Archivo de la categoría: Rubén Martín Giráldez

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El fill del corrector | Arre, arre, corrector (Adrià Pujol Cruells, Rubén Martín Giráldez)

Me ha costado lo mío, porque tiene lo suyo, hincarle el diente a un libro tan correoso como el presente.
!Qué desfachatez lanzar (¿hablamos de libros o de sondas espaciales?) -hace ahora un año- un libro como este al mercado! !Qué osadía la mía, meterme en semejantes zambras, en tamaños berenjenales bilingües! Quizás sea (que no) que de moete oyera hasta la saciedad el Ne me quitte Pla, que ahora cuál cancerberoplavloviano oiga Pla y menee el rabo y me vea (en plano genital cenital) leyendo un libro en catalán, idioma que a pesar de hablarlo en la intimidad presidencial, leído, se me escurran las paraules , su sentido (y sensibilidad) y significado.

La última vez que hablé de Giráldez comentaba -por su naturaleza de tragasables- que se la estaba jugando y lo decía después de haber leído su Magistral, y no me refiero al personaje Clarineteregentiano, sino a aquel artefacto libresco cimero. En horror a la verdad, apuntar que no ha mucho que (re)tirado a la bartola me leí Vidorra, más que nada porque el traductor era el susodicho, aunque confieso que Nog no me gustaron en demasía.

Avancemos, no nos demoremos en el umbral, porque aquí he venido -es un decir- a hablar del libro escrito por Adrià Pujol Cruells (Begur, 1974), hijo del corrector intermitente de los textos de Pla, del que hasta la fecha no había leído nada. La “traducción” al castellano es obra -y gracia- de Giráldez y el libro, uno y trino (o tríada): porque al texto en catalán (a la izquierda) y en castellano (a la derecha) se adicionan (sí, enganchan) 114 notas al pie, o en medio, o íntegras, que aderezan/desplazan/usurpan/devoran el texto de uno y de otro, con un intercambio de impresiones/digresiones/circunvoluciones, entre el autor, el traductor y alguna esporádica de los editores, que dejan al menda esaurito pero satisfechísimo, como después de correrme una maratón sexual.

No sé cual es la forma óptima de leer este libro. Yo empecé leyendo solo la parte en catalán, en voz alta, a modo de letanía, pero como muchas cosas se me escapaban, aquello era como una misa en latín de la que me coscaba de la misa la media. Así que fui leyendo primero en catalán y luego en castellano, obviando las notas, luego lo retomé leyendo en catalán, en castellano y las notas tal como iban, diluyendo el texto, incorporándolo, con tal intensidad ocular que mis nervios se convirtieron en fibra -válgame la redundancia- óptica.

Al final Pla es la excusa de Adrià para hablarnos de su padre y de las tabarradas que éste les daba a cuenta del escritor al que corregía, para hablarnos de sus libros publicados, su carrera literaria, sus contactos y todo aquello que se es/cuece en el mundillo literario, del que está visto que hay que huir como de la peste negra. En este sentido está bastante manido que el protagonista de un libro sea un escritor que habla de su escritura, aunque aquí sea a modo autobiográfico, pero no siempre ocurre. Recuerdo cuando leí Mi vida al aire libre, que el vallisoletano, buen amigo de Pla, no hacía ninguna mención a su “faceta” de escritor, lo cual muestra un autodominio propio de un espíritu ciclópeo.

Giráldez que entiende la traducción como escritura (echen un ojo a Cómo me hice monja)
añade a su traducción párrafos de su cosecha, multitud de referencias a textos y autores, con ese gracejo inigualable suyo, codeándose ahí con Pujols, escribiendo por él, (hete aquí, inter nos, Giráldez, un autor vináceo de los que dejan lágrimas en la copa y en los ojos, de risa), con apuntes autobiográficos (ceñidos a lo libresco), y otros momentos más recientes como las movidas referendumianas.

Ante tanto cemento y tanta editorial ladrillar, autores como Giráldez con su labrar labor, han ido a la chita callando arando el campo semántico, inseminándolo, tal que ahora, de aquellos polvos estos log(r)os.

