Archivo de la categoría: Ángel Olgoso

Ulises (Ángel Olgoso)

Yo, el paciente y sagaz Ulises, famoso por su lanza, urdidor de engaños, nunca abandoné Troya. Por nada del mundo hubiese regresado a Ítaca. Mis hombres hicieron causa común y ayudamos a reconstruir las anchas calles y las dobles murallas hasta que aquella ciudad arrasada, nuevamente populosa y próspera, volvió a dominar la entrada del Helesponto. Y en las largas noches imaginábamos viajes en una cóncava nave, hazañas, peligros, naufragios, seres fabulosos, pruebas de lealtad, sangrientas venganzas que la Aurora de rosáceos dedos dispersaba después. Cuando el bardo ciego de Quíos, un tal Homero, cantó aquellas aventuras con el énfasis adecuado, en hexámetros dactílicos, persuadió al mundo de la supuesta veracidad de nuestros cuentos. Su versión, por así decirlo, es hoy sobradamente conocida. Pero las cosas no sucedieron de tal modo. Remiso a volver junto a mi familia, sin nostalgia alguna tras tantos años de asedio, me entregué a las dulzuras de las troyanas de níveos brazos, ustedes entienden, y mi descendencia actual supera a la del rey Príamo. Con seguridad tildarán mi proceder de cobarde, deshonesto e inhumano: no conocen a Penélope.

Después de Troya. Microrrelatos hispánicos de tradición clásica. Menoscuarto ediciones.

Lecturas periféricas | Celos (Ángel Herrero López)

Los demonios del lugar

Los demonios del lugar (Ángel Olgoso)

Poner el broche a un estupendo año de lecturas es despedir el 2017 leyendo a Ángel Olgoso. En Los demonios del lugar, publicado hace diez años, se reúnen 49 narraciones, algunas son microrrelatos, otras cuentos breves y otras relatos más extensos.

Todo los textos tienen algo en común y es la capacidad de sorprenderme, asombrarme y subyugarme con una prosa tan potente, un estilo tan portentoso y un léxico tan rico y oportuno que la lectura deviene continuo regocijo.

Los cuentos, de lo más variopinto (lo cual es otra de sus virtudes, pues es imposible acusar cansancio o reiteración en su lectura), están ambientados en distintas épocas y lugares, sin trasladarse al futuro, yendo más al pasado, mostrando toda clase de aberraciones, miedos, acechanzas, cuerpos deformes, situaciones alucinantes, escarceos metaliterarios como en La primera muerte de Kafka, los ocasos carnales de las guerras, misterios asombrosos, los destrozos de la pasión y el deseo y muchas sorpresas finales que dotan de sentido algunos cuentos casi en su último aliento, en sus últimas palabras y son su remate perfecto.

En distancias tan cortas como las que maneja Olgoso, la alquimia a lograr creo que es aunar fondo y forma, que la estilosa prosa se ponga al servicio de lo que se quiere contar, y creo que en este libro el resultado es sobresaliente.

La máquina de languidecer (Ángel Olgoso 2009)

La máquina de languidecer Ángel Olgoso

Editorial: Páginas de Espuma
Año: 2009
Nº de páginas: 136 págs.
Encuadernación: Tapa blanda
Lengua: ESPAÑOL
ISBN: 9788483930458

¿Cómo me he permitido hasta la fecha no haber leído a Ángel Olgoso?. Gracias a ese alud de blogs literarias que pueblan la blogosfera, y buscando entre ellas, a menudo uno encuentra por ahí hallazgos, bajo la forma de reseñas de libros de escritores que llevan ya años cultivando su oficio, sin un reconocimiento masivo, este tipo de autores ocultos que nunca está de más conocer para luego reconocer, nosotros los lectores.

Lo que nos ofrece Olgoso es un puñado de microrrelatos, esa literatura que se mide en las distancias cortas, donde en muy pocas palabras el autor debe engancharnos, cogernos por las solapas, zarandearnos y rematarnos con un golpe certero hasta dejarnos KO. Ahí es nada.

