Luces de Logroño en Navidad

Para completar las fotos del Belén de Logroño de este año ahí van unos cuantos datos de los que dejan helado:

-500.000 euros en la Campaña de Navidad (iluminación, actividades, publicidad, árbol azul más seguridad del mismo, etc).

-130.000 en completar el Belén (aparte de lo gastado el año pasado).

-60.000 en iluminarlo y sonorizarlo.

-6.000 en una exposición sobre el propio Belén.

-15.500 la coordinación artística del proyecto.

-3.400 del seguro del Belén.

-3.000 de publicidad del Belén.

-23.077 de jardinería.

-16.000 en la vigilancia.

-1.000.000 en el montaje y mantenimiento de toda la parafernalia.

¿Todo esto para qué? Después de este desmesurado gasto energético nos vendrán con que nos cepillemos los dientes con la luz encendida para no gastar, que usemos más el transporte público, que nos duchemos una vez a la semana para ahorrar agua… hay que optimizar los recursos y no derrocharlos, pero algunos tenían que empezar por mirarse el ombligo. Todo este gasto se podía usar en otras muchas cosas (que además seguro que dan más votos, que es lo que buscan) y dejarse de tanta tontería. La ciudad estará muy bonita, pero con menos también se vive…


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Belén de Logroño fotos de la ciudad

Belén de Logroño
Protesta ya no al Belén de Logroño

Estas son las postales que hicieron el Foro Social de La Rioja en protesta por el elevado coste del Belén del año pasado.

Estuve este fin de semana viendo el susodicho Belén, que tiene reproducciones del Castillo de Clavijo, del Picuezo y la Picueza, de la Iglesia de San Bartolomé y de Palacio, y de la casa más antigua de La Rioja sita en la ciuda de Briones (donde el Palacio del Vino). Se atravesaba también un puente medieval, y en los alfeizar de las casas se mostraban, ajos, pimientos rojos y verdes, así como había plantadas vides y olivos. Todo muy bonito. Estas son las fotos que tomé.

Belén de Logroño
Castillo de Clavijo en el Belén de Logroño
Un herrero musculado en el Belén de Logroño
Iglesia de San Bartolomé en el Belén de Logroño
Iglesia de Palacio en el Belén de Logroño

Crítica de Rocky Balboa VI película de estreno de Stallone

Rocky VI Balboa cartel película Cuando vi Rocky III me planté, pero no sé debido a que fuerza misteriosa, me he visto atraído por Rocky Balboa, la sexta parte de la saga. Si dicen y con razón, salvo honrosas excepciones, que segundas partes nunca fueron buenas, qué dejamos para la sexta parte de una saga, que dio todo de sí, con su primera entrega, hace ahora treinta años, cuando el joven Stallone, dirigió Rocky llevándose dos Oscar: mejor película y guión. Rocky era una buena película, de personajes trabajados y un «vía crucis» bien plasmado, que llevaba a una persona a cumplir su sueño.

Stallone que últimamente trabaja poco en el cine, decide poner en marcha este proyecto, y para ello lo dirige, escribe el guión, lo produce e interpreta.

A sus 60 tacos Stallone que no está para virguerías, luce un musculado cuerpo, con cierto pellejo, que me temo, será más obra de las pastillas que del gimnasio. No es Rocky Balboa una película de acción denodada, de combates sucesivos como en entregas anteriores. Rocky, leyenda viva del boxeo, es en la actualidad el propietario de un restaurante, donde mostrar sus triunfos, y recibir admiradores, que pierden el culo por tener una foto con su ídolo y oir «las batallas del abuelo».

Hay que hacer encaje de bolillos para que Rocky de modo creíble suba de nuevo encima de un ring. Rocky sigue enamorado del boxeo, es su alimento, su vida y por ello se plantea volver a boxear, de modo discreto, pequeñas veladas a nivel local.

