Archivo de la categoría: 2018

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Europa. Una letanía (Blixa Bargeld)

Noches de desenfreno
mañanas de ibuprofeno
cantar siempre será el mejor veneno

El Rulo

Avisan los editores en la nota que antecede al texto Europa, una letanía, que como toda letanía está pensada para ser cantada o leída en voz alta. Me iría más a la tercera y la cuarta acepción de letanía, a saber: (3ª) lista, retahíla, enumeración seguida de muchos nombres, locuciones o frases. (4ª) Insistencia larga y reiterada.

El libro es un cajón de sastre en donde cabe de todo, como enumeraciones y listados de toda clase de cosas: menús de restaurantes de la guía Michelín (aparecen entre otros Berasategui y Adriá) que hacen las delicias del bon vivant de Blixa, de nombres de presos en Guantánamo, de bodegas sobre el Duero en Oporto, de cuadros vistos en museos, de libros leídos en ruta o en los hoteles, una selección de chupitos y sus nombres, tarjetas de embarque y horarios de vuelos, pero hay un listado que se repite como un mantra, el de las canciones que Blixa Bargeld (cantante, poeta y actor) interpretó cada noche sobre los escenarios de un buen número de ciudades europeas con su grupo Einstürzende Neubauten (creado en los ochenta) durante la gira de 2008.

Die Wellen
Nagorny Karabach
Dead Friends
Let´s Do It a Da Da
Weil Weil Weil
Unvollständigkeit
Tagelang WeiB
Rampe/ Von wegen
Die Befindlichkeit des Landes
Sabrina
Susej
Ich warte

No sabemos si Blixa Bargeld (Berlín Occidental, 1959) vestirá de negro, para decirlo (cantarlo) con Cash, hasta que las cosas brillen más, lo que sí sabemos, pues así lo afirma es que ha tenido una vida plena y feliz (y por tanto podemos pensar que luminosa) al leer este heteróclito texto, especie de patchwork europeo, donde las fronteras se diluyen en las líneas discontinuas de las carreteras y autopistas que llevan al grupo de gira durante dos meses, donde se pierde el centro de gravedad, la noción del tiempo y del espacio, pues Europa ya no es un puñado de estrellas en un trapo azul, sino ¿millones de personas con su acervo, sus lenguas, sus culturas? ¿o algo cada día más uniformado y homogéneo? y ahora también, un espacio convulso, con sus partidos de extrema derecha en auge, no neonazis, advierte Blixa, no, porque no son nuevos, porque son los mismos de siempre.

La lectura de este libro me ha permitido conocer la figura de Blixa al que desconocía por completo. Sus canciones me han acompañado durante unas cuantas horas como telón de fondo sonoro a lo largo de mi travesía lectora.

Como dijo el luso, el final de una viaje siempre es el comienzo de otro. Así que seguiremos viajando -digo- leyendo y si nos dejan, como en esta ocasión, disfrutando.

Hurtado & Ortega editores. 2018. 116 páginas. Traducción de Rubén Ortega Díaz

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Obras (Édouard Levé)

Levé entregó su obra Suicidio a su editor y poco después se suicidó. Antes de su final autoimpuesto escribió otros libros y pensó en 533 obras con distintos formatos: vídeo, fotografía, cuadro, escultura, performance…

Hay quien afirma que la mejor obra es la que nunca rebasa los confines de la mente del autor, aquella que es pura potencia.

