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Editorial Grijalbo 2014

El reino de los hombres sin amor (Alfonso Mateo-Sagasta 2014)

Alfonso Mateo-Sagasta
Editorial Grijalbo
528 páginas
2014

Alfonso Mateo-Sagasta (Madrid, 1960) se encumbró con su novela Ladrones de Tinta (2004). En 2006 publicaría El gabinete de las maravillas y ahora nos brinda El reino de los hombres sin amor. Leyendo el título, si no sabemos de qué van sus libros, formando este último, parte de la trilogía ambientada en el Siglo de Oro con Isidoro Montemayor como protagonista, podríamos pensar que guarda relación con algún libro de Larsson, ya saben, aquel de los hombres que no amaban a las mujeres, o algo de índole romántica/sexual/erótica/pornográfica, libros que en algunas librerías ocupan ya más espacio en los lineales que el dedicado a los de filosofía/sociología/filología.

Me centro.

Transcurre el otoño del año 1615, en España tenemos como Rey a Felipe III. Su hija de de 14 años, Ana de Austria, se va a casar con el Rey de Francia, el también niño Luis XIII. A cambio, la francesa Isabel de Borbón se casará con el sucesor en el trono, Felipe IV. De esta manera, la madre de Luis XIII, María de Medici, regente del monarca, pretende mantener la paz entre Francia y España mediante estas dobles bodas reales.

El intercambio de princesas de Francia y España en el río Bidasoa
Intercambio de princesas de Francia y España en el río Bidasoa de Rubens.

El intercambio de princesas que se llevará a cabo en territorio neutral, en La Isla de los Faisanes, un islote situado en el Bidasoa, con Francia en una orilla y España en la otra, que es el marco y motor de la historia.

Isla de Faisanes
Isla de los Faisanes

En una novela de estas características en la que suceden un sinfín de desventuras el protagonista ha de tener el don de la ubicuidad e Isidoro lo tiene, del tal manera que unas veces buscándolo y otras no, irá cambiando de ambientes teniendo más dueños que El Lazarillo de Tormes. Cuando su amada, la condesa de Cameros, para quien Isidoro trabaja como secretario, se vea obligada a reconocer oficialmente que su marido en Las Indias lleva ya un tiempo muerto, Isidoro será despedido, porque ella es condesa, viuda, pretendida por muchos hombres de la Corte y él es un don nadie.

Isidoro que además de un Don nadie es también un caballero (en un sentido metafórico, al menos al principio), tiene como único objetivo dejar limpio de culpa el nombre de su amada (o ex-amada) a fin de que nadie pueda vincular las actividades de su marido con ella. Un marido el de la condesa que no era trigo limpio, que allí en las Indias se dedicó al tráfico de plata, de esclavos, al contrabando, a la falsificación de moneda y a cuantas otras actividades ilícitas le arrojaran alguna ganancia.

Desde el 30 de septiembre, cuando comienza el relato que nos ofrece Isidoro, hasta su finalización el 9 de noviembre, con el intercambio de las princesas, Isidoro llevará a cabo cuantas pesquisas y averiguaciones sean necesarias para lograr su objetivo. Esto le obligará a sortear toda clase de peligros, a verse ante códigos alfanuméricos incapaz de descifrar por sí mismo, recalará en un monasterio que esconde en uno de sus celdas tesoros inimaginables, enfrentarse a asesinos sanguinarios, mezclarse con lo más granado de la Corte, incluida Ana de Austria, hacer de agente doble o triple de Calderón y Carrillo y de correveidile, como un dominguillo, en manos de unos y de otros, ya sea en palacios, figones, mancebías, vivacs, posadas, u hospitales.

Lo que más me sorprende de Isidoro es que no le pongo cara, que me cuesta imaginarme cómo es. Si en Alatriste, por poner un ejemplo, su físico es importante, sino determinante, aquí, viene a ser lo de menos, y quizás por eso en la portada del libro vemos a un caballero de espaldas que podría ser Isidoro o cualquier otro. No olvidemos que Isidoro es un hombre de letras, no de espadas y su mayor tesoro es su cerebro, su inteligencia.

