A quien le guste el grupo navarro Marea, a Kutxi Romero lo conocerán sobradamente. El cantante del grupo además de cantar con Marea ha colaborado en estos últimos quince años con más de cien grupos que han solicitado su presencia. Allí ha ido el Kutxi a poner su voz cazallera.
De todas esas colaboraciones, Kutxi ha seleccionado las treinta que más le han gustado. Y su compañía, warner music, ha editado un disco doble, con 15 canciones por CD.
Que te guste Marea no quiere decir que te tengan porque gustar ninguno de los 30 grupos con los que ha colaborado Kutxi y que componen este disco doble.
Mis favoritas son las que canta con Albertucho (Piltrafilla), Carlos Chaouen (Corazón), Forraje (La torre de tus lamentos), La fuga (Los lunes de octubre), Reincidentes (Romance de las piedras), Porretas (Última generación) y Motxila 21 (No somos distintos).
Hacía tres años que no me compraba un cedé. El último, por cierto, fue de Marea.
Ayer, 11 de Mayo en el Palacio de los Deportes, en mi ciudad de Logroño, asistí al I Festival Palax. Palax, es una cerveza riojana que acaban de lanzar recientemente al mercado. En el botellín de cerveza no se hace mención alguna a su origen riojano, pero la fabrican en Nalda. Esta cerveza es tan riojana como el vino o nuestro aceite. Una cerveza, la Palax, que dicho sea de paso, está muy lograda. Tiene cuerpo y un agradable sabor afrutado.
Las puertas las abrieron a las 20.30 h. A esas horas estábamos cuatro gatos en las gradas, y un par de personas delante del escenario sentados, cogiendo sitio.
Este Festival recogía un monólogo de humor a cargo de Ernesto Sevilla, la actuación de una concursante del programa La Voz, Maika Barbero, una actuación de un grupo integrado en su mayor parte por discapacitados, Motxila21 junto a Marea y como fin de fiesta, El Drogas, ex de Barricada que sigue en pie de guerra, a sus años.
Ernesto Sevilla se plantó en el escenario y logró hacernos reír, soltando por su boca, un buen montón de burradas de todo tipo. Su humor chanante o bien te descoyunta la mandíbula o se te queda un careto que parece que te han empalado. Ernesto no dejó títere con cabeza. Empezó haciendo chascarrillos sobre el muñeco-Rajoy, le dio un buen repaso a la capilaridad de la Pantoja a la falta de inteligencia de Paquirrín (monóculo en 3D), a las adiciones de Marichalar y los tiros que se da Froilán, al carterista Urdangarín, a Maria Teresa Campos, en un apartado acerca de esos humanos que parecen animales puestos de pie. Ernesto hizo la gracia sobre las relaciones necrófilas, sí, follar con muertas, o con mujeres tan pasivas que lo parecían, sobre acostarse con caballos, o con mujeres que tienen su misma cara-quijada, Sarah Jessica Parker, por ejemplo.
Sobre las tendencias que nos vienen de Estados Unidos, como el blanqueamiento anal, los estragos de la adolescencia, espacio en el que el cerebro humano solo alberga un pensamiento: folllar. Y potar en el coche camino de la costa con la familia, y oír las coñas marineras sobre su hermana, cuando se queda bizca, sobre aquel amigo que se depiló las cejas pelo a pelo y nunca ligaba porque se corregía ese erial cárnico con corrector y la gente pensaba que tenía unos cambios de humor muy bruscos. Chascarillos surrealistas y delirantes no aptos para todos los estómagos, ni sensibilidades.
Ernesto tiene su gracia, a pesar de todo. En línea con lo que fue su monólogo, acabó su actuación, con dos espectadores sobre el escenario que le ayudaron en los chorus a cantar ese temazo titulado «Hijo de puta«. Sí, hay que decirlo más. En fin…
Después de Ernesto, subieron al escenario y lo ocuparon en su totalidad los navarros Motxila 21, junto a Kutxi y otros miembros de Marea y El Drogas. El grupo Motxila 21, entre sus 21 componentes hay 12 chicos y chicas con síndrome de down (y otros 9 voluntarios con otro tipo de síndrome según nos refirió su vocalista), lo cual no les impide apasionarse con la música y tocar distintos instrumentos: tambores y saxofones. El lider del grupo hablaba inglés, vasco y castellano y le gustaba mucho la pelota, así que se nombró al de Tricio, Titín. Y tocaron unos cuantos temas. Uno con El Drogas y otro con el Kutxi. Me gustó ver a un grupo de personas superando sus límites, los que a menudo les imponemos los demás. Las canciones eran en euskera. Para alguien, como el menda, que apenas sabe cuatro palabras en esta lengua como esternokleidomastoideo, chacolí o chapela, me limité a disfrutar de la música, que no de las letras.
