Cada siete olas es la continuación de «Contra el viento del norte«. Los personajes, huelga decir, son los mismos, Emmi y Leo. Él vuelve de Boston y de nuevo retoman su contacto virtual. Pero a fin de que la cosa no caiga en el vacío, deciden finalmente verse lo cual supone una novedad.
Estos encuentros son la clave que determinará su próxima relación. Una vez que Leo y Emmi tomen forma corpórea, ya no serán solo las palabras su alimento, sino también las sensaciones experimentandas, esos roces sobre la piel que dejan una huella indeleble, un rostro que no se olvida. Para poner algo de picante en la salsa, aparecerá en escena Pam, una novia de Leo con la que está dispuesto incluso a casarse o a irse con ella a los Estados Unidos, lo cual claro está supondrá un mazazo para Emmi, al tiempo que obligará a Leo a deshojar la margarita y definir claramente qué es lo que quiere, cuales son sus deseos y objetivos, para luego obrar y actuar hacia eso dirección. «Si quieres algo, cógelo», «Si algo te gusta, lucha por ello».
Me ha resultado menos emocionante y vibrante que el anterior libro de Glattauer. Menos contundente y sorprendente. La historia es una continuación del primer libro, el cual sí me supuso una sorpresa, habida cuenta de cómo está pergeñado, a través de esa relación epistolar virtual que deviene en una obsesión para ambos, cuya lectura se devora. Este también lo he leído del tirón, no hay otra manera de hacerlo, si se quiere disfrutar en su plenitud, aunque le den a uno las tantas de la madrugada.
Me alegro por su final, y les deseo a ambos mucha suerte.

Iñaki Gabilondo es ya una marca dentro del periodismo. Como él mismo afirma a lo que un periodista puede aspirar es a que se reconozca su integridad, que sea poseedor de unos valores, que los lectores reconozcan en él a alguien de confianza. Gabilondo, quien conoce bien el medio radiofónico y el televisivo, ha publicado a comienzos de 2011, El fin de una época, un libro de reducido formato, poco más de 150 páginas, donde hace unas interesantes reflexiones sobre cúal es la función del periodismo y la misión del periodista, sobre qué porvenir le augura a su profesión, criticando hechos que a todos resultan evidentes, como la obsesión por los índices de audiencia, donde cada punto del share, apareja unos beneficios, de ahí que sin importar la calidad del producto, lo fundamental es si el programa vende o no, esto es, si hay una audiencia detrás o no.