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Desenterrando el silencio. Antoni Benaiges, el maestro que prometió el mar.

Este libro recupera la figura del maestro Antoni Benaiges, asesinado al poco de comenzar la guerra civil española, en julio de 1936, en las cercanías de Bañuelos de Bureba, pueblo donde impartía clases. Benaiges tras aprobar la oposición y dar clases en Cataluña se traslada a este pequeño pueblo burgalés, donde pondrá en práctica su particular pedagogía Freinet, basada en la libertad, el respeto a los niños y el cultivo del ocio. Algo que hace siete décadas -en un pueblo pequeño, donde casi todos los padres de los alumnos eran analfabetos y donde mandar a sus hijos a la escuela era un lujo, dado que trataban de ocuparlos en el campo o en otras labores más productivas- resultaba bastante chocante. Una actitud no vista con buenos ojos por los progenitores.
Benaiges trae al pueblo una imprenta. Y gracias a ella, los niños ven así publicadas sus creaciones escolares, en publicaciones como Gestos (para los niños grandes) y Recreo (para los niños pequeños). Creaciones infantiles interesantes como esta que dice: Querría ser maestro para tratar a los niños mejor de lo que me han tratado a mí.
Benaiges al contrario de lo que venía siendo habitual entre otros docentes no apostaba por la violencia física, sino por todo lo contrario, respetando al máximo el desarrollo de la personalidad de los niños, proporcionándoles más palabras que ideas, pues creía que estos debían pensar por sí mismos, hacer uso de la libertad que Benaiges defendía y quería ofrecerles.
Benaiges al comprobar que ninguno de sus alumnos ha visto el mar, les promete que en verano los llevará a casa de sus padres, se alojarán allá, y verán el mar. No pudo ser. A Benaiges, tras el alzamiento nacional, según refiere un testigo, el 19 de julio lo detienen, lo torturan, le arrancan todos los dientes, lo pasean medio desnudo en un coche descapotado por Briviesca -para humillarlo públicamente y para que sirviese de escarmiento- luego lo llevaron a La Pedraja, lo fusilaron, lo echaron en un hoyo y lo cubrieron con tierra.
En 2010 se llevó a cabo la exhumación de los cuerpos en la fosa común de La Pedraja. Se extrajeron 104 cuerpos.
Alguno despachará el asunto diciendo que en una guerra estas cosas pasan. Los 104 cadáveres encontrados, hasta donde yo sé, no eran militares, no eran ni republicanos ni nacionales, eran civiles: agricultores, ganaderos, jornaleros, amas de casa y un maestro. Murieron asesinados y tirados en un hoyo por no ser afines al Movimiento. Como quería el General Mola, los enemigos fueron muy bien aniquilados.

El texto de Francesc Escribano se acompaña con el libro El Mar (que recoge las impresiones de los alumnos sobre esta masa líquida) y unas poderosas fotografías de Sergi Bernal.

Sirva este libro para descubrir a Antoni Benaiges, el cual, a pesar de no tener luz, ni agua, y llevar una vida muy precaria en Bañuelos de Bureba, decide quedarse, cuando podía haber concursado y dar clase en otra parte y seguramente haber salvado así su vida. Benaiges era un joven docente que creía en lo que hacía. Su profesión era su pasión, la educación como vocación, como explicaba Steiner en Lecciones de los maestros. Y sirva también para que los hijos, nietos y familiares de aquellos que fueron aniquilados entonces, obtengan el conocimiento de los hechos, la memoria y la justicia que anhelan.

El libro se cierra con una fotografía a dos páginas en blanco y negro y tres ancianos andando por la arena, con el mar al fondo.

El mar iba a ser y sí
al final fue, aunque
Benaiges no pudo verlo.

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