Alfonso Mateo-Sagasta, merced al relato que nos ofrece Isidoro logra zambullirnos de lleno y sin remisión en una aventura emocionante, vibrante, intensa, divertidísima y deslumbrante. A lo largo y ancho de más 500 páginas, el autor nos brinda para nuestro deleite un vívido fresco de la época, con una prosa potente, un lenguaje rico y bien ajustado a la trama, con diálogos inteligentes, que engrasan el relato, ganando éste en intensidad a medida que avanza, desembrollando la madeja, atando cabos.

De manera automática nos encontramos a comienzos del siglo XVII, en el tráfago de la Corte rumbo a la Isla de los Faisanes, donde somos testigos de las encarnizadas luchas por el poder (el duque de Lerma tratando de usurpar la figura de Felipe III, y el duque de Uceda, hijo del Duque de Lerma, rivalizando con este, tratanto de hacerse con el favor del rey, por ejemplo), de la ambición desmedida de todos los Grandes de España y nobles y de los que aspiraban a serlo, de la corrupción, la prevaricación, el cohecho, carcomiendo el Estado y su Razón, del poder casi ilimitado de la Iglesia, de jornadas interminables durante semanas para cubrir 100 leguas, y sobre todas las cosas, por encima de los agravios y la desesperanza, el amor infinito que Isidoro siente por Micaela, su dueña y señora, que le sirve como acicate a éste, para meterse en todos los fregados imaginables e ir jugando muy bien sus cartas, sin ser un tahúr.

Alfonso Mateo-Sagasta

Alfonso Mateo-Sagasta

No deja de lado tampoco Alfonso el submundo libresco y aunque con menos presencia que en Ladrones de tinta, también aparecen en el relato escritores como Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, Shakespeare, e incluso al final, en la Nota del editor (pag 511), Alfonso se permite alguna broma, donde como ya es habitual, Isidoro, es capaz de cambiar la historia o ser al menos acreedor de ciertas autorías, en algunos detalles, menores, anecdóticos, pero significativos.

Las páginas dedicadas al traslado de la Corte de Madrid a Valladolid en 1601, la compraventa de solares e inmuebles, la fiebre especulativa derivada del traslado con el Duque de Lerma y otros muchos potentados, llenándose los bolsillos con información priviliegiada, parecen la génesis, con cuatro siglos de antelación, de la burbuja inmobiliaria que estalló en 2007.

El título del libro hace mención al reino de España y los hombres sin amor son entre otros el rey Felipe III, su valido El Duque de Lerma que eran viudos, Isidoro, cuando Micaela lo manda a paseo, sin contar a los eclesiásticos, de ahí que amor, al menos del carnal y en el sentido oficial, más bien poco.

José Manuel Fajardo (El converso, Carta del fin del mundo), Arturo Pérez-Reverte (su saga de Alatriste, El húsar), Luis García Jambrina (El manuscrito de piedra, El manuscrito de nieve) y Alfonso Mateo-Sagasta, entre otros, demuestran con sus novelas, novelas como la presente, que es posible conciliar con acierto el rigor histórico, el entretenimiento y la calidad de un texto literario.

Antonio Muñoz Molina 
2013
Editorial Seix Barral

Todo lo que era sólido (Antonio Muñoz Molina 2013)

Antonio Muñoz Molina
2013
Seix Barral
256 páginas

A Antonio Muñoz Molina lo noto muy quemado con la clase política española. Esto lo veo muy claro leyendo su ensayo, Todo lo que era sólido, donde el escritor granadino nos da su opinión sobre un montón de cosas, y donde prevalece el poco aprecio que éste siente por los políticos corruptos, ignorantes, vanidosos, pretenciosos, que han agravado los efectos de la crisis que sufrimos desde hace años. Unos políticos que han saqueado las arcas, esquilmado los escasos recursos naturales y materiales y destrozado el litoral y muchos bellos pueblos del interior, todo eso que había sido preservado durante dos milenios, y que en manos de unos gobernantes rapaces y codiciosos ha sido demolido, borrado del mapa, sin que tenga mayores consecuencias.

