Archivo por días: 07/12/2008

Aceite Galilea

Aceite virgen extra Galilea

El otro día estuve de visita por el pueblo de Galilea y antes de volver para Logroño, aproveché para comprar aceite de oliva extra virgen de La Rioja. Junto al cementario está la almazara. No es muy grande, pero de allí la vista es preciosa, con los montes forrados de olivos, como los que hay antes de llegar a la almazara. Las olivas ya estaban a punto, pues ya es hora de recolección. En una pequeña garita dentro del recinto, es donde se puede comprar aceite. Yo me hice con una caja de veinte litros, en diez garrafas de 2 litros. Sale a poco más de cuatro euros el litro, y tiene un sabor excelente. Al volver, por Corera, saliendo de Galilea vi la fábrica de Hejul, que también hacen aceite y se les ve a menudo en todas las ferias gastronómicas que se organizan.

La hermandad de la buena suerte

La hermandad de la buena suerte Premio Planeta 2008

A mí los Premios Planeta me dejan muy frío. De los que leído estos años del que mejor recuerdo guardo es el de Juan José Míllas. Lo que no me cuadra es que presentándose tantos cientos de autores al final los libros ganadores sean tan mediocres. Se preparó una buena cuando Juan Marsé despotricó contra la ganadora de hace tres años con el libro Pasiones Romanas. El ganador este año ha sido Fernando Savater, que además de su faceta como filósofo y su posicionamiento contra ETA, escribe también ensayos, libros infantiles y novelas bajo pseudónimo como esta. El libro no sé muy bien como catalogarlo, porque me ha dejado de un aire, como un pan a medio cocer.

No hay demasiada intriga que digamos y una vez que nos presentan a los personajes, estos dan muy poco de sí. Se ambienta en el mundo de las carreras de caballos, donde dos mandamases se disputan la victoria de un torneo, llevando a cabo prácticas poco legales para conseguir sus fines. La lectura se hace amena, eso es cierto, y Savater hace gala de buen humor, insertando continuos chascarrillos algunos más logrados que otros. La trama se insufla de cierto misterio porque hay un presunto caso que resolver por parte de un grupo de maleantes. A Savater le puede su profesión de filósofo y hace continuos insertos de pensamientos clásicos en boca de los protagonistas de la novela.
El final queda abierto y el resto del libro también, como si el afán del autor no fuera cerrar círculos, sino abrirlos, dejar una huella ligera en la arena que luego lamerá la marea.

Dudo mucho que este sea el mejor libro de todos los presentados al premio, pero me temo que lo que buscan los gerentes de Planeta no es a un Don Nadie, sino alguien conocido que les permita vender libros como rosquillas (la gente entra en las librerías y pide directamente un Planeta o un par de ellos, si se coge el pack con el otro finalista), y Savater cumple perfectamente, el criterio de «rostro conocido«.