Esta es la graciosa e irónica señal elegida en una playa para advertir del peligro de los tiburones, parodiando las advertencias de cualquier zoo: No alimentar a los tiburones.

Esta es la graciosa e irónica señal elegida en una playa para advertir del peligro de los tiburones, parodiando las advertencias de cualquier zoo: No alimentar a los tiburones.

Si alguien se pasa por Logroño en estos días o de aquí a un mes (hasta el 7 de Mayo), podrá comprobar que tanto la recientemente remodelada Gran Vía como la cornisa del ayuntamiento, están llenas de unos gigantescos ositos de gominola de más de 2 metros.
Aunque les hayan denominado osos de gominola, en realidad están fabricados de fibra de vidrio y poliester, así que no pueden comerse. El primero hace gracia, pero el resto hasta llegar a los 60 se hacen algo cansinos, pues todos ellos son exactamente iguales, cambiando únicamente el color y la posición en la que los han puesto, unos tumbados, otros de pie, sobre pedestales mayores o menores, pero con muy poca gracia.
El artista artífice de estos animalejos, que diría Félix Rodríguez de la Fuente, es un toledano llamado Eladio de Mora y más cononido en el mundo artístico como dEmo. La promotora del evento y la que se lleva unos cuantos kilos por tener estos bichos ahí expuestos es la galerista María Porto, sí, la señora de Álvarez Cascos, muy dada a este tipo de extrañas transacciones con el ¿arte? pero siempre con mucho dinero de por medio, por eso se ha juntado con buenos socios en el Ayuntamiento de Logroño, también muy dados a esos negocios.
Bueno. Supongo que a más de uno les gusten los bichejos, pero yo les acabo de ver la gracia. Está previsto que después de Logroño partan a recaudar fondos a otras ciudades españolas, como Salamanca. Que les aproveche.
A resultas de una exposición sobre insectos que he visto esta tarde me ha entrado curiosidad por saber más acerca de una una hormiga, denominada la «hormiga bala«.
La tucandeira (Paraponera clavata Fabricius) es una hormiga gigante muy extendida por toda América Central y del Sur, especialmente en las regiones selváticas. Mide una pulgada de longitud (30-33 milímetros) y la reina es aún mayor. Siempre la he encontrado en mis viajes por la selva tropical tanto en Panamá como en Colombia, Venezuela, El Darién o Brasil y en las selvas de Veraguas, donde los indios y hombres del campo las temen más que a las culebras. En Venezuela las llaman cumanagato, en la Guayana británica munuri, en Brasil tucandeira o tucandira o tocanguira. En Costa Rica la llaman hormiga-bala, y falofa en Panamá. En otras partes de Centroamérica y Brasil le dicen hormiga-24-horas para indicar que su picadura puede matar a las 24 horas de haberla realizado.
Suelen vivir en colonias de hasta 500 individuos, aunque es más frecuente encontrarlas en grupos de 12 a 20 siempre en la base de los grandes árboles de la selva. Basta irritarlas o molestarlas dando unas patadas en el suelo cubierto de hojarasca para que salgan de su hormiguero, y entonces hay que ponerse fuera de su alcance. Por eso capturarlas no es fácil y tiene sus riesgos, y fotografiarlas es aún más difícil a menos que se haga en cautividad.
Los campesinos de Panamá saben que cuando les clava el aguijón sufren dolores violentos en la parte afectada y sus alrededores, elevada temperatura, fiebre que puede durar tres días y a veces una zona de necrosis en torno a la picadura que tarda mucho en cicatrizar. El peligro radica en la sensibilización que puede producir y en que una segunda picadura puede provocar el choque anafiláctico mortal.