar a cabo el rodaje de una película, donde todo está fragmentado, apenas sin hilvanar (quizá porque el director te da las piezas, como en IKEA, para que cada espectador se monte en su mente su propia película, post-visionado). A mí la película de Jonás no me rozó lo más mínimo. La vi ilusionado y acabé desilusionado.

En su película, Jonás reflexiona sobre qué es el cine, a dónde nos lleva la modernidad, constatando como van cerrando poco a poco todos esos cines históricos en Madrid, situación extrapolable al resto del país y muestra a un equipo de rodaje detrás de su sueño de rodar una película, con pocos medios y sin ningún tipo de apoyo económico (la película creo que se ha estrenado en filmotecas, lugares como Matadero en Madrid y alguna plataforma como filmin). Personajes que vagan sin rumbo, mientras caminan, beben, trabajan, duermen, copulan, buscan trabajo, leen libros, acuden a librerías-cafeterias, hasta que todo comienza a articularse sobre eso tan manido llamado amor y las relaciones parejiles que lo hacen todo posible.

Las ilusiones es el libro en el que Jonás Trueba plasma sobre el papel las vísceras de ese proyecto fílmico. Ahí surgen algunas de las ideas que luego veremos en la película, como la escena rodada desde la Plaza Mayor donde se ve a tres jóvenes en la distancia, como figuras de Lego, atravesando la plaza, o la escena de la compra de un libro sobre el suicidio, o el desayuno post-coito, etc. Jóvenes que viven de los padres o de trabajos mal pagados, para quienes su tiempo libre es de alguna forma su trabajo (esto lo dice Jonás en su libro).

Hay unas cuantas citas y mucha literatura en el libro (Juarroz, Camus, Izuel, Ribeyro, etc.), se nombran a escritores, guionistas y directores. Se menta a esos jóvenes que dejaron el cine para buscarse la vida en cualquier otra cosa pero que siempre sueñan con poder volver y ponerse frente a una cámara.

Si a Vila-Matas le ha gustado este libro creo que es porque contiene dos conceptos clave: la imposibilidad (sea de narrar, de filmar, de vivir) y La Muerte del Cine.

Si un director como Clint Eastwood me hablara de la Muerte del Cine lo vería lógico (aunque no sea más que por el hecho de que uno puede asociar la próxima muerte personal de un director octogenario con su proyección fílimica). Si quien nos habla y diserta sobre La Muerte del Cine, es un joven de 32 años, que ha rodado dos películas, pienso o bien que Jonás es un Iluminado o que tiene las cosas demasiado claras, lo cual resultaría todavía más peligroso que lo anterior.

El libro, dicho todo lo anterior lo he leído con agrado y deleite (a lo cual ha contribuido sin lugar a dudas haber visto la película y a pesar de que la misma no me gusto). Jonás es un joven inteligente que tiene algunas cosas que decir y que las dice o filma cámara o pluma en ristre.

El problema de todo esto es que a mí ciertas tendencias artísticas me resultan poses. Cuando uno opta por lo fragmentario, por la no estructura, el no guión, por darle más importancia a lo que va antes y después de una escena, a lo que se cuece antes y despúes de un rodaje, a aquello que siempre queda fuera de campo en una película, a filmar árboles, nubes, paredes, rostros estáticos, a mostrar a personajes de los cuales no nos importan lo que dicen, sino verlos gesticular y ciertas acciones que van por esta senda, mi interés decrece a marchas aceleradas. Puede haber ciertos destellos, pero yo quiero fogonazos, sostenidos en el tiempo, ya sean libros o películas.

Alma (Javier Moreno 2011)

Lengua de Trapo Javier Moreno 2011 Critica
Javier Moreno
Lengua de Trapo
2011
140 páginas

Alma es el tercer libro que he leído de Javier Moreno, después de Click y 2020. A estas alturas Javier Moreno es casi como un primo lejano.

Los mejores libros, los más realistas, son aquellos en los que alguien ha pasado un borrador por ellos hasta hacer desaparecer la trama.

Una obra que trata de la verdad y dice la verdad no puede ser una obra literaria. Con ello el escritor mostraría su desprecio por la literatura, una actividad a la que renunciaría voluntariamente por encontrarla huera, superflua, caduca. La trama es un vestigio forense, una herencia del discurso con el que el asesino pretendía exculparse o con el que el jurado buscaba condenar al presunto culpable.

En nuestro interior viven inquilinos de los que apenas sabemos nada. Escribir es una manera de darles voz, de hacer que se manifiesten.

Texturas de está índole va despachando Javier Moreno a lo largo de su novela.

Las novelas que me gustan me entristece envilecerlas, enturbiarlas con una opinión. Las novelas que no me gustan me da pereza vilipendiarlas. Hete ahí el dilema.

Como me pasó con la lectura de Click, en Alma he encontrado destellos, fogonazos, que se suman a lo largo de toda la obra.

No hay argumento. No hay trama. ¿De qué va Alma?. Ni idea. ¿Qué es un alma?. Ni idea.. El autor, en los párrafos de libro transcritos arriba, ya hace una declaración de intenciones respecto al valor de un argumento o una trama.

El narrador se nos muestra, nos habla de él, del mundo que lo rodea, un celofán que rasga con el estilete de su pluma, para saciar la curiosidad. Todos queremos saber qué hay al otro lado. La realidad es poco creíble. De ahí el éxito de la ficción.

