El arte de leer (W. H. Auden), Lumen, 2013, Traducción de Juan Antonio Montiel, Edición de Andreu Jaume.
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De una palabra a la otra: Los pasos contados (Octavio Paz)
Disfruté mucho con la semblanza que Bonald dedicó al poeta en su Examen de ingenios. Otro tanto con la relación epistolar que recoge Azúa en sus Nuevas lecturas compulsivas entre Pere Gimferrer y Octavio Paz. Azúa destaca la asombrosa actividad que desplegó para que sus libros llegaran hasta sus lectores: “Convencido de que el poema es un útil universal y benéfico, Paz no cejó ni un momento, nunca descansó en su cruzada: conferencias, congresos, artículos, traducciones, claves, simposios, y viajes y más viajes y más viajes, cientos, miles de viajes […]¡Qué inmensa fatiga debía de producirle esa imprescindible necesidad de explicar su poesía en el mundo entero¡ ¡Y qué admirable nos parece esa actitud frente a los remilgos y desdenes de los falsos malditos, de aquellos que se acomodan confortablemente en la incomprensión¡
El libro editado por Vaso Roto es una cucada, una virguería estética (consta de preciosas pinturas de Frederic Amat), pero no sólo es eso, pues hay chicha en estos ensayos mínimos de Octavio Paz, en los cuales da cuenta de aquellas lecturas y autores que le han marcado: Góngora, Lope de Vega, Quevedo, San Juan de la Cruz, Lugones, Darío, López Velarde, Blake, Coleridge, Pope, Nerval, Valéry, Goethe, Heine, y muchos otros.
Es cierto que esto de leer es siempre una travesía, y a medida que avanzamos lo que queda a nuestra espalda o frente a nosotros es algo parecido a una tela de araña, con múltiples nodos, donde una lectura nos lleva a otra, una palabra a la otra, un autor a otro, y a veces volvemos y releemos y comprobamos que nuestra experiencia, nuestro cara a cara con el libro, ha cambiado, ya sea a mejor o a peor.
Bellas palabras las que Paz dedica a la poesía, para él una segunda vida, conocimiento y autoconocimiento, que le permitió comprender a los hombres y mujeres mejor que la metafísica, o entender el significado real de la palabra semejanza.
Para Octavio Paz «Un gramo de poesía pesa más que una tonelada de retórica».
En el último ensayo Paz se lamenta de que en Latinoamérica sí se pueda hablar de buenos críticos literarios, pero no de pensamiento crítico, al no haber tenido allá por el siglo XVIII un equivalente a la Ilustración y a la filosofía crítica y ve indispensable la crítica: literaria, política, moral como una suerte de higiene social, una crítica que permita crear el espacio -físico, social y moral- donde se despliega el arte, la literatura y la política- un espacio que es deber de los escritores contribuir a construir.
La brevedad de los ensayos te deja con ganas de más.
Ecce homo (Friedrich Nietzsche)
La lectura de este libro supone mi primer acercamiento a la figura de Nietzsche, más allá de lo que en el instituto estudiamos, a la carrera, sobre su novela Así habló Zaratrusta y su superhombre, que dicho sea de paso, me cayó en la Selectividad.
Dice de sí mismo Nietzsche que él no es un hombre, es dinamita y el libro, sí, es incendiario.
Un libro este, breve pero intenso, donde en poco más de cien páginas Nietzsche nos habla de él, en unos términos que no eluden su ego desmedido. Basta ver cómo comienza cada capítulo: ¿Por qué soy tan inteligente?, ¿Por qué soy tan sabio? ¿Por qué escribo tan buenos libros?…
El libro resulta entrañable, sincero y visceral, cuando el autor nos habla de su hermana y de su madre. Las anécdotas sobre su hermana y la manera en la que ésta, vía censura, ha menoscabado la obra de Nietzsche es tan hilarante como trágica.
Habla Nietzsche de sus lecturas. Solo los autores franceses le gustan y arremete una y otra vez contra lo alemán, sea en lo social, como en lo cultural.
Da cuenta de su relación con Wagner y con la mujer de éste, Cósima (un libro que quiero leer sobre las cartas de Cosima a Nietzsche, es este. Arremete Nietzsche contra Schopenhauer, en la creencia de que la única filosofía buena es la suya.
Otros capítulos los dedica a dar más pistas sobre sus libros: Aurora, El crepúsculo de los Dioses, y en especial sobre Así habló Zaratrusta.