Todo lo que era sólido entiendo que se refiere a esas costumbres, usos, modos, tradiciones nobles que nunca deben perderse, algo que quizá tenga que ver con el sentido común, con el buen gusto, con hacer esas cosas que nos dejan un buen regusto, más en el corazón que en el bolsillo.

Antonio Muñoz Molina es ambicioso, y trata de describir toda la realidad que lo circunda en 256 páginas, en las que deja muy claro que es todo aquello que no le gusta, que le desagrada y asquea (los políticos ahí se llevan la mayor parte, si bien hay lugar para mencionar la falta de respeto al prójimo ya sea en un macrobotellón, en una procesión religiosa de Semana Santa, o en cualquier otra manifestación ruidosa, donde el sentido de la fiesta, nubla cualquier entendimiento en quien debería poner orden), lo que es susceptible de mejora (la eficiencia de las Administraciones y una mayor independencia de estas del poder político, así cómo un mayor reconocimiento de las personas válidas y trabajadoras, emponderando el esfuerzo, la valía personal), el escaso interés que existe en nuestro país por la reflexión, por el debate, donde el Congreso y el Senado (que debiera desaparecer) sirven para cualquier cosa menos para intercambiar ideas, opiniones, ya que los de un partido políticos no tienen el menor interés en conocer lo que piensan sus contrarios, y Antonio nos brinda unas páginas que son muy gráficas sobre el «desembarco» de nuestros políticos (representando a España o cualquier otra autonomía) en Nueva York, a golpe de talonario, sin que aquello tuviera retorno alguno (cuando se invierte se espera obtener beneficios, más allá de llenar el estómago y viajar por la cara), pero sí muchos gastos, demasiados.

Antonio Muñoz Molina como hizo en su día Manuel Chaves Nogales en sus escritos críticos, reparte a diestro y siniestro, sin casarse con nadie, pues en eso entiendo que consiste ser independiente, en no rendir pleitesía a un partido político, a un grupo editorial, etc, y ser únicamente juez de uno mismo. La derecha ya sabemos de lo que es capaz, y la izquierda nunca dejará de sorprendernos metiendo la mano en la caja una y otra vez, ER(r)E que ER(r)E. Esto lo digo yo, no Antonio. Estos políticos que dicen dedicarse a esto por vocación, por su sentido de servicio público, nos demuestran cada día, cada vez que uno de ellos va a la cárcel, o es condenado por actos ilegales, que la política, sea cual sea su signo, hiede.

Molina que vive entre Madrid y Nueva York, donde dirigió el Instituto Cervantes entre 2004-2006, acusa más el contraste cuando vuelve a España, a Madrid, desde Nueva York, Alemania u Holanda y se las tiene que ver con los españolitos de a pie y sufre también ataques de romanticismo y cual cura en una homilía, nos conmina a entendernos, a llegar a acuerdos, a ceder, a ser menos nosotros y más ellos, al menos en parte, y todo esto está muy bien, porque las páginas de libro están cargadas de datos veraces, de evidencias, de razones, de buenos propósitos, de mucho sentido común, pero yo me pregunto si la gente que ha agravado esta crisis, si todos esos alcaldes, concejales, senadores, congresistas, presidentes autonómicos, presidentes de equipos de fútbol, empresarios, etc, que hoy están en las trenas, tendrán algún interés en leer este libro de Molina. Me temo que ninguno. No creo que Roca, Del Nido, Julián Muñoz, Jaume Matas y tantos otros, quieran saber la opinión de Molina, ni sus recomendaciones.

A mí es fácil convencerme de casi todas las cosas de las que habla Antonio, pues más que convencerme, me he limitado a asentir, a dar el visto bueno a lo leído, como un profesor corrigiendo un examen de un alumno que se ha aprendido al dedillo la lección.