Los intrépidos y sagaces editores encargados de sacar adelante esta idea bilingüe, tan peregrina y deleitable como extravagante, no han sido otros que los muy refrescantes: H(2) & O

Hurtado & Ortega Editores. 2018. 206 páginas. Epílogo de Antoni Montí Monterde. Traducción Rubén Martín Giráldez

He traducido este texto al catalán echando mano de un traductor de chichinabo, el de google y el resultado es tan deplorable como mejorable. Si alguien osa a la encomienda (por la face, !bien sûr!), será bienvenido (por ahí está la dirección del correo) y su traducción apostillada al texto en castellano. Y ya puestos a viralizar estos devaneos, dicha propuesta la hago extensible a cualquier otra lengua distinta del castellano.

www.devaneos.com

Vidorra (Jean-Pierre Martinet)

Esta novela de Jean-Pierre Martinet, me trae ecos de otra de Picabia (Pandemonio) o de Dovlátov (Retiro) en cuanto a su tono desenfadado y gamberro, a sus personajes estrafalarios. Aquí un hombrefalo joven asediado sexualmente por una mujer de 48 años y viuda; un narrador, un aborto se dice, un alfeñique digo, trabaja a media jornada en una funeraria y vive en una casa con vistas al cementerio donde ve la lápida de su padre, presunto colaboracionista de los nazis y hacedor de la desdicha de su mujer que sería gaseada. Unos lazos de sangre convertidos aquí en maromas que estrangulan el raciocinio de nuestro personaje.
Un relato breve que se lee sin pena ni gloria a pesar de que la traducción sea obra de Rubén Martín Giráldez (autor de Magistral), traducción que tampoco deja huella. Seguro que en francés se disfruta más de los juegos de palabras. Lo curioso es que si leemos las panegíricas y estupendas notas previas de Javier López González nos prepararemos para lo mejor y esas altas expectativas conducen de bruces al batacazo. Alguna risa me he echado leyendo como su amantis religiosa repele cada una de las lecturas que le ofrece su amante. Entre ellas Senilidad (o Senectud) de Italo Svevo. Lectura futurible que ella se tomará como una afrenta nominal.
El libro de la editorial Underwood es bonito, efímero, con letras azules, la foto del autor en la portada, buen diseño, pero muy poca chicha.

Literatura francesa en Devaneos

NOG

NOG (Rudolph Wurlitzer)

He leído o creo haber leído Nog.

La prosa que se gasta Rudolph Wurlitzer (Ohio, 1937) es del mismo pelo que la de Erickson en Días entre estaciones, que me horripiló. Como hacía Erickson, Wurlitzer cuando no sabe qué hacer con sus personajes los pone a follar o él se saca la polla y ella se la come. Sí amigos, placer licuante a tope. Vida líquida y seminal.

Lo demás resulta caótico, errabundo, un chapurreo donde un fulano divaga, delira, fantasea, recuerda, borra sus recuerdos, los reconstruye, mientras recorre Estados Unidos con tres recuerdos y un pulpo de mentirijillas, por ríos, montañas, cañones o canales, acompañado de una mujer y de otros tipos que no sé si son entes asociados, disociados o consorciados del narrador. Si la primera parte, a pesar de la alucinación del personaje resulta pasable, la segunda mitad es un plomo.
Lo bueno es que uno aprende palabras nuevas como tipi, cabás o fregata, pero para tan magro resultado no vale dejar cinco horas leyendo esto, o quizás sí.

En breve, Wurlitzer publica por estos lares Zebulon y tenía ganas de leerla, pero después de tamaña decepción, en caso de abundar más en Wurlitzer sería ya masoquismo, aunque parece ser que al tratarse esta de su primera novela, que la escribió con 30 años, allá por 1968, me resulta un tanto a medio cocer y que las novelas que sucedieron a esta son mejores. Veremos. O leeremos. O.

Underwood. Traducción de Rubén Martín Giráldez. 2017. 190 páginas.

Libros

Muy buen año de lecturas. 2016

Este año que finaliza ha sido muy bueno en cuanto al número de lecturas y a la satisfacción que me han deparado la mayoría de ellas. He leído unos cuantos libros que deseaba leer hacía tiempo, libros soberbios, entre otros, como Rayuela, Ulises, La Regenta, La colmena, Historia secreta del mundo, El comienzo de la primavera, Los siete locos, Fedón, Relatos autobiográficos de Bernhard, Días felices en el infierno, La resistencia íntima, Peregrinos de la belleza, La isla, Los ingrávidos, Mujer de rojo sobre fondo gris, Ruido de fondo, Una ambición en el desierto, La noche feroz, Una historia aburrida, El banquete, Sostiene Pereira, Herzog; alguno crucial como el Gorgias y también alguno como Crimen y Castigo, que lo leeré entre este año y comienzos del próximo.

He leído, si no me fallan las cuentas, libros de 66 editoriales distintas, de autores y autoras de distintos países. La mayoría han sido novelas, pero también he leído ensayos, diálogos, poesía y cómics. He descubierto a escritores en los que pienso seguir abundando: Emmanuel Bove, Albert Cossery, Natalia Ginzburg, Roberto Arlt, Thomas Mann, Matilde Serao, Antón P. Chéjov, Fiódor Dostoievski, Álvaro Cunqueiro, Pío Baroja, Stuparich, Szymborska, Cortázar, Borges, Cela, Savinio, Ernesto Pérez Zúñiga…

De todos los libros leídos este año, unos me han gustado más que otros y esto se ve claramente leyendo las reseñas, así que el que tenga tiempo y ganas, ya tiene con lo que matar su tiempo.