En Alma hay cine. Kubrick, Como ser John Malkovich, Hanecke, Charlie Kaufman, La Historia de la Humanidad en unos pocos fotogramas.
En Alma hay escritores y poesía: Borges, Aira, Ashbery, Marías…
En Alma hay humor y ciencia. Tablas periódicas, electrones, ecuaciones, números primos, incógnitas, galaxias.

Cada página en Alma es un universo.
El libro puede ser leído comenzando en cualquier página.
A su vez, el libro puede ser abandonado en cualquier página.
No hay principio, no hay final, sólo un durante de 140 páginas. Las últimas cuarenta las leí en un ambulatorio mientras esperaba que fuera mi turno. Una hora y media de espera que dio sus frutos. Los pacientes, lo eran. Miraban la pared, al techo, contaban baldosas, se perdían en las pantallas líquidas de sus móviles. Yo, acabé el libro.

La distancia entre la genialidad y la bufonada es mínima.

Dejemos a Moreno haciendo equilibrismo sobre el vacío, a varios cientos de metros de altura, escribiendo aforismos en las nubes, liando porros con el polvo de las estrellas, buscando iluminarnos con esa luz que ya se extinguió. Tal vez, la humanidad, también sea ya sólo un reflejo, una ficción, una compañía de teatro en busca de guionista.

Javier Moreno en devaneos | Click | Alma | 2020

Ben Lerner (Saliendo de la estación de Atocha 2013)

Ben Lerner Saliendo de la estación de Atocha portada libro
Ben Lerner
Editorial Mondadori
2013
193 páginas

Mirando la solapa del libro, parece que esta novela ha gustado bastante a los americanos. Ahí aparece nada menos que Jonathan Franzen, diciendo que la novela de Ben Lerner es hilarante e inteligente. El caso es que yo no soy americano, tampoco soy Franzen y la novela me ha gustado lo justo, por los pelos.

La portada del libro es bonita, alegre, gozosa, esa portada que al verla te lleva sin remisión a un día de junio en Madrid, cuando atiza el calor y uno fantasea con paliar la sed en cualquier cervecería de la Plaza Santa Ana, rodeado de amigos, entre risas, con mujeres que anhelan un revolcón, mientras te fumas la vida entre porros, ajeno a todo, como si el estado natural, recomendable, del ser humano fuera el de turista con posibles. Algo así, es lo que pasa a Adam, nuestro protagonista, un veinteañero poeta americano, que durante un añito estará por Madrid, disfrutando de una beca, antes de regresarse a los Estados Unidos.

Adam exprimirá las ubres de la vida a base de bien. Entre sus porros, sus pastillas, sus poemas, sus polvos en el Ritz, los viajes, sus homenajes gastronómicos en Zalacaín, irá viendo pasar los meses del calendario, asistiendo incluso a momentos históricos, como el atentado del 11-M en Atocha, conociendo y relacionándose con otros jóvenes de clase bien, apurando el presente y la vista puesta en un regreso con fecha de caducidad.

Está visto que a los Americanos las andanzas de otro americano dicharachero, juguetón, con buena pluma, como Adam, por España (como México, pero más seguro), país al que más de la mitad de los americanos no serían hoy en día capaces de sitúar en el mapa, les resultará un souvenir literario de lo más jocoso. Además de Madrid, el protagonista llevará a sus lectores a hacer turismo hasta Toledo, irá a Granada, donde no verá la Alhambra, irá a Barcelona, donde La Sagrada Familia le parecerá algo horroroso y paseará por el Barrio Gótico y Las Ramblas (se perderá Adam en la ciudad condal sin verse capacitado para regresar por su cuenta al Hotel, igual que le sucede a uno de los protagonistas de la infumable A Roma con amor, en la ciudad eterna), y todos estas idas y venidas harán la historia más llevadera, sin aligerarla de su superficialidad.

Adam se nos vende como un fraude o finge serlo, como finge ser poeta (o un mal poeta), como finge despreciar la cultura Española, nada interesado, a pesar de ser poeta, en conocer a otros poetas Españoles (vivos o muertos) más allá de los icónicos Lorca y Miguel Hernández, como finge ser capaz de despachar su estancia de un año en España con dos frases, al tiempo que reconozca que su estancia en la ciudad madrileña es o será maravillosa.

En esa tensión es en la que se mueve y bascula toda la novela, en esa actitud vital reducida a una pose, a un fingimiento, a aparentar lo que no se es, ese quiero y no puedo, ese momento en el que las costuras de la realidad se resienten y es momento de tomar decisiones, acerca del trabajo, de las relaciones de pareja, de esos Grandes Asuntos, que marcan y dan forma a las vidas adultas.

Que no se tome el protagonista demasiado en serio, asuma ese rol patético y se nos muestre como un fraude, le da ligereza a la novela y la hace más digerible y menos solemne.

Ser testigo de la vida regalada que lleva a Adam, por estos lares (esta piel de toro), en estos momentos (ante una Crisis que parece interminable, aunque la novela esté ambientada en 2004), lejos de balsamizar al personal sufriente creo que lo soliviantará más que otra cosa. Y que vaya por delante, o por detrás en este caso, que yo a los turistas americanos los odio lo normal.