<Antonio Muñoz Molina>

Lo realmente transformador sería que este libro cayera en las manos adecuadas, en las manos de esos corruptos, prevaricadores, ambiciosos, ruines, mezquinos, ignorantes, zafios, que se descojonan de libros como este, porque escritores como Antonio les parecen unos peleles, que tienen que trabajar (sí majos, escribir es un trabajo) para ganar pasta (no mucha) y lo leyeran y entonces cayeran de los 150 caballos de su cochazo oficial o deportivos y vieran la luz y……

Esa actitud de prepotencia y chulería de toda esta chusma (la muestran cuando van a los juzgados, y luego cuando los condenan), esa, si que es SÓLIDA, a prueba de bombas y de armas de destrucción masiva.

www.devaneos.com Editorial Carpe Noctem

El que tiene sed (Abelardo Castillo 2013)

Abelardo Castillo
Editorial Carpe Noctem
2013
222 páginas

Carpe noctem es una editorial de reciente creación. Si todos los libros que publican son como El que tiene sed de Abelardo Castillo, leeré más libros suyos. Otra cosa es que vendan muchos libros, visto que la tendencia es que las grandes editoriales se coman a las chicas: ahí está el monstruo Penguin Random House. En formato e-book, en Carpe Noctem, venden los libros por menos de cinco euros (y explican en su web por qué fijan estos precios y no otros, y uno comprende cómo el resto de las editoriales se llenan los bolsillos a manos llenas, merced a lo digital).

El que tiene sed ¿qué hace? Bebe y se sacia.

Esteban Espósito es un treintañero alcohólico, como otros tantos escritores: Dylan Thomas, Baudelaire, Bukowski, Hemingway, y por mucho que bebe y se destruye, Esteban ni se sacia ni se muere.

El tiempo, en esta narración es una cosa viscosa, informe, donde el antes y el ahora se funden. El tiempo es algo que simplemente sucede, más allá de ciertos mojones temporales que permiten anclar los episodios de la narración en 1972. El tiempo es como una media de esparto, emplazada sobre una pierna, que va enrollándose y desenrollándose sobre la piel. El tiempo es una tierra cuarteada, terrones secos, territorio yermo, como el alma de Esteban, que tiene alergia a vivir.

Esteban, maldito y alcoholizado va camino de su destrucción, inflamando su hígado, apartando a Mara, la mujer de su vida, de su lado, pintando con palabras certezas, un paisaje desolador.

Lo que no decían los libros, lo que nadie había escrito, era esto que Esteban sentía ahora: lo innoble, lo sucio, lo infame que es el lugar por donde deambula, como por su jardín, el alcohólico. Su jardín. La ropa manchada, sudorosa y maloliente, desparramada por todas partes. El olor a orina, y a algo peor que a vómito: a podredumbre. A pura y nada poética mierda, sí Señor. Esto es lo que no habían escrito ellos…. Esto era finalmente el alcohol, y quizá sobre todo era esto. Sólo un alcohólico podía deambular por su inmundicia sin que lo matara el asco. (página 143)

Esteban acude a dar una conferencia a un pueblo de mala muerte, y mientras tanto, bebe, cada latido un trago, cada respiración un trago, cada minuto, otro trago más, alimentando así sus lagunas (etílicas) mentales, convencido de que los ángeles buenos, como la conciencia, como la sinceridad, como el amor, son solubles al alcohol. Y se aparece en su camino, zigzazgueante, un ángel blanco, La Sirenita, de quien se prenda, hasta que la deshace en su mente, y la orina, y la vomita, y es otro espacio en blanco más en su biografía, diezmada, poblada de desmemoria. Y juntos, él y La Sirenita van en un taxi, hasta que ella se baja y él sigue su camino, hacia ninguna parte, hasta que al negarse Esteban a pagar la carrera, lo corren a hostias, el gremio de taxistas, corresponsales en su belicosidad, y de allí a la trena y luego defecado de nuevo a la calle, porque Esteban, que tiene una curda del diez, olvida lo que vive y vive para olvidar, e irse borrando poco a poco, sin encontrarle sentido alguno a esto de vivir, hasta que en un bar, mientras está trasegando, mantendrá una charla con El hombre de los ojos de plata, que le pondrá frente a un espejo en el que se reconoce.

