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Trafalgar (Benito Pérez Galdós)

Trafalgar, escrita por Benito Pérez Galdós en 1873 es la primera de las 46 novelas que conforman los Episodios Nacionales; título perteneciente a la Primera serie: La guerra de la Independencia.

La voz cantante de la narración la lleva Gabriel, que en su senectud y frisando los 70 años rememora aquello que le aconteció cuando tenía tan solo 14 años y era un niño, así su amor no correspondido hacia Rosita, inalcanzable por su condición social y belleza, quien encontrará el amor del brazo del joven Rafael Malespina.

El joven Gabriel trabaja como mozo para el matrimonio formado por don Alonso y doña Francisca. Alonso y su buen amigo Marcial (conocido como el Medio-hombre) fantasean con enrolarse de nuevo y a fe que lo consiguen, saliendo a hurtadillas de su casa para formar parte de la gran batalla naval, junto a Gabriel, Rafael Malespina y su padre.

El título de la novela, Trafalgar, hace mención a la batalla naval que tuvo lugar en octubre de 1805 entre la Marina de España aliada con la francesa, al albur del Convenio de Aranjuez de 1801, (Napoleón se había proclamado emperador un año antes, en 1904) contra la flota británica de Nelson, Collingwood, resultando España perdedora, con un sinfín de navíos hundidos como el de la portada, el Santísima Trinidad, conocido como El Escorial de los mares (con capacidad para más de 1.000 personas). Batalla a la que también se la conoció como La del 21 (haciendo mención al día en el que aconteció).

Gabriel vivirá la batalla desde dentro, serán apresados por los ingleses, aunque conseguirán librarse de sus captores, se verán parados en medio de la nada sin posibilidad de alcanzar la costa gaditana, será testigo de la muerte de Marcial, de la barbaridad de la guerra y su reguero de muertos, cómo en situaciones límites prevalece el sálvese quien pueda, una visión que se verá filtrada por la épica, la heroicidad y el patriotismo de todos los bandos en liza, auxiliándose unos a otros después de la gran trifulca marítima.

Hay una crítica hacia los gobernantes, en especial hacia Godoy (primer ministro del Rey Carlos IV), el Príncipe de la Paz (título otorgado por el monarca tras suscribir España la paz con Francia mediante el Tratado de Basilea, en 1795), viviendo este a cuerpo de rey, ganando un potosí, acumulado un buen puñado de cargos todos ellos muy bien remunerados, sin rebasar este los límites de las estancias regias, mientras que los marineros y soldados veían cómo se acumulaban las soldadas sin cobrar; marineros que no eran tales pues su falta de destreza y preparación contribuyó a la derrota náutica.

El humor, abundante en la novela va de la mano de todo un figura, don José Manuel, padre de Rafael, embustero compulsivo, que no sabe estar callado ni debajo del agua, de fértil imaginación, cuyos embustes la sociedad validará más tarde, como los barcos a vapor o acorazados; o la adobada y cincuentona Flora, y su desopilante lucha contra el agostamiento vital, que trata de camelar a Gabriel sin éxito.

Humor, amor (no correspondido), épica, heroicidad (la de almirantes como Galiano, Gravina, Churruca, Escaño y la de todos los que murieron en la batalla), patriotismo, y mucha diversión y entretenimiento bélico deparan este Trafalgar (muy buen ejemplo de Historia novelada) de Galdós que uno ha leído con delectación.

No se me ha ocurrido mejor idea para conmemorar el centenario de la muerte de Galdós que acometer durante este año la lectura de sus Episodios Nacionales. Si hay por ahí algún mecenas cultural que me facilite los ejemplares, yo, encantado.

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