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Leyden Ltd. (Luis Sagasti)

Leyden Ltd. es un artefacto narrativo de Luis Sagasti subyugante. Un proyecto narrativo inusual, consistente en hacer literatura desde los márgenes, o en este caso, desde los pies de página, para contarnos, con pequeños fragmentos indirectos, a través de esas notas a pie de página convertidas en el cuerpo del mensaje, la historia de Leyden Ltd, una sociedad secreta, oculta, a lo Pynchon, a lo Salinger, que paradójicamente cobrará relieve merced a su ocultación, a su afán de no querer dejar rastro. Entre las notas hay muchas referencias musicales, a los Beatles, a la histeria en sus conciertos, a ver al grupo siempre corriendo y así retratado, o a su disolución en Disneylandia el 29 de diciembre de 1974; a los grupos británicos que destrozaban los hoteles más allá de su territorio, el cual dentro, mantenían impoluto. El festival de Woodstock, una semana después de los crímenes de la familia Manson.
Referencias a la guerra del Vietnam, a los traumas de las guerras, al reguero incesante de suicidios entre los soldados. Para mantener un estado de alerta y disminuir la ansiedad, desde 1966 hasta 1969, las Fuerzas Armadas estadounidenses consumieron en Vietnam 225 millones de tabletas de estimulantes, en mayor medida Dexedrina.
La prostitución de alto nivel del creador de Playboy. El arte moderno ofrece también anécdotas curiosas, como una obra de arte que consiste en poner una bolsa de plástico sobre una mesa y va el personal de la limpieza del museo y la tira la basura. Notas que nos informan que el escándalo hoy en el arte moderno no viene tanto por el contenido de las obras, sino por su valor de mercado. Ser dueño de una obra de arte es tener la potestad de decidir quién puede contemplarla y quién no. Apuntes de corte naturalista. Que no haya ningún puente sobre el Amazonas, que la Gran muralla China no atraviese el curso de ningún río, que existan islas flotantes (la Isla de Basura o la Isla Plástico) hechas de basura. Referencias a Disneyland, un mundo aparte o a Fordlandia, flor (casi) de un día. El rumor, no desementido, de la pertenencia de Julian Assange a Leyden Ltd. Referencias filmicas: es el discernimiento lo que nos derrota. Soliloquio del coronel Kurtz en Apocalipsis Now. Y otras muchas notas de todo tipo. En Liechtenstein hay más empresas radicadas que habitantes. En 1854 el empresario circense P.T Barnum organiza el primer concurso de belleza femenina. Una protesta popular lo obligó a cancelarlo. La sumisión total puede ser una forma de libertad. Todos los ciudadanos del Vaticano nacieron en el extranjero. El único nacimiento registrado en el Vaticano es el de un gato que perteneció al papá León XII en 1825.
Referencias pictóricas: y oí que un grito interminable atravesaba la naturaleza. Eduard Munch. Recién en 1844 aparece la lluvia en una pintura occidental.
El texto incorpora algunos cuadros, en reducido tamaño y en blanco y negro, quedando así muy desvirtuados.
Notas sobre las redes sociales: para una mayor comprensión: Facebook es la continuación del Reader’s Digest por otros medios.
El ánimo modernista invocado parece obligado a concitar una imagen de Google Street. Aquí la de la Casa Blanca, que arroja un trozo de césped y la sombra de un árbol. El fulano que creó Leyden Ltd fue un tal Paul Wilkes de quien se filtran entre las notas jirones de sus diarios: si tan solo pudiera pensar en ella, sería completamente feliz. Pero no pienso en ella, sino en mí con ella. De nuevo yo, como un estorbo contra mi propia felicidad. Diario, octubre de 1997.

Todo este cúmulo de notas, al margen del texto principal, del libro que las genera y se nos hurta, dan lugar a un texto nuevo, proteico, de lectura muy sugerente, al abordar un sinfín de temas, algunos con la extensión de un aforismo. Hay aquí la necesidad de ejecutar una lectura muy activa, convertida en un gozoso e inteligente pasatiempo, en la que cada nota es un hilo del que tirar. Como en ese texto en el que se tachan ciertas palabras y son precisamente aquellas obliteraciones las que el lector busca con ahínco, saber qué ocultan, algo parecido sucede con las notas al pie de una novela tan real (proyectada sobre la mente del lector) como inexistente.