A Levé le gustaba Perec y esto se nota mucho al leer este inclasificable artefacto narrativo, puro ju(e)go. Me acuerdo del Me acuerdo de Perec, porque Levé hace algo parecido, no trayendo migajas del pasado, sino proyectando el presente al futuro en 533 posibles obras, unas muy breves: 64. Un abrigo hecho de luciérnagas. 24. Se construye una casa pintada por un niño de tres años. 206. Se fabrica un queso humano con leche materna (ahí podemos imaginar otras recetas con sangre, semen, incluso carne humana (nota del opinador)) 104. El haz de una linterna dibuja el perfil de un hombre. 136. El personal de una embajada hace bufandas de plumas de alondra. 139. Se enciende un andamiaje hecho de fósforos. 525. En un planisferio subjetivo sólo aparecen los países a los que el autor ha ido. 493. Una habitación donde cada baldosa produce una nota cuando se la pisa.
489. En un bidón de jade una voz que sea frases sacrílegas. 298. Con un taladro de oro se hace un grabado en una morcilla. Vídeo. 466. El trazo de un dibujo es la sucesión de números. 471. El arte de tener razón, de Schopenhauer, es leído como el relato televisado de un partido de fútbol…

Otras obras más largas, donde Levé se explaya en largas listas, muy del gusto también de Perec.

Podemos, llegado el caso, tratar de poner en marcha algunas de estas obras. Dicho y hecho.

32. “El manual de instrucciones de un programa de traducción automática es traducido dos veces por ese mismo programa, primero a otro idioma y luego de vuelta al idioma de partida. La obra está formada por el ejemplar original del manual y del texto doblemente traducido, muy distinto”.

Hago la prueba, empleando el mismo texto que se enuncia, el traductor de google y el idioma alemán y sucede esto:

Die Bedienungsanleitung eines maschinellen Übersetzungsprogramms wird von demselben Programm zweimal in eine andere Sprache und dann wieder in die Ausgangssprache übersetzt. Die Arbeit besteht aus der Originalversion des Handbuchs und dem doppelt übersetzten Text, sehr unterschiedlich.

Regresamos ahora el texto al castellano empleando el mismo traductor, y sí podemos apreciar alguna diferencia con respecto al texto original:

El manual de instrucciones de un programa de traducción automática se traduce dos veces por el mismo programa y luego se devuelve al idioma de origen. El trabajo consiste en la versión original del manual y el texto traducido doble, muy diferente.

O llevar a cabo -como hace Levé en la entrada 83 con la relación de pintores que conoce- la relación ordenada alfabéticamente de escritores españoles que, a bote pronto, recuerdo haber leído estos últimos años:

Adón, Alcantarilla, Aldecoa, Argullol, Argüelles, Arranz, Atxaga, Avilés, Ayesta, Azúa, Badal, Baltasar, Barba, Bárcena, Baroja, Barrero, Bayal, Benet (Juan y Manuel), Bilbao, Belmonte, Bona, Caballero, Cabrera, Capsir, Castro, Cela, Cercas, Cerdà, Cerezal, Chirbes, Clemot, Colomer, Crespo (Mario y Mónica), Crusat, Delibes, Del Molino, Egido, Escapa, Esquirol, Esquivias, Esteva, Ferrero, Ferlosio, Fraile, García Gual, García Hortelano, García Llovet, García Ortega, Gavilanes, Gil de Biedma, Gomá, Góngora, González (Jose), Gopegui, Goytisolo, Gracián, Grande, Gutiérrez (Pablo), Hernández (Sònia), Huertas, Inclán, Jándula, Landero, Larretxea, Longares, Loriga, Loureiro, Llamazares, Lledó, Marías, Márquez, Martín Giráldez, Martín Sánchez, Masoliver, Mateo Díez, Matilla, Menéndez Salmón, Micó, Millares, Millás, Montesinos, Morales, Morellón, Moreno, Moyano, Navarro (Elvira), Nieto, Obeso, Olmos, Ordovás, Orejudo, Ortiz Albero, Pàmies, Pastor, Pellicer, Pérez Álvarez, Pérez Zuñiga, Puertas, Quero, Reig, Repila, Rodoreda, Rodríguez (Luis), Rodríguez Fischer, Rosa, Sachez, Santos, Sanz (Marta), Sastre, Sotomayor, Tallón, Tizón, Tomeo, Torrente, Torné, Ugarte, Umbral, Unamuno, Valcárcel, Valente, Valero, Valgañón, Valle-Inclán, Vallejo, Vico, Vila-Matas, Vilas, Vivero, Zabaleta, Zaldua, Zapata.

