
El escritor Antonio Báez reseña Die Zweisamkeit y me entrevista en la Revista literaria Penúltima. Puede leerse aquí.
Gracias.

El escritor Antonio Báez reseña Die Zweisamkeit y me entrevista en la Revista literaria Penúltima. Puede leerse aquí.
Gracias.
Un amigo residente en Dublín me hizo conocedor de este podcast acerca de Julio Verne y su relación con Vigo. En el podcast se menciona El rayo verde, obra de Julio Verne no tan conocida como otras, tales como 20.000 lenguas de viajes submarino o Viaje al centro de la tierra.
Caminando días atrás entre los puestos de la feria del Libro en La Coruña, vi uno de la editorial Eneida, y allí estaba a la vista El rayo verde, novela que adquirí. Creo que es la primera novela que he leído del autor galo.
El rayo verde es una novela de aventuras, una singladura marítima de cabotaje, en la que Helena, una joven huérfana e intrépida al cuidado de sus dos tíos, se empecina en ir en busca del rayo verde, ese destello, el último rayo que el disco solar lanza antes de hundirse en el mar, cuya contemplación depara al espectador el verdadero verde de la esperanza, tal como Helena lee en un artículo en el Morning post.
A la joven Helena sus tíos la quieren desposar con un científico erudito, Aristobulus, que es tan plasta como pretencioso. Inopinadamente conocen a otro joven, un pintor, Olivier, que tamiza la realidad con la poesía y a quien ir en busca del rayo verde se le antoja también una aventura muy ilusionante.
El periplo los hará descender por el río Clyde, ir al golfo de Corryvreckan, arribar a Oban, Iona, Staffa, por las Hébridas escocesas (archipiélago de 500 islas, de las que 400 están deshabitadas), en un recorrido topográfico, histórico y etnológico. No hubiera venido nada mal después del índice, un mapa en el que situar las localidades y lugares que se mencionan.
La narración, publicada en su día por entregas en el periódico francés Le Temps en 1882, resulta alegre, divertida, romanticona, interesante, pues le suceden un montón aventuras como la acontecida en la gruta de Fingal, y vence el amor.
Julio Verne (1828-1905), muy aficionado a la ciencia y precursor de muchos inventos que luego se materializarían, ridiculiza bastante a ese científico presuntuoso y prosaico, cuya erudición solo le sirve al poseedor de la misma. En contraste, el pintor Olivier es fantasioso, valiente, un hombre de acción, capaz de cualquier cosa, incluso ofrecer su vida por salvar la de su amada.
Me ha gustado leer a Julio Verne y me ha picado el gusanillo por leerlo más, después de escuchar este podcast (el episodio cuatro) de Bruno Galindo en La biblioteca de Julio, creo que seguiré con 20.000 leguas de viaje submarino.
¿Cuál es vuestra novela favorita de Julio Verne?
Concluyo Por el camino de Swann (con traducción de Pedro Salinas), el primero de los siete volúmenes que conforman En busca del tiempo perdido de Proust. Y lo hago con ganas de seguir leyendo más. A pesar de lo que un amigo me comenta acerca de que según los entendidos en Proust no es necesario leer los siete volúmenes y se puede proceder a seleccionar algunos y desechar otros sin cometer un crimen. Veremos.
Lo que me resulta muy evidente es que Proust tiene la gran virtud, propia de los grandes escritores, de hacer interesante cualquier cosa que sea objeto de su pluma. Como un Rey Midas que todo lo que toca la convierte en oro, así Proust consigue dar vivacidad no solo a todo cuanto ve, escucha y lee, sino que en un ejercicio sisifiano de memoria, es capaz con virtuosismo y un detallismo extremo de contarnos durante cientos de páginas la relación, que, por ejemplo, mantienen Swann y Odette. Para Proust todo es literatura, así nos dice que el hecho de que algo de cuanto tiene ahí en mano en su realidad circundante le sea interesante o no, depende de que antes haya pasado por el tamiz de la literatura, es decir, que alguno de sus escritores favoritos haya incidido sobre ese paisaje, cuadro o campanario, viendo así acrecer su interés.
De hecho el narrador, el propio Proust, dedica sus días a la lectura y la contemplación, desde su más corta edad. Mediante continuas comparaciones Proust, logra que su prosa no resulte plomiza, sino vivaz y muy interesante, en las continuas observaciones, reflexiones y pensamientos que le asaltan en esa guerra sin cuartel que es echar mano de la memoria y traer al presente el pasado literaturizado.
Muy bueno.
A la sombra de las muchachas en flor. Volumen 2.
Historias de la Artémila de Ana María Matute, escrito en 1961, comprende 22 estupendos relatos.
Artémila es un territorio ganado a la imaginación, pero muy vinculado, no obstante, a los recuerdos infantiles de Ana María, a los años que pasó de niña en el municipio riojano de Mansilla de la Sierra, pueblo que fue anegado a principios de los sesenta.
La mirada de la autora no supone un canto bucólico a lo rural, más bien al contrario. Aquí importa más el paisanaje que el paisaje. No son fáciles las condiciones de vida en los pueblos: prima la escasez, y la miseria, menudea la enfermedad, y como colofón la muerte, que se ceba a menudo, en varios relatos con los niños.
Hay un hombre que fantasea con escapar, pero al final se queda junto a su mujer, otro que una vez fallecido el cónyuge experimenta un gran vacío que le obliga a exiliarse a una residencia de personas mayores.
Los niños deberían encarnar la pureza, la inocencia, pero no hay tal (o no como debiera), ya maliciados, apalizados, convertidos en correa de transmisión de la violencia recibida de sus progenitores, se enzarzan entre ellos, se toman la justicia por su mano, hacen sufrir al prójimo (otros niños), entregados a rencillas y venganzas.
En el ambiente hay una mezcla de tristeza y alegría. La de la madre que no ha superado la muerte de su hijo pequeño, la del niño que quiere huir con los foráneos, las jóvenes que mueren repentinamente de tristura, también el rayo de luz en la imaginación infantil, muy capaz de sortear gracias a ella la mostrenca realidad.
Mis relatos favoritos: El ausente, El gran vacío, El rey, Bernardino.
Ana María Matute| Pequeño teatro