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El alma de Valle Inclán

Siempre que El Brujo viene a Logroño,
si me es posible, acudo al Bretón. Ayer vino con su obra El alma de Valle Inclán bajo el brazo.
Obra que cuenta con una escenografía escueta: media docena de sillas y unas bombillas. Acompañado musicalmente por el maestro Javier Alejano (al mando del violín, pandero y acordeón). No le hace falta más al Brujo cuando lo que prima es la imaginación.

Aquí rinde El Brujo homenaje a Valle-Inclán, el de las luengas barbas. De toda su producción literaria, echa mano de una obra, Divinas palabras.

El Brujo es muy dado a la digresión (la obra duraba aproximadamente una hora y cuarenta minutos y se fue, para fortuna del espectador, a las dos horas y cuarto), y su hilo del pensamiento va y viene, y no quiere hablar de política, pero ahí se mentan Pedro Sánchez, Rajoy, Aznar, Aragonés, Irene Montero, Franco, y no quiere hablar de religión, pero ahí aparece Nathy Peluso y la que se ha montado en la catedral de Toledo, a cuenta de un videoclip rodado en su interior. Y todo esto atiende a un fin, ver cómo las cosas no han cambiado tanto, por eso creo que El brujo mete tantas cuñas de actualidad, y las relaciona con los textos pretéritos, aquí con las acotaciones a la obra Las divinas palabras, buscando ecos, resonancias, similitudes, rascando la superficie, invitando a la reflexión, auspiciada la casi desnuda puerta en escena por un humor apabullante, irreverente, opulento, proteico, que subyuga.

El Brujo encandila con su voz y su pensamiento, con su talento y su ingenio, con su naturaleza de artista, su imaginación desatada en el manejo sagaz de las luces y las sombras, lo divino y lo demoníaco, o lo humano y lo divino; apóstol siempre el insobornable El Brujo, de la libertad de pensamiento y espiritual, sino es acaso ésta la auténtica libertad. Así, sus textos lograron purificar, creo, con el crisol del esperpento, el almario de ayer noche.

Cada nueva obra de El Brujo es un auténtico gozo, un privilegio para el espectador.

Portada -- Muerto de risa

Muerto de risa (Francisco Hermoso de Mendoza)

Queridos amigos, ya está a la venta mi novela Muerto de risa, editada por la editorial Ápeiron Ediciones.

Ver cómo un manuscrito se convierte en un libro tienen algo de alquimia y de milagro.

La novela se puede comprar en papel en las librerías, Todostuslibros.com, Santos Ochoa en Logroño y también en Soria, Benidorm y Torrevieja (de momento), en La Casa del Libro, en Amazon y en la web de la editorial. Comprar aquí (la compra del libro en papel (12 euros) incluye también el eBook).

La novela está también disponible para su préstamo en la Biblioteca pública de La Rioja
Muerto de risa

y en la Biblioteca Municipal Rafael Azcona.

Muerto de risa (Francisco Hermoso de Mendoza)

– Reseña de Muerto de risa en Con VE de libro; por el escritor Juan Ramón Santos. (3/9/2021)

– Reseña de Muerto de Risa en el Cuchitril Literario por Juan Pablo Fuentes (07/05/2021)

Entrevista en Ápeiron Ediciones

– Un fragmento del Capítulo VIII

Releyendo los últimos capítulos, de carácter autobiográfico, de un yo exacerbado, consulto las palabras del ensayista centroeuropeo Louis Vicent, en las que nos alerta de los peligros de la autoficción, alumbradora por lo general de páginas sin estilo, ni ambición literaria, simplemente un desahogo, un descargo del peso del yo, una deposición, la mayoría de las veces. Autoficción con el aspecto de un siluro capaz de esquilmar y arrasar todo cuanto de bueno haya en las aguas (hasta entonces) claras y nutricias de los ríos literarios.

