Miedines

Uno lee tantas cosas sobre Juan Benet, sobre la inaccesibilidad de su prosa, que si sus novelas son paredes verticales, que si patatín que si patatán.

Para disipar las dudas, los miedines y los temores hay que ir siempre a la zona cero del misterio, que aquí pasa por Volver a Región, al kilómetro cero de la narrativa benetiana.

Quizás sea porque después de haber leído obras como el Ulises de Joyce, La constatación brutal del presente de Avilés, Monsieur Teste de Valéry, Magistral de Giráldez o La broma infinita de DFW, estoy ya currado de espanto, de tal manera que más que pared vertical lo que llevo leído me parece una pista de patinaje, muy bien pulida, por cierto, en la que da gusto desplazarse (topográficamente), aunque sea en círculos, o besando la pista más tiempo que practicando la vertical, pero sobre todo gozando, mucho, con momentos librescos como el presente:

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6 pensamientos en “Miedines

  1. Francisco H. González

    Hola Bernie, he curioseado sobre Nix y no me llama la atención. En cuanto a Benet y su Volverás a Región se ha cobrado su primera víctima: comencé a leer La vida en tiempos de paz de Pecoraro y lo abandoné allá por la página 50, pues me aburría soberanamente.

  2. Palimp

    El entrenamiento hace mucho a la hora de subir montañas. En mi caso la que me costó más de leer del autor fue ‘Saúl ante Samuel’ pero es cierto que después he leído cosas más retorcidas.

  3. Francisco H. González

    Hola Palimp. En una entrevista a Francisco Rico el titular de la misma era “No pude terminar Saúl ante Samuel de Juan Benet. No voy a amilanarme por ello pero me apetece seguir con Una meditación, o En la penumbra o sus ensayos. Ya veré. ¿Alguna sugerencia benetiana?

  4. Palimp

    El más asequible es ‘El aire de un crimen’ que se presentó para el planeta. Prefiero sus relatos y sus primeras obras. Luego me pasó una cosa curiosa, que es que le cogí manía por una entrevista que le oí y dejé de leerlo.

  5. Francisco H. González

    Palimp, es curioso cómo a veces aquello que no tiene nada que ver con la literatura, nos condiciona a la la hora de entrarle a un escritor. Me viene en mientes apariciones esperpénticas de Umbral con aquello de “he venido a hablar de mi libro”, o de Camilo José Cela comentando sus siestas con pijama, Padrenuestro y orinal. O ahora ciertas declaraciones, como alguna de Azúa, que nos pueden llevar a hacernos una imagen del escritor que nada tiene que ver con su escritura, si decidimos por ejemplo leer Mortal y rosa, Mazurca para dos muertos o La Colmena.
    Comentas que le cogiste manía a Benet (buscaré sus relatos) por una entrevista. Eso nos pasa a todos, y también que a veces nos veamos leyendo algo de alguien que nos resulta simpático, aunque luego comprobemos que lo leído no es gran cosa.

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