Me hubiera gustado haber escuchado algún tema más de Kutxi y su voz cazallera. Como reclamo, en la foto, ver en el cartel al Kutxi Romero, surtió efecto. El Kutxi en su canción hablo de Emilio López, de Navarrete, el Rey de La Rioja.
He puesto un vídeo de Motxila 21 y El drogas. No tiene mucha calidad pero es lo que da de sí mi móvil.
Y de regalito otro vídeo. La canción, No somos distintos, que Kutxi Romero, el mejor letrista de este país (basta para confirmar esto escuchar temas como Corazón de mimbre, Pan duro, Los mismos clavos, Viento de poniente, Ciudad de los gitanos..), junto a Joaquín Sabina, cantó con los Motxila 21. Además Kutxi Romero publicó el día 14 de mayo un disco titulado «Aquí huele a Romero«, donde Kutxi selecciona treinta canciones, colaboraciones que ha realizado con otros grupos, que han reclamado su presencia a lo largo de estos quince años. Si en estas canciones Kutxi ha aportado su voz, con Motxila 21 es el único grupo, con el que además de voz ha compuesto la música. Ahí es nada.
Después de Motxila 21, le llegaría al turno a Maika Barbero. Maika no es un triunfita. Ella vino de La Voz, programa televisivo que nunca he visto, y tiene un vozarrón. De momento se dedica a hacer versiones sobre música enlatada. Cantó temas de U2, Bon Jovi, Scorpions, The Queen, Bonnie Tyler, entre otros. Y nos presentó un single de su cosecha, En tus manos. El cual ha sido posible gracias a Melendi, nos contó. Maika tiene voz pero le faltan tablas. Uno flipó con semejante voz, escuchando como imita temas míticos, pero ahí queda la cosa. O sacas un disco con letras propias y le das tu impronta, deviniendo un artista singular o te conviertes a la voz de ya en otro triunfito o vocecilla venida a menos en cuatro días y si no al tiempo.
Finalmente El Drogas apareció sobre el escenario. De Barricada conozco unos cuantos temas de mi época juvenil. Del Drogas en solitario apenas conocía ningún tema y cuando éste llevaba ya unos cincuenta minutos sobre el escenario, de pie, a cuatro patas, o reptando, porque al Drogas meterse de todo, le ha dado la elasticidad de un mimbre que se cimbrea y el andar serpenteante de una boa constrictor, me levanté y me fui para mi casa, mientras las tres jóvenes de delante y los dos de al lado se fumaban su cigarrito tranquilamente. Porque aunque parece ser que está prohibido fumar en el Palacio de los deportes, sin ser una plaza de toros, todo el mundo se saltaba la prohibición (y ese Estado Policial, que mencionaba El Drogas en uno de sus ladrillazos) a las torera. No sé si Kutxi saldría a tocar algún tema con El Drogas, En tu agujero por ejemplo. Los que aguntastéis hasta al final que me lo cuenten, si os place, poniendo un comentario.
La entrada costaba 15 euros. Una amiga me la consiguió por 12 euros en un portal de internet. Y durante el concierto en una de las pausas, vimos que en otro portal de descuentos, la vendían por 9,95 €.
Que la crisis está haciendo estragos es un hecho. En Logroño cada día vemos comercios que se ven abocados a echar el cierre. En Calvo Sotelo, una de las calles peatonales y comerciales por excelencia, próxima a la Gran Vía y que forma parte del Paseo de las Cien Tiendas, presenta un aspecto desolador. Tratándose de un domingo aún tiene un pase. Pero caminar por esta calle un día de diario te barrena el ánimo.
