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Roberto Arlt

La pista de los dientes de oro y otros relatos (Roberto Arlt 2014)

Roberto Arlt
Carpe Noctem
76 páginas
2014

Hay libros que cuesta menos leerlos que reseñarlos. O casi.

Tras la desilusión que me he llevado con la novela del zaragozano Larraz, Autopsia, en cuyas redes caí al leer esta reseña (si esta es la clase de novela o cima narrativa que los libreros, editores y casi todo resto de la crítica alaba, vamos dados), cruzo el charco y me voy hasta Argentina.

Seguimos.

Mientras me tomaba un café en una librería y al tener una mano libre me vi casi en la obligación de coger al vuelo el primer libro que tuve a mano y fue este. Nada sabía de la vida de Roberto Arlt. Luego supe que era argentino, que nació en 1900 y murió en 1942. Que fue novelista, cuentista, dramaturgo, periodista e inventor.

La editorial Carpe noctem reúne cuatro relatos de Roberto. Resultado 76 páginas, en un libro mínimo que ocupa menos que la palma de una mano.

Los relatos son:

1. La pista de los dientes de oro: se comete un crimen. El motivo: la venganza. El asesino se ve asediado y una dentista alertada por la policía intuye que su paciente es el criminal. No sabe si denunciarlo porque a la chica le da morbo asomarse al precipicio. Él cree que tras explicarle por qué hizo lo que hizo, ella no lo delatará. Todo son hipótesis.

2. Los cazadores de marfil: Dos hombres uno Pequeño y otro Grande se ganan la vida con el tráfico del marfil. El Pequeño y codicioso, decide tirar de la barca en la que van al Grande para quedarse con los beneficios. Tras el crimen el Pequeño vive comodamente con su hijo, pero con sus remordimientos. Un día, el muerto, que no es tal, aparece vivito y coleando. Quiere venganza y la obtiene. El hijo que ve la escena, despacha al asesino de su padre y al final el Pequeño y el Grande se van de la mano a la Nada de la que vinieron.

3. La ola de perfume verde: Algo parecido a una plaga asola a la humanidad con la fragancia de un perfume que embriaga y adormece. Resulta que todo aquello proviene de los hidrocarburos de la cola de una cometa que cruza por la tierra. Hay un científico que se lo huele, antes de tiempo, pero que no hace nada por evitarlo, porque ¿cómo dejar pasar algo así?.

4. La doble trampa mortal: Hay titulos que evisceran el relato que contienen, como este. Un agente recibe el encargo de matar a otra agente (no recuerdo si doble o triple) que trabajaba para ellos, porque sus jefes le dicen que es una traidora. Como todos son a cual más espabilados, aquello deviene en un trampa mortal y doble. Pues eso, que mueren el verdugo y la víctima. Un relato de altos vuelos. Por cierto. Es el primer libro que leo donde aparece la ciudad autónoma de Ceuta.

Roberto Arlt
Roberto Arlt

En todos los relatos hay algún muerto y todos ellos acaban con el factor sorpresa, rematando la faena con solvencia.

Arlt es conciso y preciso, despoja sus relatos de morralla y los deja reducidos a su mínima expresión, resultando no obstante lo suficientemente intensos y muy bien escritos como para contarnos historias de los más variado (relatos que se nutren de científicos, policías, asesinos, cazadores, espías…). Me ha gustado bastante. A menudo me pasa cuando no tengo expectativas de ningún tipo con una novela.

autopsia

Autopsia (Miguel Serrano Larraz 2013)

Miguel Serrano Larraz
Editorial Candaya
2013
397 páginas

Miguel Serrano Larraz (Zaragoza, 1977) es maño y esta novela suya transcurre en Zaragoza.

El protagonista de la novela atiende al nombre de Miguel, como el autor, y las cosas que nos va contando nos dice Miguel que son veraces, cambiando eso sí algunos nombres. A saber. Tampoco me parece clave saber si el autor se vacía y expía sus pecados sobre el papel o es ficción. Eso no hace mejor o peor un libro.

Dos hechos hay recurrentes en la novela.

