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António Patrício
Ardicia Editorial

Vigilia inquieta (António Patrício 2014)

António Patrício
Ardicia editorial
139 páginas
2014

Siento ardicia por la buena literatura.

Ardicia, es el nombre de una editorial madrileña que comenzó su andadura el año pasado. Leído Vigilia inquieta, del portugués António Patrício (Oporto, 1878-1930), colmáre mi ardicia leyendo más títulos de esta editorial, pues les tengo ya echado el ojo a varios (Mi carso de Scipio Slataper, es uno de ellos).

Vigilia inquieta suma cinco relatos, de una extensión de unas veinte/treinta páginas cada uno, cuya portada ilustra Bea Crespo.

El primer relato lleva por título Veiga, un chupatintas que labora en un juzgado y que irá perdiendo el juicio, o ganándolo, según se mire, toda vez que una mujer dedicada al oficio más viejo del mundo le rompa primero el corazón y luego el alma, eviscerándolo, encaminándolo hacia un precipicio donde no hay nada, donde la locura se enseñorea en cada acto. A Veiga le dará por la vena panteísta, por entrar en contacto con ese mundo primigenio y natural con el que conjurar el fracaso y la derrota. El narrador, es el testigo de la desdicha y recuperación de Veiga, un personaje tierno, un perdedor, al que quiero sin apenas esfuerzo.

La luz de la una era de éxtasis, deliciosa y el imbécil que iba trepando por la calle, abatido, ahogaba sus sollozos en el pañuelo, cerraba la boca seca como en un trismo y lo impulsaba un único anhelo: ir a despertar a su madre en su oscura alcoba para llorar junto a ella, como hacía de crío cuando se burlaban de él en el colegio. Solo eso podía consolarlo: oír su voz, sus palabras de ternura, sentir sus manos arrugadas en el pelo (pág 23).

Diálogo con un águila es el encuentro entre un hombre y un animal. No se trata de zoofilía, no, es algo más espiritual y filosófico. El animal, un águila, tiene un pico de oro, y así a base de perorar, logra poner a nuestro hombre en el brete de abrirle la jaula para que alce el vuelo, rompa sus cadenas, sea libre. Tarde, cuando el águila ya ha sido domesticado y añora la comodidad y la rutina como cualquier humano. Entre medias, el águila hace ver al hombre lo espurio de sus afanes, su apego a lo material, ese ver sin ver, las jaulas invisibles, etcétera.

Precoz es un relato que ahonda en lo misterioso y fantástico. El protagonista es un niño enfermo camino del más allá y hasta ese momento, su madre se afanará en salvarlo, en un vibrante alegato sobre la maternidad, hasta ir desvariando, asociando el fulgor lunar con la muerte y desvaríos similares, embebebida en su misticismo estéril.

El hombre de las fuentes es el encuentro casual y sin hablar de dos hombres en diferentes rincones del globo (Granada, Roma, Constantinopla, Florencia..), hasta que finalmente acontezca la charla, y así nos enteraremos de que uno de ellos, rico por herencia, devenido en un tritón-poeta desterrado, no tiene otro quehacer que recorrer el mundo contemplando y pintando en un cuaderno bocetos de fuentes, de ahí el título de este relato, fluido y bello, que conjuga la música, la arquitectura con la musicalidad del agua.

António Patrício
António Patrício

Suze es un relato de desamor, de amor inconcluso, de una pérdida, de un desgarro. La que se ha ido es Suze una cocotte inclasificable, amante de la belleza, libre, independiente, volátil, para quien todo, incluida su propia muerte es un detalle, algo intranscendente, de lo que no preocuparse.

António Patrício fue poeta y dramaturgo, y esa vena poética está muy presente en la fluida y potente prosa de António, en la búsqueda y el encuentro de la palabra justa, dotados todos los relatos de un ritmo constante y creciente, de un lirismo pomposo pero certero, con la suficiente profundidad como para dejar poso y huella.

A ver si se publican más obras de António Patrício para seguir disfrutando de su escritura. Este libro de relatos bien merece ser leído.