Al leer este texto saldrá a su encuentro nuestra sorpresa, hilaridad, incredulidad, estupor, fantasía y muchas cosas más que estas obras sean capaces de producir en nuestro interior.

Una propuesta de lectura sería leer estas 533 entradas a razón de una por día, dejando así operar nuestra desmemoria, de tal manera que una vez llegado a su final volviéramos a releerla en una suerte de bucle que sólo ultimaría nuestro éxitus.

Eterna Cadencia. 2018. 160 páginas. Traducción de Matías Battistón.

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Cuentos españoles del Siglo XIX

Libro publicado por Anaya pensado para alumnos de la E.S.O y Bachillerato, (con resúmenes y notas de lectura) Cuentos españoles del siglo XIX, en edición a cargo de Juan Carlos Fernández Serrato y con ilustraciones de Beatriz Martín Vidal que recoge los 15 relatos abajo citados, de distintos escritores, algunos de los cuales aparecen por partida doble como en el caso de Emilia Pardo Bazán o Leopoldo Alas Clarín.

El café (Mariano José de Larra), El pastor Clasiquino (José de Espronceda), Pulpete y Balbeja (Serafín Estébanez Calderón), La cruz del diablo (Gustavo Adolfo Bécquer), La Hija del Sol (Fernán Caballero), La mujer alta (Pedro Antonio de Alarcón), La leva (José María de Pereda), ¡Adiós, Cordera! (Leopoldo Alas Clarín), La rosa de oro (Leopoldo Alas Clarín), En tranvía (Emilia Pardo Bazán), El contador (Emilia Pardo Bazán) , ¿Dónde está mi cabeza? (Benito Pérez Galdós), El maestro Raimundico (Juan Valera), Golpe doble (Vicente Blasco Ibáñez), La Niña Chole (Ramón María del Valle-Inclán).

Es muy interesante ver cómo autores españoles del siglo XIX de obras como Fortunata y Jacinta, La Regenta, La araña negra, Los Pazos de Ulloa, Peñas arriba, La lámpara maravillosa, etc, se miden en las distancias cortas, con óptimos resultados, ofreciendo al lector joven y adulto un género tan heterogéneo como godible; relatos que se interesan por la cuestión social, como En tranvía de Bazán, plasmando muy bien la tensión entre las clases acomodadas del Barrio de Salamanca madrileño y las clases populares, encarnadas en una mujer sin dinero suficiente para pagar el billete, quien recurre a la limosna ajena, librando así los benefactores de su vista aquello que no quieren, en esencia, padecer ni contemplar. Relato conmovedor en el que Bazán, incide en la situación femenina, en la de la mujer maltratada y abandonada por su marido, abandonándola a su suerte (infausta) con un hijo recién nacido y además ciego; o ¡Adiós Cordera!, donde se da la voz al campesino, y a una vaca, La Cordera del título, donde la naturaleza no es algo tan bonancible como leemos en las Geórgicas Virgilianas (aquí hay caciques), y donde el progreso se filtra en el relato en forma de hilos de telégrafos, locomotoras, guerras fratricidas, un mundo desconocido y hostil, poblado de glotones que ansían devorar carne, como la de su Cordera; hay relatos exóticos, sensuales, voluptuosos como La Niña Chole de Valle-Inclán, que por su extensión bien podría ser una nouvelle y uno de los mejores relatos del libro, en mi opinión. Prima el misterio y el suspense en otros relatos, como en Golpe doble de Blasco Ibáñez, en donde vemos lo que alguien es capaz de hacer para que no le quiten el magro pan suyo de cada día, aquel que le da de comer a él y a su familia. Larra en El café fía su mirada al observador que ve, registra, especula y juzga, observaciones que operan aquí como materia prima de su escritura, la que le ofrece la realidad mostrenca circundante. Pulpete y Balbeja apuestan por el costumbrismo y se agradecen las notas al pie, habida cuenta de la jerga que manejan los protagonistas del relato. Otro tanto sucede con La leva de José María Pereda, relato del que Menéndez Pelayo afirmó «desde Cervan­tes acá no se ha hecho ni remotamente un cuadro de costumbres por el estilo». Galdós que escribió apenas 20 relatos y más de la mitad fueron fantásticos, se destapa aquí con ¿Dónde está mi cabeza?, que se cierra dejando la interpretación al albur del lector, como sucede a su vez en La mujer alta de Pedro Alarcón. En otros se abunda en el tono moralizante como La flor de oro de Clarín, donde se cree que una buena acción (aunque sea postrera y a destiempo) es capaz de redimirnos. Otros se basan en hechos reales, en la tradición oral, como La Hija del Sol de Cecilia Böhl de Faber y Larrea (escrito bajo el nombre de Fernán Caballero). Muy interesante es el otro relato de Pardo Bazán, El contador, que cifra a la perfección el “tempus fugit”, la conciencia de que todo pasa, y que no vale la pena entregarse a la desazón ni al malestar producido por unas cartas inopinadamente encontradas, cuando la carne (siempre en descomposición) va camino de la nada de la que se viene y a la que se va, sofocando así la rabia primera, en beneficio de todos ellos (aludidos e infractores).

