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El peso de Dios (Paolo Sorrentino)

Desde que viera allá por 2001 L’uomo in più y tres años después Le conseguenze dell’amore, devine fan incondicional tanto de Paolo Sorrentino como de Toni Servillo, duo que ha seguido brindándome alegrías en películas como Il divo o La grande bellezza.

En 2010 Sorrentino debutó en la narrativa con Hanno tutti ragione, sobre un personaje de L´uomo in più, Pisapia, luego vendrían Gli aspetti irrilevanti, La juventud, que dio lugar a la película del mismo título. En 2016 Sorrentino creó y coguionizó (junto a Umberto Contarello) la serie The Young Pope, con un joven Papa interpretado por Jude Law. Aquella serie de diez capítulos se convierte, sintetizado, en libro gracias a la editorial Stirner con traducción de Víctor Olcina Pita. La irreverente serie, además de una primorosa puesta en escena y una Law bien histriónico deja paso en el libro al quehacer literario y Sorrentino sale muy bien parado. El joven papa, Lenny Belardo, es todo un personaje, es el primer papa americano, joven, apuesto; esbelto, ojos azules, correoso y transgresor.

En la primera página del libro Lenny tiene un sueño, una pesadilla (para él) más bien, en el que se ve arengando a las masas a dejar en manos de las personas la libertad para amarse entre ellos (sacerdotes incluidos) sin importar el sexo, sin tener que reproducirse como único fin, animándolos a divorciarse, a abortar, a reivindicar la muerte cuando no se desea ya la vida, a ser libres en definitiva, porque es ese el único camino hacia la libertad.

Ya como Papa, cargo sorpresivo que Lenny cree que le viene dado como un milagro, premio a su empecinamiento y tras darle mucho la tabarra al Supremo, su postura se vuelve hermética, su proceder recalcitrante, les pone las peras al vino a todos los cardenales, y les viene a decir que la fe es para el que se la curra, que menos postureo y más convicción, que quiere pocos fieles pero de calidad, que manifiesten una devoción e intensidad rayana en lo infinito. No va con él predicar con el ejemplo, evangelizar desde la proximidad y la empatía.

Hay algo que ha marcado y marcará el pasado, presente y futuro de Lenny, esa herida que se mueve en el tiempo es la falta de progenitores, que lo dieron en adopción de chiquitín. Lenny ha crecido con esa ausencia, en una niñez sin infancia, alimentado por un desamparo minorado por Sor Mary, quien a todos los efectos viene a ser como su madre, no sólo espiritual. Toda esta herencia negativa (Lenny solo recuerda de sus padres su olor) le sirve a Lenny para tratar de crear algo y erigirse desde la ausencia para desde esta a la presencia, manteniendo el misterio. Da largas, igualmente, a la hora de dar su primer discurso, pues dice estar creando así la espera.

Lenny al igual que Salinger, Kubrick, Bansky, Daft Punk…, quiere ser invisible, más impopular que popular, impopularidad entendida como una rampa de lanzamiento hacia la leyenda en el tiempo, ser más reconocido que conocido, azuzando así la curiosidad de los demás hacia su persona(lidad).

El texto amén de entretenidísimo es alegre y vivaz, los diálogos de Lenny con todos cuantos le rodean, pienso en Spencer, Kurtwell, Voiello, Ester, Aguirre, Sánchez, son hilarantes, chispeantes, agudos, precisos, incluso sensibles y emotivos y en ellos se filtran la pedofilia, la imposibilidad de tener hijos, distintos milagros, la ansia de poder, las rencillas, las deslealtades, el calcio, los tejemanejes, las traiciones, el vivir en la duda, incluso la fe cuestionada en la que se refocilará el propio papa, cundiendo así la paradoja de que en esta carrera o competición contra la nada todos estamos perdidos, cogidos de la mano, con el sumo pontífice en la tête de la course.

Stirner. 2018. Traducción de Víctor Olcina Pita.190 páginas

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