Archivo de la categoría: 2019

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Los nuestros (Dovlátov)

Hay itinerarios literarios como la obra de Dovlátov que quiero seguir recorriendo. Empeño factible gracias a la labor de la editorial riojana Fulgencio Pimentel que ha rescatado del olvido y publicado en castellano hasta el momento cuatro libros del autor ruso: Retiro, Oficio, La maleta y Los nuestros.

El único a quien quisiera parecerme es a Chéjov decía Dovlátov y con este comparte su gusto por el detalle, como se aprecia bien en este libro que mediante capítulos breves, elabora una especie de autobiografía familiar, de lo más granado, como recoge Tania Mikhelson en su artículo ¿Quiénes son los nuestros?, a saber: Un tío vigoréxico, otro occidentalizado indiferente a todo lo que no sean los pequeños placeres burgueses, un funcionario gris domesticado por el régimen, una tía correctora de estilo y su hijo héroe del proletariado, llamado a un eterno retorno como delincuente. Una madre sufrida y obsesionada con la higiene. Un padre desorientado y fatuo, escritor de intermedios cómicos. Una esposa indolente, casi muda. Y una hija sin excesivo talento, desdeñosa de su infeliz progenitor. Por último, una perrita, quizá el único ser inequívocamente digno del relato. Doce, en total, trece si contamos a su hijo recién nacido.

En los relatos destila el humor absurdo ya desde el comienzo con las andanzas de su bisabuelo Moiséi y prosigue cuando leemos la peculiar historia de amor y convivencia con la imperturbable Lena; también la ironía, la mordacidad, el sarcasmo, el chiste, lo bufonesco, la crítica al régimen comunista, un desencanto cristalizado en una descarnada lucidez que conforma el estilo, la marca de agua, de Dovlátov.

Y, sin embargo, en tiempos de Stalin las cosas iban mejor. En época de Stalin se editaban libros y luego se fusilaba a sus autores. Ahora no se fusila a los escritores. Y tampoco se publican libros. No se cierran los teatros judíos, porque sencillamente no los hay…

Los herederos de Stalin decepcionaron a mi padre. Les faltaba grandeza, brillo, teatralidad. Mi padre estaba dispuesto a aceptar la tiranía, pero una tiranía oriental salvaje y llena de color.

La mayoría de las anécdotas, a cual más divertida y delirante, que refiere Dovlátov tienen que ver con sus familiares pero también nos habla de sí mismo, su empeño por ser escritor y su nulo éxito (al menos durante su estancia en la URSS), finalmente el exilio de su mujer y su hija a los Estados Unidos, y posteriormente el suyo con la madre y la perra. Un sueño americano que más que acogerlo en su seno los ubicará como un quiste en el extrarradio, en la periferia, junto a otros muchos desheredados y compatriotas.

Hay diálogos, como el mantenido con su hija, que cifran el estéril reconocimiento que le llega sito ya en los Estados Unidos.

– Ahora por fin te publican. ¿Y qué ha cambiado?

– Nada… -le dije-. Nada

A pesar de lo cual los fungibles laureles acabarán ornando su testa:

Hace tiempo que soy un escritor profesional; pobre como la mayoría de los escritores serios en occidente, pero del todo respetado, y el volumen de lo escrito sobre me triplica ya lo que yo mismo he logrado escribir

Además, que en una pequeña ciudad como Logroño, casi tres décadas después de la muerte de Dovlátov se le siga leyendo, oreándolo por estos devaneos literarios, seguro que compondría en el rostro del autor una sonrisa de satisfacción y extrañeza.

Fulgencio Pimentel. 2019. Traducción y Epílogo de Ricardo San Vicente. Edición de Tania Mikhelson y Alfonso Martínez Galilea. 192 páginas

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Niño Anómalo (Fede Nieto)

Comenta Fede Nieto autor de este Niño Anómalo en los agradecimientos que al comentarle a una amiga suya que iba a escribir un libro (este libro) a ella le dio un ataque de risa y al autor le hizo poner los pies en la tierra.
Escribir no deja de ser una anomalía, en ocasiones, una manera de exhumar el pasado, de abrir heridas al querer cerrarlas, de no dejar que el pasado acabe de pasar ni de posar, así Fede, tendrá muy presente, en carne viva, su niñez, obligado a los siete años a dejar Argentina junto a su familia (les va la vida en ello) y también su infancia, habitado desde entonces por un niño anómalo.
Tras una guerra se cuantifica el número de muertos, y así queda registrado en los libros de historia, pero no la cifra de aquellos que sobreviven enfermos, modificados a su pesar, tristes, abatidos, desesperanzados, ni sombra de lo que eran antes de la proteica violencia que se derrama sobre ellos en aluvión. Hablamos de desaparecidos, picanas, torturas, dictaduras sucesivas, el bosque-monstruo, vuelos de la muerte y dolor, toneladas de dolor y de ausencias: una barbarie sin pies ni cabeza, pero sobre todo sin cabeza.

Fede nos habla de su huida de Argentina, su exilio en Francia, luego en Barcelona en donde se instalará definitivamente allá por 1978, el descubrimiento de la música, la literatura (Eduardo Mendoza), la fotografía. Fede arriesga y nos habla de su separación, de su hija adolescente, del niño anómalo que fue, el reencuentro con sus primos y seres queridos en Argentina, y va y viene con breves capítulos del presente al pasado para tenerlo muy presente, para no olvidarlo (tampoco a todos aquellos que fueron desaparecidos, asesinados, como una profesora de literatura, Susana Irene Bermejillo, asesinada con 26 años), y ese ir y venir remueve, cimenta, encofra un triste texto, desarmante, poderoso, directo, vital, que te vacía ocupándote.