Reconozco en estos microrrelatos el ingenio, la creatividad, el humor, la inteligencia, de un autor capaz de transmitir un montón de sensaciones con muy escasos mimbres: unas cuantas palabras que cobran vida como la arcilla en manos del alfarero. Entre mis microrrelatos favoritos se encuentran Caballería volante, El colibrí del instante, Los ojos, El último lector, Escritura secreta o Subir abajo un trabajo, este último, de orfebre en el que Olgoso da cuenta de lo breve de una existencia, casi un parpadeo, un subir y bajar una escalera. Espléndido.

Si tienen un rato hínquenle el diente a Olgoso y lean sus microrrelatos. Disfrutarán de lo lindo. O quizá no, pero no habrán perdido el tiempo.

Semana Santa 2013: La cofradía del lector impenitente

Lecturas Semana Santa 2013

Como uno huye de los Pasos, procesiones y de las cofradías (salvo la del lector que a falta de omnipotente es impenitente) como del demonio, a fin de aguantar esta Semana Santa como buenamente se pueda, qué mejor que aplicarse a la lectura, lejos de los sonidos de los tambores y de los quejíos de las saetas.

Entre mis propósitos está hincarle el diente a los libros de la foto.

1. Billie Ruth de Edmundo Paz Soldán. No he leído nada de un escritor Boliviano, de Cochabamba además. Ya toca. Esto da muchíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiisimo juego cuando en el Parque te encuentras con algún Boliviano. El mismo juego que cuando aquí mentas a escritores como Repila, Gopegui, Olmos, Rosa, Clemot, Grande, Ferrando, Moreno y los caretos de tus interlocutores se convierten en un gesto de extrañeza y encogimiento de hombros de lo más gracioso, hasta que dejas caer un Reverte, un Falcones, una Navarro, una Asensi, unas sombras de Grey, un Follete, un paquete Morton….y la vida vuelve a ser maravillosa…

2. La máquina de languidecer de Ángel Olgoso. Visto que tenemos la lluvia encima y uno también languidece, muy a su pesar, con ese cielo convertido en un sudario, es menester descubrir a ese escritor oculto llamado Ángel Olgoso para propulsionarlo desde aquí con los cientos de miles de visitas diarias que recibe esta blog hasta el infinito y más allá.

3. Saliendo de la estación de Atocha de Ben Lerner. No quiero ser el único español (ni americano interesado en nuestro país) que no haya leído este libro (de moda). Ya puedes leer la crítica.

4. Peaje de Julio de la Rosa. Julio de la Rosa, el ex-El Hombre burbuja, el cantante y compositor de B.B.S.S.O.O (Primos, Grupo 7, After) metido a escritor, o el escritor metido a cantante, o las dos cosas, o ninguna. Si otros cantantes como Llach, Nesbo, Sr. Chinarro o Roberto Iniesta han publicado ¿por qué no iba a intentarlo (y además parece que con éxito a tenor de lo que he leído por ahí) este Leonardo da Vinci moderno, este hombre Renacenista (esto nos dicen los de su editorial) que atiende al nombre de Julio de la Rosa?. Seguro que la nota supera con creces el 6,40.

5. Todo lo que se llevó el diablo de Javier Pérez Andujar. Porque tras haber leído Los príncipes valientes y Paseos con mi madre quiero hacer un hat-trick.

6. Amantes en el tiempo de la infamia de Diego Doncel. Porque me lo han regalado y es mejor leerlo (y a poder ser que te guste) que mentir y decir que te ha gustado.

7. La transmigración de los cuerpos de Yuri Herrera. Porque tras la experiencia nefasta con Ugo Cornia quería darle otra oportunidad a la editorial Periférica, que las editoriales grandes ya van sobradas de publicidad.

8. La otra orilla de Rafael Chirbes. Porque leer a Chirbes es como hacer balance de lo publicado en la prensa durante este último lustro (o más), pero despojada de la ideología partidista, de comadreos e intereses empresariales. Uno quiere saber cómo es el mundo, cómo la sociedad española de estos últimos años, y leyendo a Chirbes te aproximas bastante a entender entre otras muchas cosas, los efectos del pelotazo. Tras el Crematorio, ahora es el turno del rescoldo.