Teoría del conocimiento

Teoría del conocimiento. Antagonía, 4 (Luis Goytisolo)

Teoría del conocimiento pone fin a la tetralogía que conforma Antagonía. Un total de 1112 páginas, 24 páginas de prólogo incluidas. Me gusta como remata Luis su obra. Raúl, el narrador de Recuento, aquel que soñaba ser escritor, finalmente lleva a buen puerto su empresa y escribe un libro, que es este que leemos, donde se erige más como un ensayo que como una novela al uso. Un ensayo que le permite a Luis Goytisolo a través de Raúl, reflexionar sobre la naturaleza del acto creador, pues es habitual que cuando el protagonista de la novela es un escritor, a menudo, todo aquello que afecta a su oficio, a su labor creadora aparezca en mayor o medida en el texto. Muchas cosas interesantes se dicen tanto sobre el ejercicio creador, por lo que atañe al escritor, y también por lo que concierne al lector, que en una novela de estas características, tiene un peso muy importante, pues si el escritor se proyecta en lo escritor, el lector también lleva a cabo, quizás no una proyección, pero si una inmersión, dado que a medida que se lee y se construye significado, en tanto que vamos hilando lo leído con lo que fuimos, somos y seremos, también hay una indagación en nosotros, tal que nuestro enjuiciamiento crítico nos hará comulgar en mayor o medida con lo leído, en tanto nos concierna más o menos, y en Teoría del conocimiento, al contrario de lo que sucedía en La cólera de Aquiles que me resultó en exceso reiterativo, aquí los temas que trata y la manera de abordarlos me resultan muy atractivos.

Leídos los cuatro libros sí que veo la necesidad de abordar la novela como un todo, pues leídas las novelas de manera independiente se pierden multitud de referencias, ecos y correspondencias, y lo más grave, muchos significados quedarían truncos, sin sentido, de tal manera que leídas -y retenidas, si es posible, empeño nada fácil, habida cuenta de las dimensiones de la obra, donde los personajes se nos presentan bajo distintos ropajes y máscaras- seguidamente, permite, creo, a pesar de su densidad y complejidad, coger la perspectiva necesaria para poder ver, ya en la distancia -con la novela ya en la estantería-, con cierta claridad este ocho mil y sentir la satisfacción personal de haber leído una obra no sé si maestra, pero sí importante, que pienso releer dentro de 20 años.

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