Uno. A Miguel le dieron una paliza unos skinheads. Aquello, además de dejarle el cuerpo hecho polvo, le permitió ganar en Aranda de Duero un segundo premio de poesía, con una poesía basada en el día en que le dieron la tunda los rapados.

Dos. En el colegio, Miguel y su amigo Tomás se dedicaban a hacerle la vida imposible a otra compañera, Laura Buey. Aquello a lo que en su día no dieron importancia, ahora con la fuerza de un boomerang encabitrado, vuelve de modo recurrente para perturbar el ánimo de Miguel, que supera ahora los 30, y entiende que aquello que hacían con la pobre Laura no estuvo nada bien, agravado con el contrapunto de ser Miguel ahora padre y estar dispuesto a hacer cualquier cosa por defender a su hija de los agravios ajenos.

Luego el relato se fragmenta y va y viene en el tiempo.

De todos los protagonistas del libro, la mayoría secundarios, hay dos con más relieve. Uno es Felipe, al que todos conocen como DJ Hans Castorp, quien en su día pinchaba en el programa Crónicas Marcianas y después por bares y locales de Zaragoza, convertido en un vampiro cultural, aumentando sus ganancias con charlas y derechos de autor.
El otro personaje es Mensajero que trabaja con Miguel y con quien éste sale de fiesta, acuchillando las noches, vaciando jarras de cerveza, lustrando los terrazos y aceras con vómitos festivos.

Miguel que se nos presenta como alguien huidizo, retraído, sin criterio, de fácil conformar, a quien le va bien en el colegio concertado al que acude, que saca buenas notas, con quien nadie se mete o lo hace objeto de sus burlas, que lidia esos años de instituto hasta ser adulto, y deja la carrera que cursa a punto de acabarla para irse a trabajar en los Grandes Almacenes de la Modernidad, dejando a su familia, alquilando en solitario un apartamento en la planta -1 de un edificio.

Miguel nos suelta entonces un rollo sobre cómo sobrevivir con 10 euros al día y cómo no perecer en su refugio ante unas temperaturas gélidas y sin auxilio de la calefacción (central ni lateral).

A los que tengan entre 30 y 40 tacos y sean de Zaragoza leer esta novela les hará ilusión (o no), al reconocer las calles, bares y locales que se nombran, así cómo algunos de los personajes que pueblan estas páginas como Ochaíta (o como realmente se llame). A los que somos de Logroño como yo y la literatura que va de bares, DJs, gente bailando como peonzas sobre una pista, o mantienen charlas etílicas amorrados a las botellas y refrenando así las pulsión suicida del cristal, nos aburre hasta la saciedad y la novela la leo entonces más por empecinamiento que por devoción para poder luego reseñar esto, ya que hasta el momento no tengo la capacidad de comentar (aún menos de alabar/loar/recomendar) un libro sin haberlo leído.

Recuerdo que en su día (31-10-2010) Rosa Montero, en lugar de reseñar un libro, escribía un artículo sobre la reseña de un libro que no había leído (¿reducción al absurdo? ¿intelectual low-cost?). A su vez, muchos de los comentarios que se vierten en las blogs literarias son de personas que expresan su deseo de leer o no el libro reseñado o de arremeter contra el autor/a de la reseña o del libro, en lugar de dar su parecer (tras haberlo leído) sobre el libro. No hablamos/discutimos/reflexionamos pues sobre lo derivado del hecho de leer una novela, sino del interés de los blogueros por leer o no un determinado libro.

Dejo la metaliteratura, sigo con la Autopsia.

A Miguel no sólo le apalizan los skinheads, sino que luego también le sacuden unos rockers (será porque es un blanco fácil), porque para el que no lo sepa en los noventa y no sólo en Zaragoza existían las llamadas tribus urbanas: skinheads, heavys, punkies, rockers, etc.
Ahora los jóvenes llevan unos peinados Bieberianos que parecen que les haya lamido la testa una vaca, y son todos de la tribu de los nativos digitales.