La posición del autor sobre las mujeres se explicita en estos términos: “Emancipación de la mujer”, esto representa el odio instintivo de la mujer mal constituida, es decir, incapaz de procrear, contra la mujer bien constituida – la lucha contra el “varón” no es nunca más que un medio, un pretexto, una táctica. Al elevarse a sí misma como “mujer en sí”, como “mujer superior”, como “mujer idealista”, quiere rebajar el nivel general de la mujer; ningún medio más seguro para esto que estudiar bachillerato, llevar pantalones y tener los derechos políticos del animal electoral. En el fondo las mujeres emancipadas son las anarquistas en el mundo de lo “eterno femenino”, las fracasadas, cuyo instinto más radical es la venganza… Todo un género del más maligno “idealismo” –que, por lo demás, también se da entre varones, por ejemplo en Henrik Ibsen, esa típica soltera vieja– tiene como meta envenenar la buena conciencia, lo que en el amor sexual es naturaleza…
Entiende Nietzsche la enfermedad como un regalo, como un destino.
Nos trata de hacer ver Nietzsche que sus libros no se leen, se sienten, se experimentan, aunque apenas nadie los comprenda. En definitiva, nos viene a decir, leerlos es una experiencia superior, un elevamiento, una vivencia.
Sin llegar a tanto, la lectura de este libro, sí que logra irritar y excitar el intelecto.
Leeré, dentro de unos meses, Así habló Zaratrusta, aprovechando la reedición que ha sacado al mercado Alianza Editorial.
Resumen de lecturas 2017
2017 ha sido un año de copiosas lecturas. Si a esto añadimos la cuidadosa selección llevada a cabo antes de proceder a las mismas y algunas recomendaciones ajenas muy atinadas, no es raro que el número de lecturas muy satisfactorias las cuente por decenas. Aunque también se han colado algunas lecturas nefastas como Henry y Cato (Iris Murdoch), El jardín colgante (Patrick White), Estanque (Claire-Luise Bennett) o Días entre estaciones (Steve Erickson).
No descubriría nada nuevo si hablase maravillas de clásicos indiscutibles como Cien años de soledad (Gabriel García Márquez), Las ilusiones perdidas (Honoré de Balzac), Fortunata y Jacinta (Benito Pérez Galdós), Los Maia (Eça de Queiroz) o La muerte de Ivan Ilich (León Tolstoi).
Las tragedias griegas de Esquilo, Eurípides y Sófocles, Crimen y Castigo (Fiodor Dostoievski) y Lord Jim (Joseph Conrad), las he disfrutado, pero no tanto como suponía, quizás por las altas expectativas creadas.
Otras novelas desconozco si ostentan hoy ya la categoría de obra maestra pero me parecen novelas sobresalientes, como Yo el supremo (Augusto Roa Bastos), Los detectives salvajes (Roberto Bolaño), Las puertas del paraíso (Jerzy Andrzejewski), Mortal y Rosa (Francisco Umbral), Mazurca para dos muertos (Camilo José Cela), El otro proceso de Kafka (Elias Canetti), Tiempo de silencio (Luis Martín-Santos), El gran momento de Mary Tribune (Juan García Hortelano) y Prosas apátridas (Julio Ramón Ribeyro).
De los libros publicados estos últimos años he disfrutado mucho con Pensar y no caer (Ramón Andrés), Socotra, la isla de los genios (Jordi Esteva), Ángeles rebeldes (Robertson Davies) El camino de los griegos (Edith Hamilton), Antagonía (Luis Goytisolo), El entenado (Juan José Saer), Mientras nieva sobre el mar (Pablo Andrés Escapa), La felicidad de los pececillos (Simon Leys), Los demonios del lugar (Ángel Olgoso) Fragmenta (Javier Pastor), Terraza en Roma (Pascal Quignard), Calle de las tiendas oscuras (Patrick Modiano), La flor azul (Penelope Fitzgerald), y El dependiente (Bernard Malamud).
De los libros publicados y reeditados el año pasado y que no me dio tiempo a leer, y los he leído durante este año, destacaría obras muy notables y muy recomendables como:
El evangelista (Adolfo Ortega)
La condición animal (Valeria Correia Fiz)
La dimensión desconocida (Nona Fernández)
El desapercibido (Antonio Cabrera)
Muerte de un silencio (Clémence Boulouque)
Memoria del vacío (Marcello Fois)
Tardía fama (Arthur Schnitzler)
Nefando (Mónica Ojeda)
Patas de perro (Carlos Droguett)
Cada día es del ladrón (Teju Cole).
De los libros publicados, reeditados y leídos este año 2017, mis favoritos han sido: Sigue leyendo