Ayer, camino del Café Continental, en apenas cien metros, constaté como los locales cerrados se amontonan, se suceden, uno al lado del otro. En un espacio tan reducido, contabilicé 12 negocios cerrados.
No sé los que sumarán en total en calles próximas como Doctores Castroviejo, Juan XXIII, Ciriaco Garrido o Hernán Cortés, pero quizá haya que cambiar el nombre del Paseo para renombrarlo como el Paseo de las Cien Tiendas Cerradas.
Mirando la solapa del libro, parece que esta novela ha gustado bastante a los americanos. Ahí aparece nada menos que Jonathan Franzen, diciendo que la novela de Ben Lerner es hilarante e inteligente. El caso es que yo no soy americano, tampoco soy Franzen y la novela me ha gustado lo justo, por los pelos.
La portada del libro es bonita, alegre, gozosa, esa portada que al verla te lleva sin remisión a un día de junio en Madrid, cuando atiza el calor y uno fantasea con paliar la sed en cualquier cervecería de la Plaza Santa Ana, rodeado de amigos, entre risas, con mujeres que anhelan un revolcón, mientras te fumas la vida entre porros, ajeno a todo, como si el estado natural, recomendable, del ser humano fuera el de turista con posibles. Algo así, es lo que pasa a Adam, nuestro protagonista, un veinteañero poeta americano, que durante un añito estará por Madrid, disfrutando de una beca, antes de regresarse a los Estados Unidos.
Adam exprimirá las ubres de la vida a base de bien. Entre sus porros, sus pastillas, sus poemas, sus polvos en el Ritz, los viajes, sus homenajes gastronómicos en Zalacaín, irá viendo pasar los meses del calendario, asistiendo incluso a momentos históricos, como el atentado del 11-M en Atocha, conociendo y relacionándose con otros jóvenes de clase bien, apurando el presente y la vista puesta en un regreso con fecha de caducidad.
Está visto que a los Americanos las andanzas de otro americano dicharachero, juguetón, con buena pluma, como Adam, por España (como México, pero más seguro), país al que más de la mitad de los americanos no serían hoy en día capaces de sitúar en el mapa, les resultará un souvenir literario de lo más jocoso. Además de Madrid, el protagonista llevará a sus lectores a hacer turismo hasta Toledo, irá a Granada, donde no verá la Alhambra, irá a Barcelona, donde La Sagrada Familia le parecerá algo horroroso y paseará por el Barrio Gótico y Las Ramblas (se perderá Adam en la ciudad condal sin verse capacitado para regresar por su cuenta al Hotel, igual que le sucede a uno de los protagonistas de la infumable A Roma con amor, en la ciudad eterna), y todos estas idas y venidas harán la historia más llevadera, sin aligerarla de su superficialidad.
Adam se nos vende como un fraude o finge serlo, como finge ser poeta (o un mal poeta), como finge despreciar la cultura Española, nada interesado, a pesar de ser poeta, en conocer a otros poetas Españoles (vivos o muertos) más allá de los icónicos Lorca y Miguel Hernández, como finge ser capaz de despachar su estancia de un año en España con dos frases, al tiempo que reconozca que su estancia en la ciudad madrileña es o será maravillosa.
En esa tensión es en la que se mueve y bascula toda la novela, en esa actitud vital reducida a una pose, a un fingimiento, a aparentar lo que no se es, ese quiero y no puedo, ese momento en el que las costuras de la realidad se resienten y es momento de tomar decisiones, acerca del trabajo, de las relaciones de pareja, de esos Grandes Asuntos, que marcan y dan forma a las vidas adultas.
Que no se tome el protagonista demasiado en serio, asuma ese rol patético y se nos muestre como un fraude, le da ligereza a la novela y la hace más digerible y menos solemne.
Ser testigo de la vida regalada que lleva a Adam, por estos lares (esta piel de toro), en estos momentos (ante una Crisis que parece interminable, aunque la novela esté ambientada en 2004), lejos de balsamizar al personal sufriente creo que lo soliviantará más que otra cosa. Y que vaya por delante, o por detrás en este caso, que yo a los turistas americanos los odio lo normal.