Sylvester Stallone es Rocky BalboaSin embargo el destino tiene para él previstos planes más importantes. El actúal campeón no cala entre los amantes del boxeo y despúes de un programa de televisión que se plantea quien es mejor boxeador, si el vigente campeón o el Rocky de los 70, la polémica está servida.
¿Sería Rocky a sus cincuenta y pico años capaz de ganar al vigente campeón Mason ‘The Line’ Dixon?

Rocky volverá a boxear, no a luchar por el campeonato de los pesos pesados, que ganó en dos ocasiones, sino como una «exhibición», donde poder demostrar que sigue vivo.

La película no se centra en el boxeo, en los combates, ni si quiera en la puesta al punto de Rocky que se despacha en un plisplas, así durante una hora y pico no pasa nada más allá, de alguna conversación de Rocky con su hijo y con una mujer, madre de un hijo a la que dará trabajo en su restaurante.

El meollo, que pensaba se centraría en los combates sobre el ring, escasean. Rocky solo lleva a cabo un único combate a diez asaltos, en el Hotel Mandalay Bay de Las Vegas, donde desquitarse y quitarse la espina clavada.
Esta vuelta a la gloria del ex-boxeador, resulta anodina y descafeinada, sin el menor interés.
Rocky Balboa soporiza, aburre al personal, con sus discursos filosóficos (cuando pide su derecho a su licencia para poder boxear), y ni emociona cuando se pone en plan dramático, ni cuando está encima del ring, que más que boxear se la pasa todo el tiempo medio agachado, como si el reuma le impidiera mantenerse erguido.

Stallone tenía que haber dejado a Rocky en paz. Confio en que esta sea la última entrega.

Los peces de la amargura crítica del libro de Fernando Aramburu

Los peces de la amargura Fernando Aramburu Aramburu no es el primer escritor que aborda en un libro el «problema vasco». Bernardo Atxaga en Esos cielos, o Manuel Fajardo en una Belleza Convulsa tocaron diversos aspectos del conflicto. Aramburu en Los Peces de la amargura a lo largo de diez relatos, nos habla de las consecuencias de las acciones de ETA, y no sólo de la banda terrorista, sino también de los propios ciudadanos que defienden y apoyan las acciones de la banda, que son capaces de obligar a una familia a dejar su hogar, sino quiere morir.

Los protagonistas del libro, son esas personas que han sufrido atentados: el niño que ve morir a su padre de un balazo en la cabeza en su presencia, el adolescente que cuando tuvo lugar el atentado estaba en el vientre materno y se libró de chiripa, el guardia civil asesinado por no querer dejar su ciudad y dar la razón al enemigo, el ciudadano de a pie que sin comerlo ni beberlo se ve envuelto en un acto de kale borroka y acaba «quemado»….
También hay un par de relatos donde Aramburu pone su mirada en la otra parte, en el entorno abertxale, en esas madres que recorren España para ir a ver a sus hiijos presos, o ese preso etarra que se replantea su vida, viendo su nueva vida a través de los barrotes.

Aramburu emplea palabras del vascuence que pone en cursiva tales como: Txakurra, Kale Borroka, Talde, txerri, ikastola, perretxico, Eusko Gudariak, musi, kupela, kaiso, etcétera con las que trata de hacer más contundente su relato.

El resultado es bastante flojo. Al contrario de los libros que enumeraba al principio, Aramburu no logra coger el tono narrativo adecuado, los diálogos son insulsos y en el último relato, que destila una fina ironía no acaba tampoco de cuajar. Quizá en su empeño en hacernos los personajes próximos, en personas de andar por casa, descuida el rigor narrativo en pos de una mayor credibilidad.

Está claro que la situación que viven cientos de miles de personas en Euskadi no es nada buena, que viven con miedo, con el corazón en la garganta, que las heridas están frescas, que los muertos superan el millar, que las víctimas se cuentan por millares, pero el libro para enganchar al lector hubiera requerido una mayor fuerza poética, trascendiendo de lo evidente y primario, eso que es evidente para cualquier persona que visite algún pueblo del entorno etarra, para darle otro enfoque, ya que lo que nos ofrece Aramburu está tan mascado que no deja lugar para una digestión serena y profunda, que el asunto precisa.