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Una insolencia (Marcos Abal)

Sea porque somos coetáneos, o no, leer esta insolencia de Marcos Abal es como trasegar en la barra de un bar recordando los años pasados junto a un buen amigo. Esta sucinta pieza narrativa de Abal va de futbol, en teoría, pero hará las delicias no solo de los futboleros. A él le ha tocado en suerte el Barça. Decía el otro día Juan Pablo Villalobos en un charla que era un poco del Barça (más por sus hijos que por él), y que se sentía un arribista. Ser culé es jugar a equipo (hiper)ganador. Lo sabemos todos, incluso aquellos a los que no nos gusta el futbol. Ahora. Antes sí. Habla Abal de Andoni Goikoetxea O[…]aga, aquel jugador del Bilbao especialista en lesionar a otros jugadores (Bernardo, El pelusa…) -el carnicero de Bilbao lo apodaban cariñosamente- y que por muy galácticos que fueran, tenían los huesos como el común de los mortales y habla Abal de Alexanco y del tarzán Migueli, y me siento como en casa, instalado en la plácida niñez, arropado con mis álbumes de cromos, aunque antes de que fuera culé fui de la Real Sociedad, y tenía por casa hasta que me deshice de ella una foto de López Ufarte y otra de Satrústegui, dedicadas, que me había conseguido un tío de Soraluze. Había que elegir entre desvirgar las paredes con las peludas piernas de Satrústegui o la voluptuosidad mareante y pecaminosa (en aquellos años la masturbación implicaba la ceguera, eso afirmaban las autoridades eclesiásticas autorizadas y entendidas en la materia seminal) de Samantha Fox o Sabrina y las hormonas hablaron por mí. Perdón por la digresión, pero el libro de Abal es tan breve que la reseña debería haber acabado ya.

No solo habla Abal del Barça pues también aparece el Buitre. ¿Lo recuerdan?. !Qué bueno era en el campo!. Y luego sus declaraciones: pssssiiiii, bueno, no. En bucle. La Quinta del Buitre y Hugo Sánchez, !Dios, qué volteretas!, un funambulista sobre el terreno de juego. Y Pep, Guardiola, qué monstruo, qué maneras de pasar el balón, de repartir juego, te hacía un caño, un lazo, por menos de nada. Habla Abal de los que jugaron antes en el Barça: Kubala, Pelé, Cruyff, pero esos no son de su época. La nuestra es la de Maradona y más tarde la del deslavado y siempre positivo Van Gaal. La primera copa de Europa con Cruyff, como entrenador, el golazo de falta Koeman y todo aquello.

Abal dota su texto de épica, indisoluble con el fútbol, la que nos presenta la imagen de varias generaciones que acuden al campo de fútbol cada fin de semana con una obstinación inquebrantable, para ver partidos de segunda y tercera división, profesando una religión balompédica sin fisuras. Coreemos y hagámosle la ola a Camus al grito de “Los partidos del domingo en un estadio repleto de gente y el teatro, lugares que amé con una pasión sin igual, son los únicos sitios en el mundo en los que me siento inocente“. Hay vida más allá del Barça, Madrid, Atlético, Camus. Sí, pero poca.

Esa épica que nos pone los ojos húmedos, que nos arrebata cuando el cuero toca la red, que nos funde en abrazos con todo quisqui, esa épica es el tono menor que recorre y transmite al lector, a mí, todo este manojo de recuerdos de Abal, algo parecido a lo creo que experimentaba cuando leía sus textos en aquella blog que quedó interrumpida en febrero de 2014.

Libros del K.O. Colección Hooligans Ilustrados. 2012. 71 páginas

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