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Cartas a Lucilio (Séneca)

Decía Thoreau que un hombre solo recibe lo que está preparado para recibir, ya sea física, intelectual o moralmente, que escuchamos y asimilamos sólo lo que ya sabemos a medias. Si hay algo que no nos afecta, que está fuera de nuestra perspectiva, que por experiencia o ingenio no atrae mi atención, por muy destacable que sea, cuando se pronuncia no lo oímos, cuando se escribe no lo leemos, o si lo hacemos no nos retiene.

Bajo estos presupuestos, si estamos preparados para recibir, si somos terreno a abonar, las 124 cartas de Séneca a Lucilio (a lo largo y ancho de sus 621 páginas), no caerán en saco roto y su lectura nos será fructuosa.

En cuanto a la relación entre Séneca y Epicuro, y las corrientes estoicas y epicúreas, tal como explica Carlos García Gual en su libro sobre Epicuro, leemos: es muy diverso es el uso que Séneca hace de las citas de Epicuro, frecuentísimas en sus obras, especialmente en las Cartas a Lucilio. Es muy curiosa esta rehabilitación de la moral epicúrea en un pensador inscrito en las filas de la Estoa. Séneca habla con gran elogio de las máximas epicúreas y selecciona y traduce con gran acierto algunas muy bellas. Sin embargo, su aprecio es limitado. Ignora la Física y la concepción más general de la Naturaleza propia del sistema (materialismo, atomismo, hedonismo sensualista) mientras escoge las sentencias morales que más le sirven para su ética, que subraya siempre la independencia del individuo, la busca personal de la felicidad en un marco social hostil, el papel salvador de la dedicación a la filosofía, la importancia de la moderación, la amistad, etc

Como nos hace saber el traductor de estas cartas, Francisco Socas, en la introducción, solo dos epistolarios se pueden comparar con el de Séneca, el de Cicerón y el de Plinio el Joven. Cartas que según Artemón vienen a ser como la otra parte de un diálogo. La carta, junto con el diario, es el género autorial por excelencia, donde la presencia del escritor es absoluta, dice Socas. Cartas con las que Séneca puede dar caza a algún despistado que jamás iba a acercarse a un libro de filosofía que se proclamara como tal desde título (algo que hoy sigue siendo igualmente válido). Cartas a las que Socas califica como bálsamos verbales para las heridas de alma que siguen surtiendo efecto. Cartas que Montaigne reconoce que fueron el modelo de sus ensayos. Séneca fue un autor defendido y encarecido por escritores como Gracián o Quevedo.

Muchas de las cartas tienen como objeto principal la muerte. Resulta tragicómica la manera en la que Séneca decide irse, suicidándose, para lo cual cuando Nerón manda a su hombres para entregarle la orden de morir, decide cortarse las venas de los brazos. Dado que su cuerpo reseco dejaba salir poca sangre, decide cortarse también las venas de las piernas. Manda a otra habitación a su mujer, la cual también se había cortado las venas, para secundarlo en ese trance, y decide tomarse un veneno para acelerar la muerte, que tampoco suerte efecto, así que acaba Séneca entrando en un baño de agua caliente y ahí sí su muerte llega, finalmente. El cuerpo de Séneca se quemó a escondidas y sin la menor ceremonia de entierro, como correspondía a un proscrito.

Como la lectura la he llevado a cabo lapicero en ristre, reproduzco aquí unas cuantos consejos, sentencias y máximas que han sido de mi interés. Disculpen la extensión de las mismas. Algunas son en cierta medida reiteraciones, pues las cartas tratan a veces el mismo tema, donde Séneca se afana en dejar bien claro algunas ideas capitales que tienen que ver con la vida y la muerte, la gestión que hacemos de nuestro tiempo, nuestros afanes, y nuestra relación siempre tensa con los temores, los placeres, los vicios, las esperanzas, las riquezas y la pobreza.

Gran parte de la vida se nos escapa obrando mal, la mayor parte sin hacer nada, la vida entera haciendo otra cosa. Abraza todas las horas, sucederá así que dependerás menos del mañana, si te posesionas del día de hoy. Ninguno cree que deba nada si recibe tiempo, que es lo único que ni el agradecido siquiera pueda devolver. Prueba de una mente equilibrada es en mi opinión ser capaz de pararse y quedarse consigo mismo.

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Lo urgente y lo esencial

Entre sus grandes influencias y las obras a las que siempre relee, Tavares señaló que aunque Cartas a Lucilio, de Séneca, tiene dos mil años, es muy actual. “En mis clases llevo el libro y el periódico del día, y el libro resulta más actual. Séneca es una referencia”, confirmó el escritor que nació en Luanda (Angola), en 1970 y explicó que este interés contemporáneo en la obra del narrador romano es porque “en su primera carta, Séneca habla del tiempo, como todas las personas en el siglo XXI. Séneca le contesta a Lucilio diciendo que le sugiere que haga una lista de las cosas que ha hecho durante un día y cuánto tiempo le han tomado, y después haga otra tabla donde separe lo que es esencial de las cosas que son secundarias. Al final le dice ‘mañana haz sólo las cosas esenciales y tendrás todo el tiempo del mundo’”. Pero también le interesa Séneca porque habla de la muerte, admitió Tavares, porque “ser filósofo no es saber teorías, es saber que vas a morir y vivir sabiendo que vas a morir”. “Si una persona va a ver una película que no es buena o lee un libro que no es bueno, actúa como si fuera inmortal, como si tuviera todo el tiempo. La idea de que cada día es una dádiva, sin sentido religioso, me gusta mucho porque nos coloca en la urgencia de la existencia. Séneca me dio la idea entre lo urgente y lo esencial, que es lo que cambia la vida de las personas. Tenemos en nuestras vidas una cuestión: pasamos mucho tiempo atendiendo cosas urgentes y no las esenciales. Hay que volver urgente lo esencial, ponerle ese sello. Cuando preguntas a una persona por qué no ha cumplido los sueños que tenía a los 20 años, no sabe responder y eso hay que pensarlo, por eso es importante la filosofía”.

