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Cinco escritos morales

Cinco escritos morales (Umberto Eco)

Aquel que vaya buscando una lectura refrescante de esas catalogadas como lecturas veraniegas de no pensar, debería dejar la lectura aquí mismo.

Umberto Eco recopila aquí cinco escritos morales de carácter ético, por lo que como el autor dice, atañen a lo que estaría bien hacer, a lo que no se debería hacer, o lo que no se puede hacer a ningún precio. Conferencias o intervenciones que versan sobre Pensar la guerra, El fascismo eterno, Sobre la prensa, Cuando entra en escena el otro, o Las migraciones la tolerancia y lo intolerable. Temas todos ellos muy actuales, a pesar de que estas conferencias datan de hace 20 años o más, como podemos ver a nada que consultemos la prensa o veamos la televisión: migraciones y muertos en el mediterráneo cada día, la prensa al servicio de los poderosos, el auge de la extrema derecha y el fascismo en Europa y Estados Unidos, los nacionalismos, etcétera…

Dado que la idea no es agotar ninguno de estos asuntos, me ceñiré a reproducir algunos párrafos que me han parecido especialmente significativos, con la idea de que sea luego el lector quien abunde en ellos a su gusto, si le plugiese.

Es deber intelectual proclamar la imposibilidad de la guerra. Aunque no hubiera solución posible. A lo sumo, recordar que nuestro siglo ha conocido una excelente alternativa la guerra, es decir la guerra fría. Ocasión de horrores, injusticias, intolerancias, conflictos locales, terror difuso, la historia al final deberá admitir que ha sido una solución muy humana y porcentualmente blanda, que ha visto incluso vencedores y vencidos. Pero no es competencia de la función intelectual declarar guerras frías.

A los que carecen de una identidad social cualquiera, el Ur-Fascismo les dice que su único privilegio es el más vulgar de todos, haber nacido en el mismo país. Es éste el origen del nacionalismo. Además, los únicos que pueden ofrecer una identidad a la nación son los enemigos. De esta forma en la raíz de la psicología Ur-Fascista está la obsesión por el complot, posiblemente internacional. Los secuaces deben sentirse asediados. La manera más fácil para hacer que asume un complot es apelar a la xenofobia.

Hoy un periódico se considera vencido si no consigue obtener antes que nada, con ese autor, una entrevista. ¿Qué es una entrevista con el autor? Fatalmente, autopublicidad. La publicidad ha precedido o sustituido al juicio crítico, y a menudo el crítico, cuando por fin escribe, no discute ya el libro, sino lo que el autor ha dicho en el transcurso de las diferentes entrevistas.

En los puntos fundamentales, una ética natural, respetada en la profunda religiosidad que la anima, puede encontrarse con los principios de la ética basada en la fe en la trascendencia, que no puede no reconocer que los principios naturales han sido esculpidos en nuestro corazón según un programa de salvación. Si quedan, como ciertamente quedarán, márgenes no superponibles, no será diferente de lo que ocurre con el encuentro entre regiones diferentes. De los conflictos de fe deberán prevalecer la caridad y la prudencia.

El antisemitismo pseudocientífico surge en el transcurso del siglo XIX y se convierte en antropología totalitaria y práctica industrial del genocidio sólo en nuestro siglo. Pero no habría podido nacer si no hubiera existido desde hacía siglos, desde los tiempos de los padres de la Iglesia, una polémica antijudía, un antisemitismo práctico y entre el pueblo lleno que ha atravesado los siglos allá donde hubieron un gueto. Las teorías antijacobinas del complot judío, al principio del siglo pasado, no crearon el antisemitismo popular, sino que explotaron un odio hacia los diferentes que existía ya.

Editorial Lumen. 1997. 140 páginas. Traducción de Helena Lozano Morales.

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Enrique Gallud Jardiel

Historia estúpida de la literatura (Enrique Gallud Jardiel 2014)

Enrique Gallud Jardiel
2014
Editorial Espuela de plata
216 páginas

Digo que el fin del mundo nos coja leyendo un libro y éste sea tronchante, puestos a pedir. Digo que me sobran historias truculentas, apocalípticas y páginas impregnadas de coca, metralla, pólvora, ceniza, soledad, tristeza, dolor, melancolía, nostalgia y fibromialgias. Digo que hay que echarle huevos, como hizo Paquirri, padre de un DJ del mismo nombre y menos huevos, para estar palmándola y decirle a los cirujanos que tratan de arreglar el desaguisado, las que serían sus últimas palabras “no se preocupe doctor, abra por donde tenga que abrir”. Digo yo que hay muchos libros considerados clásicos o viejunos que nadie tiene interés ni en leer, ni siquiera en saber de qué van. Digo que hay ciertos ensayos cuyos títulos, en contados momentos de lucidez, nos obligan a dejarlos en la estantería donde los cogimos. Digo que la escritura plúmbea deja secuelas, en escritores y lectores. Digo que Historia estúpida de la literatura tiene un título muy llamativo y es hilarante. Digo yo que si los de Muchachada Nui en lugar de periodismo hubieran estudiado filología hispánica y leído todo lo legible, hubieran parido algo tan tronchante y surrealista como esto, o no. Digo que su autor Enrique Gallud Jardiel es un cachondo, inteligente y que escribe como tal. Digo que Enrique pone patas arriba casi todo lo que tan bien conoce (según la contraportada), ya que lleva toda su vida viviendo y bebiendo de la literatura, pues esa es su profesión, a saber: la zarzuela, los clásicos, los cuentistas, los personajes de cuento, los personajes ilustres, los talleres de creación literaria, La Unidad de España, Cervantes y su Quijote, Cortázar, García Márquez, Eco (Eco), Shakespeare, etc, y lo hace todo ello con buen gusto, ofendiendo lo justo, en este país donde todos nos reímos de todos y también incluso de los demás

Enrique Gallud Jardiel

Digo que España no necesita un rescate, sino mucho más humor y más libros como el presente. Digo que te podrá gustar no leer, o no gustar leer, pero si un día llegas a este libro, o te cruzas con él en la calle, y le echas un ojo, o los dos y decides leerlo y te echas entonces unas risas y descubres que la literatura de verdad es la que te hace pasar un buen rato y no la que prescriben los críticos literarios y los que tratan de emularlos (y no doy mas reseñas), entonces quizás, sólo entonces, dejaremos de ser analbafetos y huiremos de los libros repolludos de las librerías como de las vacunas antiteutónicas. Digo que a mí la pasión por leer no la encontré mientras iba En busca del tiempo perdido, ni surcando los Mares del Sur, ni con el Sí (que era un no) de las niñas, ni en viajes escolares (Yo fui a EGB, también) al Centro de la tierra, ni podando Flores del Mal, ni leyendo/resumiendo El Quijote, capítulo a capítulo, no, a mí quien me prendió la llama fue Bukowski y su libro Peleando a la contra. No lo digo yo, sino Bukowski que gracias a la biblioteca que había en la ciudad donde vivía y donde pasó buena parte de los días, durante muchos meses, de muchos años, pasó de tener una mano libre (la otra la usaba para beber) a tener las dos ocupadas. Digo que de no haber descubierto yo la lectura, ahora mismo en lugar de estar dejándome la piel escribiendo esto y un euro cincuenta en el locutorio, estaría haciendo cosas horribles, viendo la tele por ejemplo. Digo yo que tendré que ir acabando y finalizar tanto devaneo. Digo pues, FIN.

Lee (y respira al tiempo que te rías para evitar decesos por ahogamiento) algunos fragmentos de Historia estúpida de la literatura.