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Los caníbales (Álvaro do Carvalhal 2014)

Álvaro do Carvalhal
Ardicia Editorial
2014
91 páginas
Prólogo: Fernando Iwasaki
Traducción: Enrique Moya Carrión

La editorial Ardicia sigue deparándome alegrías. Que yo sepa, hasta la fecha todos los libros publicados por esta editorial madrileña son de escritores ya muertos y todos ellos extranjeros. Expectante estoy por saber qué autor vivo pasará a formar parte (si esto ocurre) de este camposanto literario. Si además resultara ser español, la intriga sería máxima.

En el prólogo, Iwasaki habla de las influencias de Álvaro do Carvalhal (Argariz 1844-1868): Edgar Allan Poe, E.T.A Hoffman, Byron, Dumas, Goethe, Balzac, Cervantes, Voltaire, entre otros. Los caníbales es uno de los relatos, el más extenso, que formó parte del volumen Contos.

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Álvaro do Carvalhal

Resulta divertido que el narrador dialogue con el espectador que dejando la pluma por unos instantes se dirija a nosotros y vaya entonces reflexionando sobre lo escrito/narrado/contado hasta la fecha o sobre aquello tan decisorio como rematar un relato:

Sin contar el odio a la monotonía clásica y la loable ambición de conquistar el derecho a la originalidad y no sé qué más cosas, me siento mediocre por cerrar un cuento en un lance calamitoso, asombroso, nunca visto, que por sí mismo puede quitar el sueño durante tres noches a las sensibles muchachitas y succionarles las excrecencias adiposas e, incluso, las abultadas grasas del peritoneo a los nobles padres interesados en la lectura . Pág 81

La historia va del idilio entre Henrique, un vizconde decrépito, trasunto estatuario del Don Juan, el cual siempre lleva guantes, y la joven Margarida, quien lleva por el camino de la amargura a Joao, joven afeminado, loco, voluble, de labios frescos y ojos bonitos, quien va por la vida dinamitando virginidades fememinas gracias al encanto de su dinero, el cual no está acostumbrado a recibir un no por respuesta. Que Margarida le de calabazas, lo perturbará y obsesionará a partes iguales.

La acción transcurre en un baile, que parece sacado de un novelón decimonónico francés, donde todo es lujo, oropel, maneras afectadas.

Los vinos que se extraen de las uvas sazonadas en los lujuriosos viñedos de Quíos y de las pintorescas márgenes del Rin, junto con los deliciosos vinos de Oporto, Jerez y Madeira, corriendo por los vasos; las pedrerías serpenteando entre los senos alabastrinos de las mujeres; las fragantes nubes desperdigadas hacia los techos; los anhelos de amor, inflamados por ojos humedecidos bajo el revoloteo de pecaminosos y turbios deseos[…] toda esa bien avenida variedad que podría cumplir las aspiraciones celestiales de un buen mahometano… Pág. 55

Allí se materializará el romance entre Margarida y el Vizconde. Ni el narrador, ni el lector, llegamos a entender que vio Margarida en ese hombre misterioso, viejuno y gris, que suscita más resquemor y miedo que pasión, pero bueno, el corazón elevado de las mujeres les lleva a tomar tales decisiones, a veces fatales.

Dar más datos sobre el argumento supondría dejar el baile y hablar entonces de alcobas, de noche de bodas, de chimeneas humeantes, de viandas carnales, de herencias, de…

El humor negro, el sarcasmo, el toque grotesco final de este disparatado, fantástico (por lo que tiene de sobrenatural) e inhumano relato gótico y otoñal, son ingredientes que convierten su lectura en algo divertido, donde las digresiones del narrador, alivian una tensión sostenida hasta su churruscado final.

Leer Los caníbales se me antoja una muy buena manera de pasar un par de horas la mar de entretenido.

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