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Ella: invierno (María Alcantarilla)

Iba buscando a Alberti y di con Alcantarilla (Sevilla, 1983). En la misma estantería de la biblioteca, lomo con lomo, me decanté por la voz de la poeta joven, cuyo apellido me sonaba, pues había leído un relato suyo (Ingrid) en la web de Vila-Matas.

Ella: invierno es un poemario breve que alterna poesías y prosa. Literatura que obra aquí como desvelamiento de la realidad (el intento siempre vano de comprender la vida), y como autoconocimiento, lo que dota los textos de cierta distancia, elevamiento, perspectiva en suma; terreno abonado de preguntas y respuestas (convertida así la página en un sembrado infinito), de certezas heladas que bebemos sin quitar sed alguna (“la duda es la certeza de uno mismo”), de una soledad (dolorosa) que se hermana con la muerte y la tristeza.

Curiosamente es una voz masculina la que habla, la protagonista de este estío, de esta escorrentía que es el deshielo de la memoria, la de estos recuerdos que duelen, calientan y empañan aquel pasado ante el espejo, que nos devolverá la imagen de lo que fuimos, o creímos que fuimos, aquel YO.

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Baluarte (Elvira Sastre)

Leyendo estos poemas de Elvira viajo dos décadas atrás, cuando leí Héroes de Loriga y muchas de las frases que aparecían en su novela fueron a parar a los lomos de mi carpeta del instituto. Supongo que hoy muchas de estos versos de Elvira correrán de boca en boca, de beso en beso, bien engrasados con saliva, o con otros fluidos, y se posarán luego entre las vísceras de las carpetas, en declaraciones de amor, ardor, desamor, resquemor…

No es poca cosa.

Decía Cărtărescu en El ojo castaño de nuestro amor que la poesía sobrevivirá, la literatura sobrevivirá, pues cree en las palabras de Mallarmé: “el mundo solo existe para llegar a un libro”. Y dice también que la poesía hoy está en los blog, en las letras de las canciones.

En uno de los poemas se mencionan las baladas de Extremoduro. A Iniesta lo tengo fijado, no por su baladas, sino cuando apareció en Plastic, su primera aparición televisiva, en los 90 presentando su rock transgresivo, y aquello de “desde que tú no me quieres, yo quiero a los animales, y al animal que más quiero es el buitre carroñero…“.

En fin, que leer esto es un viaje en el tiempo, un atracón de melancolía, un ponerse modorro y un ver añugarse el alma por momentos.

Dice Elvira

Ellos luchan por demostrar que son
los mejores escritores.
Yo solo intento probar
que mis musas son otras
.

Sea.

Lecturas periféricas | La paciencia de los árboles (María Sotomayor), Las órdenes (Pilar Adón)