Vía | Página|12

No el qué sino el quién

Si uno se pasea por cualquier red social, verá con meridiana claridad (en forma de likes, retuiteos, etcétera) que lo importante no es qué se dice (las más de las veces, perogrulladas), sino quién lo dice.

Ya nos advertía de ello Séneca en sus cartas a Lucilio:

Seguiré endosándote a Epicúreo, para esos que veneran las palabras por ser del maestro y no aprecian lo que se dice sino quién lo dice sepan que las cosas buenas son patrimonio común.

Sobre la brevedad de la vida

Sobre la brevedad de la vida (Séneca)

Este es uno de esos libros que tenía pendiente de leer desde hace muchísimos años.

El presente año lo pienso dedicar a leer esos libros que siempre tenemos en mente y que por distintos motivos a menudo nunca pasan de ser lecturas potenciales.

El libro del filósofo cordobés Séneca (4 a.C a 65 d. C), es una carta dirigida a Paulino, el padre o hermano de su mujer, Paulina Pompeya, que finaliza recomendando a éste que se aparte de la vida pública.

Séneca siempre estuvo luchando con dos fuerzas, la estoica y la epicúrea. La primera llamaba a implicarse en la vida pública y la segunda todo lo contrario. Séneca de naturaleza estoica, desencantado al final de sus días con su vida en la arena pública, en este sentido se decanta, al menos de forma circunstancial, por lo segundo, por lo privado y doméstico.

La carta desde el exordio pone ya las cartas sobre la mesa:

“No tenemos un tiempo escaso, sino que perdemos mucho. La vida es lo bastante larga y para realizar las cosas más importantes se nos ha otorgado con generosidad, si se emplea bien toda ella. Pero si se desparrama en la ostentación y la dejadez, donde no se gasta en nada bueno, cuando al fin nos acosa el inevitable trance final, nos damos cuenta de que ha pasado una vida que no supimos que estaba pasando”.

Ese el meollo. La idea sobre la que se expande toda la obra. Séneca nos habla una y otra vez, a menudo con ejemplos, de como de mil maneras diferentes dilapidamos nuestro tiempo, o bien en tareas sin sentido, en pos de la ambición, de ciertas metas que en última instancia solo logran separarnos de nuestra razón de ser, de nosotros mismos. No se trata de llevar una vida contemplativa, rendida al ocio, a holgar sin mesura, sino a dedicar el tiempo a nosotros, a nuestra persona, a nuestros intereses, de tal modo que cuando la parca ronde cerca, no miremos para atrás y veamos que el cómputo de los años realmente vividos son muy pocos, o bien que cuando la enfermedad nos asole, gritemos a los cuatro vientos que las cosas van a cambiar, que a partir de ahora haremos las cosas de otro modo, que nuestra vida será otra.

Esa vida plena, centrada en nosotros, Séneca la lleva al terreno de la sabiduría, como no podía ser de otro modo, así, en el acto de leer, de reflexionar sobre lo leído, de enriquecernos con el saber, al recurrir por ejemplo a los filósofos clásicos, encontramos el alimento que hará de nuestros días algo provechoso.

“Es posible discutir con Sócrates, dudar con Carnéades, serenarnos con Epicuro, superar la naturaleza humana con los estoicos, salir fuera de ella con los cínicos. Puesto que la naturaleza admite que lleguemos a ser copropietarios de todas las épocas, ¿por qué desde este tramo escaso y perecedero de tiempo no nos entregamos de todo corazón a esas realidades que son inmensas, que son eternas,que compartimos con los mejores?”

“¿Pensamos que éstos se entretienen en obligaciones auténticas? Podemos decir eso de aquellos que diariamente quieren tener como sus más allegados a Zenón, a Pitágoras y Demócrito, y a todos los demás sacerdotes de las buenas artes, a Aristóteles y Teofrasto. Ninguno de estos dejará de tener tiempo libre, ninguno despachará a quien a él acuda sin hacerlo más dichoso, más conforme consigo mismo; ninguno consentirá que nadie se vaya de su lado con las manos vacías; reunirse con ellos de noche, reunirse de día pueden hacerlo todos los mortales”.

La sabiduría en definitiva es el camino hacia el yo, el camino del éxito, la luz que alumbra una existencia que se trunca si no huera, vacía, cercenada por el ruido, por el tráfago diario, por mil máscaras y distracciones que nos impiden bucear hacia nuestro ser. Y todo esto cuando en los hogares no existía ni la televisión, ni los videjuegos, ni internet, ni las redes sociales…

“De manera que la vida del sabio se extiende mucho; a él no lo encierran los mismos limites que a los otros; es el único que se ve libre de las leyes del género humano; todas las épocas como a un dios le prestan servicio. Que algún momento ya pasó: lo posee mediante el recuerdo. Que es inminente: lo aprovecha. Que habrá de llegar: lo toma de antemano. Larga vida le otorga la reunión de todos
los momentos en uno solo”.

Antes de Bucay, Coelho y demás autores autoayudistas, dos milenios atrás, existieron pensadores como Séneca. Escritores que al leerlos nos enriquecen.

Sobre la brevedad de la vida. Un libro imprescindible.

La traducción, las notas y el posfacio son obra de Francisco Socas Gavilán. El libro está disponible en pdf la web de la Junta de Andalucía.