Espíritu de aprendiz y otros escritos

Espíritu de aprendiz y otros escritos (Isidoro Valcárcel Medina)

El ensayo como prueba, aproximación, tanteo, auscultación de la realidad, es lo que propone este libro que reúne siete conferencias: Espíritu de aprendiz, El arte económico, Estado de sitio, Primores de la disidencia, La ciudad nonata, Indicios racionales de irracionalidad y El seguro azar, impartidas entre 1993 y 2007 por el artista conceptual Isidoro Valcárcel Medina (Murcia, 1937).

Libro donde hay abundantes preguntas, porque lo importante aquí no es tanto llegar a un resultado, a la respuesta que dé carpetazo a todo, siempre una salida en falso, sino proponer, discurrir, reflexionar, sacar punta al intelecto hiante y voraz, preguntarse rodeado de gente, de manera casera (que no doméstica), sin reclinarse en las ideas de nadie (salvo en la última conferencia), lo cual a veces nos conviene, pues si rascamos mucho sobre ciertos términos, como ¿qué es una obra de arte? podemos acabar con los ojos como platos emoticoneros al leer definiciones como la que nos brinda Rochlitz.

Para que haya obra de arte es preciso que se dé una coherencia de visión caracterizante de un conjunto de símbolos al mismo tiempo personales e impersonales, dotados de una fuerza expresiva que les distinga de los símbolos denotativos y dando testimonio de una habilidad no contingente.

cuestiones que tienen que ver con el arte, la cultura, la ciudad (y aquello que la hace o debiera de hacerla tal), la convivencia, la actividad artística, la creatividad, la creactividad, el aprendizaje, el aprender a aprender, el conocimiento y los cono/cimientos del cultivado, la relación de la cultura con el dinero, el poder y lo oficial, y los principios de disidencia, indisciplina, ruptura, radicalidad, todo ello argumentado con un discurso nada complaciente, muy crítico en esencia con el arte, el artista, el mercad(e)o, la irracionalidad, aquello que se vende y publicita hoy (y entonces); mención también a una crisis, la de 1993, similar a la que hemos conocido recientemente, y la pregunta de cómo la cultura se ve (o no debe de verse) afectada por la crisis.

A Isidoro lo leo como un pliego suelto, como un verso libre, capaz de multiplicarse para escribir los más tristes y lúcidos esta noche, hacia la nada abierta, incierta, azaharosa: Los museos son mausoleos / los museos son cementerios/ simplemente/…no marinos, pero sí artífice de páginas deslumbrantes.

Pepitas de calabaza. 2018. 203 páginas