Muerto de risa en Santos Ochoa (Gran Vía)

Muerto de risa en la librería Santos Ochoa de la Gran Vía de Logroño

www.devaneos.com

Logroño en sus bares (Jorge Alacid)

© Alfredo Iglesias

© Alfredo Iglesias

Hay una escritura pegada al terruño. Leyendo Logroño en sus bares de Jorge Alacid (Logroño, 1962) creo que este es un libro que está muy ligado a la educación sentimental de los logroñeses y a la disposición sobre el mapa de su memoria (la propia de cada cual) de todos aquellos bares (de beber y de yantar), locales, pubs (La Granja, El Tívoli, El Ibiza, El Victoria, El Moderno, El Bretón…), que todos hemos frecuentado a lo largo de nuestra vida, alternando por la Laurel, la San Juan, Muro de la Mata, El Espolón, Marques de Vallejo, San Agustín, Portales, Ollerías, Sagasta, Bretón de los Herreros, Avenida Portugal, calle Chile, Fundición, Vitoria, Labradores, Saturnino Ulargui, Gil de Gárate, Jorge Vigón… Alacid me saca trece años, los suficientes para que yo no haya conocido algunos de los bares que se citan en su libro. Antes del Epílogo, en el capítulo titulado El mejor bar del mundo, al hablar del Capri dice: forasteros abstenerse. Es muy posible que alguien que no sea de Logroño y a pesar de que no conozca ninguno de los bares aquí citados, leyendo este libro (en el caso de que se animase a hacerlo) pueda extrapolar sensaciones y emociones parejas a las del autor y ligarlas con otros bares de su tierra, pueblo o ciudad, pues hay algunos capítulos como Bares del fin del mundo, en donde Jorge se traslada a la localidad soriana de Caracena, que cifran bien ese mundo que conocimos y que está al borde de la extinción, tanto como lo están los porrones ese utensilio hogaño desaparecido de casi todos los bares o las bodeguillas, ante el imperio homogeneizador de las franquicias. A veces el texto también se convierte en una suerte de arqueología urbanística, cuando nos habla por ejemplo Jorge acerca de la creación de la Travesía del Laurel, hace un siglo, que permitía el acceso a la Laurel desde la calle Bretón de los Herreros, a la altura del Blanco y Negro, quien le disputa al Achuri el ser el bar más antiguo de la Laurel. Y hablando de bares centenarios mentar el Gurugú (fundado en 1909) en la calle de los Yerros, en donde dictamina Jorge que Begoña despacha «gollerías» a su fiel clientela. También es necesario hablar de las terrazas y como bien dice el autor, las terrazas, al igual que las bicicletas, son para el verano. Nos habla también Jorge autor del caldo que servían en los bares para calentar la clientela sus cuerpos ateridos de frío y que servían entonces de balde. Y sirve a su vez este libro para rendir su particular homenaje a las personas que están detrás de la barras de los bares así como también a sus propietarios. Figuras como Nuria, Iturbe, Demetrio, María Luisa…

Para los que somos de aquí, leer acerca de estos bares, cafeterías (y también chocolaterías como Moreno) es oír a una voz contarte una parte significativa de tu vida, o mejor, como charlar con un amigo en la mesa de un bar, tirando del hilo de la memoria y si este libro se lo lees en voz alta a los seres queridos más mayores, amigos o familiares, verás un brillo especial en sus ojos, quizás la caricia de un recuerdo, el cosquilleo de las primeras veces, incluso la sombra de una pérdida, pero siempre y en todo caso todo fue la celebración de la vida, y lo será mientras esto dure, porque como escribiera el poeta: ha sido una hermosa pelea y aún lo es, porque estas fueron, y son, nuestras maneras de vivir, beber y sobrevivir.

Jorge Alacid escribió estos textos disponibles en la versión digital de La Rioja, desde el año 2012, y a los que puso fin en mayo del presente año con este epílogo. La editorial Los aciertos ediciones ha permitido que una selección de estas entradas virtuales las tengamos ahora disponibles en formato papel.