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El abismo verde (Manuel Moyano)

Manuel Moyano (Córdoba, 1963) con muy pocos elementos, a saber: un cura joven español que cada vez está menos convencido de su fe, conducido a Agaré, un poblado en el Amazonas, donde una papelera emplea a todos los hombres, mestizos de la zona, quienes gastan su jornal en alcohol; el empresario, un alemán orondo emparentado con una lugareña, que es la única mujer en todo el pueblo; la autoridad local, un especie de sheriff amorrado al laissez faire, que aconseja al cura que se meta en sus asuntos, lo cual traerá cola como se verá; unos seres femeninos misteriosos a quienes los mestizos, presos de la lujuria y de un porvenir muy limitado se entregan en sus correrías nocturnas e internamientos en la selva y que viene a ser como una ruleta rusa sexual; con estos elementos propios de las novelas de aventuras, otros fantásticos e incluso de índole moral en todo aquello que supone el día a día del cura que, camino de perder su fe, cada día tiene menos clara su misión de encarrilar a las almas perdidas, e incluso de si aquellos parroquianos emputecidos (que me recuerdan llegado el cenit sexual a aquellos de El entenado) llegan a tener alma o no y desplegando buenas dosis de humor, la narración irá creciendo en interés poco a poco, a ratos descolocándome, como cuando el Padrecito, haga aparecer en escena ora una lata de fabada, ora una lata de cocido madrileño, nos sitúa casi de repente ante un final abrupto que se abre ante nosotros como el abismo verde del título y donde buena parte de lo mucho conseguido se acaba despeñando, con los dos últimos capítulos, que a mi entender sobran y malogran una novela que en algún momento me recordaba la exuberancia narrativa de Lord Jim. Uno hablaba de muralla de bosques otro de dosel vegetal

Honoré Balzac

Tratado de los excitantes modernos (Honoré de Balzac)

Honoré de Balzac
Menoscuarto
84 páginas
2009
Traducción de Julio Baquero Cruz

Menoscuarto -con traducción de Julio Baquero Cruz- pone a nuestra disposición este minúsculo e hilarante ensayo de Honoré de Balzac, escrito en 1839 como un apéndice a la obra Fisiología del gusto de Brillat-Savarin.

Balzac diserta, con mucho humor, pero sustenándose en la ciencia, sobre sustancias relativamente recientes que han supuesto una maldición para la salud de la humanidad, a saber: el alcohol, el café, el tabaco, el té y el cacao.

A día de hoy -casi 200 años después de que Balzac escribiera su tratado- sabemos que el tabaco mata, como leemos en las cajetillas- lo que no impide su consumo, al tiempo que alimenta tanto al fisco como engorda el gasto público sanitario- sabemos que el alcohol aniquila tomado en grandes dosis y con regularidad; respecto al cacao, el té y el café, se toma hoy de manera tan moderada que no tiene un efecto considerable sobre la mortalidad.

Lo mejor del ensayo me resultan los jocosos chascarrillos que suelta Balzac, su comicidad, los ejemplos que emplea para armar sus argumentos, y cómo no, sus axiomas y también y por último timo ese espíritu paternalista que según él debe adoptar la política, toda vez que los pueblos son niños grandes y la política debería de ser su madre, entendida la alimentación pública como una parte de la política.