Eterna Cadencia. 2019. 112 páginas

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Enfermos antiguos (Vicente Valero)

Acudo puntualmente a mi cita con Vicente Valero después de haberlo descubierto con la lectura en 2015 de El arte de la fuga. Luego vendrían la estupenda novela Los extraños, Experiencia y pobreza, Walter Benjamin en Ibiza, Las transiciones y Duelo de alfiles.

De una manera inopinada pero muy en comunión con los tiempos que corren he ido leyendo novelas que tienen la enfermedad como almendra literaria. No entres dócilmente en esa noche quieta, Tierra de luz blanda y ahora Enfermos antiguos.

Como sucedía en Las transiciones, Valero echa la vista atrás y regresa a sus años de la infancia, cuando éste tenía unos diez años. Corre el año 1973. Hay dos enfermos que se llevan la palma, por su notoriedad: Franco y Pablo VI. Uno moriría el 20 de noviembre de 1975, el otro el 6 de agosto de 1978.

Valero recuerda acompañar a su madre en la visita de los enfermos. Muchos de ellos conocidos de su abuela que al morir joven, con poco más de sesenta años, deja a su hija esa herencia de auxilio y acompañamiento al prójimo y así Valero se verá acompañado de su madre (muy dada a los festejos y a las alegrías populares que deparaban los toros, el fútbol…) visitando a familiares y conocidos, enfermos todos. Aquello no deja de ser para el joven una escuela de vida.

Presente en la narración está la escuela, la relevante presencia de un joven profesor con aires de hippy que resultará ser de alto rango nobiliario. Algo que le permitirá a Valero entender la pleitesía que todos le tributan a pesar de su juventud y apariencia. Reina también la amistad, con Guillermo, hijo de unos exiliados que regresan a Ibiza después de unas cuantas décadas fuera, con los nuevos vientos que soplan, porque el abuelo de Guillermo quiere morir –y lo consigue- en casa.

Guillermo viene como se va, después de haber dejado una profunda impresión en Vicente, tanto como la presencia de sus hermanas, a una de las cuales verá desnuda, disfrutando por vez primera el infante de la flamígera y subyugante belleza femenina.

Los nuevos tiempos que trae la caída de la dictadura y los albores de la democracia se rumian por los insulares con cautela. Lo que parece evidente era que el progreso asomaba ya por todas las partes y en la isla en la que vivía Valero, Ibiza, el turismo será el presunto nuevo maná, fuente de riqueza y empleo (los jóvenes querían ocupaciones menos esclavas que el campo, o que un bufete de abogados) que podría generar resquemor, pero también mucha esperanza, haciendo la sociedad más abierta, menos endogámica.

El tránsito, no hacia la vida eterna, pero sí hacia una –presunta- vida mejor, es la que cifra muy bien Valero en este sucinto texto de fluida prosa, que uno desearía fuera más extenso, pues da la impresión de ser este texto esa clase de novelas que se publicaban siglos atrás por entregas. Así la novela parece un episodio vital necesitado de una continuación que deseo llegue en el corto plazo.

Periférica. 2020. 142 páginas

Vicente Valero en Devaneos

El arte de la fuga
Los extraños
Experiencia y pobreza. Walter Benjamin en Ibiza
Las transiciones
Duelo de alfiles

Tierra de luz blanda

Tierra de luz blanda (Ezequías Blanco)

La enfermedad está tan presente en nuestro día a día como lo está en la literatura. Ezequías Blanco describe una situación personal, que le abocó a un hospital, a lo largo y ancho de 38 poemas. Vive el poeta para contarlo o para poemarlo, con poemas de títulos tan explícitos como Dolor, Gotero, Fiebre, La cama, Drenaje, Quirófano, Anestesia, que dejan poco espacio para dilatar la imaginación y donde el poema consiste en dar grosor a la palabra enunciada en el título. Lo que prima es la euforia, del que se sabe sino sano sí vivo y eso conduce la mirada a la belleza del ser y del estar, tras la convalecencia, después de haber practicado durante días la imperativa horizontal, tras verse ramificado por toda clases de tubos que salen de su cuerpo; raíces que no deben enraízar. Los sentidos adormecidos, anulados, puestos en suspenso, fiado todo al pensamiento, el constructor de mundos. El ímpetu, los bríos, la energía, todo ello drenado: un objeto que se puede ver pero no tocar. El poeta ruge y suelta entonces un endecasílabo Tu alma es un pozo oscuro entre las sombras. Pero la sombra muda en luz y el pozo no es tal, cuando lo asole la esperanza, a lomos de la belleza, aquel amante furtivo e inasible.