Y mucho ojo con este niño anómalo, lo dejé sobre el nórdico y al girarme ya lo tenía debajo del somier, haciendo de las suyas.

Hurtado & Ortega. 144 paginas. 2019

Un plan sangriento (Graeme Macrae Burnet)

Un plan sangriento. El caso de Roderick Macrae (Graeme Macrae Burnet)

Un plan sangriento de Graeme Macrae Burnet (Kilmarnock, 1967) lo concebía como novela negra, ya saben, un crimen, aquí tres, un asesino al que poner cara, unos hechos y motivaciones a esclarecer, una inocencia o culpabilidad que determinar.
El autor no nos hurta que estamos ante un falso true crime, tampoco los crímenes acaecidos en la Escocia de 1869, en un villorrio de Las Tierras Altas por parte de un joven de 17 años quien se declara autor confeso de los crímenes. Lo meten en la trena y allá empieza a escribir una suerte de relato de lo que pasó. Todo ese relato consume prácticamente dos tercios de la novela y nos permite conocer las causas, las motivaciones que pudieron empujar a Roderick Macrae a actuar así.
Graeme describe gráficamente el día a día de Roderick su situación familiar, con su madre muerta un par de años antes y un padre desnortado, apesadumbrado, asaeteado por la mala baba del alguacil local que junto al factor le hacen la vida imposible, ya sea impidiéndole coger las ovas marinas con las que fertilizar sus campos, que verá también achicados para finalmente ser desahuciado. Todo esto lleva a Roderick albergar en su situación grandes cantidades de ira y rencor que creerá aliviados fiándolo todo en las manos de la venganza, animado por las palabras de su hermana Jetta que comunicada con el más allá le permite conocer a esta el destino de sus vecinos.
Por tanto aquí no se trata de poner cara al asesino, que se nos ofrece desde el primer momento, sino de determinar si este está loco o no, si fue responsable de sus actos o no, si hubo demencia o no. En función de ello morirá ahorcado o lo internarán en un psiquiátrico.
A la narración del asesino le suceden el juicio, con las intervenciones del abogado defensor y del fiscal, el veredicto del jurado popular y el epílogo.
Graeme narra con soltura y eficacia (aunque uno acaba un pelín saturado de tanto comoquiera, tantos pagos y tanto empero) y, ofrece una sugestiva variante dentro de la novela negra, tratando de ahondar en la mente del asesino, algo siempre difícil e improductivo, como se verá.

Leía unas 40 páginas de la novela de la 165 a la 205 en un bar en el que el televisor vomitaba noticias con tropezones que hablaban del asesinato y posterior descuartizamiento de una joven de 18 años en Madrid y del reparto de su cuerpo por parte del asesino, un admirador de Lecter, en distintos contenedores. Esto sucede hoy, en el año 2019, no en 1869. Y eso que vivimos en el mejor de los mundos posibles y todo eso. Ya.

Impedimenta. 2019. 383 páginas. Traducción de Alicia Frieyro

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La tranquilidad con la que mato (Roberto Vivero)

Sigue Roberto Vivero explorando los límites del lenguaje, de lo cual uno ya había tomado conciencia tras haber leído Seducciones, Grita, Carnicería y ahora La tranquilidad con la que mato. Las tres primeras, novelas. Éste último libro, poesía.

La poesía en particular y la literatura en general ganan enteros en la medida en la que conectan con el lector y cual sea el efecto que nos depara su lectura. En la poesía ayudan los signos de puntuación. Vivero nos invita al búscate la vida. No hay comas ni puntos, sí un texto que cae en cascada durante casi ochenta páginas. Texto con palabras en castellano, alemán y griego. Formulo la consulta del texto en alemán en un grupo amigo de guasap de gente que habla alemán: Se traduce pero no se entiende. Dicen. Así es el arte. Dicen. Conclusión perfecta. Dicen. Palmas, palmitas. Asusta lo que no se entiende, prosigo, aquello velado que no se descifra, el texto viscoso cuyas palabras son un misterio, digo. Aquello que hace rechinar nuestros cojinetes mentales, que nos da de cabezazos contra un muro de las lamentaciones, que nos hace avanzar por una escalera a oscuras y cuyas paredes están llenas de agujeros negros, afirmo.

Leo las poesías -que es una sola- una vez, dos, tres, cuatro veces. Constato que como una canción me la acabo aprendiendo casi de memoria, recitada como un mantra, lo cual no me sucedía desde Por cien cañones por banda, viento en popa a toda vela o Abenámar, Abenámar, moro de la morería, el día que tú naciste… Un texto ajustado a las pausas que yo creo y desconfío. El texto afirma negándose nace abortándose. Ser y no ser. Imposibilitar lo posible ¿Dos personas o la misma? ¿El umbral del nacimiento o de la muerte?. El principio, el origen, el ápeiron. Un paraíso desbaratado ¿con el nacimiento? El hombre creó/ al perro y se hizo/ la humanidad ¿Una relación amorosa?. El sentido como pesadilla. Ángeles ¿destructores?. Renacer por partida doble ¿a qué? ¿Nada de todo esto es verdad?

Una reseña aquí imposible, que sigue en proceso, en descomposición, la vida/ es un proceso de oxidación/ sobrevalorado, con qué fin, os preguntáis, yo, ¿el de pintar el cuadro abstracto plagado de interrogantes de un laberinto informe?. Puede.

Ápeiron ediciones. 2019. 80 páginas