Siempre puede ocurrir algo peor. Vale la pena vivir sólo por eso. Para ver dónde está el límite de la degradación, la infelicidad y el sufrimiento. Hasta dónde somos capaces de humillar y hacer sufrir a los demás, o hasta dónde la vida es capaz de vejarnos, envilecernos y hacernos padecer. Pero sobre todo hasta dónde somos capaces de llegar, hacia abajo sin ayuda de nadie, nosotros mismos. (página 83)

Abelardo Castillo
Abelardo Castillo

Esteban se podría arrojar a las vías de un tren, defenestrarse, volarse la tapa de los sesos o buscar cualquier otra forma rápida y directa de morir, pero en lugar de hacer esto, acude a un psiquiátrico, de manera voluntaria, como turista, acompañado por La Sirenita, para entrevistar a Jacobo Fiksler, el Viejo Poeta, de quien tomará notas (notas que el Viejo Poeta asemeja a pescados muertos, algo que Jesús, Pitágoras y Sócrates, supieron entonces), erigido en su Virgilio, de cuya mano recorrerá las dependencias de la locura, hasta el Árbol de la Vida, donde sus conversaciones se mantendrán en un plano de irrealidad manifiesta, donde Jacobo no permite que nadie a su alrededor vaya de raro, ¡el loco es él!, emplazando a su interlocutor a formularles preguntas raras. La Paradoja de Poincaré, y su error, por ejemplo, mientras cantan los pájaros, mejor, canta un ruiseñor en la tiniebla.

Y allí Espósito logra desintoxicarse durante más de seis meses, si bien, un alcohólico como él lo será siempre, tome o no. Y sus recuerdos y alucinaciones se pueblan de fantasmas, hasta que parece que nos va a dejar, que Esteban va a lograr su objetivo de irse, de borrarse del todo, pero como la naturaleza es terca y el corazón va por libre, Esteban vuelve de las fauces de la Parca y Paula, una de las enfermeras, nos aclara qué pasó.

Y de inmediato su lengua terrenal pasó a informar, tumultuosamente, sobre cierto doloroso chacamento que casi le descuajeringa a Esteban la busarda, cólico renal ocasionado. O altitudo!, por tanta falta de escabio o por brusco cambio de forraje que le escrachó el metabolismo, aunque, a decir verdad, lo peor de todo habría sido el biandaso que en el quirófano le erró la cardiaca…..Los fanguyos, mimoso: los zapatos; en fin, se le había fruncido de tal manera el cartucho, que un poco más lo yugulan (página 189).

Abelardo Castillo mezcla el lenguaje coloquial con otro más culto, hace referencias a la Ofanin, a la sonata de Tartini, a los sueños de Coleridge, a toda la literatura, música, arte, que nace de los sueños, y pone en la boca del alcoholizado Esteban, o bien en su pluma, páginas densas, intensas, inteligentes, impregnadas de humor, acidez, lucidez, acerca del acto de beber y la desintegración humana.

Abelardo Castillo es dueño y señor de una narración potente, compleja, de una combinación de registros, que te obligan a estar alerta en todo momento, para apurar este libro crudo, descarnado y sarcástico, como bien se merece; gota a gota/párrafo a párrafo/palabra a palabra, porque este libro, amigos, no se lee, se decanta.

Huelga decir que gracias a Abelardo Castillo, me he empapado y saciado, de su buena literatura.

Brindemos pues por el autor, por Esteban, por la editorial que lo publica (este libro ronda por ahí desde 1985) y por la literatura capaz de producir fiebre lectora.