Antes cuando todos eramos primitivos digitales y no había consolas, nos consolábamos rumiando nuestro tedio tirando piedras a la vía del tren, jugando a las canicas o como hacía Miguel buscando alguien a quien buscar las cosquillas, o directamente humillar (en nuestro cole los que iban al grupo B se cebaban con un muchacho al que le tiraban la mochila por la ventana, para comprobar una y otra vez que no volaba, y sobre cuyo cuerpo se hacían melés. Consiguió salir adelante. Aquello también era bullying, pero en aquel entonces, a comienzos de los 80, éramos todos tan primitivos (y no sólo digitales) que todo aquello no provocaba ninguna reacción en contra).

Miguel Serrano Larraz
Miguel Serrano Larraz

La novela se pone en modo presentista al incorporar en el relato la presencia de Facebook. Herramienta virtual que le permite a Miguel ponerse en contacto primero y lograr un encuentro físico después, en un restaurante, con muchos de los compañeros de EGB. Ahí la novela replica lo que hemos visto y leído acerca de los reencuentros, sin aportar nada sustancial al respecto. Además su excompañera Laura Buey no acude por lo que nos quedamos sin la escena reencuentro/arrpentimiento/clemencia/perdón.

No sé cúantos ejemplares despachará esta novela, si serán 200 o 2000, si será un fracaso o un éxito (eso ya es cosa de Miguel y de la Editorial Candaya). Este libro lo he cogido de la biblioteca, así que en ese cómputo quedo fuera, pero si ya van por la segunda edición, señal de que el libro vende.

La lectura de Autopsia me ha dejado apático, ni me ha entusiasmado, ni me ha parecido una novela aborrecible, quedándome en un término medio. He encontrado algunas cosas que me han gustado por la forma que tiene Miguel de narrar determinadas situaciones, pero otras muchas me han parecido planas y prescindibles. Creo que para hacer una autopsia en vida de Miguel, o para eviscerar el pasado, 400 páginas son demasiadas, por mucho que la narración fragmentada en el espacio y en el tiempo, hagan la lectura más digerible. Además mi interés ha ido de más a menos. La primera parte me pareció intensa, el resto no tanto.

Eso sí, el manejo que Miguel Serrano Larraz hace de los paréntesis es notable (de auténtico maestro, diría), si bien, tampoco entiendo que haya Ninguna necesidad en el uso y abuso de tanto signo de puntuación (como este punto y final).

Próxima parada | La sustancia interior (Lorenzo Silva, 1996)

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Antonio Orejudo

Fabulosas narraciones por historias (Antonio Orejudo 1996)

Antonio Orejudo
Círculo de Lectores
2007
431 páginas

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto leyendo un libro.

Antonio Orejudo (Madrid, 1963) publicó en 1996 esta novela, Fabulosas narraciones por historias, con 33 años. La edad me parece relevante porque Orejudo tiene en mente una novela ambiciosa, no solo en extensión, más de cuatrocientas páginas, sino en recorrido. Es de largo aliento.

La novela reúne a un puñado de persones históricos tales como Juan Ramón Jiménez, Ramon Gómez de la Serna, José Ortega y Gasset, Unamuno, Lorca, entre otros muchos, en el marco de la Residencia de Estudiantes, a comienzos de los años 20 del siglo pasado. Una Residencia entendida como un «proyecto pedagógico, moderno y europeizante«.

Ante esas vacas sagradas de la literatura y el pensamiento, se encuentran en la Residencia una panda de estudiantes subversivos y exaltados que tratan de dinamitar la realidad y a quienes la habitan.

De todos los personajes que pueblan la novela, hay un trío que se lleva la palma.

Por un lado tenemos a Patricio Cordero, Patric, sobrino de Pereda (el escritor) cuyo único objetivo es publicar su novela, Los Beatles. Lo tiene complicado porque todos se niegan a prologarla y también de paso, a publicarla. Esto le lleva por el camino de la amargura, ante la imposibilidad de realizar su sueño de convertirse en escritor.
A su vera, Santos, un paleto que vive entre cerdos, que deja su aldea, se muda a la capital y tiene a Patric como modelo, de quien bebe y se empapa, puliendo sus modos, culturizándose en mayor o menor medida.
El trío lo completa Martiniano, a quien le falta un ojo, burro como un arado, anarquista hasta las trancas, irreverente en grado sumo, amigo de la violencia, desmesurado y excesivo, que gracias a todas estas virtudes, nos ofrece cuando aperece en escena, las que me parecen las mejores páginas de la novela.