Quien siga esta blog creo que ya estará al tanto de mis gustos y de mis disgustos literarios. En cuanto a lo que se ha publicado este año, estos son los libros que más he disfrutado y que gustosamente leería de nuevo: Nemo (Gonzalo Hidalgo Bayal; Tusquets Editores), Nembrot (José María Pérez Álvarez; Editorial Trifolium), Fosa común (Javier Pastor; Literatura Random House), La manzana de Nietzsche (Juan Carlos Chirinos; Ediciones La Palma), Hombres felices (Felipe R. Navarro; Editorial Páginas de Espuma), De profesión, lector (Bernard Pivot; traducción de Amaya García Gallego; Trama editorial), No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (Patricio Pron; Literatura Random House), No cantaremos en tierra de extraños (Ernesto Pérez Zúñiga; Galaxia Gutenberg), Un padre extranjero (Eduardo Berti; Editorial Impedimenta), El ojo castaño de nuestro amor (Mircea Cărtărescu; traducción de Marian Ochoa de Uribe; Editorial Impedimenta), Magistral (Rubén Martín Giráldez; Jekyll & Jill Editores), El sistema (Ricardo Menéndez Salmón; Seix Barral Editorial), El vientre de Nápoles (Matilde Serao; Gallo Nero Ediciones)

!Felices fiestas y lecturas!

Magistral

Magistral (Rubén Martín Giráldez)

Rubén Martín Giráldez
100 páginas
Jekyll & Jill Editores
2016

Pensaba no escribir nada. Pensaba dejar blanco sobre blanco sobre este fondo digital. Un fracaso neutro. Lo he pensado mejor y no, hay que escribir algo, un fracaso de reseña en todo caso, porque no hay reseña (nada de posarse sobre la margarita e ir desojando el argumento, si lo hubiera), sino una aproximación a la experiencia de leer una novela como Magistral, iba a decir del tipo de Magistral, pero lo dejamos en Magistral y quitamos el tipo.

Si hubiera llegado a la novela de Rubén Martín Giráldez sin haber leído Rayuela o Ulises de Joyce, mi experiencia hubiera sido otra. Hablo de estas dos novelas porque ambas dos son eso que se llama hoy con mucha alegría una fiesta del lenguaje, ya un lugar común; un cajón de sastre, donde va a parar todo lo raruno, lo singular, lo excéntrico, aquello que rompe el molde.

Magistral es raruna, singular, y muchas más cosas. RMG no es Joyce, Magistral no es el Ulises, pero como dijo George Steiner no cabe duda de que el contraataque más exuberante lanzado por escritor alguno contra la reducción del lenguaje es el de James Joyce y por analogía algo parecido podemos decir de RMG y su pericia y destreza con el lenguaje para perpetrar una novela del todo punto hilarante, ambiciosa, laminar, potente, portentosa y demoledora.

La voz que narra, el autor de una novela titulada Magistral, quiere acabar con su lengua castellana, una lengua que en su opinión ya ha dado todo lo que tenía que dar de sí. Un planteamiento que el autor de la novela -Magistral(mente) mediante- pone en entredicho, dado que mientras para muchos escritores el lenguaje es ya casi un producto acabado, donde con cuatro movimientos de trilero, tienen un libro en el escaparate de una librería, otros como RMG, constato brutalmente que usan el lenguaje, las palabras, como materia prima para llevar su oficio de picapedrero al límite. Donde otros reproducen, dilatan, se clonan a sí mismos, RMG crea, innova, se aventura, roza lo ininteligible, se regodea en ello.

Podemos poner todas las pegas del mundo, todas las objeciones a la novela, todas nuestras limitaciones en nuestro leer al hacer nuestra denuncia, pero creo que deben ser ponderadas en su justa medida, si lo comparamos con todo lo que Magistral nos ofrece.

Pocas veces uno tiene la suerte de darse un atracón como éste. He gozado, sí. Me he descojonado, también. He tenido que volver una y otra vez sobre muchos párrafos, a fin de ordeñarlos, de sacarles el jugo, que lo tienen. He consultado el diccionario unas cuantas veces. He agradecido que Ben Marcus escribiera en inglés y no en pekinés.

Libros como el presente son un zasca en la (*)bocación lectora del lector que vaya en pos de lecturas complacientes, cómodas, arrulladoras, amables. Magistral, muerde, desconcierta, araña, tritura, desamodorra y lo más importante, (me) entusiasma.

RMG es un tragasables. Se la está jugando.

(*) bocación: palabro híbrido entre boca y vocación.