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Enrique Gallud Jardiel

Historia estúpida de la literatura (Enrique Gallud Jardiel 2014)

Enrique Gallud Jardiel
2014
Editorial Espuela de plata
216 páginas

Digo que el fin del mundo nos coja leyendo un libro y éste sea tronchante, puestos a pedir. Digo que me sobran historias truculentas, apocalípticas y páginas impregnadas de coca, metralla, pólvora, ceniza, soledad, tristeza, dolor, melancolía, nostalgia y fibromialgias. Digo que hay que echarle huevos, como hizo Paquirri, padre de un DJ del mismo nombre y menos huevos, para estar palmándola y decirle a los cirujanos que tratan de arreglar el desaguisado, las que serían sus últimas palabras «no se preocupe doctor, abra por donde tenga que abrir». Digo yo que hay muchos libros considerados clásicos o viejunos que nadie tiene interés ni en leer, ni siquiera en saber de qué van. Digo que hay ciertos ensayos cuyos títulos, en contados momentos de lucidez, nos obligan a dejarlos en la estantería donde los cogimos. Digo que la escritura plúmbea deja secuelas, en escritores y lectores. Digo que Historia estúpida de la literatura tiene un título muy llamativo y es hilarante. Digo yo que si los de Muchachada Nui en lugar de periodismo hubieran estudiado filología hispánica y leído todo lo legible, hubieran parido algo tan tronchante y surrealista como esto, o no. Digo que su autor Enrique Gallud Jardiel es un cachondo, inteligente y que escribe como tal. Digo que Enrique pone patas arriba casi todo lo que tan bien conoce (según la contraportada), ya que lleva toda su vida viviendo y bebiendo de la literatura, pues esa es su profesión, a saber: la zarzuela, los clásicos, los cuentistas, los personajes de cuento, los personajes ilustres, los talleres de creación literaria, La Unidad de España, Cervantes y su Quijote, Cortázar, García Márquez, Eco (Eco), Shakespeare, etc, y lo hace todo ello con buen gusto, ofendiendo lo justo, en este país donde todos nos reímos de todos y también incluso de los demás.

ENRIQUE-GALLUD-JARDIEL-WEB-1

Digo que España no necesita un rescate, sino mucho más humor y más libros como el presente. Digo que te podrá gustar no leer, o no gustar leer, pero si un día llegas a este libro, o te cruzas con él en la calle, y le echas un ojo, o los dos y decides leerlo y te echas entonces unas risas y descubres que la literatura de verdad es la que te hace pasar un buen rato y no la que prescriben los críticos literarios y los que tratan de emularlos (y no doy mas reseñas), entonces quizás, sólo entonces, dejaremos de ser analbafetos y huiremos de los libros repolludos de las librerías como de las vacunas antiteutónicas. Digo que a mí la pasión por leer no la encontré mientras iba En busca del tiempo perdido, ni surcando los Mares del Sur, ni con el Sí (que era un no) de las niñas, ni en viajes escolares (Yo fui a EGB, también) al Centro de la tierra, ni podando Flores del Mal, ni leyendo/resumiendo El Quijote, capítulo a capítulo, no, a mí quien me prendió la llama fue Bukowski y su libro Peleando a la contra. No lo digo yo, sino Bukowski, que gracias a la biblioteca que había en la ciudad donde vivía y donde pasó buena parte de los días, durante muchos meses, de muchos años, pasó de tener una mano libre (la otra la usaba para beber) a tener las dos ocupadas. Digo que de no haber descubierto yo la lectura, ahora mismo en lugar de estar dejándome la piel escribiendo esto y un euro cincuenta en el locutorio, estaría haciendo cosas horribles, viendo la tele, por ejemplo. Digo yo que tendré que ir acabando y finalizar tanto devaneo. Digo pues, FIN.

Lee (y respira al tiempo que te rías para evitar decesos por ahogamiento) algunos fragmentos de Historia estúpida de la literatura.