Entre medias una revista, La Pasión. En ella, los lectores confiesan sus devaneos sexuales de todo tipo: desde relaciones incestuosas, escarceos con mujeres mayores e incluso actos de canibalismo. Si los relatos son tronchantes, las réplicas ya son la monda, de la mano y pluma del Dr. Moore, quien lejos de juzgar o criticar actos para muchos deleznables, opta siempre por dar por bueno todo cuanto le cuentan, reformulando incluso el canibalismo como un acto de amor. Orejudo es grande, su mente poderosa.

Parte de los discursos de los personajes de la novela son réplicas de textos de Gasset, que también aparecen en la novela. Obras tales como La España invertebrada o La deshumanización del arte. Un Gasset que se convierte en la novela en objeto de burla, tachándolo de mujeriego, aristocrático, vanidoso, todo un dechado de virtudes, a quien le van a a la zaga Azorín, cuya brutalidad sufrirá su sobrino Martiniano, a quien dejará ciego de un correazo o Unamuno, muy pagado de sí mismo, a quien le gusta mucho disertar pero poco o nada dialogar.

Antonio Orejudo
Antonio Orejudo

La novela, como retrato de la sociedad burguesa de esos años da cuenta también de las tertulias que se llevan a cabo en los Cafés, del empeño por parte de los tertulios de atraer a las mismas a gente de relumbrón, de los temas la mayoría de las veces banales que se tratan en ellas, devenidas en mentideros, donde una mitad despelleja a la otra mitad, no presente en la tertulia. Tertulias, donde por obra y gracia (mucha gracia) de Orejudo brilla un humor que deslumbra.

En la Residencia de Estudiantes el presunto proyecto pedagógico es un campo de batalla entre bandos enfrentados, luchas de poder encarnizadas, donde los jóvenes residentes verán premiada la asistencia a las conferencias de excelsos personajes como Gasset, Unamuno o Juan Ramón Jiménez, con mejores sustanciales en sus notas. Conferencias que daran pie para otros tantos momentos hilarantes.

Sin poder acotar en estos párrafos el argumento expansivo y torrencial de la novela, queda bien plasmado lo que siente un escritor como Patric al querer publicar una novela, cuales son sus ansias y sus desvelos ante un objetivo que le hará orillar todo cuanto le rodea, amigos también. El empeño de otros, como Santos, de tener un referente, un modelo, como a Patric. El nihilismo de Martiniano, convertido en carne de cañón desde su infancia. Los tejemanejes de la aristocracia y las clases pudientes, como el mecenas Leo Babenberg y el concepto que estos tienen del arte. Las cabezas pensantes, sean literatos o filósofos, hermanados en su vanidad, bien pagados de sí mismos.

Finalmente, la novela supera los años veinte, y en los años 30, La Guerra Civil como un torrente enloquecido, dejando dos orillas, entre un río de sangre. Y ya en las posguerra, vemos los escombros humanos de los pocos personajes que han sobrevivido, no sólo a la guerra, sino a la batalla final: el paso del tiempo.

Antonio Orejudo perpetra una obra monumental y ambiciosa en la que derrocha talento, ingenio, inventiva, donde se gasta un humor corrosivo, capaz de sostener una novela de 431 páginas sobre un prosa potente, musculada, proteica, expansiva, burlesca, que permite divertirte, aprender, reflexionar y descojonarte, todo junto y a la vez, con estas fabulosas narraciones que nos hace pasar por Historia

He leído otras cosas de Orejudo (Ventajas de viajar en tren y Un momento de descanso) y me han gustado muchísimo menos que esta novela que merece la pena, y mucho, leer, pero ya.

Próxima estación: Autopsia (Miguel Serrano Larraz)

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Alberto Olmos
2012
Editorial La Uña Rota

Pose (Alberto Olmos 2012)

Alberto Olmos
Ediciones La Uña Rota
2012
134 páginas

Alberto Olmos (Segovia, 1975) publicó Pose en la editorial Segoviana La Uña Rota en el año 2012.