El poeta vuelve al camino, a la carretera, al papel, recosido, reparado, renacido; una amalgama de jirones que levantan acta de una vida mellada. Si la literatura alivia, si es un bálsamo de Fierabrás o no, lo desconozco, tanto como si este libro estará a mano de cuantos ahora se vean obligados a pisar un hospital y no tengan la mente ni el cuerpo para ladrillos bestsellericos y prefieran algo más ligero, más portátil, más sentido. Un fruto maduro de la experiencia.

Me llama la atención (aunque visto el percal que manejamos en la lectura no debiera) que el autor dedique su poemario a un doctor y a una doctora.

Los libros del Mississippi. 2020. 60 páginas

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La mirada hostil (Eduardo Iriarte)

La mirada hostil, última novela de Eduardo Iriarte, aborda la pérdida de los seres queridos, la enfermedad que borra la memoria de un anciano, la ira ciega y homicida que aflora sin poder ser domeñada en un animal herido con el viso de un cuarentón, la impotencia de querer y no poder ser madre por parte de una joven bibliotecaria y los cantos de sirena del suicidio que la tientan. El pasado y el presente son una cruz lancinante para todos ellos, de la cual es muy difícil desprenderse.

Iriarte se sustrae a la toponimia descriptiva y así cuando un anciano, Alberto, rememore su pasado, hablará del pueblo, la capital de provincias, la ciudad. Su pérdida de memoria pugna por evocar a su mujer desaparecida, Marina, aquejada de demencia, la cual salió de su domicilio para no volver. En Alberto se cifra la soledad, la pautada monotonía de los días clónicos, trazados al carboncillo, y su afán pasa por dejar sus bienes materiales cuando muera, a alguien a quien ese maná monetario le mejore la vida.

En la narración, las existencias de Alberto, Esther y David se entrecruzan con fatales y “benéficas” consecuencias. Esther, frustrada por no poder ser madre, se venga a su manera con los informes de lectura que ofrece a una editorial, y pasa por el barro el manuscrito de un escritor al que conoce y al que ve acarrear siempre sus libretas de aquí para allá. El tercero en discordia es David, que sufre por las noches los empellones y arremetidas de su mujer. Luego sabremos a qué atiende ese propinador furor cardenalicio conyugal, mientras a su manera él desahoga su pesar y su penar en ensoñaciones y luego ejecuciones homicidas, sin encontrar nada ya que le devuelva la alegría drenada antaño por el hueco de un ascensor.

Iriarte pone su atención en un barrio urbano, en un racimo de calles en el que de esas tres mil personas que allá moran –quizás como metáfora de la rampante incomunicación que aboca más al voyeurismo y al espionaje en la red que a la charla física y franca- solo unas pocas irán en su trato más allá del saludo, y por efecto de la ficción, como las cuentas de un rosario manoseadas por infaustas falanges, Alberto, Esther y David se van a ver embrollados de una manera que se me antoja tan forzada y rocambolesca como de escaso fuste.

Me sorprende que el autor emplee algunas expresiones de forma tan reiterativa, y me refiero a “A ciencia cierta”, o “De un tiempo (o unos días) a esta parte”, o que cuando Alberto evoque a su mujer, aparezca en el texto, si no me equivoco, tres veces aquello de “Sus ojos del color de los ríos en otoño”. En una novela de esta extensión (250 páginas), cada palabra ha de valer su peso en oro y estas reiteraciones me provocan cierto hastío y cansancio.

A veces uno busca describir la realidad y acaba en la irrealidad más absoluta.

Sapere Aude. 258 páginas. 2019