En la antigüedad los filósofos se hacían preguntas que hoy en día siguen en liza, ¿quiénes somos? ¿de dónde venimos? ¿a dónde vamos? ¿de qué color son las berenjenas?
En mi mano tengo la respuesta a dos de esas cuatro preguntas:

En la antigüedad los filósofos se hacían preguntas que hoy en día siguen en liza, ¿quiénes somos? ¿de dónde venimos? ¿a dónde vamos? ¿de qué color son las berenjenas?
En mi mano tengo la respuesta a dos de esas cuatro preguntas:

En El País de hoy domingo viene un artículo muy recomendable. En él se afirma que los jóvenes cada día escribimos y hablamos peor. El lenguaje vale menos que nada, y a menudo se ve como gente medio analfabeta gana grandes fortunas hablando o expresándose de pena. A la hora de escribir la gente tiene serios problemas para transmitir una idea. Lo dicen los docentes, los cuales muchos de ellos, tienen los mismos problemas que sus alumnos, pues son gente con títulos académicos pero muy poco leídos, más allá de los tochos que tienen que empollarse para pasar las asignaturas de su carrera.
Es verdad, conozco a muchos universitarios diplomados y licenciados que ni han leído ni tienen intención de leer un libro, así que a la hora de expresarse emplean siempre los mismos términos, las mismos giros y todo se vuelve en exceso previsible. Un vocabulario rico y un conocimiento de la lengua profundo nos permite ordenar nuestras ideas, transmitir nuestros pensamientos y ser capaz de expresarnos con corrección. Si siguen así las cosas, expresarse adecuadamente será tan importante como hablar una lengua extranjera. El fenómeno de internet en nada ayuda al fortalecimiento y mejora en la expresión. Igual sucede con los correctores de texto. Ya no hace falta en molestarse en escribir bien, porque automáticamente se corrigen todos los fallos. Los adolescentes expertos en el uso del ctrl+c ctrl+v cortan y pegan del Encarta sin saber ni de qué van los trabajos que les mandan hacer. De nada sirve fomentar la memoria si todo está en la red, a golpe de ratón.
En la plaza del Espolón de Logroño se celebra hasta el 26 de octubre la 28 Feria del Libro Antiguo y de Ocasión. Son 17 casetas en El Espolón procedentes de las comunidades autónomas de La Rioja, Cataluña, Madrid, Murcia y Castilla y León. Esta mañana estuve mirando los libros y no encontré apenas nada interesante. Adquirí por 5 euros, el libro Los Príncipes valientes de Javier Pérez Andujar, de la edición de Círculo de Lectores, en la que leo que no se puede vender a nadie que no sea socio del Círculo y estuve a un tris de comprar Campo de amapolas blancas, de Gonzalo Hidalgo Bayal. La mayoría eran cuentos infantiles y libros más viejos que la orilla del Ebro. Estando como están las librerías atestadas de novedades en edición de bolsillo, por precios que rondan los 5-10 euros, me parece a mí que estas Ferias no darán mucho beneficio, pero a saber.
Ahora en Logroño se ha creado la figura del Controlador de parque, así como la de los Educadores mediambientales, supongo que por la preocupación de nuestros políticos por «el medio ambiente«. Particularmente no he notado ninguna mejora. Sigue habiendo las mismas cagadas de perro. Los niños se agarran a los árboles tan alegremente como antes. Las madres que columpian a sus hijos, lo hacen con una mano en el columpio y con otra en el cigarro, cuya colilla tirarán luego en el suelo, donde juegan los niños que luego se las llevaran a la boca, con total impunidad.
Sigue habiendo desperfectos, columpios rotos, pintadas, suciedad, etc. Seguro que las dos figuras públicas antes citadas, personas pagadas con nuestros impuestos, hacen lo que pueden y es que al fin y a la postre contra el incivismo hay poco que hacer, más allá de imponer multas y sanciones.