La novela recoge la estancia de Olmos en Japón y luego en México (en la Feria del libro de Guadalajara). En Japón estuvo el escritor en 2005, en México en 2010. Más allá de que ambas historias transcurran fuera de Segovia y de España y sean un flujo incesante de naderías, poco más tienen en común dentro de este díptico.

Como si se trataran de unos descartes de su muy recomendable novela Trenes Hacia Tokio, Olmos nos ofrece 59 páginas de su paso por el país nipón. Como Olmos se confiesa un mal turista, su mirada y por tanto sus reflexiones se dirigen a lo epidérmico, a saber: hebillas de pantalón, pieles que se erizan al contacto con la yema del dedo, paquetes cárnicos que se inflan descontrolados ante el empuje del deseo, la frontera donde una media femenina nubla el entendimiento masculino. Ese tipo de cosas.
Olmos no obstante se muestra comedido y lo más bizarro a lo que osa es a echar fotos a la entrepierna de una comensal mientras comen todos juntos a ras de suelo en un restaurante.

El protagonista de la historia es un profesor que imparte clases en varios idiomas: A, B, C a diferentes chicas B, K, H. y a mí este tipo de escritura donde uno se muestra tan perezoso me parece una P.M.

Al final de este relato nipón el protagonista juguetea con la idea de clavarse un cuchillo. Se lo piensa mejor y gracias a Dios, el mejor escritor segoviano nacido en el 75, regresa a España, lo cual le permitirá en el futuro seguir publicando novelas, fichar por el grupo Mondadori y darse un rulo por México, acudiendo a la Feria del Libro de Guadalajara en 2010.

Alberto Omos
Alberto Olmos

Que Olmos sea un mal turista tiene un pase, que muestre tan poco aprecio por su lectores, no.

Su periplo por Guadalajara son 63 páginas, que al tiempo que a uno le dan ganas de dejar de leer (esto no lo conseguirá ni Olmos ni escritores mucho peores), me surge la siguiente reflexión: ¿en qué piensan ciertas editoriales cuando publican paquetes como este?.

El protagonista de este relato mexicano es Alb, Alberto Olmos, narrando en tercera persona. Yo creía que así cogería distancia, que el relato sería emocionante, vibrante, chocarrero, explosivo, gamberro. Nada de esto hay.

Olmos va con la idea de no montar un pollo y ese personaje canalla que se montó en internet (Vilas dixit), sólo tiene, parece ser, sentido allí, en las nubes virtuales, porque al natural, viendo (o leyendo) lo que fue su pas(e)o por la Feria, no puede ser el hombre Alberto/Alb, más modorro, sosainas, comedido y aburrido.

Como Olmos es escritor, o al menos escribe libros y supongo que vivirá de esto de escribir, comienza su relato mentando a otros escritores. El primer afortunado es Juan José Millas que también fue a la Feria y viajó en primera clase. Alb lo hizo en segunda.

En la Feria se entera de que a Rafael Reig le han dado un premio los de Tusquets y al final consiguen ambos fundirse en un abrazo en los servicios. En una tertulia con otros escritores castellano leoneses (Esquivias, Abellá, Vallecillo, Conejo, Cuevas) no le canta las cuarenta al moderador, cuando bien se merecía un rapapolvo, mantiene también conversaciones con otros escritores que se reducen a un simple hola y adiós, compra y regala libros a sus lectores y a su regreso a poco se va el avión a buscar las llaves al fondo del mar. ¿Por qué cuando el personaje de una novela está en el interior de un avión hablar de la pantallita en la cual se ve a un avión chiquitín avanzando a paso de tortuga, es ya un lugar común, tanto como hablar del tiempo, o como ver a CR7 sin camiseta?

El final es feliz, y Alb regresa a Madrid sano y salvo.

Si Olmos algún día quiere ser como Gamoneda o como Juan José Millás debe aplicarse mucho más. Para alguien como Olmos que se lo ha leído todo, es un delito contra la humanidad, mejor, contra el lector (como yo que leo sus libros), convertir esta «novela» en un Elogio de la sandez y dejar que una editorial, aunque sea segoviana te la publique.

Alberto Omos en devaneos.